Juan 4: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

El encuentro de Jesús con la samaritana [ 1 | 42 ]

1 [bj] 3. 22 [bti] 3. 26

1 Cuando Jesús se enteró de que los fariseos habían oído decir que él tenía más discípulos y bautizaba más que Juan

2 [bla] 1 Cor. 1. 17

2 –en realidad él no bautizaba, sino sus discípulos–

3 [bj] Lc. 9. 52-55

3 dejó la Judea y volvió a Galilea.

4 [bti] Mt. 10. 5; Lc. 9. 52; 17. 11

4 Para eso tenía que atravesar Samaría.

5 [bj] Gn. 33. 18-20; 48. 21-22; Jos. 24. 32 [bp] Gn. 29. 1; Os. 2

5 Llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José.

6 [bj] 19. 14

6 * Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.

7 [bj] 19. 28

7 Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber». 8 Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.

9 [bj] Lc. 10. 29-37; 17. 11-19 [bp] Esd. 4. 3 [bti] Esd. 9. 1-10. 44; Ecli. 50. 26

9 * La samaritana le respondió: «¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.

10 [bj] 3. 16; Hech. 8. 20 [bp] Jer. 2. 13 [bla] Jn. 7. 37; Apoc. 21. 6; 22. 17 [nbc] Is. 55. 1; Is. 12. 3

10 * Jesús le respondió:
«Si conocieras el don de Dios
y quién es el que te dice:
«Dame de beber»,
tú misma se lo hubieras pedido,
y él te habría dado agua viva».

11 [bj] 6. 31-32

11 «Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva?

12 [bj] 8. 53 [bp] Gn. 48. 22 [bla] Jn. 6. 31; 8. 53

12 ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?».

13 [bp] Sal. 107. 5; Is. 48. 21; 55. 1

13 Jesús le respondió:
«El que beba de esta agua
tendrá nuevamente sed,

14 [bj] 6. 35; 7. 37-39; Is. 58. 11 [bla] Jer. 2. 13 [bti] Is. 12. 3; 44. 3; Jer. 17. 3; Jl. 3. 1; Bar. 3. 12; Sab. 15. 3

14 pero el que beba del agua que yo le daré,
nunca más volverá a tener sed.
El agua que yo le daré
se convertirá en él en manantial
que brotará hasta la Vida eterna».

15 [bj] 6. 34; 2. 19 [bp] Sal. 42. 3

15 «Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla». 16 Jesús le respondió: «Ve, llama a tu marido y vuelve aquí».

17 [bj] 1. 48 [bp] Os. 2. 7-12

17 La mujer respondió: «No tengo marido». Jesús continuó: «Tienes razón al decir que no tienes marido, 18 porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad».

19 [bj] Mt. 16. 14 [bp] Ez. 33. 33; Deut. 11. 29; 12. 5-14

19 La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta.

20 [bj] Deut. 12. 5 [bp] Sal. 122 [bti] Deut. 11. 29; Jos. 8. 33

20 Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar». 21 Jesús le respondió:
«Créeme, mujer, llega la hora
en que ni en esta montaña ni en Jerusalén
se adorará al Padre.

22 [bj] 2 Rey. 17. 27-33; Rom. 9. 4-5 [bp] Deut. 11. 28; Ez. 36. 11 [bla] Is. 2. 3

22 Ustedes adoran lo que no conocen;
nosotros adoramos lo que conocemos,
porque la salvación viene de los judíos.

23 [bj] 8. 32 [bti] Flp. 3. 3

23 * Pero la hora se acerca, y ya ha llegado,
en que los verdaderos adoradores
adorarán al Padre en espíritu y en verdad,
porque esos son los adoradores
que quiere el Padre.

24 [bla] 2 Cor. 3. 17; Rom. 12. 1; Flp. 3. 3

24 Dios es espíritu,
y los que lo adoran
deben hacerlo en espíritu y en verdad».

25 [bj] Deut. 18. 18-22 [bti] Jn. 1. 41; 6. 20; Mc. 14. 61-62

25 La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo».

26 [bj] 9. 37; 8. 24; Is. 52. 6

26 Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo». 27 * En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: «¿Qué quieres de ella?» o «¿Por qué hablas con ella?». 28 La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente:

29 [bti] Jn. 7. 26; Mt. 12. 23

29 «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?».

30 [bp] Am. 8. 11

30 Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.
31 Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: «Come, Maestro». 32 Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen». 33 Los discípulos se preguntaban entre sí: «¿Alguien le habrá traído de comer?».

