Hebreos 11: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

El valor de la fe [ 1 | 3 ]

1 [bj] Rom. 1. 16

1 Ahora bien, la fe es la garantía de los bienes que se esperan, la plena certeza de las realidades que no se ven. 2 Por ella nuestros antepasados fueron considerados dignos de aprobación.

3 [bj] Gn. 1; Rom. 1. 20

3 * Por la fe, comprendemos que la Palabra de Dios formó el mundo, de manera que lo visible proviene de lo invisible.

La fe de los antiguos Patriarcas [ 4 | 7 ]

4 [bj] Gn. 4. 4; Gn. 4. 10; Mt. 23. 35; Jb. 16. 18

4 * Por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio superior al de Caín, y por eso fue reconocido como justo, y así lo atestiguó el mismo Dios al aceptar sus dones. Y por esa misma fe, él continúa hablando, aún después de su muerte.

5 [bj] Gn. 5. 22-24

5 * Por la fe, Henoc fue llevado al cielo sin pasar por la muerte. Nadie pudo encontrarlo porque Dios se lo llevó, y de él atestigua la Escritura que antes de ser llevado fue agradable a Dios.

6 [bj] Éx. 3. 14; Jer. 29. 12-14

6 Ahora bien, sin la fe es imposible agradar a Dios, porque aquel que se acerca a Dios debe creer que él existe y es el justo remunerador de los que lo buscan.

7 [bj] Gn. 6. 8-22; Mt. 24. 37-39; 1 Ped. 3. 20; 2 Ped. 2. 5; Rom. 1. 16

7 * Por la fe, Noé, al ser advertido por Dios acerca de lo que aún no se veía, animado de santo temor, construyó un arca para salvar a su familia. Así, por esa misma fe, condenó al mundo y heredó la justicia que viene de la fe.

La fe de Abraham [ 8 | 19 ]

8 [bj] Rom. 1. 5; Gn. 12. 1-4; Gn. 23. 4; 26. 3; 35. 12

8 * Por la fe, Abraham, obedeciendo al llamado de Dios, partió hacia el lugar que iba a recibir en herencia, sin saber a dónde iba.

9 [bj] Apoc. 21. 10-20

9 * Por la fe, vivió como extranjero en la Tierra prometida, habitando en carpas, lo mismo que Isaac y Jacob, herederos con él de la misma promesa.

10 [bj] Gn. 17. 19; 21. 2; Rom. 4. 19-21

10 Porque Abraham esperaba aquella ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

11 [bj] 10. 23

11 * También la estéril Sara, por la fe, recibió el poder de concebir, a pesar de su edad avanzada, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía.

12 [bj] Dn. 3. 36; Gn. 22. 17; Éx. 32. 13

12 * Y por eso, de un solo hombre, y de un hombre ya cercano a la muerte, nació una descendencia numerosa como las estrellas del cielo e incontable como la arena que está a la orilla del mar.

13 [bj] Jn. 8. 56; Gn. 23. 4; Sal. 39. 13; 119. 19

13 * Todos ellos murieron en la fe, sin alcanzar el cumplimiento de las promesas: las vieron y las saludaron de lejos, reconociendo que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. 14 Los que hablan así demuestran claramente que buscan una patria; 15 y si hubieran pensado en aquella de la que habían salido, habrían tenido oportunidad de regresar.

16 [bj] 13. 14; Flp. 3. 20; Apoc. 21. 1

16 * Pero aspiraban a una patria mejor, nada menos que la celestial. Por eso, Dios no se avergüenza de llamarse ‘su Dios’ y, de hecho, les ha preparado una Ciudad.

17 [bj] Gn. 22. 1-14; Sant. 2. 21-22

17 * Por la fe, Abraham, cuando fue puesto a prueba, presentó a Isaac como ofrenda: él ofrecía a su hijo único, al heredero de las promesas,

18 [bj] Gn. 21. 12

18 * a aquel de quien se había anunciado: De Isaac nacerá la descendencia que llevará tu nombre.

19 [bj] Rom. 4. 17-21; 1 Cor. 10. 6

19 Y lo ofreció, porque pensaba que Dios tenía poder, aun para resucitar a los muertos. Por eso recuperó a su hijo, y esto fue como un símbolo.

La fe de Isaac, de Jacob y de José [ 20 | 22 ]

20 [bj] Gn. 27. 27. 39

20 * También por la fe, Isaac, en vista de lo que iba a suceder, bendijo a Jacob y a Esaú.

21 [bj] Gn. 48. 15; 47. 31

21 * Y por la fe, Jacob, antes de morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, mientras se inclinaba, apoyado en su bastón.

22 [bj] Gn. 50. 24-25

22 * Por la fe, José, al fin de su vida, hizo alusión al éxodo de los israelitas y dejó instrucciones acerca de sus restos.

La fe de Moisés [ 23 | 28 ]

23 [bj] Éx. 2. 2; Hech. 7. 20

23 * Por la fe, Moisés, apenas nacido, fue ocultado por sus padres durante tres meses, porque vieron que el niño era hermoso, y no temieron el edicto del rey.

24 [bj] Éx. 2. 11

24 * Y por la fe, Moisés, siendo ya grande, renunció a ser llamado hijo de la hija del Faraón. 25 Él prefirió compartir los sufrimientos del Pueblo de Dios, antes que gozar los placeres efímeros del pecado:

26 [bj] Sal. 89. 51; Éx. 2. 15

26 * consideraba que compartir el oprobio del Mesías era una riqueza superior a los tesoros de Egipto, porque tenía puestos los ojos en la verdadera recompensa. 27 * Por la fe, Moisés huyó de Egipto, sin temer la furia del rey, y se mantuvo firme como si estuviera viendo al Invisible.

28 [bj] Éx. 12. 11. 22-23

28 * Por la fe, celebró la primera Pascua e hizo la primera aspersión de sangre, a fin de que el Exterminador no dañara a los primogénitos de Israel.

La fe de los israelitas [ 29 | 31 ]

29 [bj] Éx. 14. 22. 27

29 * Por la fe, los israelitas cruzaron el mar Rojo como si anduvieran por tierra firme, mientras los egipcios, que intentaron hacer lo mismo, fueron tragados por las olas.

30 [bj] Jos. 6. 20; 2. 1; 6. 17

30 * Por la fe, cayeron los muros de Jericó, después que el pueblo, durante siete días, dio vueltas alrededor de ellos. 31 * Por la fe, Rahab, la prostituta, no pereció con los incrédulos, ya que había recibido amistosamente a los que fueron a explorar la Tierra.

La fe de los Jueces y de los Profetas [ 32 | 40 ]

32 ¿Y qué más puedo decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, de Samuel y de los Profetas.

33 [bj] Dn. 6. 23; 3. 49-50

33 Ellos, gracias a la fe, conquistaron reinos, administraron justicia, alcanzaron el cumplimiento de las promesas, cerraron las fauces de los leones, 34 extinguieron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada. Su debilidad se convirtió en vigor: fueron fuertes en la lucha y rechazaron los ataques de los extranjeros.

35 [bj] 1 rey. 17. 23; 2 Rey. 4. 36; 2 Mac. 6. 18; 7. 42

35 Hubo mujeres que recobraron con vida a sus muertos. Unos se dejaron torturar, renunciando a ser liberados, para obtener una mejor resurrección.

36 [bj] Jer. 20. 2; 37. 15

36 Otros sufrieron injurias y golpes, cadenas y cárceles. 37 Fueron apedreados, despedazados, muertos por la espada. Anduvieron errantes, cubiertos con pieles de ovejas y de cabras, desprovistos de todo, oprimidos y maltratados. 38 Ya que el mundo no era digno de ellos, tuvieron que vagar por desiertos y montañas, refugiándose en cuevas y cavernas.

39 [bj] 1 Ped. 1. 10-12; 1 Ped. 3. 19

39 Pero, aunque su fe los hizo merecedores de un testimonio tan valioso, ninguno de ellos entró en posesión de la promesa. 40 * Porque Dios nos tenía reservado algo mejor, y no quiso que ellos llegaran a la perfección sin nosotros.
3

Ver Gn. 1; Jn. 1. 3; Rom. 1. 20

1. Gn. 1:

1 Al principio Dios creó el cielo y la tierra. 2 La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas.

3 Entonces Dios dijo: «Que exista la luz». Y la luz existió. 4 Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; 5 y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día.

