Colosenses 1: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

Saludo inicial [ 1 | 2 ]

1 [bj] Rom. 1. 1; Hech. 16. 1 [bla] 1 Cor. 1. 1

1 Pablo, Apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo

2 [bj] Hech. 9. 13

2 saludan a los santos de Colosas, sus fieles hermanos en Cristo. Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre.

Acción de gracias [ 3 | 8 ]

3 [bj] |Ef. 1. 15-16; |Flmn. 1. 4-5

3 Damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando sin cesar por ustedes,

4 [bj] 1 Cor. 13. 13

4 desde que nos hemos enterado de la fe que tienen en Cristo Jesús y del amor que demuestran a todos los santos,

5 [bj] |Ef. 1. 13; Gál. 1. 6 [bla] 1 Ped. 1. 3

5 a causa de la esperanza que les está reservada en el cielo. Ustedes oyeron anunciar esta esperanza por medio de la Palabra de la verdad, de la Buena Noticia

6 [bj] Rom. 1. 16; 1 Tes. 2. 13; Hech. 14. 3; 20. 24. 32; 2 Cor. 6. 1

6 que han recibido y que se extiende y fructifica en el mundo entero. Eso mismo sucede entre ustedes, desde que oyeron y comprendieron la gracia de Dios en toda su verdad,

7 [bla] Col. 4. 12; Flmn. 1. 23

7 al ser instruidos por Epafras, nuestro querido compañero en el servicio de Dios. Él es para ustedes un fiel ministro de Cristo,

8 [bj] 1 Cor. 13. 1

8 y por él conocimos el amor que el Espíritu les inspira.

Súplica [ 9 | 14 ]

9 [bj] |Ef. 1. 15; Col. 3. 10; Rom. 12. 2 [bla] 1 Tes. 2. 12

9 Por eso, desde que nos enteramos de esto, oramos y pedimos sin cesar por ustedes, para que Dios les haga conocer perfectamente su voluntad, y les dé con abundancia la sabiduría y el sentido de las cosas espirituales.

10 [bj] Ef. 2. 10

10 Así podrán comportarse de una manera digna del Señor, agradándolo en todo, fructificando en toda clase de obras buenas y progresando en el conocimiento de Dios.

11 [bj] Hech. 26. 18; Ef. 1. 11-13; 1 Ped. 2. 9

11 Fortalecidos plenamente con el poder de su gloria, adquirirán una verdadera firmeza y constancia de ánimo,

12 [bla] 1 Ped. 2. 9; Hech. 26. 18; Deut. 33. 3; Sab. 5. 5

12 * y darán gracias con alegría al Padre, que nos ha hecho dignos de participar de la herencia luminosa de los santos.

13 [bj] Jn. 8. 12; Gál. 1. 4

13 Porque él nos libró del poder de las tinieblas y nos hizo entrar en el Reino de su Hijo muy querido,

14 [bj] |Ef. 1. 6-7; Rom. 3. 24

14 en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados.

LA PREEMINENCIA ABSOLUTA DE CRISTO

También esta Carta comienza con un solemne himno, que tiene ciertos rasgos comunes con el de la Carta a los Efesios. En él se proclama la superioridad de Cristo, tanto en el orden de la creación (1. 15-17) como en el de la redención (1. 18-20). Cristo es la razón de ser de todo cuanto existe. Él es la «Imagen» por excelencia de Dios, el «Primogénito» de la creación y la «Cabeza» de la Iglesia. Es también el «primero» de los resucitados, es decir, el principio de una nueva creación. En él reside «toda la plenitud de la divinidad» (2. 9), y por él Dios reconcilió consigo todas las cosas.

A pesar de sus padecimientos, el Apóstol se siente feliz de haber sido constituido ministro de la Iglesia para anunciar esta Buena Noticia entre los paganos. Así se lo hace saber a sus destinatarios, a la vez que los pone en guardia contra ciertas corrientes del Judaísmo influenciadas por las religiones orientales y contra algunas concepciones paganas de la época. Pablo presenta a Cristo como el único Mediador y Salvador; él nos hace participar de su Misterio Pascual por medio del Bautismo (2. 12), y nos libera de todas las fuerzas del mal, las visibles y las invisibles.

Cristo, Imagen de Dios y Cabeza de la Iglesia [ 15 | 20 ]

15 [bj] Sab. 7. 26; Col. 1. 18; Rom. 8. 29; Heb. 1. 3; Jn. 1. 3 [bla] Gn. 1. 26; Prov. 8. 22; 2 Cor. 4. 4; Flp. 2. 6; Heb. 1. 2-3. 6; 1 Cor. 8. 6

15 Él es la Imagen del Dios invisible,
el Primogénito de toda la creación,

16 [bj] Ef. 1. 10. 21; 1 Cor. 8. 6 [bla] Rom. 8. 29

16 porque en él fueron creadas todas las cosas,
tanto en el cielo como en la tierra,
los seres visibles y los invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades:
todo fue creado por medio de él y para él.

17 [e]

17 Él existe antes que todas las cosas
y todo subsiste en él.

18 [bj] Col. 1. 24; Ef. 1. 22-23; 5. 23; Prov. 8. 22; 1 Cor. 15. 20; Apoc. 1. 5 [bla] Ef. 4. 14; 5. 23

18 * Él es también la Cabeza del Cuerpo,
es decir, de la Iglesia.
Él es el Principio,
el Primero que resucitó de entre los muertos,
a fin de que él tuviera la primacía en todo,

19 [bj] Col. 2. 9 [bla] Ef. 1. 10. 23; Jn. 1. 16; Rom. 5. 10; 2 Cor. 5. 18; Ef. 2. 14

19 porque Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud.

