Hechos de los Apóstoles 1: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

La promesa del Espíritu Santo [ 3 | 8 ]

3 [bj] Hech. 10. 40-41; Hech. 13. 31; Mt. 28. 10; Lc. 24. 42-43 [bpe] Éx. 24. 18; Éx. 34. 28; Deut. 9. 9; 1 Rey. 19. 8; Lc. 24. 34

3 Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se les apareció y les habló del Reino de Dios.

4 [bj] ||Lc. 24. 49; Hech. 2. 33+; Gál. 3. 14; Ef. 1. 13 [bpe] Lc. 24. 36-43

4 En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: «La promesa, les dijo, que yo les he anunciado.

5 [bj] Hech. 11. 16; Lc. 3. 16p [bpe] Lc. 3. 16 [bnp] Lc. 3. 18; Jn. 1. 33

5 * Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días».

6 [blpd] Mt. 20. 20-21 [bpe] Gn. 5. 24; Ecli. 44. 16; 2 Rey. 2. 1-13; Ecli. 48. 9. 12; 1 Mac. 2. 58; Dn. 7; Sal. 123. 1; Sal. 104. 3 [bpe] Mt. 17. 11; Abd. 1. 20-21; Sof. 3. 19-20; Mt. 24. 36-37; Mc. 13. 32

6 * Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?».

7 [bj] Dn. 2. 21; Mt. 24. 36p; 1 Tes. 5. 1-2 [bnp] Mc. 13. 32

7 Él les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad.

8 [bj] Is. 32. 15 [bpe] Jue. 14. 6. 19; Is. 11. 2-3; Is. 48. 20; Is. 49. 6; Is. 62. 11

8 Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra».

La ascensión de Jesús [ 9 | 11 ]

9 [bj] ||Lc. 24. 47-48; Mt. 28. 19; 2 Rey. 2. 11; ||Lc. 24. 50-51; Mc. 16. 19; Jn. 20. 17+; Rom. 10. 6

9 Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos.

10 [bpe] Lc. 2. 9; Mc. 6. 15 [bnp] Lc. 24. 4

10 Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco,

11 [bj] Hech. 3. 20; Zac. 14. 4 [bnp] Lc. 21. 27

11 que les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir».

LA EVANGELIZACIÓN DEL MUNDO JUDÍO

Al Pentecostés judío sucede el Pentecostés cristiano. Así se cumple el anuncio profético: «Derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres» (Jl. 3. 1). Este bautismo «en el Espíritu Santo» (Lc. 3. 16) es el acta de nacimiento de la Iglesia, el Pueblo de la Nueva Alianza. La fuerza arrolladora de ese Espíritu –simbolizada en el «viento» impetuoso y en las «lenguas de fuego»– renueva todas las cosas y convierte a los Apóstoles en «testigos» decididos de la Buena Noticia de Jesucristo muerto y resucitado.

Al comienzo, la acción evangelizadora se limita a Jerusalén. Sus primeros destinatarios son los miembros del Pueblo elegido. A ellos Pedro les recuerda en su segundo discurso: «Ante todo para ustedes Dios resucitó a su Servidor, y lo envió para bendecirlos y para que cada uno se aparte de sus iniquidades» (3. 26). Con ellos se forma la primera comunidad cristiana, cuyo rasgo distintivo es el profundo sentido de comunión fraternal (2. 42-47; 4. 32-37). Esta comunidad no aparece todavía desvinculada del Judaísmo y sólo poco a poco, bajo la acción del Espíritu, irá adquiriendo su propia identidad.

Sin embargo, pronto surgen tensiones entre los creyentes de origen palestinense y los provenientes del mundo griego (6. 1-6). Contra estos últimos, en particular, se desata una violenta persecución por parte de las autoridades religiosas de Jerusalén. El factor desencadenante de esta persecución es el discurso de Esteban, uno de los siete «auxiliares» de los Apóstoles, pronunciado ante el Sanedrín (6. 8 - 7. 53). Su martirio provoca la primera expansión misionera de la Iglesia más allá de las fronteras de Israel. La conversión de Pablo (9. 1-19) y el bautismo de un centurión pagano (10. 1-48) son dos momentos decisivos de esa apertura, que anticipa y prepara la evangelización del mundo no judío.

El grupo de los Apóstoles [ 12 | 14 ]

12 [bnp] Lc. 16. 15

12 * Los Apóstoles regresaron entonces del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está permitida recorrer en día sábado.

13 [bj] Lc. 6. 14-16p; Lc. 2. 42. 46; Lc. 6. 4; Rom. 12. 12

13 * Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago.

14 [bj] Lc. 23. 49

14 * Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.

