Hebreos 12: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

El ejemplo de Cristo [ 1 | 4 ]

1 [bj] Gn. 4. 7; Gál. 5. 7

1 Por lo tanto, ya que estamos rodeados de una verdadera nube de testigos, despojémonos de todo lo que nos estorba, en especial del pecado, que siempre nos asedia, y corramos resueltamente al combate que se nos presenta.

2 [bj] 2. 10; Mt. 4. 3-11; Jn. 6. 15; 2 Cor. 8. 9; Flp. 2. 6-8; Sal. 110. 1; Hech. 2. 33; Lc. 2. 34

2 * Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús, el cual, en lugar del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz sin tener en cuenta la infamia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. 3 Piensen en aquel que sufrió semejante hostilidad por parte de los pecadores, y así no se dejarán abatir por el desaliento.

4 [bj] 10. 32

4 Después de todo, en la lucha contra el pecado, ustedes no han resistido todavía hasta derramar su sangre.

La educación paternal de Dios [ 5 | 13 ]

5 [bj] Prov. 3. 11-12

5 * Ustedes se han olvidado de la exhortación que Dios les dirige como a hijos suyos:
«Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor,
y cuando te reprenda, no te desalientes.

6 [bj] Apoc. 3. 19

6 Porque el Señor corrige al que ama
y castiga a todo aquel que recibe por hijo.»

7 [bj] Deut. 8. 5

7 Si ustedes tienen que sufrir es para su corrección; porque Dios los trata como a hijos, y ¿hay algún hijo que no sea corregido por su padre? 8 Si Dios no los corrigiera, como lo hace con todos, ustedes serían bastardos y no hijos.

9 [bj] Núm. 16. 22; 27. 26; 2 Mac. 3. 24

9 Después de todo, nuestros padres carnales nos corregían, y no por eso dejábamos de respetarlos. Con mayor razón, entonces, debemos someternos al Padre de nuestro espíritu, para poseer la Vida.

10 [bj] Lev. 17; 2 Ped. 1. 4

10 Porque nuestros padres sólo nos corrigen por un breve tiempo y de acuerdo con su criterio. Dios, en cambio, nos corrige para nuestro bien, a fin de comunicarnos su santidad.

11 [bj] 2 Cor. 7. 8-11; Jn. 16. 20; 1 Ped. 1. 6-7; Sant. 1. 2-4; Is. 35. 3; Prov. 4. 26

11 Es verdad que toda corrección, en el momento de recibirla, es motivo de tristeza y no de alegría; pero más tarde, produce frutos de paz y de justicia en los que han sido adiestrados por ella. 12 * Por eso, que recobren su vigor las manos que desfallecen y las rodillas que flaquean. 13 * Y ustedes, avancen por un camino llano, para que el rengo no caiga, sino que se cure.

Castigo a la infidelidad [ 14 | 17 ]

14 [bj] Sal. 34. 15; Rom. 12. 18; Mt. 5. 8-9; 1 Jn. 3. 2

14 * Busquen la paz con todos y la santificación, porque sin ella nadie verá al Señor.

15 [bj] Deut. 29. 17; Hech. 8. 23

15 * Estén atentos para que nadie sea privado de la gracia de Dios, y para que no brote ninguna raíz venenosa capaz de perturbar y contaminar a la comunidad.

16 [bj] Gn. 25. 33

16 * Que no haya ningún impúdico ni profanador, como Esaú, que vendió su derecho a la primogenitura por un plato de comida.

17 [bj] Gn. 27. 30-40

17 Recuerden que después, cuando quiso heredar la bendición de su padre, fue rechazado, y por más que la imploró con lágrimas, no pudo obtener un cambio de decisión.

Las dos Alianzas [ 18 | 29 ]

18 [bj] Gál. 4. 24-26; Éx. 19. 18. 16; Deut. 4. 11

18 * Ustedes, en efecto, no se han acercado a algo tangible: fuego ardiente, oscuridad, tinieblas, tempestad,

19 [bj] Éx. 20. 19

19 sonido de trompeta, y un estruendo tal de palabras, que aquellos que lo escuchaban no quisieron que se les siguiera hablando.

20 [bj] Éx. 19. 12

20 * Porque no podían soportar esta prescripción: Cualquiera que toque la montaña será apedreado, incluso los animales.

21 [bj] Deut. 9. 19

21 * Este espectáculo era tan terrible, que Moisés exclamó: Estoy aterrado y tiemblo.

22 [bj] Apoc. 14. 1; 21. 10

22 Ustedes, en cambio, se han acercado a la montaña de Sión, a la Ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, a una multitud de ángeles, a una fiesta solemne,

23 [bj] Rom. 2. 6; 11. 40

23 a la asamblea de los primogénitos cuyos nombres están escritos en el cielo. Se han acercado a Dios, que es el Juez del universo, y a los espíritus de los justos que ya han llegado a la perfección,

24 [bj] 8. 6; 11. 4; Gn. 4. 10

24 a Jesús, el mediador de la Nueva Alianza, y a la sangre purificadora que habla más elocuentemente que la de Abel.