34 [bj] Deut. 8. 3; Jn. 1. 1; 6. 38-40; 17. 4; 19. 30 [bti] Jn. 5. 30. 36

34 Jesús les respondió:
«Mi comida
es hacer la voluntad de aquel que me envió
y llevar a cabo su obra.

35 [bj] Mt. 9. 37-38; Lc. 10. 2 [bti] Miq. 6. 15

35 * Ustedes dicen
que aún faltan cuatro meses para la cosecha.
Pero yo les digo:
Levanten los ojos y miren los campos:
ya están madurando para la siega.

36 [bj] Sal. 126. 5-6 [bla] Jn. 19. 30; Lc. 10. 2; Apoc. 14. 15

36 Ya el segador recibe su salario
y recoge el grano para la Vida eterna;
así el que siembra y el que cosecha
comparten una misma alegría.

37 [bla] Sal. 126. 5; 1 Cor. 3. 6

37 Porque en esto se cumple el proverbio:
“Uno siembra y otro cosecha”.

38 [bj] 17. 18; 20. 21; Hech. 8. 14-17 [bp] Deut. 6. 11

38 Yo los envié a cosechar
adonde ustedes no han trabajado;
otros han trabajado,
y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos».
39 Muchos samaritanos de esa ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que hice».

40 [bla] Lc. 9. 52; Mt. 8. 34

40 Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. 41 Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra.

42 [bj] 1. 9 [bp] Is. 45. 15. 21 [bti] Mt. 1. 21; Lc. 2. 11; Hech. 5. 31; 13. 23; Flp. 3. 20; Tit. 1. 4; 2. 13; 2 Ped. 1. . 11; 1 Jn. 4. 14

42 Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo».

Regreso de Jesús a Galilea [ 43 | 45 ]

43 Transcurridos los dos días, Jesús partió hacia Galilea.

44 [bj] Mt. 13. 57p; 16. 14 [bla] Lc. 4. 24 [bti] Mc. 6. 4

44 * Él mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo.

45 [bj] 2. 23

45 Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta.

Curación del hijo de un funcionario real [ 46 | 54 ]

|| Mt. 8. 5-13; Lc. 7. 1-10

46 [bj] 2. 1-11

46 Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún. 47 Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo.

48 [bj] 20. 29; Mt. 12. 38; 16. 1 [bp] 1 Cor. 1. 22

48 Jesús le dijo: «Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen». 49 El funcionario le respondió: «Señor, baja antes que mi hijo se muera».

50 [bj] Mt. 8. 10

50 «Vuelve a tu casa, tu hijo vive» , le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino.

51 [bla] Mc. 7. 29

51 Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía. 52 Él les preguntó a qué hora se había sentido mejor. «Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre» , le respondieron.

53 [bj] Hech. 18. 8; 2. 11 [bla] Hech. 11. 14 [bti] Hech. 16. 15. 31

53 El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive» . Y entonces creyó él y toda su familia.

54 [bp] Jn. 2. 11

54 Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.
4 6

El «pozo de Jacob» se encuentra al pie del monte Garizím.

9

El antagonismo entre judíos y samaritanos tiene hondas raíces en la historia de Israel (1 Rey. 12; 2 Rey. 17. 24-41 ). Esa oposición se acentuó en la época de la restauración judía (Esd. 4 ), cuando fue rechazada la colaboración de los samaritanos para reconstruir el Templo. Más tarde, ellos también construyeron sobre el monte Garizím un templo nacional que iba a rivalizar con el de Jerusalén (v. 20 ). Ver nota Lc. 9. 53.

1. 1 Rey. 12:

1 Roboám se dirigió a Siquém, porque allí había ido todo Israel para proclamarlo rey.

2 Cuando se enteró Jeroboám, hijo de Nebat –que estaba todavía en Egipto, adonde había huido del rey Salomón– se volvió de Egipto. 3 Lo mandaron llamar, y él se presentó con toda la asamblea de Israel. Entonces hablaron así a Roboám: 4 “Tu padre hizo muy penoso nuestro yugo. Alivia tú ahora la dura servidumbre y el penoso yugo que él nos impuso, y te serviremos a ti”. 5 Él les replicó: “Váyanse y vuelvan a verme dentro de tres días”. Y el pueblo se retiró.

6 El rey Roboám fue a consultar a los ancianos que habían asistido a su padre Salomón, cuando este aún vivía, y les preguntó: “¿Qué respuesta me aconsejan dar a este pueblo?”. 7 Ellos le hablaron así: “Si hoy te comportas como servidor de este pueblo, si te pones a su servicio y les respondes con buenas palabras, serán siempre tus servidores”.