La elección de Matías [ 15 | 26 ]

15 Uno de esos días, Pedro se puso de pie en medio de los hermanos -los que estaban reunidos eran alrededor de ciento veinte personas- y dijo:

16 [blpd] Mt. 27. 3-8 [bj] Hech. 1. 20; Lc. 22. 47 [bnp] Sal. 41. 10

16 * «Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de David, habla de Judas, que fue el jefe de los que apresaron a Jesús. 17 Él era uno de los nuestros y había recibido su parte en nuestro ministerio.

18 [bj] ||Mt. 27. 3-10; Sab. 4. 19

18 Pero después de haber comprado un campo con el precio de su crimen, cayó de cabeza, y su cuerpo se abrió, dispersándose sus entrañas.

19 [bnp] Mt. 27. 3-8

19 El hecho fue tan conocido por todos los habitantes de Jerusalén, que ese campo fue llamado en su idioma Hacéldama, que quiere decir: “Campo de sangre”.

20 [bj] 🡔Sal. 69. 26; 🡔Sal. 109. 8

20 * En el libro de los Salmos está escrito:
Que su casa quede desierta
y nadie la habite.
Y más adelante:
Que otro ocupe su cargo.
21 Es necesario que uno de los que han estado en nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor Jesús permaneció con nosotros,

22 [bj] Hech. 1. 8+ [bpe] Lc. 3. 21; Lc. 1. 2; 1 Cor. 15. 10

22 desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión, sea constituido junto con nosotros testigo de su resurrección».

23 [bj] Hech. 13. 9+ [bpe] Prov. 16. 33; Prov. 17. 3; Prov. 21. 2

23 Se propusieron dos: José, llamado Barsabás, de sobrenombre el Justo, y Matías.

24 [bj] Hech. 15. 8; Jer. 11. 20+; Lc. 16. 15; Apoc. 2. 23 [bpe] Prov. 16. 5

24 Y oraron así: «Señor, tú que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de los dos elegiste 25 para desempeñar el ministerio del apostolado, dejado por Judas al irse al lugar que le correspondía».

26 [blpd] Jos. 7. 14; 1 Sam. 14. 41-42; Lc. 1. 8-9 [bj] Éx. 33. 7+; 1 Sam. 14. 41+ [bnp] Prov. 18. 18

26 * Echaron suertes, y la elección cayó sobre Matías, que fue agregado a los once Apóstoles.
5

«Bautizados en el Espíritu Santo»: esa expresión designa figurativamente la efusión del Espíritu en Pentecostés.

6

Los Apóstoles, que compartían algunas esperanzas mesiánicas demasiado terrenas, pensaban que el Mesías iba a restablecer de inmediato la dinastía davídica y la gloria temporal de Israel. Ver Mt. 20. 20-21

1. Mt. 20. 20-21:

20 Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo. 21 “¿Qué quieres?”, le preguntó Jesús. Ella le dijo: “Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”.
12

El descanso sabático permitía recorrer en sábado la distancia de un kilómetro aproximadamente.

16-19

Ver Mt. 27. 3-8

1. Mt. 27. 3-8:

3 Judas, el que lo entregó, viendo que Jesús había sido condenado, lleno de remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, 4 diciendo: “He pecado, entregando sangre inocente”. Ellos respondieron: “¿Qué nos importa? Es asunto tuyo”. 5 Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, salió y se ahorcó. 6 Los sumos sacerdotes, juntando el dinero, dijeron: “No está permitido ponerlo en el tesoro, porque es precio de sangre”. 7 Después de deliberar, compraron con él un campo, llamado “del alfarero”, para sepultar a los extranjeros. 8 Por esta razón se lo llama hasta el día de hoy “Campo de sangre”.
26

«Echaron suertes»: este recurso era frecuente en el Pueblo judío para conocer la voluntad de Dios. Ver Jos. 7. 14; 1 Sam. 14. 41-42; Lc. 1. 8-9

1. Jos. 7. 14:

14 Mañana por la mañana ustedes comparecerán por tribus; la tribu que el Señor señale por medio de la suerte comparecerá por clanes; el clan que el Señor señale comparecerá por familias; y la familia que el Señor señale, comparecerá hombre por hombre.

2. 1 Sam. 14. 41-42:

41 Saúl dijo al Señor: “Dios de Israel, danos una respuesta exacta”. La suerte cayó sobre Saúl y Jonatán, mientras que el pueblo quedó libre. 42 “Ahora, añadió Saúl, echen la suerte entre mi hijo Jonatán y yo”. Y la suerte cayó sobre Jonatán.

3. Lc. 1. 8-9:

8 Un día en que su clase estaba de turno y Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios, 9 le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso.