Juan 3: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

EL RENACIMIENTO ESPIRITUAL

Jesús vino al mundo para que los hombres «tengan Vida y la tengan en abundancia» (10. 10). Y en el diálogo con Nicodemo, él nos dice que esa vida es una novedad tan radical, que para poseerla es preciso «nacer de nuevo». Sólo el que renace «de lo alto» por el «agua» del Bautismo y por la acción del «Espíritu» puede participar de la Vida de Dios (3. 3, 5).

A continuación, el evangelista nos presenta a Jesús dialogando con una mujer de Samaría. El Señor pasa casi insensiblemente de las realidades materiales a las espirituales. El agua que brota de la tierra puede saciar la sed sólo por un tiempo. Únicamente el agua que nos da Cristo saciará para siempre nuestra sed de verdad y de vida. Y esa agua es su mismo Espíritu, el principio del nuevo nacimiento y del culto nuevo, que Jesús viene a instaurar (4. 23).

El diálogo de Jesús con Nicodemo [ 1 | 21 ]

1 [bj] Jn. 7. 48. 50; Jn. 12. 42-43; Jn. 19. 39; Lc. 18. 18

1 Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos.

2 [bj] Jn. 2. 11 [bti] Mt. 22. 16; Mt. 9. 16. 33; Hech. 10. 38 [bla] Jn. 7. 48; Jn. 12. 42; Jn. 19. 39

2 Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: «Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él».

3 [bj] Jn. 1. 12; Mt. 18. 3 [bla] 1 Ped. 1. 23

3 * Jesús le respondió:
«Te aseguro
que el que no renace de lo alto
no puede ver el Reino de Dios».

4 [bj] Jn. 2. 19 [bla] 1 Jn. 5. 1; Sant. 1. 17

4 Nicodemo le preguntó: «¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?».

5 [bj] Jn. 1. 33; Mt. 3. 5; Tit. 3. 5 [bjl] Is. 44. 3; Ez. 36. 25-27; Zac. 12. 10; Zac. 13. 1; Zac. 14. 8

5 Jesús le respondió:
«Te aseguro
que el que no nace del agua y del Espíritu
no puede entrar en el Reino de Dios.

6 [bj] Jn. 1. 14; Jn. 6. 63; 1 Cor. 15. 44-50 [bpe] Ecl. 11. 5 [bla] Ez. 36. 25; Rom. 6. 4; Ef. 5. 26; Tit. 3. 5

6 * Lo que nace de la carne es carne,
lo que nace del Espíritu es espíritu.

7 [bla] 1 Ped. 1. 3; 2 Ped. 1. 11

7 No te extrañes de que te haya dicho:
«Ustedes tienen que renacer de lo alto».

8 [bj] Jn. 8. 14; Ecl. 11. 5 [bla] Jn. 6. 63; Gn. 6. 3

8 * El viento sopla donde quiere:
tú oyes su voz,
pero no sabes de dónde viene ni adónde va.
Lo mismo sucede
con todo el que ha nacido del Espíritu».
9 «¿Cómo es posible todo esto?» , le volvió a preguntar Nicodemo. 10 Jesús le respondió: «¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas?

11 [bj] Jn. 3. 32 [bpe] Is. 8. 16; Apoc. 1. 5

11 Te aseguro
que nosotros hablamos de lo que sabemos
y damos testimonio de lo que hemos visto,
pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.

12 [bj] Jn. 6. 60-62; Sab. 9. 16-17; Flp. 3. 19 [bla] Jn. 12. 49; 1 Cor. 2. 14 [bjl] Mt. 8. 10; Rom. 1. 16

12 * Si no creen
cuando les hablo de las cosas de la tierra,
¿cómo creerán
cuando les hable de las cosas del cielo?

