Hebreos 10: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

UN NUEVO Y ÚNICO SACRIFICIO

Ineficacia de los antiguos sacrificios [ 1 | 10 ]

1 [bj] 8. 5; Col. 2. 17; 7. 19; Rom. 7. 7; 11. 40; 10. 19

1 La Ley, en efecto - al no tener más que la sombra de los bienes futuros y no la misma realidad de las cosas - con los sacrificios repetidos año tras año en forma ininterrumpida, es incapaz de perfeccionar a aquellos que se acercan a Dios. 2 De lo contrario, no se hubieran ofrecido más esos sacrificios, porque los que participan de ellos, al quedar purificados una vez para siempre, ya no tendrían conciencia de ningún pecado. 3 En cambio, estos sacrificios renuevan cada año el recuerdo del pecado,

4 [bj] 9. 13

4 porque es imposible que la sangre de toros y chivos quite los pecados.

5 [bj] Sal. 40. 7-9

5 * Por eso, Cristo, al entrar en el mundo, dijo:
«Tú no has querido sacrificio ni oblación;
en cambio, me has dado un cuerpo.
6 No has mirado con agrado los holocaustos
ni los sacrificios expiatorios.
7 Entonces dije: ‘Aquí estoy, yo vengo
-como está escrito de mí en el libro de la Ley-
para hacer, Dios, tu voluntad’».

8 [bj] 1 Sam. 15. 22

8 Él comienza diciendo: “Tú no has querido ni has mirado con agrado los sacrificios, los holocaustos, ni los sacrificios expiatorios, a pesar de que están prescritos por la Ley”.

9 [bj] Jn. 6. 38; 10. 17; Mt. 26. 39. 42

9 Y luego añade: “Aquí estoy, yo vengo para hacer tu voluntad.” Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo.

10 [bj] Jn. 17. 19; 9. 14. 28; 10. 12. 14; Ef. 5. 2; 7. 27+

10 Y en virtud de esta voluntad quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre.

Eficacia del Sacrificio de Cristo [ 11 | 18 ]

11 [bj] 10. 1-4; 10. 10; 7. 27

11 Cada sacerdote se presenta diariamente para cumplir su ministerio y ofrecer muchas veces los mismos sacrificios, que son totalmente ineficaces para quitar el pecado.

12 [bj] Sal. 110. 1; Hech. 2. 33

12 * Cristo, en cambio, después de haber ofrecido por los pecados un único Sacrificio, se sentó para siempre a la derecha de Dios, 13 donde espera que sus enemigos sean puestos debajo de sus pies.

14 [bj] 11. 40; Jn. 17. 19

14 Y así, mediante una sola oblación, él ha perfeccionado para siempre a los que santifica. 15 El Espíritu Santo atestigua todo esto, porque después de haber anunciado:

16 [bj] Jer. 31. 33-34; 8. 10. 12

16 * «Esta es la Alianza que haré con ellos
después de aquellos días,
dice el Señor:
Yo pondré mis leyes en su corazón
y las grabaré en su conciencia,
17 y no me acordaré más de sus pecados
ni de sus iniquidades.»
18 Y si los pecados están perdonados, ya no hay necesidad de ofrecer por ellos ninguna otra oblación.

LA PERSEVERANCIA EN LA FE

Después de su larga reflexión sobre el sacerdocio de Cristo, el autor señala una serie de consecuencias prácticas para la vida cristiana. Como único Mediador entre Dios y los hombres, Jesús ha abierto “el camino nuevo y viviente” (10. 20) que conduce al verdadero Santuario y que es su Cuerpo glorificado. Para avanzar por ese camino, es necesaria la fe, de la que son inseparables la esperanza y el amor. Es verdad que no se puede perseverar en la fe sin afrontar “un rudo y doloroso combate” (10. 32). Pero así como Cristo nos alcanzó la salvación por sus padecimientos y su muerte, así también el creyente tiene que dejarse “educar” por la corrección paternal de Dios (12. 5-13), a fin de unirse al Sacrificio redentor de Jesús.

