Lucas 7: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

Curación del sirviente de un centurión [ 1 | 10 ]

|| Mt. 8. 5-10, 13; Jn. 4. 46-53

1 Cuando Jesús terminó de decir todas estas cosas al pueblo, entró en Cafarnaún. 2 Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho. 3 Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a curar a su servidor. 4 Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: «El merece que le hagas este favor,

5 [bj] 12. 33+

5 porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga». 6 Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa;

7 [bp] Jer. 30. 21

7 por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. 8 Porque yo –que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes– cuando digo a uno: “Ve”, él va; y a otro: “Ven”, él viene; y cuando digo a mi sirviente: “¡Tienes que hacer esto!”, él lo hace».

9 [bj] Mt. 8. 10+

9 Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: «Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe». 10 Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano.

Resurrección del hijo de una viuda [ 11 | 17 ]

11 En seguida, Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. 12 Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba.

13 [bj] 1. 43+

13 Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: «No llores».

14 [bp] 1 Rey. 17. 21-23

14 Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: «Joven, yo te lo ordeno, levántate».

15 [bj] Mt. 8. 3+; 1 Rey. 17. 23 [bp] 2 Rey. 4. 35s

15 * El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.

16 [bj] 1. 12+; 2. 20+; Mt. 16. 14+; Lc. 1. 68+ [bp] Deut. 18. 15

16 Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: «Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo».

17 [bj] 4. 1. 44

17 El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina.

Los signos mesiánicos [ 18 | 23 ]

|| Mt. 11. 2-6

18 Juan fue informado de todo esto por sus discípulos y, llamando a dos de ellos,

19 [bp] Mal. 3. 1

19 los envió a decir al Señor: «¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?». 20 Cuando se presentaron ante él, le dijeron: «Juan el Bautista nos envía a preguntarte: “¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?”». 21 En esa ocasión, Jesús curó a mucha gente de sus enfermedades, de sus dolencias y de los malos espíritus, y devolvió la vista a muchos ciegos.

22 [bj] Is. 26. 19; 35. 5-6; 42. 7; 61. 1

22 * Entonces respondió a los enviados: «Vayan a contar a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los paralíticos caminan, los leprosos son purificados y los sordos oyen, los muertos resucitan, la Buena Noticia es anunciada a los pobres.

23 [bj] 2. 34+

23 ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!».

Testimonio de Jesús sobre Juan el Bautista [ 24 | 30 ]

|| Mt. 11. 7-15; 21. 31b-32

24 Cuando los enviados de Juan partieron, Jesús comenzó a hablar de él a la multitud, diciendo: «¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? 25 ¿Qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que llevan suntuosas vestiduras y viven en la opulencia, están en los palacios de los reyes. 26 ¿Qué salieron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta.

27 [bj] Mal. 3. 1 [bp] Éx. 23. 20

27 * Él es aquel de quien está escrito:
Yo envío a mi mensajero delante de ti
para prepararte el camino.

28 [bj] |Mt. 21. 31-32

28 Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan, y sin embargo, el más pequeño en el Reino de Dios es más grande que él.

29 [bp] Sal. 51. 6

29 Todo el pueblo que lo escuchaba, incluso los publicanos, reconocieron la justicia de Dios, recibiendo el bautismo de Juan. 30 Pero los fariseos y los doctores de la Ley, al no hacerse bautizar por él, frustraron el designio de Dios para con ellos.

Reproche de Jesús a sus compatriotas [ 31 | 35 ]

|| Mt. 11. 16-19

31 ¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? 32 * Se parecen a esos muchachos que están sentados en la plaza y se dicen entre ellos:
«¡Les tocamos la flauta,
y ustedes no bailaron!
¡Entonamos cantos fúnebres,
y no lloraron!».
33 Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: “¡Ha perdido la cabeza!”.

34 [bj] Jn. 6. 35+ [bp] Deut. 21. 20; Prov. 31. 28

34 Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!”. 35 * Pero la Sabiduría ha sido reconocida como justa por todos sus hijos».

La pecadora perdonada [ 36 | 50 ]

36 [bj] 11. 37; 14. 1

36 Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa.

37 [bp] Os. 1. 2; 3. 1

37 * Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. 38 Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.

39 [bj] Mt. 16. 14+; Jn. 4. 18-19

39 Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: «Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!». 40 Pero Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». «Di, Maestro», respondió él. 41 * «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. 42 Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?». 43 Simón contestó: «Pienso que aquel a quien perdonó más». Jesús le dijo: «Has juzgado bien».

44 [bp] Gn. 18. 4

44 Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. 45 Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies.

46 [bp] Sal. 23. 5

46 Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies.

47 [bj] Mt. 21. 31

47 * Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor».

48 [bp] Sal. 103. 3

48 Después dijo a la mujer: «Tus pecados te son perdonados». 49 Los invitados pensaron: «¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?».

50 [bj] Mt. 8. 10+

50 Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz».
7 15

1 Rey. 17. 23

1. 1 Rey. 17. 23:

23 Elías tomó al niño, lo bajó de la habitación alta de la casa y se lo entregó a su madre. Luego dijo: “Mira, tu hijo vive”.
27

Mal. 3. 1

1. Mal. 3. 1:

1 Yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino delante de mí. Y en seguida entrará en su Templo el Señor que ustedes buscan; y el Ángel de la alianza que ustedes desean ya viene, dice el Señor de los ejércitos.
35

«Hijos de la Sabiduría» son el pueblo y los publicanos, dóciles al mensaje proclamado por Juan el Bautista y por Jesús. Mediante esa docilidad ellos reconocen que Dios realiza todos sus designios con justicia y sabiduría. Ver nota Mt. 11. 18-19

37

«Una mujer pecadora»: no hay ningún fundamento para identificar a esta mujer con María Magdalena, a la que se nombra en 8. 2; ni tampoco con María la hermana de Lázaro, que también ungió los pies de Jesús poco antes de su Pasión (Jn. 12. 1-8; Mt. 26. 6-13; Mc. 14. 3-9).

1. 8. 2:

2 y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;

2. Jn. 12. 1-8:

1 Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. 2 Allí le prepararon un cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales. 3 María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume. 4 Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: 5 «¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?». 6 Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella. 7 Jesús le respondió: «Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. 8 A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre».

3. Mt. 26. 6-13:

6 Cuando Jesús se encontraba en Betania, en casa de Simón el leproso, 7 se acercó una mujer con un frasco de alabastro, que contenía un perfume valioso, y lo derramó sobre su cabeza, mientras él estaba comiendo. 8 Al ver esto, sus discípulos, indignados, dijeron: "¿Para qué este derroche? 9 Se hubiera podido vender el perfume a buen precio para repartir el dinero entre los pobres". 10 Jesús se dio cuenta y les dijo: "¿Por qué molestan a esta mujer? Ha hecho una buena obra conmigo. 11 A los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre. 12 Al derramar este perfume sobre mi cuerpo, ella preparó mi sepultura. 13 Les aseguro que allí donde se proclame esta Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo".

4. Mc. 14. 3-9:

3 Mientras Jesús estaba en Betania, comiendo en casa de Simón el leproso, llegó una mujer con un frasco lleno de un valioso perfume de nardo puro, y rompiendo el frasco, derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús. 4 Entonces algunos de los que estaban allí se indignaron y comentaban entre sí: «¿Para qué este derroche de perfume? 5 Se hubiera podido vender por más de trescientos denarios para repartir el dinero entre los pobres». Y la criticaban. 6 Pero Jesús dijo: «Déjenla, ¿por qué la molestan? Ha hecho una buena obra conmigo. 7 A los pobres los tendrán siempre con ustedes y podrán hacerles bien cuando quieran, pero a mí no me tendrán siempre. 8 Ella hizo lo que podía; ungió mi cuerpo anticipadamente para la sepultura. 9 Les aseguro que allí donde se proclame la Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo».
47

El perdón que recibe esta mujer no es el efecto sino la causa de su amor: ella amó mucho porque se le perdonó mucho. De lo contrario, no parece tener sentido la parte final del versículo: «aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor».