Juan 1: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

PRÓLOGO

Mientras que el Evangelio de Marcos se inicia con el bautismo del Señor y los de Mateo y Lucas se remontan a su infancia, Juan va más lejos todavía y comienza hablando de su origen divino. En su Prólogo tan característico, presenta a Jesús como la «Palabra» de Dios personificada, que existía desde siempre junto al Padre y «era Dios» (1. 1-2). Esa Palabra trasciende infinitamente el mundo y la historia, pero a la vez es una Palabra «creadora»: «Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra», y en ella está la Vida que ilumina a los hombres (1. 3-4).

Y para revelarles el rostro invisible de Dios y hacerlos participar de su filiación divina, la Palabra eterna e increada «se hizo carne» y vino a convivir con los hombres «como Hijo único» del Padre (1. 14). Es el Misterio de la Encarnación: Dios tiene ahora un rostro humano. Al advertirnos que las tinieblas del mundo no recibieron a la Palabra (1. 511 ), Juan anticipa el tema del eterno conflicto entre la luz y las tinieblas, tan destacado en su Evangelio. Más que una introducción, este admirable Prólogo –como la obertura de una ópera– es un resumen de todos los temas contenidos en el resto del Libro.

[ 1 | 18 ]

1 [bj] 1 Jn. 1. 1-2 [bpe] Gn. 1. 1; Jer. 1. 2 [bti] Jn. 17. 5. 24; Prov. 8. 30; Flp. 2. 6; Col. 1. 15; Heb. 1. 3 [bla] Apoc. 19. 13 [bc] Prov. 8. 22-31; Sab. 8. 6 [nt_mdm] Jn. 10. 30; Jn. 13. 3; Jn. 16. 28; Jn. 17. 5

1 * Al principio existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.

2 [bla] Flp. 2. 6 [nt_mdm] Prov. 8. 22

2 Al principio estaba junto a Dios.

3 [bj] 1 Cor. 8. 6; Col. 1. 15-20; Heb. 1. 1-3 [bpe] Sal. 148. 1-6; Is. 45. 7 [bnp] Sal. 33. 6 [bti] Jn. 1. 10 [bla] Sab. 9. 1; Prov. 8. 22 [nt_mdm] Heb. 1. 2. 10. 12

3 Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.

4 [bnp] Sal. 36. 10; Is. 9. 1 [bti] Jn. 1. 5; Jn. 3. 19-21; Jn. 9. 5; Jn. 11. 9-10; Jn. 12. 35-36. 46; 1 Jn. 1. 5-7; 2. 8-10 [bla] 1 Cor. 8. 6; 1 Tes. 5. 4 [bc] Jn. 3. 15; n. 1. 9

4 En ella estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.

5 [bj] Jn. 8. 12; 1 Jn. 2. 8 [bti] Jn. 1. 10-11; Jn. 3. 19; Sab. 13. 1-9; Rom. 1. 19-23; 1 Cor. 1. 21 [nt_mdm] Jn. 12. 35; 1 Jn. 2. 8

5 * La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la recibieron.

6-8 [bti] Jn. 1. 15. 19-34; Jn. 5. 33; Jn. 10. 41; Mt. 3. 1-12; Mc. 1. 4-8; Lc. 1. 13-17. 60. 67. 76-80; 3. 2-29 [bla] 1 Jn. 2. 9

6 * Apareció un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan.

7 [bj] Jn. 1. 19-34; Jn. 5. 31; Jn. 1. 40 [bc] Mt. 3. 1-12; Mc. 1. 1-8; Lc. 3. 1-9. 15-17

7 Vino como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.

8 [bpe] Sal. 57. 12 [nt_mdm] Jn. 3. 12; Jn. 12. 46; Jn. 1. 20

8 Él no era la luz,
sino el testigo de la luz.

9 [bj] Sab. 7. 26; 1 Jn. 1. 5 [bnp] Sal. 57. 12 [bti] 1 Jn. 2. 8 [bla] Jn. 3. 19; 8. 12; 12. 46; 14. 17; 17. 25 [bc] Jn. 8. 12; Jn. 9. 5; Is. 49. 6

9 La Palabra era la luz verdadera
que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre.

10 [bpe] Col. 1. 10 [bti] Jn. 17. 25 [bc] Jn. 3. 16; Jn. 7. 7; Jn. 12. 31; Jn. 14. 17; Jn. 16. 8. 11; Jn. 17. 9. 14 [nt_mdm] Jn. 1. 3

10 Ella estaba en el mundo,
y el mundo fue hecho por medio de ella,
y el mundo no la conoció.

11 [nt_mdm] Mt. 21. 38

11 Vino a los suyos,
y los suyos no la recibieron.

12 [bj] Jn. 1. 18; 1 Jn. 5. 13 [bpe] Gn. 3. 26 [bti] Jn. 11. 52; Gál. 3. 26; Sant. 1. 18; 1 Ped. 1. 23; 1 Jn. 3. 1-2. 9-10; 5. 2-4. 18 [nt_mdm] Jn. 20. 31; Hech. 4. 12; 2 Ped. 1. 4 [bc] Jn. 3. 14-16; Jn. 6. 40; Jn. 11. 25-26; Jn. 20. 31

12 * Pero a todos los que la recibieron,
a los que creen en su Nombre,
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.

13 [bj] 1 Jn. 5. 18 [bp] Sab. 7. 2 [bla] Jn. 3. 5; Sant. 1. 18

13 * Ellos no nacieron de la sangre,
ni por obra de la carne,
ni de la voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios.

14 [bj] Is. 40. 5; Jn. 17. 5; 1 Jn. 1. 1-3 [bnp] Gál. 4. 4; Is. 60. 2 [bpe] Éx. 34. 6 [bla] Rom. 1. 3; 1 Tim. 3. 16; Heb. 2. 14; 1 Jn. 4. 2; Apoc. 21. 3; Éx. 25. 8; 37. 27; 34. 6; Deut. 4. 7; Bar. 4. 1; Sal. 89. 2; Os. 2. 21 [bti] Jn. 2. 11; Jn. 13. 31; Jn. 17. 2. 5. 22; Rom. 1. 3; Gál. 4. 4; Flp. 2. 7 [bc] Éx. 40. 34-38; Apoc. 21. 3; 1 Rey. 8. 10-11; Is. 6. 3; Is. 58. 8; Is. 60. 1; Mt. 11. 27; Lc. 10. 22; 1 Jn. 1. 2 [nt_mdm] Lc. 9. 32

14 * Y la Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria,
la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.

15 [bj] =Jn. 1. 30; Jn. 3. 22 [bla] Jn. 1. 27; Mt. 3. 11 [bti] Mc. 1. 7 [nt_mdm] Mt. 3. 11

15 Juan da testimonio de él, al declarar:
«Este es aquel del que yo dije:
El que viene después de mí
me ha precedido,
porque existía antes que yo».

16 [bj] Col. 2. 9-10 [bla] Jn. 3. 34 [nt_mdm] Col. 1. 19 [bpe] Col. 2. 11

16 * De su plenitud, todos nosotros hemos participado
y hemos recibido gracia sobre gracia:

17 [bj] Jn. 1. 21 [bnp] Éx. 31. 18 [bla] Rom. 6. 4; Jn. 7. 19; 10. 4 [bti] Éx. 34. 27-28 [nt_mdm] Rom. 6. 14; Rom. 10. 4

17 porque la Ley fue dada por medio de Moisés,
pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.