13 [bj] Jn. 20. 17; Prov. 30. 4; Rom. 10. 6; Ef. 4. 8-9; Jn. 1. 18; Núm. 21. 4-9; Sab. 16. 5-7 [bla] Deut. 30. 12 [bjl] Sab. 9. 16-17

13 Nadie ha subido al cielo,
sino el que descendió del cielo,
el Hijo del hombre que está en el cielo.

14 [blpd] Núm. 21. 4-9; Jn. 12. 32-34 [bti] Jn. 8. 28; Jn. 12. 34; 🡔Núm. 21. 9 [bjl] Núm. 21. 4-9; 1 Jn. 4. 9-10; Rom. 8. 32

14 * De la misma manera que Moisés
levantó en alto la serpiente en el desierto,
también es necesario
que el Hijo del hombre sea levantado en alto,

15 [bj] Jn. 1. 21; Jn. 12. 32 [bti] Jn. 3. 36; Jn. 20. 31; 1 Jn. 5. 13 [bla] Jn. 8. 28 [bjl] 1 Jn. 5. 11-13. 20; Rom. 6. 4

15 para que todos los que creen en él
tengan Vida eterna.

16 [bj] 1 Jn. 4. 9; Gn. 22; Mt. 21. 37; Rom. 8. 32 [bla] Jn. 18. 32; Rom. 5. 8 [bjl] =Jn. 12. 46-50

16 Porque Dios amó tanto al mundo,
que entregó a su Hijo único
para que todo el que cree en él no muera,
sino que tenga Vida eterna.

17 [bj] Jn. 1. 1; Jn. 4. 34; Jn. 1. 9; Jn. 12. 47; 2 Cor. 5. 19; Hech. 4. 12 [bti] Jn. 5. 22-30; Jn. 12. 37-50 [bla] 1 Jn. 4. 9 [bjl] Gál. 4. 4

17 Porque Dios no envió a su Hijo
para juzgar al mundo,
sino para que el mundo se salve por él.

18 [bla] Jn. 12. 47; Jn. 5. 22; 2 Cor. 5. 19

18 El que cree en él, no es condenado;
el que no cree, ya está condenado,
porque no ha creído
en el nombre del Hijo único de Dios.

19 [bj] Jn. 1. 18; Jn. 2. 23; Jn. 1. 9; Jn. 8. 12 [bp] Is. 5. 20 [bti] Jn. 1. 5. 9; Jn. 9. 5; Ef. 5. 11-13.

19 En esto consiste el juicio:
la luz vino al mundo,
y los hombres prefirieron
las tinieblas a la luz,
porque sus obras eran malas.

20 [bj] Jb. 24. 13-17; Jn. 7. 7; Ef. 5. 13 [bp] Is. 29. 15 [bla] Jn. 12. 48

20 Todo el que obra mal
odia la luz y no se acerca a ella,
por temor de que sus obras sean descubiertas.

21 [bj] Jn. 8. 32; 1 Jn. 3. 19; Mt. 15. 14-16 [bti] Jn. 1. 14. 17; Jn. 8. 32. 44-46; Jn. 18. 37-38; Tob. 4. 6; 1 Jn. 2. 21; 2 Jn. 1. 1-4; 3 Jn. 1. 3-4 [bla] 1 Tes. 5. 4

21 En cambio, el que obra conforme a la verdad
se acerca a la luz,
para que se ponga de manifiesto
que sus obras han sido hechas en Dios».

El último testimonio de Juan el Bautista [ 22 | 36 ]

22 [bj] Jn. 4. 1-2

22 Después de esto, Jesús fue con sus discípulos a Judea. Permaneció allí con ellos y bautizaba.

23 [bj] Mt. 3. 6

23 Juan seguía bautizando en Enón, cerca de Salim, porque había mucha agua en ese lugar y la gente acudía para hacerse bautizar.

24 [bj] Lc. 3. 20 [bti] Mt. 4. 12; Mt. 14. 3; Mc. 1. 14; Mc. 6. 17; Lc. 3. 20

24 Juan no había sido encarcelado todavía. 25 Se originó entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío, acerca de la purificación.

26 [bj] Jn. 1. 32 [bla] Lc. 7. 18

26 Fueron a buscar a Juan y le dijeron: «Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán y del que tú has dado testimonio, también bautiza y todos acuden a él».

27 [bj] Jn. 19. 12; 1 Cor. 4. 7; Sant. 1. 17 [bp] Jn. 1. 20 [bti] Heb. 5. 4

27 Juan respondió:
«Nadie puede atribuirse nada
que no haya recibido del cielo.

28 [bj] Jn. 1. 19-27; Mal. 3. 1 [bti] Mt. 11. 10; Mc. 1. 2

28 Ustedes mismos son testigos de que he dicho:
«Yo no soy el Mesías, pero he sido enviado delante de él».

29 [bj] Mt. 19. 15 [bti] Jer. 33. 11; Jer. 30. 19 [bjl] Mt. 9. 15; Os. 1. 2; 2 Cor. 11. 2; Apoc. 19. 7; 21. 2

29 * En las bodas, el que se casa es el esposo;
pero el amigo del esposo,
que esta allí y lo escucha,
se llena de alegría al oír su voz.
Por eso mi gozo es ahora perfecto.
30 Es necesario que él crezca
y que yo disminuya.

31 [bj] Jn. 8. 23; 1 Jn. 4. 5

31 El que viene de lo alto
está por encima de todos.
El que es de la tierra
pertenece a la tierra y habla de la tierra.
El que vino del cielo

32 [bj] Jn. 3. 11 [bti] Jn. 8. 26

32 da testimonio de lo que ha visto y oído,
pero nadie recibe su testimonio.

33 [bj] 1 Jn. 5. 10; Jn. 5. 28; Jn. 8. 26 [bla] Jn. 7. 28

33 El que recibe su testimonio
certifica que Dios es veraz.

34 [bj] Jn. 1. 1; Jn. 3. 11; Jn. 1. 32

34 El que Dios envió
dice las palabras de Dios,
porque Dios le da el Espíritu sin medida.

35 [bj] Jn. 5. 20 [bti] Jn. 10. 17; Jn. 13. 3; Jn. 15. 9; Mt. 11. 27; Lc. 10. 22 [bla] Mt. 28. 18

35 El Padre ama al Hijo
y ha puesto todo en sus manos.

36 [bj] Ef. 5. 6; Mt. 3. 7 [bp] Sal. 78. 21 [bti] Jn. 3. 15 [bla] Rom. 3. 8; Ef. 2. 3

36 El que cree en el Hijo tiene Vida eterna.
El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida,
sino que la ira de Dios pesa sobre él».
3 3

Este es el único caso en que Juan usa la expresión «Reino de Dios», tan frecuente en los Evangelios «sinópticos».

8

La acción del Espíritu Santo en el creyente es comparable a la presencia misteriosa del «viento». La comparación se apoya en el hecho de que la misma palabra griega significa «viento» y «espíritu».

12

«Las cosas de la tierra» son las realidades que tienen lugar en este mundo. «Las cosas del cielo» son las que se refieren a la vida íntima de Dios, que sobrepasa toda comprensión humana.

14

La «serpiente» de bronce elevada por Moisés para curar a los que habían sido mordidos por las serpientes (Núm. 21. 4-9), es un símbolo de Jesús, elevado en la Cruz para salvarnos. Ver 12. 32-34.

1. Núm. 21. 4-9:

4 Los israelitas partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para bordear el territorio de Edóm. Pero en el camino, el pueblo perdió la paciencia 5 y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: “¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!”. 6 Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas. 7 El pueblo acudió a Moisés y le dijo: “Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes”. Moisés intercedió por el pueblo, 8 y el Señor le dijo: “Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado”. 9 Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado.

2. 12. 32-34:

32 y cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».

33 Jesús decía esto para indicar cómo iba a morir. 34 La multitud le respondió: «Sabemos por la Ley que el Mesías permanecerá para siempre. ¿Cómo puedes decir: "Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto"? ¿Quién es ese Hijo del hombre?».
29

Aquí vuelve a aparecer la imagen nupcial aplicada a las relaciones entre Dios y su Pueblo, tan frecuente en el Antiguo Testamento. Juan el Bautista explica su relación con Jesús, comparándose con el «amigo» que acompaña al «esposo» en el día de su boda y se alegra con él. La misión de Juan el Bautista era servir a Jesús y alegrarse de ver inaugurado su Reino. Ver notas Mt. 9. 15; 25. 1