8 Pero él desechó el consejo que le habían dado los ancianos, y fue a consultar a los jóvenes que se habían criado con él y lo servían como asistentes. 9 Les preguntó: “Y ustedes, ¿qué aconsejan? ¿Qué debemos responder a este pueblo que me ha dicho: ‘Alivia el yugo que nos impuso tu padre’?”. 10 Los jóvenes que se habían criado con él le dijeron: “A ese pueblo que te ha dicho: ‘Tu padre nos impuso un yugo pesado, pero tú alívianos la carga’, diles esto: ‘¡Mi dedo meñique es más grueso que la cintura de mi padre! 11 Si mi padre los cargó con un yugo pesado, yo lo haré más pesado aún; si él los castigó con látigos, yo usaré lonjas con puntas de hierro’”.

12 Al tercer día, Jeroboám y todo el pueblo comparecieron ante Roboám, según lo que había indicado el rey cuando dijo: “Vuelvan a verme al tercer día”. 13 Pero el rey respondió al pueblo duramente; desechó el consejo que le habían dado los ancianos 14 y, siguiendo el consejo de los jóvenes, les habló así: “Mi padre les impuso un yugo pesado, y yo lo haré más pesado aún; mi padre los castigó con látigos, y yo usaré lonjas con puntas de hierro”.

15 Así el rey no escuchó al pueblo, porque ese era el medio de que se valía el Señor para cumplir la palabra que él había dicho a Jeroboám, hijo de Nebat, por boca de Ajías de Silo. 16 Y cuando todo Israel vio que el rey no los había escuchado, el pueblo le respondió: “¿Qué parte tenemos nosotros con David? ¡No tenemos herencia común con el hijo de Jesé! ¡A tus carpas, Israel! ¡Ahora, ocúpate de tu casa, David!”. Israel se fue a sus campamentos, 17 pero Roboám siguió reinando sobre los israelitas que habitaban en las ciudades de Judá. 18 El rey Roboám envió a Adorám, el encargado del reclutamiento, pero todos los israelitas lo mataron a pedradas. Y el mismo rey Roboám tuvo que subir precipitadamente a su carro y huir a Jerusalén. 19 Fue así como Israel se rebeló contra la casa de David hasta el día de hoy.

20 Cuando todo Israel se enteró de que había vuelto Jeroboám, lo mandaron llamar a la asamblea y lo proclamaron rey de todo Israel. No hubo nadie que siguiera a la casa de David, fuera de la tribu de Judá.

21 Mientras tanto, Roboám llegó a Jerusalén y convocó a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín –ciento ochenta mil guerreros adiestrados– para ir a combatir contra la casa de Israel y restituir el reino a Roboám, hijo de Salomón. 22 Pero la palabra del Señor llegó a Semaías, un hombre de Dios, en estos términos: 23 “Di a Roboám, hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá, a Benjamín y al resto del pueblo: 24 Así habla el Señor: No suban a combatir contra sus hermanos, los israelitas; vuelvan cada uno a su casa, porque esto ha sucedido por disposición mía”. Ellos escucharon la palabra del Señor, y tomó cada uno el camino de regreso, conforme a la palabra del Señor.

25 Jeroboám, por su parte, fortificó Siquém, en la montaña de Efraím, y se estableció en ella. Luego salió de allí y fortificó Penuel.

26 Pero Jeroboám pensó: “Tal como se presentan las cosas, el reino podría volver a la casa de David. 27 Si este pueblo sube a ofrecer sacrificios a la Casa de Dios en Jerusalén, terminarán por ponerse de parte de Roboám, rey de Judá, su señor; entonces me matarán a mí y se volverán a Roboám, rey de Judá”. 28 Y después de haber reflexionado, el rey fabricó dos terneros de oro y dijo al pueblo: “¡Basta ya de subir a Jerusalén! Aquí está tu Dios, Israel, el que te hizo subir del país de Egipto”. 29 Luego puso un ternero en Betel y el otro en Dan. 30 Aquello fue una ocasión de pecado, y el pueblo iba delante de uno de ellos hasta Dan.

31 Jeroboám erigió templetes en los lugares altos, e instituyó sacerdotes de entre el común de la gente, que no eran hijos de Leví. 32 Además, celebró una fiesta el día quince del octavo mes, como la fiesta que se celebraba en Judá, y subió al altar. Esto lo hizo en Betel, donde ofreció sacrificios a los terneros que había fabricado. En Betel estableció a los sacerdotes de los lugares altos que había erigido. 33 El día quince del octavo mes –fecha que había elegido arbitrariamente– subió al altar que había levantado en Betel. Así celebró una fiesta para los israelitas, y subió al altar para quemar incienso.