18 [bj] Éx. 33. 20; Ecli. 43. 31; Jn. 6. 46; 1 Jn. 4. 12; Jn. 3. 11; 17. 6 [bla] Jn. 5. 37; 6. 46; 1 Tim. 1. 17; 6. 16; Mt. 11. 27 [bti] Lc. 10. 22 [bc] Éx. 33. 18-20

18 Nadie ha visto jamás a Dios;
el que lo ha revelado es el Hijo único,
que es Dios y está en el seno del Padre.

EL TESTIMONIO DE JUAN EL BAUTISTA

Los Evangelios sinópticos presentan a Juan el Bautista como el profeta que prepara el camino del Señor, anunciando en el desierto «un bautismo de conversión para el perdón de los pecados» (Mc. 1. 4). El cuarto Evangelio, en cambio, lo presenta como «testigo» de Jesús (1. 6-8). «Juan da testimonio de él» (1. 15), y ese testimonio se resume en la célebre expresión: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (1. 29). Dos discípulos de Juan reciben su testimonio. Ellos a su vez lo transmiten a otros, y así comienza a formarse el pequeño grupo de seguidores del Señor.

Al atestiguar que Jesús es «el Cordero de Dios», el Bautista evoca la figura del «Servidor sufriente», que se entrega a la muerte como un cordero inocente para expiar el pecado del mundo (Is. 52. 13 - 53. 12), y también la del Cordero pascual, símbolo de la liberación de Israel (Éx. 12. 1-28).

Jesús, el Cordero de Dios [ 19 | 34 ]

|| Mt. 3. 3. 11; Mc. 1. 3. 7-8; Lc. 3. 4. 16

19 [bj] Jn. 1. 7-8. 15; Jn. 5. 33 [bla] Lc. 3. 3

19 * Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: «¿Quién eres tú?».

20 [bj] Lc. 3. 15; Hech. 13. 25 [bla] Jn. 3. 28

20 * Él confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: «Yo no soy el Mesías».

21 [bj] Mt. 17. 10-13; Mt. 16. 14 [bnp] Ecli. 48. 1-10; Deut. 18. 15 [bla] Mal. 3. 23; Mt. 11. 14 [bc] Deut. 18. 15-18; Jn. 6. 14; Jn. 7. 40

21 * «¿Quién eres, entonces?» , le preguntaron: «¿Eres Elías?». Juan dijo: «No» . «¿Eres el Profeta?». «Tampoco» , respondió. 22 Ellos insistieron: «¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?».

23 [bj] 🡔Is. 40. 3; ||Mt. 3. 3 [bti] ||Mc. 1. 3; ||Lc. 3. 4

23 * Y él les dijo: «Yo soy
una voz que grita en el desierto:
Allanen el camino del Señor,
como dijo el profeta Isaías»».
24 Algunos de los enviados eran fariseos,

25-28 [bla] Mt. 16. 19; Mc. 11. 30 [bti] Jn. 10. 40; Mt. 3. 6-7. 11-13; Mc. 1. 4-8; Lc. 3. 7. 16; Hech. 13. 24-25

25 y volvieron a preguntarle: «¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?».

26 [bj] Mt. 3. 6; Jn. 7. 27; Mc. 1. 7 [bpe] Deut. 25. 9

26 Juan respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen:

27 [bla] Hech. 13. 25 [bc] Mc. 1. 7

27 él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia».

28 [bj] Jn. 10. 40

28 Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.

29 [bj] 1 Jn. 3. 5; 1 Sam. 9. 17; Jn. 8. 58; Jn. 1. 1 [bnp] Is. 53. 6; 1 Ped. 1. 18s [bla] 1 Cor. 5. 7; 1 Ped. 2. 24; Apoc. 5. 6; Mt. 8. 17 [bc] 1 Cor. 5. 7; 1 Ped. 1. 18-19; Jn. 19. 36; Éx. 29. 38-42; Is. 53. 4-7; Hech. 8. 32; Apoc. 17. 14; Is. 52. 13-53. 12; Éx. 12. 1-28

29 Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

30 [bla] Zac. 3. 9 [bc] Jn. 1. 15. 27

30 A él me refería, cuando dije:
Después de mí viene un hombre que me precede,
porque existía antes que yo.
31 Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel».

32 [bj] Is. 11. 2; 61. 1; Mt. 3. 16 [bti] Mc. 1. 10; Lc. 3. 22 [bc] Mt. 3. 11. 16-17; Hech. 1. 5; Hech. 2. 1-4; Is. 42. 1

32 Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él.

33 [bj] Jn. 3. 5; Mt. 3. 11 [bpe] Is. 11. 2 [bla] Mt. 3. 16

33 Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo”.

34 [bj] Is. 42. 1; Lc. 9. 35; 23. 35

34 Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios».

Los primeros discípulos de Jesús [ 35 | 51 ]

35 [bj] Mt. 4. 18-20 [bc] Jn. 2. 11; Jn. 6. 68-69; Jn. 16. 1; Jn. 20. 8

35 Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos 36 y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios». 37 Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. 38 Él se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?». Ellos le respondieron: «Rabbí –que traducido significa Maestro– ¿dónde vives?». 39 «Vengan y lo verán» , les dijo. Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.

40-42 [bc] Mt. 4. 18-20; Mc. 1. 16-18

40 Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.

41 [bpe] Jn. 4. 25

41 Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías» , que traducido significa Cristo.

42 [bj] Mt. 16. 18-19; Mc. 3. 16 [bla] Jn. 21. 15; Gál. 2. 11

42 Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas» , que traducido significa Pedro.

43 [bj] Jn. 12. 21; Mt. 9. 9

43 Al día siguiente, Jesús resolvió partir hacia Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: «Sígueme».

44 [bpe] Deut. 18. 18; Is. 9. 6

44 Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.

45 [bj] Jn. 1. 21; Jn. 5. 39; Deut. 18. 18; Hech. 26. 22 [bnp] Is. 9. 6 [bc] Mt. 5. 17; Mt. 1. 18-25; Lc. 1. 26-38; Lc. 3. 23

45 Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret».

46 [bj] Jn. 7. 41. 42. 52; Mt. 13. 54

46 * Natanael le preguntó: «¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?». «Ven y verás», le dijo Felipe.

47 [bj] Sal. 32. 2; Rom. 2. 29 [bpe] Gn. 32. 29; Os. 12. 3-5

47 Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: «Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez».

48 [bc] Jn. 2. 24-25; Jn. 4. 17-19. 29; Jn. 13. 11; Jn. 16. 30

48 «¿De dónde me conoces?» , le preguntó Natanael. Jesús le respondió: «Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera».

49 [bj] Jn. 6. 15; Jn. 12. 13 [bnp] Sof. 3. 15 [bti] Jn. 12. 13; 20. 31; Mt. 14. 33; 16. 16; 26. 63-64; 27. 54; Heb. 4. 14; 6. 6; 7. 3; Mt. 27. 42; Mc. 15. 32 [bc] Mt. 3. 17; Mt. 16. 16; Jn. 11. 27; Jn. 6. 15; Jn. 18. 33-36; Jn. 19. 19

49 Natanael le respondió: «Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». 50 Jesús continuó: «Porque te dije: “Te vi debajo de la higuera”, crees. Verás cosas más grandes todavía».

51 [bj] Gn. 28. 10-17; Mt. 8. 20 [bpe] Gn. 28. 12 [bla] Lc. 3. 21; Mt. 4. 11

51 * Y agregó: «Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».
1 1

«Al principio»: esta expresión recuerda el primer capítulo del Génesis, pero aquí no se refiere al comienzo del mundo, sino al «principio» en sentido absoluto, cuando nada existía fuera de Dios.

5

La «luz» es la Palabra (8. 12; 9. 5), las «tinieblas» son las fuerzas del mal (Col. 1. 13). Otros traducen: «No la comprendieron» o «no la vencieron».

