Juan 10: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

El buen Pastor [ 1 | 21 ]

1 «Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón y un asaltante.

2 [bj] Jn. 21. 16

2 El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.

3 [bj] Miq. 2. 13

3 El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a las suyas por su nombre y las hace salir. 4 Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. 5 Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz». 6 Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. 7 Entonces Jesús prosiguió:
«Les aseguro
que yo soy la puerta de las ovejas.
8 Todos aquellos que han venido antes de mí
son ladrones y asaltantes,
pero las ovejas no los han escuchado.

9 [bj] Jn. 3. 17; Sal. 23. 1-3; Is. 49. 9-10; Ez. 34. 14

9 Yo soy la puerta.
El que entra por mí se salvará;
podrá entrar y salir,
y encontrará su alimento.

10 [bj] Ez. 34+

10 El ladrón no viene
sino para robar, matar y destruir.
Pero yo he venido
para que las ovejas tengan Vida,
y la tengan en abundancia.
11 Yo soy el buen Pastor.
El buen Pastor da su vida por las ovejas.

12 [bj] Jer. 23. 1s; Ez. 34. 3-8; Zac. 11. 17

12 El asalariado, en cambio, que no es el pastor
y al que no pertenecen las ovejas,
cuando ve venir al lobo
las abandona y huye,
y el lobo las arrebata y las dispersa.
13 Como es asalariado,
no se preocupa por las ovejas.
14 Yo soy el buen Pastor:
conozco a mis ovejas,
y mis ovejas me conocen a mí

15 [bj] Jn. 15. 9; Mt. 11. 25-27p

15 –como el Padre me conoce a mí
y yo conozco al Padre–
y doy mi vida por las ovejas.

16 [bj] Jr. 23. 3; Jer. 31. 10; Ef. 2. 14s; Ef. 4. 4s; Jn. 5. 25; Jn. 18. 37; Jn. 11. 52

16 Tengo, además, otras ovejas
que no son de este corral
y a las que debo también conducir:
ellas oirán mi voz,
y así habrá un solo Rebaño
y un solo Pastor.

17 [bj] Jn. 3. 35; Jn. 8. 29

17 El Padre me ama
porque yo doy mi vida
para recobrarla.
18 Nadie me la quita,
sino que la doy por mí mismo.
Tengo el poder de darla
y de recobrarla:
este es el mandato que recibí de mi Padre».

19 [bj] Jn. 3. 11+; Jn. 7. 20+

19 A causa de estas palabras, se produjo una nueva división entre los judíos. 20 Muchos de ellos decían: «Está poseído por un demonio y delira. ¿Por qué lo escuchan?».

21 [bj] Jn. 3. 2; Jn. 9. 30-32

21 Otros opinaban: «Estas palabras no son de un endemoniado. ¿Acaso un demonio puede abrir los ojos a los ciegos?».

Jesús, Hijo de Dios [ 22 | 30 ]

22 [bj] 1 Mac. 4. 36+

22 * Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno,

23 [bj] Hech. 3. 11+

23 y Jesús se paseaba por el Templo, en el Pórtico de Salomón.

24 [bj] Jn. 8. 25; Lc. 22. 67

24 Los judíos lo rodearon y le preguntaron: «¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente».

25 [bj] Jn. 5. 36+

25 Jesús les respondió:
«Ya se lo dije, pero ustedes no lo creen.
Las obras que hago en nombre de mi Padre
dan testimonio de mí,

26 [bj] Prov. 28. 5; 1 Cor. 2. 14; Jn. 10. 3-4.14

26 pero ustedes no creen,
porque no son de mis ovejas.
27 Mis ovejas escuchan mi voz,
yo las conozco y ellas me siguen.

28 [bj] Jn. 10. 10; Rom. 8. 33-39; Jre. 23. 4

28 Yo les doy Vida eterna:
ellas no perecerán jamás
y nadie las arrebatará de mis manos.

29 [bj] Jn. 3. 35+; Deut. 32. 39;; Deut. 33. 3; Is. 43. 13;; Is. 51. 16; Sab. 3. 1; Jn. 1. 1+

29 Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos
y nadie puede arrebatar nada
de las manos de mi Padre.
30 El Padre y yo somos una sola cosa».

Jesús acusado de blasfemia [ 31 | 42 ]

31 [bj] Jn. 8. 59

31 Los judíos tomaron piedras para apedrearlo. 32 Entonces Jesús dijo: «Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?».

33 [bj] Lc. 22. 70-71; Lc. 5. 18

33 Los judíos le respondieron: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios».

34 [bj] Rom. 3. 19+; Sal. 82. 6

34 * Jesús les respondió:
34 «¿No está escrito en la Ley:
Yo dije: Ustedes son dioses?
35 Si la Ley llama dioses
a los que Dios dirigió su Palabra
–y la Escritura no puede ser anulada–

36 [bj] Jer. 1. 5

36 ¿cómo dicen: “Tú blasfemas”,
a quien el Padre santificó y envió al mundo,
porque dijo: “Yo soy Hijo de Dios”?
37 Si no hago las obras de mi Padre,
no me crean;

38 [bj] Jn. 5. 36+; Jn. 14. 11; Jn. 17. 21

38 pero si las hago,
crean en las obras,
aunque no me crean a mí.
Así reconocerán y sabrán
que el Padre está en mí
y yo en el Padre».

39 [bj] Jn. 8. 59

39 Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos.

40 [bj] Jn. 1. 28; Mt. 19. 1; Mc. 10. 1

40 Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se quedó allí. 41 Muchos fueron a verlo, y la gente decía: «Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad». 42 Y en ese lugar muchos creyeron en él.
10 11

La imagen de Dios como Pastor de Israel es un tema de la literatura religiosa judía (Sal. 23; 79. 13; 80. 2; 95. 7; 100. 3; Is. 53. 6), que se aplica sobre todo al Mesías (Ez. 34). Jesús reivindica para sí el título mesiánico de «Pastor» por excelencia, anunciado y prometido por Dios a su Pueblo. Él es el «verdadero» Pastor, el «modelo» de pastor, que realiza perfectamente la función pastoral, entregando su propia vida para conducir a los hombres a la Vida eterna.

1. Sal. 23:

1 Salmo de David. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

2 Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas 3 y repara mis fuerzas; me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.

4 Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza.

5 Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos; unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa.

6 Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor, por muy largo tiempo.

2. 79. 13:


3. 80. 2:


4. 95. 7:


5. 100. 3:


6. Is. 53. 6:

6 Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros.

7. Ez. 34:

1 La palabra del Señor me llegó en estos términos: 2 ¡Profetiza, hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel! Tú dirás a esos pastores: Así habla el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿Acaso los pastores no deben apacentar el rebaño? 3 Pero ustedes se alimentan con la leche, se visten con la lana, sacrifican a las ovejas más gordas, y no apacientan el rebaño. 4 No han fortalecido a la oveja débil, no han curado a la enferma, no han vendado a la herida, no han hecho volver a la descarriada, ni han buscado a la que estaba perdida. Al contrario, las han dominado con rigor y crueldad. 5 Ellas se han dispersado por falta de pastor, y se han convertido en presa de todas las bestias salvajes. Mis ovejas se han dispersado, 6 y andan errantes por todas las montañas y por todas las colinas elevadas. ¡Mis ovejas están dispersas por toda la tierra, y nadie se ocupa de ellas ni trata de buscarlas!

7 Por eso, pastores, oigan la palabra del Señor. 8 Lo juro por mi vida -oráculo del Señor-: Porque mis ovejas han sido expuestas a la depredación y se han convertido en presa de todas las fieras salvajes por falta de pastor; porque mis pastores no cuidan a mis ovejas; porque ellos se apacientan a sí mismos, y no a mis ovejas; 9 por eso, pastores, escuchen la palabra del Señor: 10 Así habla el Señor: Aquí estoy yo contra los pastores. Yo buscaré a mis ovejas para quitárselas de sus manos, y no les dejaré apacentar mi rebaño. Así los pastores no se apacentarán más a sí mismos. Arrancaré a las ovejas de su boca, y nunca más ellas serán su presa.

11 Porque así habla el Señor: ¡Aquí estoy yo! Yo mismo voy a buscar mi rebaño y me ocuparé de él. 12 Como el pastor se ocupa de su rebaño cuando está en medio de sus ovejas dispersas, así me ocuparé de mis ovejas y las libraré de todos los lugares donde se habían dispersado, en un día de nubes y tinieblas. 13 Las sacaré de entre los pueblos, las reuniré de entre las naciones, las traeré a su propio suelo y las apacentaré sobre las montañas de Israel, en los cauces de los torrentes y en todos los poblados del país. 14 Las apacentaré en buenos pastizales y su lugar de pastoreo estará en las montañas altas de Israel. Allí descansarán en un buen lugar de pastoreo, y se alimentarán con ricos pastos sobre las montañas de Israel. 15 Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las llevaré a descansar -oráculo del Señor-. 16 Buscaré a la oveja perdida, haré volver a la descarriada, vendaré a la herida y curaré a la enferma, pero exterminaré a la que está gorda y robusta. Yo las apacentaré con justicia.

17 En cuanto a ustedes, ovejas de mi rebaño, así habla el Señor: Yo voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carneros y chivos. 18 ¿No les basta con apacentarse en buenos pastizales, que pisotean el resto del pasto? ¿No les basta con beber agua limpia, que enturbian el resto con sus pies? 19 ¡Así mis ovejas tienen que comer lo que ustedes han pisoteado, y tienen que beber lo que ustedes han enturbiado con sus pies! 20 Por eso, así les habla el Señor: Yo mismo voy a juzgar entre la oveja gorda y la oveja flaca. 21 Porque ustedes han empujado con el costado y con la espalda, y han atacado con los cuernos a las más débiles hasta dispersarlas fuera del pastizal, 22 yo acudiré en auxilio de mis ovejas y ellas no estarán más expuestas a la depredación: yo juzgaré entre oveja y oveja.

23 Suscitaré al frente de ellas a un solo pastor, a mi servidor David, y él las apacentará: las apacentará y será su pastor. 24 Yo, el Señor, seré su Dios, y mi servidor David será príncipe en medio de ellas. Yo, el Señor, he hablado.

25 Yo estableceré para ellos una alianza de paz y haré desaparecer del país a las bestias feroces. Ellos habitarán seguros en el desierto y dormirán en los bosques. 26 Haré que ellos y los alrededores de mi colina sean una bendición, y haré caer la lluvia a su debido tiempo, una lluvia de bendición. 27 Los árboles del campo darán sus frutos y la tierra dará sus productos, y ellos vivirán seguros en su propio suelo. Y cuando rompa las barras de su yugo y los libre de las manos de los que los tienen esclavizados, sabrán que yo soy el Señor. 28 Ya no serán presa de las naciones ni los devorarán las bestias salvajes. Vivirán seguros, sin que nada los perturbe. 29 Y haré brotar para ellos una plantación famosa: no habrá más víctimas del hambre en el país ni tendrán que soportar los insultos de las naciones. 30 Así sabrán que yo, el Señor, estoy con ellos, y que ellos son mi Pueblo, la casa de Israel -oráculo del Señor-.

31 Ustedes, mis ovejas, son el rebaño humano que yo apaciento, y yo soy su Dios -oráculo del Señor-.
22

La «fiesta de la Dedicación» recuerda la purificación del Templo realizada por Judas Macabeo en el año 165 a. C. (1 Mac. 4. 52-59), para reparar la profanación cometida por Antíoco Epífanes (1 Mac. 1. 54). Ver nota Mt. 24. 15.

1. 1 Mac. 4. 52-59:

52 El día veinticinco del noveno mes, llamado Quisleu, del año ciento cuarenta y ocho, se levantaron al despuntar el alba 53 y ofrecieron un sacrificio conforme a la Ley, sobre el nuevo altar de los holocaustos que habían erigido. 54 Este fue dedicado con cantos, cítaras, arpas y címbalos, justamente en el mismo mes y en el mismo día en que los paganos lo habían profanado. 55 Todo el pueblo cayó con el rostro en tierra y adoraron y bendijeron al Cielo que les había dado la victoria. 56 Durante ocho días celebraron la dedicación del altar, ofreciendo con alegría holocaustos y sacrificios de comunión y de acción de gracias. 57 Adornaron la fachada del Templo con coronas de oro y pequeños escudos, restauraron las entradas y las salas, y les pusieron puertas. 58 En todo el pueblo reinó una inmensa alegría, y así quedó borrado el ultraje infligido por los paganos.

59 Judas, de acuerdo con sus hermanos y con toda la asamblea de Israel, determinó que cada año, a su debido tiempo y durante ocho días a contar del veinticinco del mes de Quisleu, se celebrara con júbilo y regocijo el aniversario de la dedicación del altar.

2. 1 Mac. 1. 54:

54 El día quince del mes de Quisleu, en el año ciento cuarenta y cinco, el rey hizo erigir sobre el altar de los holocaustos la Abominación de la desolación. También construyeron altares en todos las ciudades de Judá.
34

Sal. 82. 6. La Escritura llama «dioses» a los jueces, porque «el Juicio pertenece a Dios» (Deut. 1. 17).

1. Sal. 82. 6:

6 Yo había pensado: “Ustedes son dioses, todos son hijos del Altísimo”.

2. Deut. 1. 17:

17 No sean parciales en los juicios: escuchen a los humildes lo mismo que a los poderosos. No se dejen intimidar por nadie, porque el juicio pertenece a Dios. Y cuando se les presente un caso demasiado difícil, diríjanse a mí, para que yo lo resuelva".
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Jesús, razonando otra vez a la manera rabínica, concluye que si no es una blasfemia llamar «dioses» a los jueces, mucho menos lo es que el Enviado del Padre se llame a sí mismo Hijo de Dios.