2. 2 Rey. 17. 24-41:

24 El rey de Asiria hizo venir gente de Babilonia, de Cut, de Avá, de Jamat y de Sefarvaim, y la estableció en las ciudades de Samaría, en lugar de los israelitas. Ellos tomaron posesión de Samaría y ocuparon sus ciudades. 25 Pero cuando comenzaron a establecerse en ese lugar, no veneraban al Señor, y el Señor envió contra ellos leones, que hicieron una masacre. 26 Entonces dijeron al rey de Asiria: “La gente que has deportado y establecido en las ciudades de Samaría no conoce la manera de honrar al dios de ese país, y él les envió unos leones que los hicieron morir, porque ellos no conocían la manera de honrar al dios de ese país”. 27 El rey de Asiria impartió esta orden: “Manden allí a uno de los sacerdotes de Samaría que yo he deportado; que vaya a establecerse allí y les enseñe la manera de honrar al dios de ese país”. 28 Uno de los sacerdotes deportados de Samaría fue entonces a establecerse en Betel, y les enseñaba cómo se debía venerar al Dios de Israel.

29 Pero la gente de cada nación se hizo su propio dios y los instalaron en los templos de los lugares altos que habían construido los samaritanos. Cada una de las naciones obró así en la ciudad donde residía: 30 la gente de Babilonia hizo un Sucot Benot; los de Cut, un Nergal; los de Jamat, un Asimá; 31 los avitas, un Nibjáz y un Tartac. En cuanto a los sefarvaítas, continuaron quemando a sus hijos en honor de Adramélec y de Anamélec, dioses de Sefarvaim. 32 Pero también veneraban al Señor, y establecieron sacerdotes, elegidos entre su propia gente, para que oficiaran en los templos de los lugares altos. 33 Así, aunque veneraban al Señor, servían al mismo tiempo a sus propios dioses, según el rito de las naciones de donde habían sido deportados.

34 Hasta el día de hoy, ellos practican los ritos antiguos: no temen al Señor ni practican los preceptos, los ritos, la Ley y los mandamientos que dictó el Señor a los hijos de Jacob, a quien dio el nombre de Israel. 35 El Señor, en efecto, había concluido con ellos una alianza y les había ordenado: “Ustedes no temerán a otros dioses ni se postrarán delante de ellos, no los servirán ni les ofrecerán sacrificios. 36 Sólo temerán al Señor, que los hizo salir de Egipto con gran poder y brazo extendido; se postrarán delante de él y le ofrecerán sacrificios. 37 Observarán los preceptos, los ritos, la Ley y los mandamientos que yo escribí para ustedes, practicándolos todos los días, pero no temerán a otros dioses. 38 No olvidarán la alianza que hice con ustedes, y no temerán a otros dioses. 39 Sólo temerán al Señor, su Dios, y él los librará de la mano de todos sus enemigos”. 40 Pero ellos no escucharon, sino que continuaron practicando los ritos antiguos.

41 Así, estas naciones veneran al Señor y sirven también a sus ídolos. Y sus hijos, y los hijos de sus hijos, hacen hasta el día de hoy lo que habían hecho sus padres.

3. Esd. 4:

1 Cuando los enemigos de Judá y de Benjamín se enteraron de que los antiguos exiliados estaban construyendo un Templo para el Señor, el Dios de Israel, 2 se presentaron a Zorobabel, a Josué y a los jefes de familia, y les dijeron: “Permítannos edificar junto con ustedes, porque también nosotros buscamos al mismo Dios y le ofrecemos sacrificios, desde que Asharadón, rey de Asiria, nos trajo aquí”. 3 Zorobabel, Josué y los demás jefes de familia israelitas les respondieron: “No podemos edificar junto con ustedes una Casa para nuestro Dios: la edificaremos nosotros solos para el Señor, el Dios de Israel, como lo ordenó Ciro, rey de Persia”. 4 Entonces la gente del país, empezó a desanimar y a atemorizar al pueblo de Judá, para que no siguiera edificando. 5 Incluso, sobornaron contra ellos a algunos consejeros, para hacer fracasar el proyecto, y lo consiguieron durante todo el tiempo de Ciro, rey de Persia, hasta el reinado de Darío, rey de Persia.

6 Al comienzo del reinado de Jerjes, ellos presentaron por escrito una denuncia contra los habitantes de Judá y de Jerusalén.

7 Y en tiempos de Artajerjes, Bislán, Mitrídates, Tabeel y sus otros colegas, le escribieron al mismo Artajerjes, rey de Persia. El texto del documento estaba redactado en arameo y traducido.

8 El gobernador Rejúm y el secretario Simsai escribieron al rey Artajerjes una carta contra Jerusalén, en estos términos: 9 ”Rejúm, el gobernador, Simsai, el secretario, y sus demás colegas; los jueces y los legados, funcionarios persas; la gente de Uruc, de Babilonia y de Susa - es decir, los elamitas - 10 y los demás pueblos que el gran Asurbanipal desterró y estableció en las ciudades de Samaría y en la región que está de este lado del Éufrates...”.

11 Y esta es la copia de la carta que le enviaron: “Al rey Artajerjes, tus servidores, los habitantes de este lado del Éufrates, etc. 12 El rey ha de saber que los judíos que estaban a tu lado y llegaron a Jerusalén están reconstruyendo esta ciudad rebelde y perversa: tratan de restaurar sus murallas y reparan sus cimientos. 13 Sepa bien el rey que si se reconstruye esta ciudad y se levantan sus murallas, ya no se pagarán impuestos, contribuciones ni derechos de peaje, y que al fin de cuentas, esta ciudad perjudicará a los reyes. 14 Ahora bien, a nosotros que somos vasallos aliados de la casa real, nos resulta intolerable que se haga esta afrenta al rey. Por eso enviamos al rey estas informaciones, 15 a fin de que se investigue en los Anales de tus predecesores. En ellos comprobarás que esta es una ciudad rebelde, perjudicial para los reyes y las provincias; y que en ella se han fomentado insurrecciones desde los tiempos más remotos. Por ese motivo fue destruida. 16 Hacemos saber al rey que si se reconstruye esta ciudad y se restauran sus murallas, muy pronto ya no tendrás ninguna posesión de este lado del Éufrates”.

17 El rey envió esta respuesta: “A Rejúm, gobernador, a Simsai, secretario, y a los demás colegas residentes en Samaría y en toda la región que está del otro lado del Éufrates, paz, etc.

18 El documento que ustedes nos enviaron ha sido leído en su traducción, delante de mí. 19 Di orden de que se investigara, y se ha comprobado que esa ciudad se ha sublevado contra los reyes desde los tiempos más remotos y que en ella se han producido revueltas e insurrecciones. 20 Hubo en Jerusalén reyes poderosos que llegaron a dominar toda la región que está del otro lado del Éufrates, y a los cuales se pagaban impuestos, contribuciones y derechos de peaje. 21 Manden, por lo tanto, que se interrumpan los trabajos de esa gente y que esa ciudad no sea reconstruida hasta nueva orden. 22 Actúen diligentemente en este asunto, no sea que aumente el mal en perjuicio de los reyes”.

23 Apenas la copia del documento del rey Artajerjes fue leída delante del gobernador Rejúm, del secretario Simsai, y de sus colegas, ellos partieron rápidamente hacia Jerusalén, donde estaban los judíos, y por la fuerza de las armas, les obligaron a suspender los trabajos. 24 Así fueron interrumpidas las obras de la Casa de Dios en Jerusalén, y quedaron suspendidas hasta el segundo año del reinado de Darío, rey de Persia.
10

El «agua viva» prometida por Jesús es el Espíritu Santo (7. 37-39 ), que nos engendra a la Vida de Dios.

1. 7. 37-39:

37 El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús, poniéndose de pie, exclamó: «El que tenga sed, venga a mí; y beba 38 el que cree en mí». Como dice la Escritura: De su seno brotarán manantiales de agua viva.

39 Él se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él. Porque el Espíritu no había sido dado todavía, ya que Jesús aún no había sido glorificado.
23

«En espíritu y en verdad» significa que el nuevo culto está animado por el Espíritu Santo, principio del renacimiento a la Vida de Dios, y es el único conforme a la revelación transmitida por Jesús. Ver 3. 5

1. 3. 5:

5 Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.
27

La sorpresa de los discípulos refleja los prejuicios que alejaban a los maestros de la Ley del trato con las mujeres, a causa de la poca estima que se tenía de ellas.

35

Los «campos maduros para la siega» simbolizan a los samaritanos dispuestos a recibir la Buena Noticia del Reino de Dios.

44

Ver Mt. 13. 57; Lc. 4. 24

1. Mt. 13. 57:

57 Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. Entonces les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia".

2. Lc. 4. 24:

24 Después agregó: «Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.