Colosenses 3: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

LA CONDUCTA DEL HOMBRE NUEVO

Como en la Carta a los Romanos (Rom. 6. 3-11), Pablo presenta el Bautismo como la participación en la Muerte y la Resurrección de Jesús (2. 12-13). El cristiano ha resucitado con Cristo a una Vida nueva. No se trata de una metáfora, sino de un hecho invisible, aunque no por eso menos real. Para vivir como resucitados, debemos despojarnos constantemente del «hombre viejo», el que vive de acuerdo con sus instintos y pasiones, y revestirnos del «hombre nuevo» (3. 9-10), que es Cristo en nosotros. En esto consiste la gran tarea del cristiano, hasta que la imagen de Dios se manifieste plenamente en él.

Ser un «hombre nuevo» significa, sobre todo, «revestirse del amor». En él se resume la perfección, a la que estamos llamados los hijos del Padre celestial (3. 14). De manera parecida a la de la Carta a los Efesios, el Apóstol hace ver la incidencia de ese amor en el terreno familiar y social. Aun respetando las estructuras propias de la época, Pablo les infunde un nuevo espíritu que poco a poco las irá transformando. No sólo tienen deberes las esposas, los hijos y los esclavos. También los tienen los maridos, los padres y los patrones. En último término, cualquiera sea la condición de cada uno, todos deben servir «a Cristo, el Señor» (3. 24).

Cristo resucitado, principio de la Vida nueva [ 1 | 4 ]

1 [bj] Ef. 2. 6; Flp. 3. 20; Hech. 2. 33

1 Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios.

2 [bj] Sal. 110. 1

2 Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. 3 Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios.

4 [bj] 2. 12; 1 Jn. 3. 2; Rom. 8. 19; 1. 27

4 Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria.

El hombre viejo y el hombre nuevo [ 5 | 11 ]

5 [bj] Rom. 6. 11; 1. 29; |Ef. 5. 6; Rom. 1. 18

5 * Por lo tanto, hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: la lujuria, la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos y también la avaricia, que es una forma de idolatría. 6 Estas cosas provocan la ira de Dios sobre los rebeldes.

7 [bj] |Ef. 2. 2-3; Tit. 3. 3

7 Ustedes mismos se comportaban así en otro tiempo, viviendo desordenadamente.

8 [bj] Ef. 4. 31

8 * Pero ahora es necesario que acaben con la ira, el rencor, la maldad, las injurias y las conversaciones groseras.

9 [bj] Ef. 4. 25; |4. 22-24

9 * Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras,

10 [bj] Rom. 12. 2; Gn. 1. 26-27

10 y se revistieron del hombre nuevo, aquel que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador.

11 [bj] Gál. 3. 27-28; 1 Cor. 12. 13; Gn. 11; 1 Cor. 15. 28

11 * Por eso, ya no hay pagano ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, sino sólo Cristo, que es todo y está en todos.

Exhortación al amor [ 12 | 17 ]

12 [bj] Ef. 4. 1-2. 32

12 Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia.

13 [bj] Mt. 6. 14; 18. 21-25; Rom. 13. 8-10

13 Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo.

14 [bj] 1 Cor. 13. 1; Jn. 14. 27; Flp. 4. 7

14 Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección.

15 [bj] Ef. 2. 16; 4. 3-4; 1 Cor. 12. 12; Ef. 5. 20

15 Que la paz de Cristo reine en sus corazones: esa paz a la que han sido llamados, porque formamos un solo Cuerpo. Y vivan en la acción de gracias.

16 [bj] Ef. 4. 29; |5. 19-20

16 Que la Palabra de Cristo resida en ustedes con toda su riqueza. Instrúyanse en la verdadera sabiduría, corrigiéndose los unos a los otros. Canten a Dios con gratitud y de todo corazón salmos, himnos y cantos inspirados.

17 [bj] 1 Cor. 10. 31

17 Todo lo que puedan decir o realizar, háganlo siempre en nombre del Señor Jesús, dando gracias por él a Dios Padre.

Los deberes familiares [ 18 | 21 ]

18 [bj] |Ef. 5. 21-6. 9; 1 Ped. 3. 1-7; Tit. 2. 1-10; 1 Tim. 2. 8-15

18 * Mujeres, sean dóciles a su marido, como corresponde a los discípulos del Señor. 19 Maridos, amen a su mujer, y no le amarguen la vida. 20 Hijos, obedezcan siempre a sus padres, porque esto es agradable al Señor. 21 Padres, no exasperen a sus hijos, para que ellos no se desanimen.

Los deberes de los esclavos y de los patrones [ 22 | 25 ]

22 [bj] Rom. 6. 15; 1 Cor. 7. 21-23; Tit. 2. 9-10; Flmn. 1. 16; 1 Ped. 2. 8

22 * Esclavos, obedezcan en todo a sus dueños temporales, pero no con una obediencia fingida, como quien trata de agradar a los hombres, sino con sencillez de corazón, por consideración al Señor. 23 Cualquiera sea el trabajo de ustedes, háganlo de todo corazón, teniendo en cuenta que es para el Señor y no para los hombres. 24 Sepan que el Señor los recompensará, haciéndolos sus herederos. Ustedes sirven a Cristo, el Señor: 25 el que obra injustamente recibirá el pago que corresponde, cualquiera sea su condición.
3 5

Ver Ef. 5. 5

1. Ef. 5. 5:

5 Y sépanlo bien: ni el hombre lujurioso, ni el impuro, ni el avaro -que es un idólatra- tendrán parte en la herencia del Reino de Cristo y de Dios.
8

Ver Ef. 5. 4

1. Ef. 5. 4:

4 Lo mismo digo acerca de las obscenidades, de las malas conversaciones y de las bromas groseras: todo esto está fuera de lugar. Lo que deben hacer es dar gracias a Dios.
9-10

Ver Ef. 4. 22-25

1. Ef. 4. 22-25:

22 De él aprendieron que es preciso renunciar a la vida que llevaban, despojándose del hombre viejo, que se va corrompiendo por la seducción de la concupiscencia, 23 para renovarse en lo más íntimo de su espíritu 24 y revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad.

