Hechos de los Apóstoles 2: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

La venida del Espíritu Santo [ 1 | 11 ]

1 [blpd] Éx. 23. 16 [bj] Éx. 23. 14; 2 Crón. 15. 10-13

1 * Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar.

2 [bj] Hech. 4. 31; Jn. 3. 8; Sal. 104. 30; Sal. 33. 6; Jn. 20. 22; Jn. 3. 8+

2 De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban.

3 [bj] Is. 5. 24; Is. 6. 6-7

3 Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos.

4 [bj] Hech. 1. 5; Lc. 1. 15; Lc. 1. 8; Hech. 10. 46; Hech. 11. 15; Hech. 19. 6; 1 Cor. 12-14; Mc. 16. 17; Núm. 11. 25-29; 1 Sam. 10. 5-6. 10-13; Hech. 19. 20-24; 1 Rey. 22. 10; Jl. 3. 1-5

4 * Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.

5 [bj] Lc. 14. 4-7; Mt. 28. 19; Col. 1. 23

5 Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo.

6 [bj] Gn. 11. 1-9; 1 Cor. 14. 2+

6 Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. 7 Con gran admiración y estupor decían: «¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? 8 ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? 9 Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, 10 en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma,

11 [blpd] Hech. 10. 2. 22; Hech. 13. 16. 26

11 * judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios».

Primer discurso de Pedro [ 12 | 36 ]

12 [bj] 1 Cor. 14. 23

12 Unos a otros se decían con asombro: «¿Qué significa esto?». 13 Algunos, burlándose, comentaban: «Han tomado demasiado vino». 14 Entonces, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: «Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido. 15 Estos hombres no están ebrios, como ustedes suponen, ya que no son más que las nueve de la mañana,

16 [bj] Hech. 2. 33

16 sino que se está cumpliendo lo que dijo el profeta Joel:

17-21 [blpd] 🡔Jl. 3. 1-5 [bj] 🡔Is. 2. 2; Rom. 7. 5; Rom. 11. 27

17 * En los últimos días, dice el Señor,
derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres
y profetizarán sus hijos y sus hijas;
los jóvenes verán visiones
y los ancianos tendrán sueños proféticos.
18 Más aún, derramaré mi Espíritu
sobre mis servidores y servidoras,
y ellos profetizarán.

19 [bj] Hech. 5. 12; Mt. 24. 29

19 Haré prodigios arriba, en el cielo,
y signos abajo, en la tierra:
verán sangre, fuego y columnas de humo.
20 El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre,
antes que llegue el Día del Señor,
día grande y glorioso.

21 [bj] Rom. 10. 9-13

21 Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.

22 [blpd] Hech. 3. 12-26; Hech. 4. 8-12; Hech. 5. 29-32; Hech. 10. 34-43 [bj] Mt. 2. 23; Lc. 24. 19; Hech. 10. 38; Lc. 5. 17

22 * Israelitas, escuchen: A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen, 23 a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles.

24 [bj] Sal. 18. 6

24 Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él.

25-28 [blpd] 🡔Sal. 16. 8-11 [bj] Hech. 13. 34-37

25 * En efecto, refiriéndose a él, dijo David:
Veía sin cesar al Señor delante de mí,
porque él está a mi derecha para que yo no vacile.
26 Por eso se alegra mi corazón
y mi lengua canta llena de gozo.
También mi cuerpo descansará en la esperanza,
27 porque tú no entregarás mi alma al Abismo,
ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción.
28 Tú me has hecho conocer los caminos de la vida
y me llenarás de gozo en tu presencia.
29 Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy.

30 [blpd] 🡔2 Sam. 7. 12 [bj] Sal. 132. 11; Mt. 9. 27

30 * Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono.

31 [blpd] 🡔Sal. 16. 10

31 * Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción. 32 A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos.

33 [bj] Hech. 1. 8; Hech. 1. 4-5; Ez. 36. 27; Jn. 15. 26

33 Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen.

34 [blpd] 🡔Sal. 110. 1 [bj] Ef. 4. 8-11

34 * Porque no es David el que subió a los cielos; al contrario, él mismo afirma:
Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi derecha,
35 hasta que ponga a todos tus enemigos
debajo de tus pies.

36 [bj] Flp. 2. 11; Hech. 2. 23

36 Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías».

Las primeras conversiones [ 37 | 41 ]

37 [bj] Hech. 16. 30; Lc. 3. 10

37 Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?».

38 [bj] Mt. 3. 2; Mt. 1. 5

38 Pedro les respondió: «Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo.

39 [blpd] 🡔Is. 57. 19; 🡔Jl. 3. 5 [bj] Hech. 2. 33

39 * Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar». 40 Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa.

41 [bj] Hech. 6. 1; Lc. 9. 41; Deut. 32. 5; Mt. 17. 17; Flp. 2. 15

41 Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.

La primera comunidad cristiana [ 42 | 47 ]

42 [blpd] Lc. 24. 30; 1 Cor. 10. 16 [bj] Hech. 4. 32-35; Hech. 5. 12-16

42 * Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.

43 [bj] =Hech. 5. 11-12a; Lc. 1. 12

43 Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos.

44 [bj] =Hech. 4. 32. 34-35

44 Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: 45 vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno.

46 [bj] Hech. 5. 12; Lc. 24. 53

46 Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón;

47 [bj] Hech. 4. 21.33; 5. 13; 2. 41

47 ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse.
2 1

«Pentecostés»: esta Fiesta, celebrada cincuenta días después de la Pascua, era primitivamente la Fiesta de la cosecha y en ella se ofrecían las primicias de los frutos de la tierra (Éx. 23. 16). Más tarde, pasó a conmemorar la Alianza de Dios con su Pueblo en el Sinaí y el don de la Ley por medio de Moisés. Con ocasión de esta Fiesta, se reunían en Jerusalén peregrinos judíos de todos los países. El Pentecostés cristiano, por su parte, conmemora el don del Espíritu, que es la Ley de la Nueva Alianza.

1. Éx. 23. 16:

16 También celebrarás la fiesta de la Cosecha, o sea, de las primicias de tus trabajos, de lo que hayas sembrado en los campos. Y al comienzo del año, cuando recojas los frutos de tu trabajo, celebrarás la fiesta de la Recolección.
4-8

Este hecho extraordinario significa que el Espíritu Santo restablece la unidad humana, destruida por el pecado, y que la misión de los Apóstoles tiene un carácter universal.

11

Los «prosélitos» eran los paganos incorporados al Judaísmo. No deben ser confundidos con los «temerosos de Dios», que simpatizaban con el Judaísmo y asistían a la sinagoga, pero no aceptaban la circuncisión ni se sometían a la totalidad de la Ley. Ver 10. 2. 22; 13. 16. 26.

1. 10. 2. 22:

2 Era un hombre piadoso y temeroso de Dios, lo mismo que toda su familia; hacía abundantes limosnas al pueblo y oraba a Dios sin cesar.

22 Ellos respondieron: «El centurión Cornelio, hombre justo y temeroso de Dios, que goza de la estima de todos los judíos, recibió de un ángel de Dios la orden de conducirte a su casa para escuchar tus palabras».

2. 13. 16. 26:

16 Entonces Pablo se levantó y, pidiendo silencio con un gesto, dijo: «Escúchenme, israelitas y todos los que temen a Dios.

26 Hermanos, este mensaje de salvación está dirigido a ustedes: los descendientes de Abraham y los que temen a Dios.
17-21

Jl. 3. 1-5. Los «últimos días» son los tiempos mesiánicos. «El Día del Señor» es el día del Juicio. En la perspectiva del profeta Joel, el Juicio de Dios está íntimamente ligado a la efusión del Espíritu que inaugura la era mesiánica.

1. Jl. 3. 1-5:

1 Después de esto, yo derramaré mi espíritu sobre todos los hombres: sus hijos y sus hijas profetizarán, sus ancianos tendrán sueños proféticos y sus jóvenes verán visiones.

2 También sobre los esclavos y las esclavas derramaré mi espíritu en aquellos días.

3 Haré prodigios en el cielo y en la tierra: sangre, fuego y columnas de humo.

4 El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que llegue el Día del Señor, día grande y terrible.

5 Entonces, todo el que invoque el nombre del Señor se salvará, porque sobre el monte Sión y en Jerusalén se encontrará refugio, como lo ha dicho el Señor, y entre los sobrevivientes estarán los que llame el Señor.
22

Este es el primero de los cinco discursos de Pedro, que presentan esquemáticamente el contenido de la predicación misionera de los Apóstoles, denominada «kerygma», y son un resumen del plan salvífico de Dios. Su tema central es la Muerte, la Resurrección y la Glorificación de Cristo, anunciadas y preparadas por las profecías del Antiguo Testamento. La proclamación de este hecho incluye un llamado a la conversión y al bautismo para obtener el perdón de los pecados y el don del Espíritu, en espera de la Manifestación gloriosa de Cristo. Ver 3. 12-26; 4. 8-12; 5. 29-32; 10. 34-43.

1. 3. 12-26:

12 Al ver esto, Pedro dijo al pueblo: «Israelitas, ¿de qué se asombran? ¿Por qué nos miran así, como si fuera por nuestro poder o por nuestra santidad, que hemos hecho caminar a este hombre? 13 El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su servidor Jesús, a quien ustedes entregaron, renegando de él delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerlo en libertad. 14 Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida, 15 mataron al autor de la vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. 16 Por haber creído en su Nombre, ese mismo Nombre ha devuelto la fuerza al que ustedes ven y conocen. Esta fe que proviene de él, es la que lo ha curado completamente, como ustedes pueden comprobar. 17 Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes obraron por ignorancia, lo mismo que sus jefes. 18 Pero así, Dios cumplió lo que había anunciado por medio de todos los profetas: que su Mesías debía padecer.

19 Por lo tanto, hagan penitencia y conviértanse, para que sus pecados sean perdonados. 20 Así el Señor les concederá el tiempo del consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado para ustedes. 21 Él debe permanecer en el cielo hasta el momento de la restauración universal, que Dios anunció antiguamente por medio de sus santos profetas. 22 Moisés, en efecto, dijo: El Señor Dios suscitará para ustedes, de entre sus hermanos, un profeta semejante a mí, y ustedes obedecerán a todo lo que él les diga. 23 El que no escuche a ese profeta será excluido del pueblo. 24 Y todos los profetas que han hablado a partir de Samuel, anunciaron también estos días. 25 Ustedes son los herederos de los profetas y de la Alianza que Dios hizo con sus antepasados, cuando dijo a Abraham: En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. 26 Ante todo para ustedes Dios resucitó a su Servidor, y lo envió para bendecirlos y para que cada uno se aparte de sus iniquidades».

2. 4. 8-12:

8 Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: «Jefes del pueblo y ancianos, 9 ya que hoy se nos pide cuenta del bien que hicimos a un enfermo y de cómo fue curado, 10 sepan ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre está aquí sano delante de ustedes por el nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret, al que ustedes crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos. 11 Él es la piedra que ustedes, los constructores, han rechazado, y ha llegado a ser la piedra angular. 12 Porque en ningún otro hay salvación, ni existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos salvarnos».

3. 5. 29-32:

29 Pedro, junto con los Apóstoles, respondió: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. 30 El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo. 31 A él, Dios lo exaltó con su poder, haciéndolo Jefe y Salvador, a fin de conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados. 32 Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le obedecen».

4. 10. 34-43:

34 Entonces Pedro, tomando la palabra, dijo: «Verdaderamente, comprendo que Dios no hace acepción de personas, 35 y que en cualquier nación, todo el que lo teme y practica la justicia es agradable a él. 36 Él envió su Palabra a los israelitas, anunciándoles la Buena Noticia de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos. 37 Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: 38 cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. Él pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él. 39 Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Y ellos lo mataron, suspendiéndolo de un patíbulo. 40 Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara, 41 no a todo el pueblo, sino a testigos elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con él, después de su resurrección. 42 Y nos envió a predicar al pueblo, y a atestiguar que él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos. 43 Todos los profetas dan testimonio de él, declarando que los que creen en él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre».
25-28

Sal. 16. 8-11.

1. Sal. 16. 8-11:

8 Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado, nunca vacilaré.

9 Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: 10 porque no me entregarás a la Muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.

11 Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.
30

2 Sam. 7. 12.

1. 2 Sam. 7. 12:

12 Sí, cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza.
34-35

Sal. 110. 1.

1. Sal. 110. 1:

1 De David. Salmo. La realeza del Mesías Dijo el Señor a mi Señor: "Siéntate a mi derecha, mientras yo pongo a tus enemigos como estrado de tus pies".
39

Is. 57. 19; Jl. 3. 5.

1. Is. 57. 19:

19 haré brotar la acción de gracias. ¡Paz al que está lejos, paz al que está cerca! Yo lo sanaré, dice el Señor.

2. Jl. 3. 5:

5 Entonces, todo el que invoque el nombre del Señor se salvará, porque sobre el monte Sión y en Jerusalén se encontrará refugio, como lo ha dicho el Señor, y entre los sobrevivientes estarán los que llame el Señor.
42

«Fracción del pan» –o «partir el pan»– era la expresión usada por los primeros cristianos para designar la celebración eucarística. Ver Lc. 24. 30; 1 Cor. 10. 16.

1. Lc. 24. 30:

30 Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.

2. 1 Cor. 10. 16:

16 La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo?