Lucas 2: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

El nacimiento de Jesús [ 1 | 7 ]

|| Mt. 1. 18-25

1 * En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. 2 Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. 3 Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen.

4 [bj] 1 Sam. 16. 1-13; Jn. 7. 42

4 José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, 5 para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. 6 Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre;

7 [bj] Mt. 1. 25

7 y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.

La visita de los pastores [ 8 | 20 ]

8 En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche.

9 [bj] Mt. 1. 20+; Tob. 5. 4+; Éx. 24. 16+ [blpd] Éx. 40. 34-35; Is. 6. 3; Ez. 1. 28

9 * De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor,

10 [bj] Lc. 1. 12+; Lc. 1. 14+ [bnp] Is. 9. 1-5

10 pero el Ángel les dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo:

11 [bj] Mt. 1. 21

11 Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor.

12 [bj] Lc. 1. 18+; Is. 9. 5+

12 Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre». 13 Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:

14 [bj] Ez. 3. 12; Ez. 19. 38

14 «¡Gloria a Dios en las alturas,
y en la tierra, paz a los hombres amados por él!».
15 Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado». 16 Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre.

17 [bj] Is. 1. 3

17 Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, 18 y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
19 Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.

20 [bj] Lc. 2. 51

20 Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.

La presentación de Jesús en el Templo [ 22 | 24 ]

22 [bj] Lev. 12. 2-4

22 * Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor,

23 [bj] Éx. 13. 2; Éx. 13. 11+ [bnp] Éx. 13. 2. 12. 15

23 * como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.

24 [bj] Lev. 5. 7; Lev. 12. 8

24 * También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

El canto de Simeón [ 25 | 32 ]

25 [bj] Is. 40+; Is. 42. 1 [blpd] Hech. 3. 20 [bnp] Is. 40. 1; Is. 49. 13

25 * Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él

26 [bj] Éx. 30. 22+

26 y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.

27 [bj] Lc. 2. 20+

27 Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, 28 Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
29 «Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz,
como lo has prometido,

30 [bj] Is. 52. 10; Is. 46. 13 [bnp] Is. 40. 5; Is. 52. 10

30 porque mis ojos han visto la salvación
31 que preparaste delante de todos los pueblos:

32 [bj] Is. 42. 6; Is. 49. 6; Jn. 8. 12+

32 luz para iluminar a las naciones paganas
y gloria de tu pueblo Israel».

La profecía de Simeón [ 33 | 35 ]

33 Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.

34 [bj] Lc. 7. 23; Lc. 12. 51-53; Jer. 15. 10 [bnp] Is. 8. 14

34 Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción,

35 [bj] Jn. 3. 19; Jn. 9. 39

35 y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».

La profecía de Ana [ 36 | 38 ]

36 [bnp] 1 Crón. 7. 30-40

36 Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.

37 [bj] Jdt. 8. 4-5; 1 Tim. 5. 5

37 Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.

38 [bj] Lc. 2. 20+ [bnp] Is. 52. 9

38 Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Jesús entre los doctores de la Ley [ 41 | 52 ]

41 [bnp] Deut. 16. 1-8

41 Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua.

42 [bj] Deut. 16. 16; Éx. 12+

42 Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, 43 y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. 44 Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. 45 Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.

46 [bnp] Ecli. 9. 14s

46 Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

47 [bj] Lc. 4. 22; Jn. 7. 15. 46

47 Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. 48 Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados».

49 [blpd] Mt. 12. 46-50; Jn. 2. 4

49 * Jesús les respondió: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?». 50 Ellos no entendieron lo que les decía.

51 [bj] Lc. 2. 19

51 Él regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.

52 [bj] Lc. 1. 80+; 1 Sam. 2. 26; Prov. 3. 4

52 Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres.
2 1

«Augusto» fue emperador romano desde el año 27 a. C. hasta el 14 d. C.

9

La «gloria del Señor», en el lenguaje bíblico, es la manifestación luminosa que acompaña las apariciones divinas. Ese resplandor es el signo visible de la santidad y el poder de Dios. Ver Éx. 40. 34-35; Is. 6. 3; Ez. 1. 28.

1. Éx. 40. 34-35:

34 Entonces la nube cubrió la Carpa del Encuentro y la gloria del Señor llenó la Morada. 35 Moisés no podía entrar en la Carpa del Encuentro, porque la nube se había instalado sobre ella y la gloria del Señor llenaba la Morada.

2. Is. 6. 3:

3 Y uno gritaba hacia el otro: “¡Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos! Toda la tierra está llena de su gloria”.

3. Ez. 1. 28:

28 como el aspecto del arco que aparece en las nubes los días de lluvia, así era la claridad que lo rodeaba. Este era el aspecto, la semejanza de la gloria del Señor. Al verla, caí con el rostro en tierra y oí una voz que hablaba.
22

La purificación de la madre tenía lugar cuarenta días después del nacimiento de los hijos varones (Lev. 12. 2-5).

1. Lev. 12. 2-5:

2 Habla en estos términos a los israelitas: Cuando una mujer quede embarazada y dé a luz un varón, será impura durante siete días, como lo es en el tiempo de su menstruación. 3 Al octavo día será circuncidado el prepucio del niño, 4 pero ella deberá continuar purificándose de su sangre durante treinta y tres días más. No tocará ningún objeto consagrado ni irá al Santuario, antes de concluir el tiempo de su purificación.

5 Pero si da a luz una niña, será impura durante dos semanas, como lo es durante su menstruación, y deberá continuar purificándose de su sangre durante sesenta y seis días más.
23

Éx. 13. 2.

1. Éx. 13. 2:

2 Conságrame a todos los primogénitos. Porque las primicias del seno materno entre los israelitas, sean hombres o animales, me pertenecen.
24

Lev. 5. 7; 12. 8. Esta era la ofrenda de los pobres.

1. Lev. 5. 7:

7 Pero si no dispone de medios suficientes para procurarse una oveja, presentará al Señor, en reparación por el pecado cometido, dos torcazas o dos pichones de paloma, uno para un sacrificio por el pecado y otro para un holocausto.

2. 12. 8:

8 Y si no dispone de recursos suficientes para adquirir un cordero, tomará dos torcazas o dos pichones, uno para el holocausto y otro para el sacrificio por el pecado. El sacerdote realizará el rito de expiación en favor de ella, y así quedará purificada.
25

«Consuelo de Israel»: así se designaba al Mesías en la literatura rabínica. Ver Hech. 3. 20.

1. Hech. 3. 20:

20 Así el Señor les concederá el tiempo del consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado para ustedes.
49

Jesús reivindica –como lo hará en su vida pública– su plena independencia con respecto a todo vínculo humano cuando está de por medio la voluntad de su Padre y la misión que él le ha encomendado. Ver Mt. 12. 46-50; Jn. 2. 4.

1. Mt. 12. 46-50:

46 Todavía estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con él. 47 Alguien le dijo: “Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte”. 48 Jesús le respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”. 49 Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: “Estos son mi madre y mis hermanos. 50 Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

2. Jn. 2. 4:

4 Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía».