Santiago 1: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

La actitud frente a las pruebas [ 2 | 12 ]

2 [bj] Mt. 5. 11; 1 Ped. 4. 13-14 [bti] Rom. 5. 11; 1 Ped. 1. 6-7; 1 Ped. 4. 12-13

2 Hermanos, alégrense profundamente cuando se vean sometidos a cualquier clase de pruebas,

3 [bj] Heb. 12. 11; 1 Ped. 1. 6-7; Rom. 5. 3-5

3 sabiendo que la fe, al ser probada, produce la paciencia.

4 [bj] Mt. 5. 48 [bnp] Sab. 8. 21-9. 18

4 Y la paciencia debe ir acompañada de obras perfectas, a fin de que ustedes lleguen a la perfección y a la madurez, sin que les falte nada.

5 [bj] Prov. 2. 6; Sab. 8. 21; 1 Rey. 3. 7; Mt. 7. 7; Mt. 21. 21 [bti] Sant. 3. 13; Prov. 2. 3-6.

5 * Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que la pida a Dios, y la recibirá, porque él la da a todos generosamente, sin exigir nada en cambio.

6 [bj] Is. 57. 20 [bti] Mt. 7. 7; Mt. 21. 21-22; Mc. 11. 24.

6 Pero que pida con fe, sin vacilar, porque el que vacila se parece a las olas del mar levantadas y agitadas por el viento.

7 [bj] Sant. 4. 8

7 El que es así no espere recibir nada del Señor, 8 ya que es un hombre interiormente dividido e inconstante en su manera de proceder.

9 [bj] Jer. 9. 22-23 [bnp] Jer. 9. 24-26 [bti] 1 Cor. 1. 26-29; Sant. 2. 1-7; 1 Cor. 11. 21-22

9 Que el hermano de condición humilde se gloríe cuando es exaltado,

10 [bj] Is. 40. 6-7 [bti] Is. 40. 6-8; Sal. 102. 5. 12; 1 Ped. 1. 24

10 * y el rico se alegre cuando es humillado, porque pasará como una flor del campo: 11 apenas sale el sol y calienta con fuerza, la hierba se seca, su flor se marchita y desaparece su hermosura. Lo mismo sucederá con el rico en sus empresas.

12 [bj] Mt. 5. 3; Dn. 12. 12; 1 Cor. 9. 25 [bnp] Ecli. 2. 1-5; Sab. 5. 15 [bti] Sant. 1. 25; Sant. 5. 11; Mt. 5. 3-12; Lc. 6. 20-23; Lc. 11. 27-28; Lc. 12. 37-38.

12 * Feliz el hombre que soporta la prueba, porque después de haberla superado, recibirá la corona de Vida que el Señor prometió a los que lo aman.

Dios, fuente de todo bien [ 16 | 18 ]

16 No se engañen, queridos hermanos.

17 [bj] Mt. 7. 11; Jn. 3. 3. 27; Jn. 8. 12; 1 Jn. 1. 5 [blpd] Gn. 1. 14-18; 1 Tim. 6. 16; 1 Ped. 2. 9 [bti] 1 Jn. 1. 15

17 * Todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto y desciende del Padre de los astros luminosos, en quien no hay cambio ni sombra de declinación.

18 [bj] 1 Ped. 1. 23; Jn. 1. 12-13; Apoc. 14. 4 [bti] Jn. 1. 13; Ef. 1. 13; Col. 1. 5; 2 Tim. 2. 15

18 Él ha querido engendrarnos por su Palabra de verdad, para que seamos como las primicias de su creación.

Necesidad de practicar la Palabra de Dios [ 19 | 25 ]

19 [bj] Ecli. 5. 11; Prov. 10. 19; Prov. 14. 17; Mt. 5. 22 [bti] Ecli. 7. 9

19 * Tengan bien presente, hermanos muy queridos, que debemos estar dispuestos a escuchar y ser lentos para hablar y para enojarnos. 20 La ira del hombre nunca realiza la justicia de Dios.

21 [bj] 1 Ped. 2. 1-2; Gál. 5. 19; Mt. 11. 29; Jn. 3. 11 [bti] Rom. 13. 12-13; Ef. 4. 22; Col. 3. 8; 1 Ped. 2. 1; Heb. 12. 1

21 * Dejen de lado, entonces, toda impureza y todo resto de maldad, y reciban con docilidad la Palabra sembrada en ustedes, que es capaz de salvarlos.

22 [bj] Rom. 2. 13; Mt. 7. 24-27; Lc. 8. 21; 1 Jn. 3. 17 [bti] Mt. 7. 21-27; Lc. 11. 28

22 Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos. 23 El que oye la Palabra y no la practica, se parece a un hombre que se mira en el espejo, 24 pero en seguida se va y se olvida de cómo es.

25 [bj] Rom. 7. 12; Rom. 8. 2; Rom. 6. 15; Sal. 19. 8; Mt. 5. 17; Jn. 13. 17 [bnp] Sal. 119. 1 [blpd] Sant. 2. 12; Gál. 5. 13; 1 Ped. 2. 16 [bti] Gál. 2. 6

25 * En cambio, el que considera atentamente la Ley perfecta, que nos hace libres, y se aficiona a ella, no como un oyente distraído, sino como un verdadero cumplidor de la Ley, será feliz al practicarla.

La verdadera religiosidad [ 26 | 27 ]

26 [bj] Sant. 3. 2 [bnp] Mt. 6. 7 [bti] Sal. 34. 14; Sal. 39. 2; Sal. 141. 3; Prov. 18. 21.

26 Si alguien cree que es un hombre religioso, pero no domina su lengua, se engaña a sí mismo y su religiosidad es vacía.

27 [bj] Éx. 22. 21 [bti] Is. 1. 11-17. 23; Is. 5. 28; Ez. 22. 7; Zac. 7. 10

27 La religiosidad pura y sin mancha delante de Dios, nuestro Padre, consiste en ocuparse de los huérfanos y de las viudas cuando están necesitados, y en no contaminarse con el mundo.
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Esta «sabiduría» es el discernimiento espiritual que permite asignar a cada cosa su verdadero valor y vivir en conformidad con la voluntad de Dios. Ver 3. 13-18

1. 3. 13-18:

13 El que se tenga por sabio y prudente, demuestre con su buena conducta que sus actos tienen la sencillez propia de la sabiduría. 14 Pero si ustedes están dominados por la rivalidad y por el espíritu de discordia, no se vanagloríen ni falten a la verdad. 15 Semejante sabiduría no desciende de lo alto sino que es terrena, sensual y demoníaca. 16 Porque donde hay rivalidad y discordia, hay también desorden y toda clase de maldad. 17 En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, ante todo, pura; y además, pacífica, benévola y conciliadora; está llena de misericordia y dispuesta a hacer el bien; es imparcial y sincera. 18 Un fruto de justicia se siembra pacíficamente para los que trabajan por la paz.
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El «Padre de los astros luminosos» es Dios, creador de las luces celestiales (Gn. 1. 14-18) y fuente de toda luz espiritual. A diferencia de los astros que se oscurecen periódicamente, Dios es constante en su amor por los hombres. Ver 1 Tim. 6. 16; 1 Ped. 2. 9; 1 Jn. 1. 5

1. Gn. 1. 14-18:

14 Dios dijo: «Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, 15 y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra». Y así sucedió. 16 Dios hizo los dos grandes astros - el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche - y también hizo las estrellas. 17 Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, 18 para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno.

2. 1 Tim. 6. 16:

16 el único que posee la inmortalidad y habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre vio ni puede ver. ¡A él sea el honor y el poder para siempre! Amén.

3. 1 Ped. 2. 9:

9 Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz:

4. 1 Jn. 1. 5:

5 La noticia que hemos oído de él y que nosotros les anunciamos, es esta: Dios es luz, y en él no hay tinieblas.
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Ecli. 5. 11; Prov. 10. 19

1. Ecli. 5. 11:

11 Está siempre dispuesto a escuchar y sé lento para responder.

2. Prov. 10. 19:

19 Donde abundan las palabras nunca falta el pecado, el que refrena sus labios es un hombre precavido.
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La «Ley perfecta, que nos hace libres» es la Ley de la Nueva Alianza, que «perfecciona» la Antigua (Mt. 5. 17) y, al resumirse en el amor, «libera» al hombre de su propio egoísmo y de la letra de la misma Ley. Ver 2. 12; Gál. 5. 13; 1 Ped. 2. 16

1. Mt. 5. 17:

17 No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.

2. 2. 12:

12 Hablen y actúen como quienes deben ser juzgados por una Ley que nos hace libres.

3. Gál. 5. 13:

13 Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales: háganse más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor.

4. 1 Ped. 2. 16:

16 Procedan como hombres verdaderamente libres, obedeciendo a Dios, y no como quienes hacen de la libertad una excusa para su malicia.