25 Por eso, renuncien a la mentira y digan siempre la verdad a su prójimo, ya que todos somos miembros, los unos de los otros.
18-21

Ver Ef. 5. 22-6. 41 Ped. 3. 1-7

1. Ef. 5. 22-6. 4:

22 * las mujeres deben respetar a su marido, como al Señor, 23 porque el varón es la cabeza de la mujer, como Cristo es la Cabeza y el Salvador de la Iglesia, que es su Cuerpo. 24 * Así como la Iglesia está sometida a Cristo, de la misma manera las mujeres deben respetar en todo a su marido.

25 * Maridos, amen a su mujer, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella, 26 para santificarla. Él la purificó con el bautismo del agua y la palabra, 27 porque quiso para sí una Iglesia resplandeciente, sin mancha ni arruga y sin ningún defecto, sino santa e inmaculada. 28 Del mismo modo, los maridos deben amar a su mujer como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo. 29 Nadie menosprecia a su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida. Así hace Cristo por la Iglesia, 30 por nosotros, que somos los miembros de su Cuerpo. 31 Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos serán una sola carne. 32 Este es un gran misterio: y yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia. 33 En cuanto a ustedes, cada uno debe amar a su mujer como a sí mismo, y la esposa debe respetar a su marido.

1 Hijos, obedezcan a sus padres en el Señor porque esto es lo justo, 2 ya que el primer mandamiento que contiene una promesa es este: Honra a tu padre y a tu madre, 3 para que seas feliz y tengas una larga vida en la tierra. 4 Padres, no irriten a sus hijos; al contrario, edúquenlos, corrigiéndolos y aconsejándolos, según el espíritu del Señor.

2. 1 Ped. 3. 1-7:

1 También las mujeres sean dóciles a su marido, para que si alguno de ellos se resiste a creer en la Palabra, sea convencido sin palabra por la conducta de su mujer, 2 al ver su vida casta y respetuosa. 3 Que su elegancia no sea el adorno exterior –consistente en peinados rebuscados, alhajas de oro y vestidos lujosos– 4 sino la actitud interior del corazón, el adorno incorruptible de un espíritu dulce y sereno. Esto es lo que vale a los ojos de Dios. 5 Así se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que tenían su esperanza puesta en Dios y respetaban a sus maridos, 6 como por ejemplo, Sara, que obedecía a Abraham y lo llamaba su señor. Ahora ustedes han llegado a ser sus hijas, haciendo el bien y no dejándose inquietar por ninguna clase de temor.

7 Los maridos, a su vez, comprendan que deben compartir su vida con un ser más débil, como es la mujer: trátenla con el respeto debido a coherederas de la gracia que da la Vida. De esa manera, nada será obstáculo para la oración.
3 22 - 4. 1

Ver Ef. 6. 5-9; 1 Tim. 6. 1-2; Tit. 2. 9-10; Flmn. 1. 16; 1 Ped. 2. 18; nota 1 Cor. 7. 20-22

1. Ef. 6. 5-9:

5 Esclavos, obedezcan a sus patrones con temor y respeto, sin ninguna clase de doblez, como si sirvieran a Cristo; 6 no con una obediencia fingida que trata de agradar a los hombres, sino como servidores de Cristo, cumpliendo de todo corazón la voluntad de Dios. 7 Sirvan a sus dueños de buena gana, como si se tratara del Señor y no de los hombres, 8 teniendo en cuenta que el Señor retribuirá a cada uno el bien que haya hecho, sea un esclavo o un hombre libre. 9 Y ustedes, patrones, compórtense de la misma manera con sus servidores y dejen a un lado las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos, que lo es también de ustedes, está en el cielo, y no hace acepción de personas.

2. 1 Tim. 6. 1-2:

1 Que los esclavos consideren a sus dueños dignos de todo respeto, para que el nombre de Dios y su doctrina no sean objeto de blasfemia. 2 Y si sus dueños son creyentes, que no los respeten menos por el hecho de ser hermanos. Al contrario, que pongan mayor empeño en servirlos, porque así benefician a hermanos queridos en la fe.

3. Tit. 2. 9-10:

9 Que los esclavos obedezcan en todo a sus dueños y procuren agradarlos, tratando de no contradecirlos. Que no los defrauden, 10 sino que les demuestren absoluta fidelidad, para hacer honor en todo a la doctrina de Dios, nuestro Salvador.

4. Flmn. 1. 16:


5. 1 Ped. 2. 18:

18 Servidores, traten a sus señores con el debido respeto, no solamente a los buenos y comprensivos, sino también a los malos.