20 [bj] Ef. 1. 10; 2. 14. 16; Flp. 2. 8

20 Por él quiso reconciliar consigo
todo lo que existe en la tierra y en el cielo,
restableciendo la paz por la sangre de su cruz.

La salvación por medio de Cristo [ 21 | 23 ]

21 [bj] Ef. 2. 1; 4. 18-19

21 Antes, a causa de sus pensamientos y sus malas obras, ustedes eran extraños y enemigos de Dios.

22 [bj] Ef. 2. 14-16; 1 Cor. 1. 8+; Ef. 5. 27+

22 * Pero ahora, él los ha reconciliado en el cuerpo carnal de su Hijo, entregándolo a la muerte, a fin de que ustedes pudieran presentarse delante de él como una ofrenda santa, inmaculada e irreprochable.

23 [bj] Col. 1. 5; Mc. 16. 15; Ef. 3. 7 [bla] 1 Cor. 15. 58; 1 Tim. 3. 16

23 * Para esto es necesario que ustedes permanezcan firmes y bien fundados en la fe, sin apartarse de la esperanza transmitida por la Buena Noticia que han oído y que fue predicada a todas las criaturas que están bajo el cielo y de la cual yo mismo, Pablo, fui constituido ministro.

El ministerio apostólico de Pablo [ 24 | 29 ]

24 [bj] 2 Cor. 7. 4; 12. 10; Col. 2. 1; Rom. 8. 17-18; 2 Cor. 4. 8-10; Flp. 3. 10; Col. 1. 18 [bla] Hech. 9. 16

24 * Ahora me alegro de poder sufrir por ustedes, y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia.

25 [bj] 2 Cor. 3. 6; Gál. 2. 8; Rom. 15. 19; 16. 25; Ef. 3. 10

25 En efecto, yo fui constituido ministro de la Iglesia, porque de acuerdo con el plan divino, he sido encargado de llevar a su plenitud entre ustedes la Palabra de Dios,

26 [bj] Hech. 9. 13 [bla] Mc. 13. 10; Hech. 20. 24; Ef. 3. 3; Rom. 16. 25

26 el misterio que estuvo oculto desde toda la eternidad y que ahora Dios quiso manifestar a sus santos.

27 [bj] Col. 3. 4 [bla] Ef. 1. 18; Rom. 5. 2; 8. 19

27 * A ellos les ha revelado cuánta riqueza y gloria contiene para los paganos este misterio, que es Cristo entre ustedes, la esperanza de la gloria.

28 [bj] 1 Cor. 2. 6; Ef. 4. 13

28 Nosotros anunciamos a Cristo, exhortando a todos los hombres e instruyéndolos en la verdadera sabiduría, a fin de que todos alcancen su madurez en Cristo.

29 [bj] Flp. 2. 13; 4. 13; 2 Tes. 1. 11 [bla] Ef. 3. 7

29 Por esta razón, me fatigo y lucho con la fuerza de Cristo que obra en mí poderosamente.
1 12

«La herencia luminosa» es la salvación reservada a los cristianos, que por su unión con Cristo han recibido la filiación divina (Rom. 8. 14-17). Es probable que los «santos» sean aquí los ángeles, y no los cristianos como es habitual en el lenguaje del Nuevo Testamento. Ver nota Hech. 9. 13

1. Rom. 8. 14-17:

14 Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. 15 Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios ¡Abba!, es decir, ¡Padre! 16 El mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. 17 Y si somos hijos, también somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, porque sufrimos con él para ser glorificados con él.
18-19

Ver Ef. 1. 22-23

1. Ef. 1. 22-23:

22 Él puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, 23 que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las cosas.
22

Ver Ef. 2. 14-18

1. Ef. 2. 14-18:

14 Porque Cristo es nuestra paz: él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba, 15 y aboliendo en su propia carne la Ley con sus mandamientos y prescripciones. Así creó con los dos pueblos un solo Hombre nuevo en su propia persona, restableciendo la paz, 16 y los reconcilió con Dios en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, destruyendo la enemistad en su persona. 17 Y él vino a proclamar la Buena Noticia de la paz, paz para ustedes, que estaban lejos, paz también para aquellos que estaban cerca. 18 Porque por medio de Cristo, todos sin distinción tenemos acceso al Padre, en un mismo Espíritu.
23

«Todas las criaturas que están bajo el cielo»: esta expresión es evidentemente hiperbólica.

24

«Completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo»: si bien no se puede añadir nada a la eficacia redentora del Sacrificio de Cristo, Dios ha elegido colaboradores humanos para distribuir los bienes de la redención. En el plan divino está prevista la medida de los sufrimientos y fatigas necesarios para la difusión del Evangelio, y Pablo, en su condición de Apóstol de los paganos, se siente particularmente llamado a llenar esa medida. Ver Flp. 1. 20; 2 Cor. 4. 10-11

1. Flp. 1. 20:

20 Así lo espero ansiosamente, y no seré defraudado. Al contrario, estoy completamente seguro de que ahora, como siempre, sea que viva, sea que muera, Cristo será glorificado en mi cuerpo.

2. 2 Cor. 4. 10-11:

10 Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. 11 Y así aunque vivimos, estamos siempre enfrentando a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.
27

La «esperanza de la gloria» son los bienes celestiales, con los que hemos sido colmados por medio de Jesucristo. Ver Ef. 1. 3

1. Ef. 1. 3:

3 Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo,