Apocalipsis 4: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

«LO QUE SUCEDERÁ»: LAS VISIONES PROFÉTICAS

La segunda parte del Apocalipsis –bastante más extensa que la primera– está orientada hacia el gran «Día del Señor», cuando se manifieste la soberanía de Dios y del Mesías (12. 10). Varias visiones proféticas anuncian y preludian la llegada de ese Día en una forma simbólica y muchas veces desconcertante. El trasfondo histórico de esas visiones es la persecución desatada contra los cristianos por el poder impe-rial de Roma, a fines del siglo I. Dentro de ese marco, los capítulos 4 - 11 tratan de los últimos tiempos, teniendo en vista el Juicio de Dios sobre Israel, que culminó con la destrucción de Jerusalén. Y en los capítulos 12 - 13 –los más importantes del Libro– se describe el enfrentamiento de las fuerzas del mal con el nuevo Pueblo de Dios. En un primer momento, la victoria pertenece a las primeras, personificadas en el Imperio Romano, pero al fin será de Cristo y de sus elegidos. Babilonia –la ciudad del mal– será reemplazada por la Ciudad de Dios.

¡Cuántas veces se ha repetido esta lucha a lo largo de la historia! De allí la perenne actualidad del Apocalipsis, que no es un Libro para «intimidar» sino para «animar» a los creyentes. Llegará la hora del Juicio de Dios sobre todas las naciones. Y con ella, la consumación de la Alianza nupcial de Dios con la humanidad. Será la hora de «las bodas del Cordero» con «la nueva Jerusalén, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo» (19. 7; 21. 2).

LOS PRELIMINARES DEL GRAN DÍA DEL SEÑOR

La visión del trono de Dios [ 1 | 11 ]

1 Después tuve la siguiente visión: Había una puerta abierta en el cielo, y la voz que había escuchado antes, hablándome como una trompeta, me dijo: «Sube aquí, y te mostraré las cosas que deben suceder en seguida». 2 * En ese mismo momento, fui arrebatado por el Espíritu y vi en el cielo un trono, en el cual alguien estaba sentado. 3 * El que estaba sentado tenía el aspecto de una piedra de jaspe y de ágata. Rodeando el trono, vi un arco iris que tenía el aspecto de la esmeralda. 4 * Y alrededor de él, había otros veinticuatro tronos, donde estaban sentados veinticuatro Ancianos, con túnicas blancas y coronas de oro en la cabeza. 5 * Del trono salían relámpagos, voces y truenos, y delante de él ardían siete lámparas de fuego, que son los siete Espíritus de Dios. 6 * Frente al trono, se extendía como un mar transparente semejante al cristal. En medio del trono y alrededor de él, había cuatro Seres Vivientes, llenos de ojos por delante y por detrás. 7 El primer Ser Viviente era semejante a un león; el segundo, a un toro; el tercero tenía rostro humano; y el cuarto era semejante a un águila en pleno vuelo. 8 Cada uno de los cuatro Seres Vivientes tenía seis alas y estaba lleno de ojos por dentro y por fuera. Y repetían sin cesar, día y noche:
«Santo, santo, santo es el Señor Dios,
el Todopoderoso,
el que era, el que es y el que viene».
9 * Y cada vez que los Seres Vivientes daban gloria, honor y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, 10 los veinticuatro Ancianos se postraban ante él para adorarlo, y ponían sus coronas delante del trono, diciendo:
11 «Tú eres digno, Señor y Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder.
Porque has creado todas las cosas:
ellas existen y fueron creadas por tu voluntad».
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La gloria de Dios se revela como una irradiación luminosa, comparable al resplandor de las piedras preciosas.

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Aunque resulta difícil determinar con exactitud quiénes son estos «veinticuatro Ancianos», es posible describir sus funciones: son sacerdotes de la liturgia celestial, porque alaban y adoran a Dios (v. 10; 5. 8-9; 11. 16; 19. 4) y le presentan las súplicas de los fieles. Los «tronos» y las «coronas» simbolizan su participación en el poder real de Dios: lo asisten en el gobierno del mundo y se interesan en el destino de la Iglesia. Su número corresponde probablemente a las veinticuatro clases sacerdotales de 1 Crón. 24. 1-19.