6 Dios dijo: «Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas». Y así sucedió. 7 Dios hizo el firmamento, y este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; 8 y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo día.

9 Dios dijo: «Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme». Y así sucedió. 10 Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno. 11 Entonces dijo: «Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla y árboles frutales, que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro». Y así sucedió. 12 La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. 13 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día.

14 Dios dijo: «Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, 15 y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra». Y así sucedió. 16 Dios hizo los dos grandes astros - el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche - y también hizo las estrellas. 17 Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, 18 para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. 19 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día.

20 Dios dijo: «Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo». 21 Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y Dios vio que esto era bueno. 22 Entonces los bendijo, diciendo: «Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra». 23 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el quinto día.

24 Dios dijo: «Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie». Y así sucedió. 25 Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno.

26 Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo».

27 Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer.

28 Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra». 29 Y continuó diciendo: «Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. 30 Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde». Y así sucedió. 31 Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.

2. Jn. 1. 3:

3 Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.

3. Rom. 1. 20:

20 ya que sus atributos invisibles -su poder eterno y su divinidad- se hacen visibles a los ojos de la inteligencia, desde la creación del mundo, por medio de sus obras. Por lo tanto, aquellos no tienen ninguna excusa:
4

Gn. 4. 4

1. Gn. 4. 4:

4 mientras que Abel le ofreció las primicias y lo mejor de su rebaño. El Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda,
7

Ver Gn. 6. 8-22; 1 Ped. 3. 20; 2 Ped. 2. 5

1. Gn. 6. 8-22:

8 Pero Noé fue agradable a los ojos del Señor.

9 Esta es la historia de Noé. Noé era un hombre justo, irreprochable entre sus contemporáneos, y siguió siempre los caminos de Dios. 10 Tuvo tres hijos: Sem, Cam y Jafet. 11 Pero la tierra estaba pervertida a los ojos de Dios y se había llenado de violencia. 12 Al ver que la tierra se había pervertido, porque todos los hombres tenían una conducta depravada, 13 Dios dijo a Noé: “He decidido acabar con todos los mortales, porque la tierra se ha llenado de violencia a causa de ellos. Por eso los voy a destruir junto con la tierra. 14 Constrúyete un arca de madera resinosa, divídela en compartimentos, y recúbrela con betún por dentro y por fuera. 15 Deberás hacerla así: el arca tendrá ciento cincuenta metros de largo, treinta de ancho y quince de alto. 16 También le harás un tragaluz y lo terminarás a medio metro de la parte superior. Pondrás la puerta al costado del arca y harás un primero, un segundo y un tercer piso. 17 Yo voy a enviar a la tierra las aguas del Diluvio, para destruir completamente a todos los seres que tienen un aliento de vida: todo lo que hay en la tierra perecerá. 18 Pero contigo estableceré mi alianza: tú entrarás en el arca con tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos. 19 También harás entrar en el arca una pareja de cada especie de seres vivientes, de todo lo que es carne, para que sobrevivan contigo; deberán ser un macho y una hembra. 20 Irá contigo una pareja de cada especie de pájaros, de ganado y de reptiles, para que puedan sobrevivir. 21 Además, recoge víveres de toda clase y almacénalos, para que te sirvan de alimento, a ti y a ellos”. 22 Así lo hizo Noé, cumpliendo exactamente todo lo que Dios le había mandado.

2. 1 Ped. 3. 20:

20 a los que se resistieron a creer cuando Dios esperaba pacientemente, en los días en que Noé construía el arca. En ella, unos pocos –ocho en total– se salvaron a través del agua.

3. 2 Ped. 2. 5:

5 Tampoco perdonó al mundo antiguo, sino que desencadenó el diluvio sobre una tierra poblada de impíos, preservando sólo a ocho personas, entre ellas a Noé, el heraldo de la justicia.
8

Gn. 12. 1-4

1. Gn. 12. 1-4:

1 El Señor dijo a Abrám: “Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré.

2 Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición.

3 Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra”.

4 Abrám partió, como el Señor se lo había ordenado, y Lot se fue con él. Cuando salió de Jarán, Abrám tenía setenta y cinco años.
9

Gn. 23. 4; 26. 3; 35. 12

1. Gn. 23. 4:

4 «Aunque yo no soy más que un extranjero residente entre ustedes, cédanme en propiedad alguno de sus sepulcros, para que pueda retirar el cadáver de mi esposa y darle sepultura».

