Hechos de los Apóstoles 7: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

El discurso de Esteban [ 1 | 53 ]

1 El Sumo Sacerdote preguntó a Esteban: «¿Es verdad lo que estos dicen?».

2 [bj] Sal. 29. 3 [bc] Gn. 11. 31-12. 5

2 Él respondió: «Hermanos y padres, escuchen: El Dios de la gloria se apareció a nuestro padre Abraham, cuando aún estaba en la Mesopotamia, antes de establecerse en Jarán,

3 [blpd] 🡔Gn. 12. 1

3 * y le dijo: “Abandona tu tierra natal y la casa de tu padre y ve al país que yo te indicaré”. 4 Abraham salió de Caldea para establecerse en Jarán. Después de la muerte de su padre, Dios le ordenó que se trasladara a este país, donde ustedes ahora están viviendo.

5 [blpd] 🡔Gn. 15. 2 [bj] Gn. 12. 7+ [bc] Gn. 13. 15; Gn. 15. 18; Gn. 17. 8

5 * Él no le dio nada en propiedad, ni siquiera un palmo de tierra, pero prometió darle en posesión este país, a él, y después de él a sus descendientes , aunque todavía no tenía hijos.

6 [blpd] 🡔Gn. 15. 13-14; 🡔Éx. 3. 12 [bj] Gn. 15. 2 [bc] Éx. 12. 40

6 * Y Dios le anunció que sus descendientes emigrarían a una tierra extranjera, y serían esclavizados y maltratados durante cuatrocientos años.

7 [bj] Gn. 15. 14; Éx. 3. 12

7 Pero yo juzgaré al pueblo que los esclavizará –dice el Señor– y después quedarán en libertad y me tributarán culto en este mismo lugar.

8 [blpd] 🡔Gn. 21. 4 [bj] Gn. 17. 10+ [bc] Gn. 17. 10-14

8 * Le dio luego la alianza sellada con la circuncisión Abraham, cuando nació su hijo Isaac, lo circuncidó al octavo día; Isaac hizo lo mismo con Jacob, y Jacob con los doce patriarcas.

9 [blpd] 🡔Gn. 37. 11. 28 [bc] Gn. 39. 2-3. 21

9 * Los patriarcas, movidos por la envidia, vendieron a su hermano José para que fuera llevado a Egipto. Pero Dios estaba con él

10 [blpd] 🡔Gn. 41. 40-41 [blpd] Gn. 39. 2. 3. 21. 23; Sal. 34. 20; Sal. 105. 21 [bc] Gn. 41. 15-16. 25-36

10 * y lo salvó de todas sus tribulaciones, le dio sabiduría, y lo hizo grato al Faraón, rey de Egipto, el cual lo nombró gobernador de su país y lo puso al frente de su casa real.

11 [blpd] 🡔Gn. 41. 54-55 [bj] Gn. 41. 54-42. 5

11 * Luego sobrevino una época de hambre y de extrema miseria en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y nuestros padres no tenían qué comer.

12 [blpd] 🡔Gn. 42. 2 [bj] Gn. 45. 1

12 * Jacob, al enterarse de que en Egipto había trigo , decidió enviar allí a nuestros padres. Esta fue la primera visita.

13 [blpd] 🡔Gn. 45. 1 [bc] Gn. 45. 1-16

13 * Cuando llegaron por segunda vez, José se dio a conocer a sus hermanos, y el mismo Faraón se enteró del origen de José.

14 [blpd] 🡔Gn. 46. 27 [bc] Éx. 1. 5; Gn. 45. 9-47. 12

14 * Este mandó llamar a su padre Jacob y a toda su familia, unas setenta y cinco personas.

15 [blpd] 🡔Gn. 46. 6; Gn. 49. 33

15 * Jacob se radicó entonces en Egipto, y allí murió, lo mismo que nuestros padres.

16 [blpd] 🡔Gn. 50. 13; 🡔Jos. 24. 32 [bc] Gn. 49. 29-32; Gn. 50. 7-13; Gn. 23. 1-20; Gn. 33. 18-19

16 * Sus restos fueron trasladados a Siquém y sepultados en la tumba que Abraham había comprado por una suma de dinero a los hijos de Emor, que habitaban en Siquém.

17 [blpd] 🡔Éx. 1. 7-8. 10-11

17 * Al acercarse el tiempo en que debía cumplirse la promesa que Dios había hecho a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto,

18 [bnp] Éx. 1. 8-12

18 hasta que vino un nuevo rey que no sabía nada acerca de José.

19 [bj] Éx. 1. 10-11. 22; Éx. 2. 2

19 Este rey, empleando la astucia contra nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres y los obligó a que abandonaran a sus hijos recién nacidos para que no sobrevivieran.

20 [blpd] 🡔Éx. 2. 2 [bj] Heb. 11. 23s

20 * En ese tiempo nació Moisés, que era muy hermoso delante de Dios. Durante tres meses fue criado en la casa de su padre,

21 [blpd] 🡔Éx. 2. 5. 10 [bc] Éx. 2. 1-10

21 * y al ser abandonado, la hija del Faraón lo recogió y lo crió como a su propio hijo.

22 [bj] Lc. 24. 19

22 Así Moisés fue iniciado en toda la sabiduría de los egipcios y llegó a ser poderoso en palabras y obras.

23 [bj] Éx. 2. 11; Hech. 7. 25; Éx. 2. 12

23 * Al cumplir cuarenta años, sintió un vivo deseo de visitar a sus hermanos, los israelitas.

24 [blpd] 🡔Éx. 2. 11-12

24 Y como vio que maltrataban a uno de ellos salió en su defensa, y vengó al oprimido matando al egipcio. 25 Moisés pensaba que sus hermanos iban a comprender que Dios, por su intermedio, les daría la salvación. Pero ellos no lo entendieron así.

26 [bj] Éx. 2. 13

26 Al día siguiente sorprendió a dos israelitas que se estaban peleando y trató de reconciliarlos, diciéndoles: “Ustedes son hermanos, ¿por qué se hacen daño?”.

27 [blpd] 🡔Éx. 2. 13-15

27 * Pero el que maltrataba a su compañero rechazó a Moisés y le dijo: “¿Quién te ha nombrado jefe o árbitro nuestro? 28 ¿Acaso piensas matarme como mataste ayer al egipcio?”.

29 [bj] Éx. 2. 15 [bc] Éx. 18. 3-4

29 A oír esto, Moisés huyó y fue a vivir al país de Madián , donde tuvo dos hijos.

30 [blpd] 🡔Éx. 3. 1-10

30 * Al cabo de cuarenta años se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí, en la llama de una zarza ardiente.

31 [bj] Éx. 3. 4. 6

31 Moisés quedó maravillado ante tal aparición y, al acercarse para ver mejor, oyó la voz del Señor que le decía:

32 [bj] Éx. 3. 5

32 “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”. Moisés, atemorizado, no se atrevía a mirar. 33 Entonces el Señor le dijo: “Quítate las sandalias porque estás pisando un lugar sagrado.

34 [bj] Éx. 3. 7-8

34 Yo he visto la opresión de mi Pueblo que está en Egipto, he oído sus gritos de dolor, y por eso he venido a librarlos. Ahora prepárate, porque he decidido enviarte a Egipto”.

35 [blpd] 🡔Éx. 2. 14; 🡔Éx. 7. 3 [bj] Éx. 3. 10 [bc] Hech. 2. 22

35 * Y a este Moisés, a quien ellos rechazaron diciendo: ¿Quién te ha nombrado jefe o árbitro nuestro?, Dios lo envió como jefe y libertador con la ayuda del ángel que se apareció en la zarza.

36 [bj] Éx. 7. 3; Núm. 14. 33; Am. 5. 25 [bc] Éx. 7. 3; Éx. 14. 21

36 Él los liberó, obrando milagros y signos en Egipto, en el Mar Rojo y en el desierto, durante cuarenta años.

37 [blpd] 🡔Deut. 18. 15 [bc] Hech. 3. 22-23

37 * Y este mismo Moisés dijo a los israelitas: Dios suscitará de entre ustedes un profeta semejante a mí.

38 [bj] Deut. 4. 10; Deut. 9. 10; Deut. 18. 16; Gál. 3. 19+; Jn. 1. 17 [bc] Éx. 19. 1-20. 17; Deut. 5. 1-21; Lev. 18. 5; Deut. 4. 1; Deut. 8. 1-3; Deut. 30. 15-20; Ez. 33. 15; Rom. 10. 5; Hech. 5. 20; Heb. 4. 12; 1 Ped. 1. 23

38 Y cuando el pueblo estaba congregado en el desierto, él hizo de intermediario en el monte Sinaí, entre el ángel que le habló y nuestros padres, y recibió las palabras de vida que luego nos comunicó.

39 [blpd] 🡔Éx. 32. 1. 23 [bj] Núm. 14. 3 [bc] Neh. 9. 17

39 * Pero nuestros padres no sólo se negaron a obedecerle, sino que lo rechazaron y, sintiendo una gran nostalgia por Egipto,

40 [bj] Éx. 32. 1. 23; Éx. 32. 4. 6

40 dijeron a Aarón: “Fabrícanos dioses que vayan al frente de nosotros, porque no sabemos qué le ha pasado a ese Moisés, ese hombre que nos hizo salir de Egipto”. 41 Entonces, fabricaron un ternero de oro, ofrecieron un sacrificio al ídolo y festejaron la obra de sus manos.

42 [blpd] 🡔Am. 5. 25-27 [bc] Jer. 8. 2; Jer. 19. 13; Deut. 4. 19; Deut. 17. 2-5

42 * Pero Dios se apartó de ellos y los entregó al culto de los astros, como está escrito en el libro de los Profetas:
Israelitas,
¿acaso ustedes me ofrecieron víctimas y sacrificios
durante los cuarenta años que estuvieron en el desierto?
43 Por el contrario, llevaron consigo
la carpa de Moloc y la estrella del Dios Refán,
esos ídolos que ustedes fabricaron para adorarlos.
Por eso yo los deportaré más allá de Babilonia.

44 [blpd] 🡔Éx. 25. 40 [bj] Heb. 8. 5 [bc] Éx. 26; Heb. 8; Heb. 9; Éx. 25. 9. 40

44 * En el desierto, nuestros padres tenían la Morada del Testimonio. Así lo había dispuesto Dios, cuando ordenó a Moisés que la hiciera conforme al modelo que había visto.

45 [bc] Jos. 3. 14-17

45 Nuestros padres recibieron como herencia esta Morada y, bajo la guía de Josué, la introdujeron en el país conquistado a los pueblos que Dios iba expulsando a su paso. Así fue hasta el tiempo de David.

46 [blpd] 🡔Sal. 132. 5 [bj] 1 Rey. 6. 2 [bc] 2 Sam. 7. 1-16; 1 Crón. 17. 1-14

46 * David, que gozó del favor de Dios, le pidió la gracia de construir una Morada para el Dios de Jacob.

47 [blpd] 🡔1 Rey. 6. 2 [bj] Hech. 17. 24; Heb. 9. 11. 24 [bc] 1 Rey. 6. 1-38; 2 Crón. 3. 1-14

47 * Pero fue Salomón el que le edificó una casa,

48 [bc] 1 Rey. 8. 27; Hech. 17. 24

48 si bien es cierto que el Altísimo no habita en casas hechas por la mano del hombre. Así lo dice el Profeta:

49 [blpd] 🡔Is. 66. 1-2

49 * El cielo es mi trono,
y la tierra la tarima de mis pies.
¿Qué casa me edificarán ustedes,
dice el Señor,
o dónde podrá estar mi lugar de reposo?
50 ¿No fueron acaso mis manos
las que hicieron todas las cosas?

51 [bj] Deut. 9. 13+; Jer. 4. 4+; Is. 63. 10; 2 Crón. 30. 7-8; 2 Crón. 36. 14-16; Mt. 23. 34-35 [bc] Éx. 32. 9; Éx. 33. 3. 5; Deut. 10. 16; Deut. 31. 27; Lev. 26. 41; Jer. 4. 4; Jer. 6. 10; Jer. 9. 25-26

51 ¡Hombres rebeldes, paganos de corazón y cerrados a la verdad! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo y son iguales a sus padres.

52 [blpd] 🡔Hech. 3. 14; 🡔Hech. 22. 14 [bj] Hech. 2. 23 [bc] Hech. 2. 23. 36; Mt. 23. 29-37

52 * ¿Hubo algún profeta a quien ellos no persiguieran? Mataron a los que anunciaban la venida del Justo, el mismo que acaba de ser traicionado y asesinado por ustedes,

53 [blpd] 🡔Gál. 3. 19; 🡔Heb. 2. 2 [bj] Hech. 7. 38+; Hech. 13. 38s; Hech. 15. 10; Gál. 6. 13

53 * los que recibieron la Ley por intermedio de los ángeles y no la cumplieron».