¿Y qué mejor estimulo para nuestra fe que el ejemplo de las grandes figuras del Antiguo Testamento? ¿Acaso la fe cristiana no hunde sus raíces en la historia de Israel? Por eso, el autor de esta Carta hace desfilar ante nuestros ojos la fe admirable de aquella “nube de testigos” (12. 1), entre los que sobresale Abraham, el padre de los creyentes (Rom. 4. 1-25Gál. 3. 6-29). Pero sobre todo, hay que fijar la mirada en “el iniciador y consumador de nuestra fe” (12. 2), que es Cristo Jesús. Solamente por él, se vio cumplida la Promesa en la que habían creído y esperado los antepasados del Pueblo elegido. Y él es el prototipo de nuestra fidelidad a Dios en medio de las pruebas.

El acercamiento a Dios por Jesucristo [ 19 | 25 ]

19 [bj] 6. 19-20; 9. 8. 11; Jn. 14. 6

19 Por lo tanto, hermanos, tenemos plena seguridad de que podemos entrar en el Santuario por la sangre de Jesús,

20 [bj] 3. 1. 6; 4. 14; Zac. 6. 11-12

20 siguiendo el camino nuevo y viviente que él nos abrió a través del velo del Templo, que es su carne. 21 * También tenemos un Sumo Sacerdote insigne al frente de la casa de Dios.

22 [bj] Rom. 6. 4; 1 Ped. 3. 21; 2 Cor. 7. 1

22 Acerquémonos, entonces, con un corazón sincero y llenos de fe, purificados interiormente de toda mala conciencia y con el cuerpo lavado por el agua pura.

23 [bj] 11. 11; 1 Cor. 1. 9

23 Mantengamos firmemente la confesión de nuestra esperanza, porque aquel que ha hecho la promesa es fiel. 24 Alentémonos unos a otros, para estimularnos en el amor y en las buenas obras.

25 [bj] 3. 13; 1 Cor. 1. 8

25 No desertemos de nuestras asambleas, como suelen hacerlo algunos; al contrario, animémonos mutuamente, tanto más cuanto que vemos acercarse el Día.

El castigo de los que abandonan la fe [ 26 | 31 ]

26 [bj] 6. 4-6; 12. 17

26 Porque si después de haber recibido el pleno conocimiento de la verdad, pecamos deliberadamente, ya no hay más sacrificio por los pecados.

27 [bj] Is. 26. 11

27 * Sólo resta esperar con terror el juicio y el fuego ardiente que consumirá a los rebeldes.

28 [bj] Deut. 17. 6

28 * El que viola la Ley de Moisés, es condenado a muerte irremisiblemente por el testimonio de dos o tres testigos.

29 [bj] 6. 6; Éx. 24. 8; 9. 20

29 * Piensen, entonces, qué castigo merecerá el que pisoteó al Hijo de Dios, el que profanó la sangre de la Alianza con la cual fue santificado y ultrajó al Espíritu de la gracia.

30 [bj] Deut. 32. 35-36; Mt. 12. 31-32; Mt. 10. 28

30 * Porque nosotros conocemos a aquel que ha dicho: La venganza me pertenece y yo daré la retribución. Y además: El Señor juzgará a su pueblo. 31 ¡Verdaderamente es algo terrible caer en las manos del Dios viviente!

La recompensa de los justos [ 32 | 39 ]

32 [bj] 6. 4; Ef. 5. 14

32 Recuerden los primeros tiempos: apenas habían sido iluminados y ya tuvieron que soportar un rudo y doloroso combate,

33 [bj] 1 Cor. 4. 9

33 unas veces expuestos públicamente a injurias y atropellos, y otras, solidarizándose con los que eran tratados de esa manera.

34 [bj] 13. 3; Mt. 5. 40; Mt. 6. 20

34 Ustedes compartieron entonces los sufrimientos de los que estaban en la cárcel y aceptaron con alegría que los despojaran de sus bienes, sabiendo que tenían una riqueza mejor y permanente. 35 No pierdan entonces la confianza, a la que está reservada una gran recompensa. 36 Ustedes necesitan constancia para cumplir la voluntad de Dios y entrar en posesión de la promesa.