2. 26. 3:

3 Ahora residirás por un tiempo en este país extranjero, pero yo estaré contigo y te bendeciré. Porque te daré todas estas tierras, a ti y a tu descendencia, para cumplir el juramento que hice a tu padre Abraham.

3. 35. 12:

12 La tierra que di a Abraham y a Isaac, ahora te la doy a ti y a tu descendencia”.
11

Ver Gn. 17. 19

1. Gn. 17. 19:

19 Pero Dios le respondió: «No, tu esposa Sara te dará un hijo, a quien pondrás el nombre de Isaac. Yo estableceré mi alianza con él y con su descendencia como una alianza eterna.
12

Gn. 22. 17

1. Gn. 22. 17:

17 yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos,
13

Gn. 23. 4

1. Gn. 23. 4:

4 «Aunque yo no soy más que un extranjero residente entre ustedes, cédanme en propiedad alguno de sus sepulcros, para que pueda retirar el cadáver de mi esposa y darle sepultura».
16

Ver 13. 14; Flp. 3. 20

1. 13. 14:

14 Porque no tenemos aquí abajo una ciudad permanente, sino que buscamos la futura.

2. Flp. 3. 20:

20 Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo.
17

Gn. 22. 1-14

1. Gn. 22. 1-14:

1 Después de estos acontecimientos, Dios puso a prueba a Abraham «¡Abraham!» , le dijo. El respondió: «Aquí estoy». 2 Entonces Dios le siguió diciendo: «Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré».

3 A la madrugada del día siguiente, Abraham ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña para el holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado. 4 Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos, 5 y dijo a sus servidores: «Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes».

6 Abraham recogió la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac; él, por su parte, tomó en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron caminando los dos juntos. 7 Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: «¡Padre!» . El respondió: «Sí, hijo mío». «Tenemos el fuego y la leña, continuó Isaac, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?». 8 «Dios proveerá el cordero para el holocausto», respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos.

9 Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. 10 Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. 11 Pero el Angel del Señor lo llamó desde el cielo: «¡Abraham, Abraham!». «Aquí estoy» , respondió él. 12 Y el Angel le dijo: «No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único». 13 Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14 Abraham llamó a ese lugar: «El Señor proveerá» , y de allí se origina el siguiente dicho: «En la montaña del Señor se proveerá».
18

Gn. 21. 12

1. Gn. 21. 12:

12 Pero Dios le dijo: «No te aflijas por el niño y por tu esclava. Concédele a Sara lo que ella te pide, porque de Isaac nacerá la descendencia que llevará tu nombre.
20

Ver Gn. 27. 27-40

1. Gn. 27. 27-40:

27 Cuando él se acercó para besarlo, Isaac percibió la fragancia de su ropa. Entonces lo bendijo diciendo: “Sí, la fragancia de mi hijo es como el aroma de un campo que el Señor ha bendecido. 28 Que el Señor te dé el rocío del cielo, y la fertilidad de la tierra, trigo y vino en abundancia. 29 Que los pueblos te sirvan y las naciones te rindan homenaje. Tú serás el señor de tus hermanos, y los hijos de tu madre se inclinarán ante ti. Maldito sea el que te maldiga, y bendito el que te bendiga”.

30 Apenas Isaac había terminado de bendecir a Jacob, en el preciso momento que este se apartaba de su padre, su hermano Esaú volvió de cazar. 31 Él también preparó una comida apetitosa y la presentó a su padre, diciendo: “Levántate, padre, y come la presa que tu hijo ha cazado. Así podrás bendecirme”. 32 Isaac, su padre, le preguntó: “Y tú, ¿quién eres?”. “Soy Esaú, tu hijo primogénito”, le respondió él. 33 Isaac quedó profundamente turbado y exclamó: “¿Quién ha sido entonces el que cazó una presa y me la trajo? Yo la comí antes que tú llegaras, lo bendije, y quedará bendecido”. 34 Al oír las palabras de su padre, Esaú lanzó un fuerte grito lleno de amargura. Luego dijo: “¡Padre, bendíceme también a mí!”. 35 Pero Isaac respondió a Esaú: “Ha venido tu hermano y, valiéndose de un engaño, se llevó tu bendición”.