La lapidación de Esteban [ 54 | 60 ]

54 [bc] Hech. 5. 33

54 Al oír esto, se enfurecieron y rechinaban los dientes contra él.

55 [bj] Lc. 1. 15+; Éx. 24. 16+ [bc] Hech. 6. 5

55 Esteban, lleno del Espíritu Santo y con los ojos fijos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús, que estaba de pie a la derecha de Dios.

56 [bj] Hech. 2. 23+; Mt. 26. 64p; Dn. 7. 13; Mt. 8. 20+ [bc] Lc. 22. 69

56 Entonces exclamó: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios». 57 Ellos comenzaron a vociferar y, tapándose los oídos, se precipitaron sobre él como un solo hombre;

58 [blpd] 🡔Hech. 13. 9 [bj] 1 Rey. 21. 13; Heb. 13. 12+ [bc] Hech. 22. 20; Deut. 17. 7

58 * y arrastrándolo fuera de la ciudad, lo apedrearon. Los testigos se quitaron los mantos, confiándolos a un joven llamado Saulo.

59 [bj] Hech. 22. 20; Hech. 26. 10; Gál. 1. 13+; Sal. 31. 6; Lc. 23. 46

59 Mientras lo apedreaban, Esteban oraba, diciendo: «Señor Jesús, recibe mi espíritu».

60 [bj] Lc. 23. 34

60 Después, poniéndose de rodillas, exclamó en alta voz: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado». Y al decir esto, expiró.
7

El tono duro y agresivo de este discurso, se explica porque Esteban expone la historia del Pueblo de Dios desde una perspectiva particular: la infidelidad de Israel a la voluntad de Dios expresada por medio de sus enviados.

3

Gn. 12. 1.

1. Gn. 12. 1:

1 El Señor dijo a Abrám: “Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré.
5

Gn. 15. 2.

1. Gn. 15. 2:

2 “Señor,” respondió Abrám, ¿para qué me darás algo, si yo sigo sin tener hijos, y el heredero de mi casa será Eliezer de Damasco?”.
6-7

Gn. 15. 13-14; Éx. 3. 12.

1. Gn. 15. 13-14:

13 El Señor le dijo: “Tienes que saber que tus descendientes emigrarán a una tierra extranjera. Allí serán esclavizados y maltratados durante cuatrocientos años. 14 Pero yo juzgaré a la nación que los esclavizará, y después saldrán cargados de riquezas.

2. Éx. 3. 12:

12 ”Yo estaré contigo, le dijo Dios, y esta es la señal de que soy yo el que te envía: después que hagas salir de Egipto al pueblo, ustedes darán culto a Dios en esta montaña”.
9

Gn. 37. 11. 28.

1. Gn. 37. 11. 28:

11 Y sus hermanos le tenían envidia, pero su padre reflexionaba sobre todas estas cosas.

28 Pero mientras tanto, unos negociantes madianitas pasaron por allí y retiraron a José de la cisterna. Luego lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de planta, y José fue llevado a Egipto.
10

Gn. 41. 40-41.

1. Gn. 41. 40-41:

40 Por eso tú estarás al frente de mi palacio, y todo mi pueblo tendrá que acatar tus órdenes. Sólo por el trono real seré superior a ti”. 41 Y el Faraón siguió diciendo a José: “Ahora mismo te pongo al frente de todo el territorio de Egipto”.
11

Gn. 41. 54-55.

1. Gn. 41. 54-55:

54 y comenzaron los siete años de hambre, como José lo había anticipado. En todos los países se sufría hambre, pero en Egipto había alimentos. 55 Cuando también los egipcios y el pueblo sintieron hambre, y el pueblo pidió a gritos al Faraón que le diera de comer, este respondió: “Vayan a ver a José y hagan lo que él les diga”.
12

Gn. 42. 2.

1. Gn. 42. 2:

2 Luego añadió: “He oído que en Egipto venden cereales. Vayan allí y compren algo para nosotros. Así podremos sobrevivir y no moriremos”.
13

Gn. 45. 1.