1. 8. 12:

12 Jesús les dirigió una vez más la palabra, diciendo: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida».

2. 9. 5:

5 Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo».

3. Col. 1. 13:

13 Porque él nos libró del poder de las tinieblas y nos hizo entrar en el Reino de su Hijo muy querido,
6-8

El himno se interrumpe para rebatir a los partidarios del Bautista, que lo consideraban el Mesías.

12

«A los que creen en su Nombre»: esta es una expresión semítica que indica la fe en la Persona de Jesús.

13

Se trata de una generación espiritual que da la Vida eterna, contrapuesta a la generación carnal, principio de la vida puramente natural. Ver 3. 3-7.

1. 3. 3-7:

3 Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios».

4 Nicodemo le preguntó: «¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?». 5 Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. 6 Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. 7 No te extrañes de que te haya dicho: "Ustedes tienen que renacer de lo alto".
14

«Carne», en el lenguaje de la Biblia, designa todo el hombre en su debilidad de ser corruptible (3. 6; Mt. 16. 17).

«Habitó entre nosotros», literalmente, «plantó su carpa», a la manera de los nómadas. El texto alude a la Morada del Señor en medio del campamento israelita durante la marcha por el desierto (Éx. 25. 8; 40. 34-35).

«Lleno de gracia y de verdad» corresponde a la expresión bíblica «pródigo en amor y fidelidad» (Éx. 34. 6), con la que se describe a Dios. Indica las múltiples manifestaciones del amor de Dios a los hombres y su fidelidad a la palabra dada, es decir, a sus promesas.

1. 3. 6:

6 Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu.

2. Mt. 16. 17:

17 Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.

3. Éx. 25. 8:

8 Con todo esto me harán un Santuario y yo habitaré en medio de ellos.

4. 40. 34-35:

34 Entonces la nube cubrió la Carpa del Encuentro y la gloria del Señor llenó la Morada. 35 Moisés no podía entrar en la Carpa del Encuentro, porque la nube se había instalado sobre ella y la gloria del Señor llenaba la Morada.

5. Éx. 34. 6:

6 El Señor pasó delante de él y exclamó: “El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad.
16

«Gracia sobre gracia» puede significar que la gracia de la Antigua Alianza entre Dios y los hombres fue completada por la gracia de la Nueva Alianza, realizada por medio de Jesús; o bien, que la gracia de Jesús concedida siempre más y más a los creyentes (10. 10), corresponde a la que él recibió del Padre en toda su plenitud (v. 14).

1. 10. 10:

10 El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.
21

Los judíos preguntan a Juan si él es Elías, porque algunas corrientes mesiánicas del Judaísmo esperaban la venida de Elías como precursor del Mesías (Mal. 3. 23-24). Asimismo le preguntan si es el Profeta, porque los judíos esperaban al Mesías como a un nuevo Moisés, y en el Antiguo Testamento (Deut. 18. 15. 18) se designa a Moisés como el Profeta por excelencia.

1. Mal. 3. 23-24:

23 Yo les voy a enviar a Elías, el profeta, antes que llegue el Día del Señor, grande y terrible.

24 Él hará volver el corazón de los padres hacia sus hijos y el corazón de los hijos hacia sus padres, para que yo no venga a castigar el país con el exterminio total.

2. Deut. 18. 15. 18:

15 El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo; lo hará surgir de entre ustedes, de entre tus hermanos, y es a él a quien escucharán.

18 Por eso, suscitaré entre sus hermanos un profeta semejante a ti, pondré mis palabras en su boca, y él dirá todo lo que yo le ordene.
23

Is. 40. 3.

1. Is. 40. 3:

3 Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!
46

«¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?»: esta pregunta revela la poca estima en que era tenida esta ciudad desde el punto de vista religioso, porque no había dado ningún profeta. Ver 7. 52.

1. 7. 52:

52 Le respondieron: «¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta».