Juan 2: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

EL LIBRO DE LOS «SIGNOS» DE JESÚS

El Bautista dio un valioso testimonio acerca de Jesús, pero él tiene además un testimonio «mayor que el de Juan» (5. 31-38). Son las «obras» que realiza en nombre de su Padre y que lo acreditan como la Palabra y el Enviado de Dios (10. 25). Al hablar de estas «obras» de Jesús –en especial de sus milagros– el evangelista suele llamarlas «signos», y a ellos se refiere la primera parte del cuarto Evangelio. Todo signo dirige siempre la atención hacia una realidad oculta, que de alguna manera se hace visible a través de él. Las obras de Jesús son «signos» que dejan traslucir el misterio de su Persona y el sentido de su misión.

Juan nos narra siete de esos «signos» de Jesús: el agua convertida en vino en las bodas de Caná (2. 1-12), la curación del hijo de un funcionario real (4. 46-54), la curación de un paralítico en la piscina de Betsata (5. 1-18), la multiplicación de los panes (6. 1-15), la marcha de Jesús sobre el agua (6. 16-21), la curación del ciego de nacimiento (9. 1-41) y la resurrección de Lázaro (11. 1-44). En cuanto a la pesca milagrosa (21. 1-14), que sería el octavo signo, fue añadido después de la primera redacción del Evangelio.

A la vista de estas obras, algunos supieron descubrir la realidad oculta detrás del «signo» y «creyeron en él» (2. 11). Otros, en cambio, se obstinaron en su incredulidad: «A pesar de los muchos signos que hizo en su presencia, ellos no creyeron en él» (12. 37). Esta permanente confrontación entre la fe y la incredulidad, entre la luz y las tinieblas, entre la vida y la muerte, constituye el trasfondo del drama descrito en el cuarto Evangelio.

EL VINO NUEVO Y EL NUEVO TEMPLO

En el transcurso de un banquete nupcial, Jesús realiza el primer «signo», anticipando su «hora» a pedido de María. En el Antiguo Testamento, los tiempos mesiánicos son representados con frecuencia como un banquete de bodas, y la abundancia de vino simboliza el gozo de la salvación. A su vez, el «buen vino» de las bodas de Caná significa la Sangre de Cristo con que fue inaugurada la Nueva Alianza.

Luego, a través del relato de la purificación del Templo profanado por los vendedores y los cambistas, Juan nos presenta a Jesús como el instaurador de un nuevo culto, que ya no está reservado a un pueblo o un lugar privilegiados. Es el culto «en espíritu y en verdad» (4. 23). Dentro de él, su cuerpo resucitado es el nuevo Templo, la verdadera Morada de Dios en medio de los hombres.

Las bodas de Caná [ 1 | 12 ]

1 [bj] Jn. 21. 2

1 Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. 2 Jesús también fue invitado con sus discípulos.

3 [bnp] Is. 16. 9

3 Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino».

4 [bnp] Jn. 7. 30 [bla] Jn. 19. 26 [bti] Jn. 7. 6. 30; Jn. 8. 20; Jn. 12. 23. 27; Jn. 13. 1; Jn. 17. 1; Mc. 14. 41

4 Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía».

5 [bj] Gn. 41. 55

5 * Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga».

6 [bj] Mc. 7. 3-4

6 * Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. 7 Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas». Y las llenaron hasta el borde.

8-10 [blpd3] Prov. 9. 2-3. 5

8 «Saquen ahora , agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete». Así lo hicieron. 9 El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo

10 [bj] Mt. 26. 29; Lc. 5. 37-39

10 y le dijo: «Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento».

11 [bj] Jn. 4. 54; Jn. 12. 37; Éx. 4. 30-31; Jn. 1. 14 [bla] Jn. 21. 14 [bti] Jn. 12. 41

11 Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

12 [bj] Mt. 4. 13; 12. 46; Hech. 1. 15 [bla] Jn. 1. 15; 11. 40; 12. 41

12 Después de esto, descendió a Cafarnaún con su madre, sus hermanos y sus discípulos, y permanecieron allí unos pocos días.

Expulsión de los vendedores del Templo [ 13 | 17 ]

|| Mt. 21. 12-13; Mc. 11. 15-17; Lc. 19. 45-46

13 [bti] Jn. 6. 4; Jn. 11. 55; Jn. 13. 1; Éx. 12. 1-27

13 Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén

14 [bla] Jn. 6. 4; Jn. 11. 55; Mc. 11. 15

14 y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas.

15 [bj] Mal. 3. 1-4

15 Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas

16 [bj] Zac. 14. 21 [bla] Lc. 2. 49

16 y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio».

17 [bj] <Sal. 69. 10

17 * Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá.

Anuncio de la resurrección de Jesús [ 18 | 25 ]

18 [bj] Jn. 6. 30 [bla] Jn. 20. 29 [bti] Mt. 12. 38; 16. 1; Mc. 8. 11; Lc. 11. 16. 29; Mt. 21. 23; Mc. 11. 28; Lc. 20. 2; 1 Cor. 1. 22

18 Entonces los judíos le preguntaron: «¿Qué signo nos das para obrar así?».

19 [bj] Mt. 26. 61 [bla] Lc. 11. 29 [bti] Mt. 27. 40; Mc. 14. 58; 15. 29; Hech. 6. 14

19 Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar».

20 [bj] Mt. 12. 6. 38-40 [bla] Mc. 14. 58; 15. 29; Hech. 6. 14

20 Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».

21 [bj] Jn. 1. 14 [blpd] Heb. 9. 11-12 [bnp] 1 Cor. 6. 19 [bla] Jn. 12. 16

21 * Pero él se refería al templo de su cuerpo.

22 [bj] Jn. 5. 39; Jn. 14. 26 [bti] Jn. 12. 16; Jn. 16. 4; Lc. 24. 6-8

22 Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.

23 [bla] Jn. 4. 45; 7. 31; 11. 47

23 Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba.

24 [bj] Jn. 1. 48 [bti] Jn. 4. 16-19; Jn. 10. 14

24 Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos

25 [bnp] Sal. 139. 1-4

25 y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre.
2 5

Gn. 41. 55

1. Gn. 41. 55:

55 Cuando también los egipcios y el pueblo sintieron hambre, y el pueblo pidió a gritos al Faraón que le diera de comer, este respondió: “Vayan a ver a José y hagan lo que él les diga”.
6-10

El agua de las abluciones rituales simboliza probablemente a la Antigua Alianza, incapaz de purificar realmente al hombre. El vino, en cambio, es el símbolo de la Nueva Alianza, sellada con la Sangre de Cristo, que renueva y perfecciona la Antigua y da comienzo a una nueva creación.

21

El «signo» dado por Jesús era él mismo, que reivindicaba para sí el poder de edificar el nuevo «Templo» de la era mesiánica. Este Templo sería su cuerpo resucitado, en el cual reside la gloria de Dios. Ver 1. 14; Heb. 9. 11-12

1. 1. 14:

14 Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

2. Heb. 9. 11-12:

11 Cristo, en cambio, ha venido como Sumo Sacerdote de los bienes futuros. Él, a través de una Morada más excelente y perfecta que la antigua - no construida por manos humanas, es decir, no de este mundo creado - 12 entró de una vez por todas en el Santuario, no por la sangre de chivos y terneros, sino por su propia sangre, obteniéndonos así una redención eterna.