36 Esaú dijo entonces: “Sí, con razón se llama Jacob. Ya van dos veces que me desplaza: primero arrebató mi condición de hijo primogénito, y ahora se ha llevado mi bendición”. Y agregó: “¿No has reservado una bendición para mí?”. 37 Isaac respondió a Esaú: “Lo he constituido tu señor y le he dado como servidores a todos sus hermanos; lo he provisto de trigo y de vino: ¿qué más puedo hacer por ti, hijo mío?”.

38 Esaú dijo a su padre: “¿Acaso tienes sólo una bendición?”. Isaac permaneció en silencio. Esaú lanzó un grito y se puso a llorar. 39 Isaac le respondió, diciéndole: “Tu morada estará lejos de los campos fértiles y del rocío que cae del cielo. 40 Vivirás de tu espada y servirás a tu hermano. Pero cuando te rebeles, lograrás sacudir su yugo de tu cuello”.
21

Gn. 47. 31 (texto griego).

1. Gn. 47. 31:

31 Pero su padre insistió: “Júramelo”. Él se lo juró, e Israel se reclinó sobre la cabecera de su lecho.
22

Ver Gn. 50. 24-25

1. Gn. 50. 24-25:

24 Finalmente, José dijo a sus hermanos: “Yo estoy a punto de morir, pero Dios los visitará y los llevará de este país a la tierra que prometió con un juramento a Abraham, a Isaac y a Jacob”. 25 Luego hizo prestar un juramento a los hijos de Israel, diciéndoles: “Cuando Dios los visite, lleven de aquí mis restos”.
23

Éx. 2. 2

1. Éx. 2. 2:

2 La mujer concibió y dio a luz un hijo; y viendo que era muy hermoso, lo mantuvo escondido durante tres meses.
24

Éx. 2. 11

1. Éx. 2. 11:

11 Siendo ya un hombre, Moisés salió en cierta ocasión a visitar a sus hermanos, y observó los penosos trabajos a que estaban sometidos. También vio que un egipcio maltrataba a un hebreo, a uno de sus hermanos.
26

Sal. 89. 51-52

1. Sal. 89. 51-52:

51 Recuerda, Señor, las afrentas de tu servidor: yo tengo que soportar los insultos de los pueblos. 52 ¡Cómo afrentan, Señor, tus enemigos, cómo afrentan las huellas de tu Ungido!
27

Ver Éx. 2. 15

1. Éx. 2. 15:

15 En efecto, el Faraón se enteró de lo sucedido, y buscó a Moisés para matarlo. Pero este huyó del Faraón, y llegó al país de Madián. Allí se sentó junto a un pozo.
30

Ver Jos. 6. 20

1. Jos. 6. 20:

20 Entonces el pueblo lanzó un fuerte grito y se tocaron las trompetas. Al oir el sonido de las trompetas, el pueblo prorrumpió en un griterío ensordecedor, y el muro se desplomó sobre sí mismo. En seguida el pueblo acometió contra la ciudad, cada uno contra lo que tenía adelante, y la tomaron.
31

Ver Jos. 21. 21; 6. 17

1. Jos. 21. 21:

21 A ellos les dieron Siquém, en la montaña de Efraím –la ciudad de refugio para los homicidas– con sus correspondientes campos de pastoreo, y también Guézer,

2. 6. 17:

17 Ustedes consagrarán al Señor la ciudad con todo lo que hay en ella, exterminándola por completo. Quedarán con vida solamente Rajab, la prostituta, y todos los que estén con ella en su casa, porque ella ocultó a los emisarios que nosotros habíamos enviado.
40

La “perfección” pertenece a la Nueva Alianza, inaugurada por la entrada de Cristo en el Santuario celestial (9. 11-12), que nos da acceso a los bienes eternos.

1. 9. 11-12:

11 Cristo, en cambio, ha venido como Sumo Sacerdote de los bienes futuros. Él, a través de una Morada más excelente y perfecta que la antigua - no construida por manos humanas, es decir, no de este mundo creado - 12 entró de una vez por todas en el Santuario, no por la sangre de chivos y terneros, sino por su propia sangre, obteniéndonos así una redención eterna.