37 [bj] Is. 26. 20

37 * Porque todavía falta un poco,
muy poco tiempo,
y el que debe venir vendrá sin tardar.

38 [bj] Hab. 2. 3-4; Rom. 1. 17

38 * El justo vivirá por la fe,
pero si se vuelve atrás, dejaré de amarlo.

39 [bj] 1 Ped. 1. 9

39 Nosotros no somos de los que se vuelven atrás para su perdición, sino que vivimos en la fe para preservar nuestra alma.
10 5-7

Sal. 40. 7-9 (texto griego).

1. Sal. 40. 7-9:

7 Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, 8 entonces dije: "Aquí estoy. 9 En el libro de la Ley está escrito lo que tengo que hacer: yo amo, Dios mío, tu voluntad, y tu ley está en mi corazón".
12-13

Sal. 110. 1

1. Sal. 110. 1:

1 De David. Salmo. La realeza del Mesías Dijo el Señor a mi Señor: "Siéntate a mi derecha, mientras yo pongo a tus enemigos como estrado de tus pies".
16-17

Jer. 31. 33-34

1. Jer. 31. 33-34:

33 Esta es la Alianza que estableceré con la casa de Israel, después de aquellos días –oráculo del Señor–: pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. 34 Y ya no tendrán que enseñarse mutuamente, diciéndose el uno al otro: “Conozcan al Señor”. Porque todos me conocerán, del más pequeño al más grande –oráculo del Señor–. Porque yo habré perdonado su iniquidad y no me acordaré más de su pecado.
21

Zac. 6. 11-12

1. Zac. 6. 11-12:

11 tomarás la plata y el oro, harás una corona y la pondrás sobre la cabeza de Josué, hijo de Iehosadac, el Sumo Sacerdote. 12 Tú le dirás: Así habla el Señor de los ejércitos: Aquí hay un hombre llamado “Germen”: allí donde esté, algo va a germinar, y él reconstruirá el Templo del Señor.
27

Is. 26. 11

1. Is. 26. 11:

11 Señor, tu mano está levantada, pero ellos no la ven: ¡que vean avergonzados tu celo por el pueblo, que los devore el fuego destinado a tus adversarios!
28

Deut. 17. 6

1. Deut. 17. 6:

6 Para que alguien sea condenado a muerte se requiere el testimonio de dos o más testigos. Nadie será condenado a muerte en base al testimonio de uno solo.
29

Éx. 24. 8

1. Éx. 24. 8:

8 Entonces Moisés tomó la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo: “Esta es la sangre de la alianza que ahora el Señor hace con ustedes, según lo establecido en estas cláusulas”.
30

Deut. 32. 35-36

1. Deut. 32. 35-36:

35 Mía será la venganza y la retribución en el momento que vacilen sus pies, porque está cerca el día de su ruina y ya se precipita el desenlace.

36 Sí, el Señor hará justicia con su pueblo y tendrá compasión de sus servidores. Cuando vea que sus manos flaquean y ya no quedan esclavos ni hombres libres,
37

Is. 26. 20 (texto griego).

1. Is. 26. 20:

20 ¡Ve, pueblo mío, entra en tus habitaciones y cierra tus puertas por dentro; escóndete por un instante, hasta que pase la ira!
38

Hab. 2. 3-4 (texto griego). Ver Rom. 1. 17; Gál. 3. 11

1. Hab. 2. 3-4:

3 Porque la visión aguarda el momento fijado, ansía llegar a término y no fallará; si parece que se demora, espérala, porque vendrá seguramente, y no tardará.

4 El que no tiene el alma recta, sucumbirá, pero el justo vivirá por su fidelidad.

2. Rom. 1. 17:

17 En el Evangelio se revela la justicia de Dios, por la fe y para la fe, conforme a lo que dice la Escritura: El justo vivirá por la fe.

3. Gál. 3. 11:

11 Es evidente que delante de Dios nadie es justificado por la Ley, ya que el justo vivirá por la fe.