1 Juan 5: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

La fe y el amor [ 1 | 5 ]

1 [bj] 1 Jn. 1. 3+

1 El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios;
y el que ama al Padre
ama también al que ha nacido de él.
2 La señal de que amamos a los hijos de Dios
es que amamos a Dios
y cumplimos sus mandamientos.

3 [bj] Rom. 13. 9; 2 Jn. 6; Gál. 5. 14; 1 Jn. 3. 23; Deut. 30. 11; Mt. 11. 30

3 El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos,
y sus mandamientos no son una carga,

4 [bj] Jn. 16. 33; 1 Jn. 2. 14+

4 porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo.
Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe.
5 ¿Quién es el que vence al mundo,
sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

El testimonio sobre el Hijo de Dios [ 6 | 13 ]

6 [bj] Jn. 19. 34; Jn. 4+; Jn. 1. 33+; Jn. 14. 26; 1 Jn. 2. 20. 27

6 * Jesucristo vino por el agua y por la sangre;
no solamente con el agua,
sino con el agua y con la sangre.
Y el Espíritu da testimonio
porque el Espíritu es la verdad.
7 * Son tres los que dan testimonio:
8 el Espíritu, el agua y la sangre;
y los tres están de acuerdo.

9 [bj] Jn. 5. 32. 37

9 Si damos fe al testimonio de los hombres,
con mayor razón
tenemos que aceptar el testimonio de Dios.
Y Dios ha dado testimonio de su Hijo.

10 [bj] Jn. 3. 33

10 El que cree en el Hijo de Dios
tiene en su corazón el testimonio de Dios.
El que no cree a Dios
lo hace pasar por mentiroso,
porque no cree en el testimonio
que Dios ha dado acerca de su Hijo.

11 [bj] Jn. 3. 11+; Jn. 1. 4; Jn. 5. 21. 26; 1 Jn. 1. 2; 1 Jn. 5. 20

11 Y el testimonio es este:
Dios nos dio la Vida eterna,
y esa Vida está en su Hijo.
12 El que está unido al Hijo, tiene la Vida;
el que no lo está, no tiene la Vida.

13 [bj] Jn. 1. 12; Jn. 20. 31

13 Les he escrito estas cosas,
a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios,
para que sepan que tienen la Vida eterna.

La oración por los pecadores [ 14 | 17 ]

14 [bj] Mt. 7. 7p; Jn. 14. 13-14; 1 Jn. 3. 22

14 Tenemos plena confianza
de que Dios nos escucha
si le pedimos algo conforme a su voluntad.

15 [bj] Sant. 5. 19

15 Y sabiendo que él nos escucha
en todo lo que le pedimos,
sabemos que ya poseemos
lo que le hemos pedido.

16 [bj] Jn. 15. 22-24

16 * El que ve a su hermano
cometer un pecado que no lleva a la muerte,
que ore y le dará la Vida.
Me refiero a los que cometen pecados
que no conducen a la muerte,
porque hay un pecado que lleva a la muerte;
por este no les pido que oren.
17 Aunque toda maldad es pecado,
no todo pecado lleva a la muerte.

Resumen final [ 18 | 21 ]

18 [bj] 1 Jn. 1. 3+; 1 Jn. 3. 6+; 1 Jn. 2. 13+; Jn. 17. 15

18 * Sabemos que el que ha nacido de Dios no peca,
sino que el Hijo de Dios lo protege,
y el Maligno no le puede hacer nada.
19 Sabemos que somos de Dios,
y que el mundo entero está bajo el poder del Maligno.

20 [bj] Jr. 24. 7; Jn. 17. 3; Jn. 1. 2

20 Y sabemos también que el Hijo de Dios ha venido
y nos ha dado inteligencia
para que conozcamos al que es Verdadero;
y nosotros permanecemos en el que es Verdadero,
en su Hijo Jesucristo.
El es el Dios verdadero
y la Vida eterna.
21 * Hijitos míos,
cuídense de los ídolos...
5 6

Estas palabras deben entenderse en el contexto del rito de la iniciación cristiana, tal como se practicaba en algunas comunidades de la Iglesia primitiva, donde la Eucaristía se daba inmediatamente después del Bautismo. El «testimonio» del Espíritu es la gracia de la fe dada al catecúmeno que ha escuchado la Palabra de Dios, y coincide con la «unción» de 2. 20, 27. El «agua» es la inmersión bautismal y la «sangre» es la Eucaristía. Sin embargo, Juan refiere siempre las realidades sacramentales a hechos históricos de la vida de Jesús. Por eso, «el agua y la sangre» aluden también al bautismo de Jesús en el Jordán y a su muerte en la cruz, como asimismo, al agua y la sangre que Juan vio correr del costado abierto del Salvador.

7

La traducción latina llamada comúnmente «Vulgata» añade «en el cielo: el Padre, la Palabra y el Espíritu Santo; y estos tres son uno solo. Y son tres los que dan testimonio en la tierra:».

16

El «pecado que lleva a la muerte» es el pecado de los «anticristos» y de los «falsos profetas» (2. 18; 4. 1) que, al apartarse de la comunidad cristiana, han perdido la comunión con Jesús, fuente de toda Vida, y por eso mismo se encaminan hacia la muerte eterna. En realidad, Juan no prohíbe orar por esta clase de pecadores. Da a entender solamente que su conversión sería un verdadero milagro de orden espiritual, y no puede asegurar que las súplicas hechas en favor de ellos sean siempre eficaces.

1. 2. 18:

18 Hijos míos, ha llegado la última hora. Ustedes oyeron decir que vendría un Anticristo; en realidad, ya han aparecido muchos anticristos, y por eso sabemos que ha llegado la última hora.

2. 4. 1:

1 Queridos míos, no crean a cualquiera que se considere inspirado: pongan a prueba su inspiración, para ver si procede de Dios, porque han aparecido en el mundo muchos falsos profetas.
21

La Carta concluye abruptamente con esta advertencia contra la recaída en las prácticas del paganismo, a la que los primeros cristianos estaban siempre expuestos.