1. Gn. 45. 1:

1 José ya no podía contener su emoción en presencia de la gente que lo asistía, y exclamó: “Hagan salir de aquí a toda la gente”. Así, nadie permaneció con él mientras se daba a conocer a sus hermanos.
14

Gn. 46. 27.

1. Gn. 46. 27:

27 Incluyendo a José y a los dos hijos que este tuvo en Egipto, toda la familia de Jacob, cuando emigró a Egipto, sumaba un total de setenta personas.
15

Gn. 46. 6; 49. 33.

1. Gn. 46. 6:

6 Ellos se llevaron también su ganado y las posesiones que habían adquirido en Canaán. Así llegaron a Egipto, Jacob y toda su familia

2. 49. 33:

33 Cuando Jacob terminó de dar esta orden a sus hijos, recogió sus pies en el lecho, expiró y fue a reunirse con los suyos.
16

Gn. 50. 13; Jos. 24. 32.

1. Gn. 50. 13:

13 lo trasladaron a Canaán y lo sepultaron en el campo de Macpelá, frente a Mamré, el campo que Abraham había comprado a Efrón, el hitita, para tenerlo como sepulcro familiar.

2. Jos. 24. 32:

32 Los huesos de José, que los israelitas trasladaron desde Egipto, fueron enterrados en Siquém, en la parcela de campo que Jacob había comprado a los hijos de Jamor, padre de Siquém, por cien monedas de plata, y que había pasado a ser propiedad de los hijos de José.
17-19

Éx. 1. 7-8. 10-11.

1. Éx. 1. 7-8. 10-11:

7 Pero los israelitas fueron fecundos y se multiplicaron, hasta convertirse en una muchedumbre numerosa y muy fuerte, que llenaba el país.

8 Mientras tanto, asumió el poder en Egipto un nuevo rey, que no había conocido a José. 10 Es preciso tomar precauciones contra él, para impedir que siga multiplicándose. De lo contrario, en caso de guerra se pondrá de parte de nuestros enemigos, combatirá contra nosotros y se irá del país”. 11 Entonces los egipcios pusieron a Israel a las órdenes de capataces, para que lo oprimieran con trabajos forzados. Así Israel construyó para el Faraón las ciudades de almacenamiento de Pitóm y Ramsés.
20

Éx. 2. 2.

1. Éx. 2. 2:

2 La mujer concibió y dio a luz un hijo; y viendo que era muy hermoso, lo mantuvo escondido durante tres meses.
21

Éx. 2. 5. 10.

1. Éx. 2. 5. 10:

5 La hija del Faraón bajó al Nilo para bañarse, mientras sus doncellas se paseaban por la ribera. Al ver la cesta en medio de los juncos, mandó a su esclava que fuera a recogerla. 10 y cuando el niño creció, lo entregó a la hija del Faraón, que lo trató como a un hijo y le puso el nombre de Moisés, diciendo: “Sí, yo lo saqué de las aguas”.
23-24

Éx. 2. 11-12.

1. Éx. 2. 11-12:

11 Siendo ya un hombre, Moisés salió en cierta ocasión a visitar a sus hermanos, y observó los penosos trabajos a que estaban sometidos. También vio que un egipcio maltrataba a un hebreo, a uno de sus hermanos. 12 Entonces dirigió una mirada a su alrededor, y como no divisó a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.
27-29

Éx. 2. 13-15.

1. Éx. 2. 13-15:

13 Al día siguiente regresó y encontró a dos hebreos que se estaban peleando. “¿Por qué golpeas a tu compañero?”, preguntó al agresor. 14 Pero este le respondió: “¿Quién te ha constituido jefe o árbitro nuestro? ¿Acaso piensas matarme como mataste al egipcio?”. Moisés sintió temor y pensó: “Por lo visto, el asunto ha trascendido”.

15 En efecto, el Faraón se enteró de lo sucedido, y buscó a Moisés para matarlo. Pero este huyó del Faraón, y llegó al país de Madián. Allí se sentó junto a un pozo.
30-34

Éx. 3. 1-10.

1. Éx. 3. 1-10:

1 Moisés, que apacentaba las ovejas de su suegro Jetró, el sacerdote de Madián, llevó una vez el rebaño más allá del desierto y llegó a la montaña de Dios, al Horeb. 2 Allí se le apareció el Ángel del Señor en una llama de fuego, que salía de en medio de la zarza. Al ver que la zarza ardía sin consumirse, 3 Moisés pensó: “Voy a observar este grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?”. 4 Cuando el Señor vio que él se apartaba del camino para mirar, lo llamó desde la zarza, diciendo: “¡Moisés, Moisés!”. “Aquí estoy”, respondió él. 5 Entonces Dios le dijo: “No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa”. 6 Luego siguió diciendo: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Moisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios.

7 El Señor dijo: “Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. 8 Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos. 9 El clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto cómo son oprimidos por los egipcios. 10 Ahora ve, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas”.
35-36

Éx. 2. 14; 7. 3.

1. Éx. 2. 14:

14 Pero este le respondió: “¿Quién te ha constituido jefe o árbitro nuestro? ¿Acaso piensas matarme como mataste al egipcio?”. Moisés sintió temor y pensó: “Por lo visto, el asunto ha trascendido”.

2. 7. 3:

3 Pero yo endureceré el corazón del Faraón, y así podré multiplicar mis signos y mis prodigios en Egipto.
37

Deut. 18. 15.

1. Deut. 18. 15:

15 El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo; lo hará surgir de entre ustedes, de entre tus hermanos, y es a él a quien escucharán.
39-41

Éx. 32. 1. 23 .

1. Éx. 32. 1. 23:

1 Cuando el pueblo vio que Moisés demoraba en bajar de la montaña, se congregó alrededor de Aarón y le dijo: “Fabrícanos un dios que vaya al frente de nosotros, porque no sabemos qué le ha pasado a Moisés, ese hombre que nos hizo salir de Egipto”. 23 Ellos me dijeron: ‘Fabrícanos un dios que vaya al frente de nosotros, porque no sabemos qué le ha pasado a Moisés, ese hombre que nos hizo salir de Egipto’.
42-43

Am. 5. 25-27 (texto griego).

1. Am. 5. 25-27:

25 ¿Acaso ustedes me ofrecieron sacrificios y oblaciones en el desierto durante cuarenta años, casa de Israel?

26 Ustedes se llevarán a Sicut, su rey, y a Queván, su dios estelar, esos ídolos que se han fabricado,

27 porque yo los deportaré más allá de Damasco, dice el Señor, cuyo nombre es “Dios de los ejércitos”.
47

1 Rey. 6. 2 .

1. 1 Rey. 6. 2:

2 La Casa que el rey Salomón construyó para el Señor tenía treinta metros de largo, veinte de ancho y quince de alto.
49-50

Is. 66. 1-2 .

1. Is. 66. 1-2:

1 Así habla el Señor: El cielo es mi trono y la tierra, el estrado de mis pies. ¿Qué casa podrán edificarme ustedes y dónde estará el lugar de mi reposo?

2 Todo esto lo hizo mi mano y todo me pertenece –oráculo del Señor–. Aquel hacia quien vuelvo la mirada es el pobre, de espíritu acongojado, que se estremece ante mis palabras.
52

El «Justo» es Cristo. Ver 3. 14; 22. 14.

1. 3. 14:

14 Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida,

2. 22. 14:

14 Él siguió diciendo: “El Dios de nuestros padres te ha destinado para conocer su voluntad, para ver al Justo y escuchar su Palabra,
53

Según una tradición rabínica, la Ley fue promulgada por medio de los ángeles. Ver Gál. 3. 19; Heb. 2. 2.

1. Gál. 3. 19:

19 Entonces, ¿para qué sirve la Ley? Ella fue añadida para multiplicar las transgresiones, hasta que llegara el descendiente de Abraham, a quien estaba destinada la promesa; y fue promulgada por ángeles, a través de un mediador.

2. Heb. 2. 2:

2 Porque si la Palabra promulgada por medio de los ángeles tuvo plena vigencia, a tal punto que toda transgresión y desobediencia recibió su justa retribución,
58

«Saulo» es el nombre hebreo de Pablo, el Apóstol de los paganos. Ver 13. 9.

1. 13. 9:

9 Saulo, llamado también Pablo, lleno del Espíritu Santo, clavó los ojos en él,