Juan 13: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

EL LIBRO DE LA «HORA» DE JESÚS

«Mi hora no ha llegado todavía» (2. 4), había dicho Jesús a su madre cuando, a instancias de ella, realizó el primer «signo». Y varias veces hizo alusión a su «hora», a lo largo de toda la actividad pública relatada en la primera parte del Evangelio de Juan, que es el Libro de los «signos» realizados en función de esa «hora» decisiva.

Pero al fin, llegó la «hora» de Jesús, y toda la segunda parte del cuarto Evangelio gira alrededor de este tema fundamental. Se trata de la hora de su Glorificación por medio de la muerte (12. 23). La hora de su «paso» de este mundo al Padre. La hora del triunfo de la luz sobre las tinieblas, del amor sobre el egoísmo, de la vida sobre la muerte.

LA ÚLTIMA CENA

San Juan no narra la institución de la Eucaristía, como lo hacen los otros tres evangelistas. En cambio, nos ha conservado el conmovedor relato del lavatorio de los pies a los discípulos, en el que nos da una lección de servicio fraternal, a imitación de Jesús, que «no vino para ser servido sino para servir» (Mt. 20. 28). Junto con ese gesto simbólico, el autor de este Evangelio nos ha transmitido el «testamento del Señor», contenido en su discurso de despedida y en su oración sacerdotal al Padre.

Muchos temas se mezclan en ese «testamento» espiritual, pero entre todos se destaca la insistencia con que Jesús exhorta a sus discípulos a vivir íntimamente unidos, amándose como él los amó (13. 34-35; 15. 12-13. 17). Para no dejarlos «huérfanos», él les promete un «Abogado», que es el Espíritu de la verdad (14. 16-17. 26; 15. 26; 16. 7-15). Ese Espíritu dará testimonio de Jesús en el corazón de los creyentes, les ayudará a comprender sus enseñanzas y hará posible que se cumpla la súplica del Señor: «Padre, que todos sean uno, como nosotros somos uno» (17. 21-22).

El lavatorio de los pies [ 1 | 20 ]

1 [bj] Mt. 26. 17; Jn. 1. 48; Jn. 2. 4; Jn. 10. 18; Jn. 1. 10

1 * Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su* hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin.

2 [bj] Mt. 26. 20; Mt. 4 [bnp] Sal. 36. 2

2 Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo,

3 [bj] Jn. 3. 35; Jn. 1. 1

3 sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios,

4 [bj] Lc. 12. 37; Lc. 17. 7-10

4 se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. 5 Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.

6 [bj] Mt. 3. 14

6 Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: «¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?». 7 Jesús le respondió: «No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás».

8 [bj] Jn. 14. 26; Jn. 2. 19

8 «No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!» . Jesús le respondió: «Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte». 9 «Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!».

10 [bj] Jn. 15. 3; Jn. 1. 48

10 Jesús le dijo: «El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos». 11 Él sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: «No todos ustedes están limpios».
12 Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?

13 [bj] Mt. 23. 8-12

13 Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy.

14 [bj] Lc. 22. 24-30; Jn. 13. 34; 15. 12; Flp. 2. 5. 8; Ef. 5. 2

14 Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. 15 Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes.

16 [bj] Mt. 10. 24; Lc. 6. 40

16 Les aseguro
que el servidor no es más grande que su señor,
ni el enviado más grande que el que lo envía.

17 [bj] Is. 56. 2; Sant. 1. 25

17 Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican.

18 [bj] Jn. 6. 40; Sal. 41. 10

18 * No lo digo por todos ustedes; yo conozco a los que he elegido. Pero es necesario que se cumpla la Escritura que dice:
El que comparte mi pan
se volvió contra mí.

19 [bj] Jn. 14. 29; Jn. 16. 4; Jn. 8. 24

19 Les digo esto desde ahora,
antes que suceda,
para que cuando suceda,
crean que Yo Soy.

20 [bj] Mt. 10. 40; Mc. 9. 37; Lc. 9. 48

20 Les aseguro
que el que reciba al que yo envíe,
me recibe a mí,
y el que me recibe, recibe al que me envió».

El anuncio de la traición de Judas [ 21 | 30 ]

|| Mt. 26. 21-25; Mc. 14. 18-21; Lc. 22. 21-23

21 [bj] Mt. 26. 21-25; Mc. 14. 18-21; Lc. 22. 21-23 [bnp] Is. 21. 3

21 Después de decir esto, Jesús se estremeció y manifestó claramente: «Les aseguro que uno de ustedes me entregará».
22 Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería.

23 [bj] Jn. 19. 26; Jn. 20. 2; Jn. 21. 7. 20; Lc. 8. 51

23 * Uno de ellos –el discípulo al que Jesús amaba– estaba reclinado muy cerca de Jesús. 24 Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: «Pregúntale a quién se refiere». 25 Él se reclinó sobre Jesús y le preguntó: «Señor, ¿quién es?». 26 * Jesús le respondió: «Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato». Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote.

27 [bj] Jn. 13. 2; Lc. 22. 3; Jn. 1. 48

27 En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: «Realiza pronto lo que tienes que hacer». 28 Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto.

29 [bj] Jn. 12. 6

29 Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que hace falta para la fiesta» , o bien que le mandaba dar algo a los pobres.

30 [bj] Jn. 8. 12

30 Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.

La despedida de Jesús: el anuncio de su glorificación [ 31 | 33 ]

31 [bj] Mt. 8. 20 [bnp] Sal. 22. 24

31 Después que Judas salió, Jesús dijo:
«Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado
y Dios ha sido glorificado en él.

32 [bj] Jn. 1. 14

32 Si Dios ha sido glorificado en él,
también lo glorificará en sí mismo,
y lo hará muy pronto.

33 [bj] Jn. 8. 21; Jn. 1. 1

33 Hijos míos,
ya no estaré mucho tiempo con ustedes.
Ustedes me buscarán,
pero yo les digo ahora
lo mismo que dije a los judíos:
«A donde yo voy,
ustedes no pueden venir».

El mandamiento nuevo [ 34 | 35 ]

34 [bj] 1 Jn. 2. 8; Jn. 15. 12. 17; Lev. 19. 18; Mt. 19. 19; Mt. 22. 39; Lc. 10. 26 [bnp] Lev. 19. 17-18

34 Les doy un mandamiento nuevo:
ámense los unos a los otros.
Así como yo los he amado,
ámense también ustedes los unos a los otros.

35 [bj] Deut. 28. 9-10; Hech. 4. 32

35 En esto todos reconocerán
que ustedes son mis discípulos:
en el amor que se tengan los unos a los otros».

El anuncio de las negaciones de Pedro [ 36 | 38 ]

|| Mt. 26. 33-35; Mc. 14. 29-31; Lc. 22. 33-34

36 [bj] Jn. 2. 19; Jn. 8. 21; Jn. 21. 18-19

36 Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿adónde vas?». Jesús le respondió: «A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás».

37 [bj] Lc. 22. 31-34

37 Pedro le preguntó: «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti».

38 [bj] Mt. 26. 33-35; Mc. 14. 29-31

38 Jesús le respondió: «¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces».
13 1

Juan hace suya una interpretación hebrea de la palabra «Pascua» en el sentido de «paso», aludiendo al paso de los israelitas a través del mar Rojo, cuando huían de los egipcios (Éx. 14). El «paso» de Jesús de este mundo al Padre es la nueva Pascua, a la que nosotros debemos asociarnos.

1. Éx. 14:

1 El Señor habló a Moisés en estos términos: 2 “Ordena a los israelitas que vuelvan atrás y acampen delante de Pihajirot, entre Migdol y el mar, frente a Baal Sefón. Acampen a orillas del mar, frente al lugar indicado. 3 Así el Faraón creerá que ustedes vagan sin rumbo por el país y que el desierto les cierra el paso. 4 Yo, por mi parte, endureceré su corazón para que salga a perseguirlos, y me cubriré de gloria a expensas de él y de todo su ejército. Así los egipcios sabrán que yo soy el Señor”. Los israelitas cumplieron esta orden.

5 Cuando informaron al rey de Egipto que el pueblo había huido, el Faraón y sus servidores cambiaron de idea con respecto al pueblo, y exclamaron: “¿Qué hemos hecho? Dejando partir a Israel, nos veremos privados de sus servicios”.

6 Entonces el Faraón hizo enganchar su carro de guerra y alistó sus tropas. 7 Tomó seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, con tres hombres en cada uno. 8 El Señor endureció el corazón del Faraón, el rey de Egipto, y este se lanzó en persecución de los israelitas, mientras ellos salían triunfalmente. 9 Los egipcios los persiguieron con los caballos y los carros de guerra del Faraón, los conductores de los carros y todo su ejército; y los alcanzaron cuando estaban acampados junto al mar, cerca de Pihajirot, frente a Baal Sefón.

10 Cuando el Faraón ya estaba cerca, los israelitas levantaron los ojos y, al ver que los egipcios avanzaban detrás de ellos, se llenaron de pánico e invocaron a gritos al Señor. 11 Y dijeron a Moisés: “¿No había tumbas en Egipto para que nos trajeras a morir en el desierto? ¿Qué favor nos has hecho sacándonos de allí? 12 Ya te lo decíamos cuando estábamos en Egipto: ‘¡Déjanos tranquilos! Queremos servir a los egipcios, porque más vale estar al servicio de ellos que morir en el desierto’”. 13 Moisés respondió al pueblo: “¡No teman! Manténganse firmes, porque hoy mismo ustedes van a ver lo que hará el Señor para salvarlos. A esos egipcios que están viendo hoy, nunca más los volverán a ver. 14 El Señor combatirá por ustedes, sin que ustedes tengan que preocuparse por nada”.

15 Después el Señor dijo a Moisés: “¿Por qué me invocas con esos gritos? Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. 16 Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. 17 Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. 18 Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros”.

19 El Ángel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de adelante hacia atrás, 20 interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros.

21 Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, 22 y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla a derecha e izquierda. 23 Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar. 24 Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos. 25 Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: “Huyamos de Israel, porque el Señor combate en favor de ellos contra Egipto”.

26 El Señor dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros”. 27 Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar. 28 Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. 29 Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.

30 Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar, 31 y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor.
23

Era costumbre oriental comer recostándose en almohadones y apoyándose sobre el brazo izquierdo. Según la tradición, «el discípulo al que Jesús amaba» es el Apóstol Juan.

26

Ofrecer a un convidado un trozo de pan mojado en salsa era una muestra de agasajo y amistad. Jesús lo hizo para mostrar al discípulo amado quién era el traidor y hacer a este un último llamado al arrepentimiento.

NOTAS CRÍTICAS, propias del sitio:

- Sobre los audios y sus diferencias con los textos,
y entre las diferentes ediciones, desde 1980 en adelante. -

1: la/su.

El texto de 1980 dice: la hora

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24: seña.

La lectora agrega una L, a la palabra: dice SEÑAL, pero el texto dice: seña.

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