25 [bj] 2. 2-3

25 Tengan cuidado de no desoír al que habla. Porque si los que rehusaron escuchar al que promulgaba oráculos en la tierra, no pudieron escapar al castigo, ¿cómo podremos escapar nosotros si volvemos las espaldas al que habla desde el cielo?

26 [bj] Éx. 19. 18; Jue. 5. 4-5; Sal. 58. 9; Ag. 2. 6

26 * Aquel que en esa ocasión hizo temblar la tierra con su voz, ahora nos ha hecho esta promesa: Una vez más haré temblar no sólo la tierra, sino también el cielo.

27 [bj] 2 Ped. 3. 12-13; Apoc. 21. 1; Mt. 24. 35

27 Estas palabras una vez más quieren decir que las cosas que se conmueven van a cambiar - porque son creadas - para que permanezcan las que son inconmovibles.

28 [bj] Dn. 7. 18; 9. 14; Rom. 1. 9

28 Así, habiendo recibido la posesión de un Reino inconmovible, aferrémonos a esta gracia, y con piedad y temor, tributemos a Dios un culto que le sea agradable,

29 [bj] Deut. 4. 24; Is. 33. 14

29 * porque nuestro Dios es un fuego devorador.
12 2

Sal. 110. 1. Ver Flp. 2. 6-11

1. Sal. 110. 1:

1 De David. Salmo. La realeza del Mesías Dijo el Señor a mi Señor: "Siéntate a mi derecha, mientras yo pongo a tus enemigos como estrado de tus pies".

2. Flp. 2. 6-11:

6 El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: 7 al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, 8 se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz.

9 Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, 10 para que al nombre de Jesús, doble la rodilla 10 todo lo que hay en el cielo, en la tierra y en los abismos, 11 y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: “Jesucristo es el Señor”.
5-6

Prov. 3. 11-12

1. Prov. 3. 11-12:

11 No desprecies, hijo mío, la corrección del Señor, ni te disgustes cuando él te reprende, 12 porque el Señor reprende a los que ama como un padre a su hijo muy querido.
15

Deut. 29. 17

1. Deut. 29. 17:

17 ¡Que no haya entre ustedes ni hombre ni mujer, ni clan ni tribu, cuyo corazón se aparte hoy del Señor, nuestro Dios, para ir a servir a los dioses de esas naciones! ¡Que no haya entre ustedes una raíz que produzca hierbas venenosas o ajenjo!
16

Gn. 25. 33

1. Gn. 25. 33:

33 Pero Jacob insistió: “Júramelo antes”. Él se lo juró y le vendió su derecho de hijo primogénito.
18-19

Éx. 19. 16-18; Deut. 4. 11

1. Éx. 19. 16-18:

16 Al amanecer del tercer día, hubo truenos y relámpagos, una densa nube cubrió la montaña y se oyó un fuerte sonido de trompeta. Todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció de temor. 17 Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y todos se detuvieron al pie de la montaña. 18 La montaña del Sinaí estaba cubierta de humo, porque el Señor había bajado a ella en el fuego. El humo se elevaba como el de un horno, y toda la montaña temblaba violentamente.

2. Deut. 4. 11:

11 Ustedes se acercaron y permanecieron al pie de la montaña, mientras la montaña ardía envuelta en un fuego que se elevaba hasta lo más alto del cielo, entre negros nubarrones y una densa oscuridad.
20

Éx. 19. 12-13

1. Éx. 19. 12-13:

12 Fija también un límite alrededor del pueblo, haciendo esta advertencia: ‘Cuídense de subir a la montaña y hasta de tocar sus bordes, porque todo el que toque la montaña será castigado con la muerte. 13 Pero nadie pondrá su mano sobre el culpable, sino que deberá ser apedreado o muerto a flechazos; sea hombre o animal, no quedará vivo. Y cuando suene la trompeta, ellos subirán a la montaña’”.
21

Deut. 9. 19

1. Deut. 9. 19:

19 Porque yo sentía un gran temor ante la ira y la indignación del Señor que se había desatado contra ustedes, hasta el punto de querer aniquilarlos. Pero él me escuchó una vez más.
26

Ag. 2. 6

1. Ag. 2. 6:

6 Porque así habla el Señor de los ejércitos: Dentro de poco tiempo, yo haré estremecer el cielo y la tierra, el mar y el suelo firme.
29

Deut. 4. 24; Is. 33. 14

1. Deut. 4. 24:

24 Porque el Señor, tu Dios, es un fuego devorador, un Dios celoso.

2. Is. 33. 14:

14 Están aterrados en Sión los pecadores, un temblor invade a los impíos: “¿Quién de nosotros habitará en un fuego devorador? ¿Quién de nosotros habitará en una hoguera eterna?”.