Juan 17: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

Oración de Jesús por sí mismo [ 1 | 5 ]

1 [bj] 11. 41; 2. 4 [bla] 12. 23; 13. 1

1 Después de hablar así,
Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo:
1 «Padre, ha llegado la hora:
glorifica a tu Hijo
para que el Hijo te glorifique a ti,

2 [bj] 3. 35; Sab. 15. 3; Jer. 24. 7; 31. 31-34; Ez. 36. 25-28; 14. 7-9; 1 Jn. 5. 20-21 [bla] 5. 21; 6. 39; Mt. 28. 18

2 ya que le diste autoridad sobre todos los hombres,
para que él diera Vida eterna
a todos los que tú le has dado.

3 [bla] Sab. 15. 3; Jer. 24. 7; 31. 31; Ez. 36. 25

3 Esta es la Vida eterna:
que te conozcan a ti,
el único Dios verdadero,
y a tu Enviado, Jesucristo.

4 [bj] 1. 1; 4. 34 [bla] 8. 58; Flp. 2. 6

4 Yo te he glorificado en la tierra,
llevando a cabo la obra
que me encomendaste.

5 [bj] Flp. 2. 6-11; 1. 14; 17. 24

5 Ahora, Padre, glorifícame junto a ti,
con la gloria que yo tenía contigo
antes que el mundo existiera.

Oración de Jesús por sus discípulos [ 6 | 19 ]

6 [bj] 17. 26; Éx. 3. 13; 3. 35. 11 [bla] Sal. 22. 23; Heb. 2. 12

6 Manifesté tu Nombre
a los que separaste del mundo para confiármelos.
Eran tuyos y me los diste,
y ellos fueron fieles a tu palabra.
7 Ahora saben
que todo lo que me has dado viene de ti,

8 [bj] 12. 44; Deut. 18. 18

8 porque les comuniqué las palabras que tú me diste:
ellos han reconocido verdaderamente
que yo salí de ti,
y han creído que tú me enviaste.

9 [bj] 4. 34; 1. 10 [bla] 3. 16; 12. 31

9 Yo ruego por ellos:
no ruego por el mundo,
sino por los que me diste,
porque son tuyos.

10 [bj] 16. 15; Lc. 15. 31; 1 Tes. 1. 10 [bla] 1 Jn. 2. 16

10 Todo lo mío es tuyo
y todo lo tuyo es mío,
y en ellos he sido glorificado.

11 [bj] 1. 10; 1. 1; Núm. 6. 24; 3. 35 [bla] Gál. 3. 28

11 Ya no estoy más en el mundo,
pero ellos están en él;
y yo vuelvo a ti.
Padre santo,
cuídalos en tu Nombre
–el Nombre que tú me diste–
para que sean uno, como nosotros.

12 [bj] 6. 39; 10. 28; 13. 18-19; Hech. 1. 16. 20; Sal. 41. 10 [bla] Sal. 109. 4; Hech. 1. 16

12 Mientras estaba con ellos,
yo los cuidaba en tu Nombre
–el Nombre que tú me diste–
yo los protegía
y no se perdió ninguno de ellos,
excepto el que debía perderse,
para que se cumpliera la Escritura.

13 [bj] 15. 11

13 Pero ahora voy a ti,
y digo esto estando en el mundo,
para que mi gozo sea el de ellos
y su gozo sea perfecto.

14 [bj] 3. 11; 15. 18-19

14 Yo les comuniqué tu palabra,
y el mundo los odió
porque ellos no son del mundo,
como tampoco yo soy del mundo.

15 [bj] 1 Jn. 2. 13 [bla] Mt. 6. 13; 1 Cor. 5. 10; Lc. 22. 32

15 No te pido que los saques del mundo,
sino que los preserves del Maligno.

16 [bj] 8. 23

16 Ellos no son del mundo,
como tampoco yo soy del mundo.

17 [bj] 1 Ped. 1. 22; Hech. 9. 13; Lev. 17; 10. 36 [bla] 2 Tes. 3. 3; 1 Jn. 5. 18

17 Conságralos en la verdad:
tu palabra es verdad.

18 [bla] 1 Ped. 1. 22

18 Así como tú me enviaste al mundo,
yo también los envío al mundo.

19 [bj] 10. 18; Éx. 28. 36. 38; Heb. 10. 10-14; 8. 32 [bla] 1 Cor. 1. 30; 5. 8; Heb. 2. 11

19 Por ellos me consagro,
para que también ellos
sean consagrados en la verdad.

Oración de Jesús por todos los que creen en él [ 20 | 26 ]

20 No ruego solamente por ellos,
sino también por los que, gracias a su palabra,
creerán en mí.

21 [bj] 10. 30

21 Que todos sean uno:
como tú, Padre, estás en mí
y yo en ti,
que también ellos estén en nosotros,
para que el mundo crea
que tú me enviaste.

22 [bj] 17. 5; 1. 14

22 Yo les he dado la gloria
que tú me diste,
para que sean uno,
como nosotros somos uno

23 [bj] 15. 9 [bla] 1 Cor. 6. 17; Gál. 2. 20; Ef. 1. 4; 4. 3

23 –yo en ellos y tú en mí–
para que sean perfectamente uno
y el mundo conozca
que tú me has enviado,
y que los has amado a ellos
como me amaste a mí.

24 [bj] 14. 3; 17. 5; Ef. 1. 4 [bla] 12. 26; Gn. 45. 13

24 Padre, quiero que los que tú me diste
estén conmigo donde yo esté,
para que contemplen la gloria que me has dado,
porque ya me amabas
antes de la creación del mundo.

25 [bj] 1. 10; 1. 1; 17. 6; Éx. 3. 13

25 Padre justo,
el mundo no te ha conocido,
pero yo te conocí,
y ellos reconocieron
que tú me enviaste.

26 [bla] Rom. 8. 39

26 Les di a conocer tu Nombre,
y se lo seguiré dando a conocer,
para que el amor con que tú me amaste
esté en ellos,
y yo también esté en ellos».
17

Toda esta súplica se llama «oración sacerdotal», porque en ella Jesús expresa claramente su función de intermediario entre Dios y los hombres, función que iba a culminar con el Sacrificio de su propia vida. El objeto central de esta súplica es la unidad de todos los cristianos, como imagen y participación de la unidad que existe entre el Padre y el Hijo. Jesús pide en primer lugar, por sí mismo (vs. 1-5), luego por sus discípulos (vs. 6-19) y finalmente, por todos los que creen en él (vs. 20-26).

12

Aunque la perdición de cada uno es obra de la propia libertad y no de un determinismo absoluto, sin embargo, todo está previsto en el plan de Dios, incluso los pecados, que él permite y utiliza para realizar sus designios. En este sentido puede decirse que Judas «debía perderse, para que se cumpliera la Escritura», en la que estaba prevista su actitud (Sal. 41. 10).

1. Sal. 41. 10:

10 Hasta mi amigo más íntimo, del que yo me fiaba,* el que comió mi pan, se puso contra mí.
17

«Consagrar» significa separar algo del uso común para dedicarlo a Dios. Cuando Jesús dice: «Conságralos en la verdad», pide al Padre que separe del mundo a sus discípulos para que obren de acuerdo con la Palabra que él les transmitió.

19

Jesús se ofreció a sí mismo como un Sacrificio agradable al Padre, para que nosotros quedáramos consagrados a Dios.

21

La unidad de todos los hijos de Dios es el fin por excelencia de la obra redentora de Jesús (11. 51-52).

1. 11. 51-52:

51 No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación, 52 y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos.