Lucas 1: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

Prólogo [ 1 | 4 ]

1 Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros,

2 [bj] Jn. 15. 27; Lc. 1. 3; Hech. 1. 8+; Ef. 3. 7

2 tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra. 3 * Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado,

4 [bj] Hech. 1. 1

4 a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido.

EL EVANGELIO DE LA INFANCIA DE JESÚS

El núcleo central de los Evangelios es el anuncio de la Muerte y la Resurrección de Jesús, lo que llamamos el «Misterio pascual». Pero Lucas quiere presentar el misterio de Cristo en su plenitud, y por eso –lo mismo que Mateo– se remonta hasta el nacimiento y la infancia del Señor, que también son «Evangelio», o sea, Buena Noticia.

Este relato está lleno de expresiones e imágenes tomadas del Antiguo Testamento, y contiene numerosas alusiones a las profecías mesiánicas, que se cumplen en la persona del Señor. Así este evangelista nos enseña que, si bien Jesús nace de María, su origen no es meramente humano. Él viene del Espíritu Santo para darnos la Salvación. Y el gozo de esa Salvación se proclama en los himnos de alabanza de la Virgen María, de Zacarías y del anciano Simeón.

Por otra parte, san Lucas establece un paralelismo entre la infancia de Jesús y la de Juan, llamado el Bautista. Esto no significa que los dos se puedan igualar. Juan es solamente el «precursor» que va «delante del Señor preparando sus caminos». Jesús, en cambio, es el «Sol naciente», que viene «para iluminar a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte, y guiar nuestros pasos por el camino de la paz» (1. 76, 78-79).

El anuncio del nacimiento de Juan el Bautista [ 5 | 25 ]

5 [bj] 1. Crón. 24. 10

5 * En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de Abías. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aarón. 6 Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor.

7 [bj] Gn. 18. 11; Jue. 13. 2-5; 1 Sam. 1. 5-6

7 Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad avanzada.
8 Un día en que su clase estaba de turno y Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios, 9 * le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. 10 Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras se ofrecía el incienso.

11 [bj] Mt. 1. 20+

11 Entonces se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. 12 Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo. 13 Pero el Ángel le dijo: «No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan. 14 Él será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento,

15 [bj] Núm. 6. 2-3

15 * porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni bebida alcohólica; estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre,

16 [bj] Lc. 1. 41; Jer. 1. 5

16 y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor, su Dios.

17 [bj] Mt. 17. 10-13+; Ml. 3. 23-24; Ecli. 48. 10-11

17 * Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto».

18 [bj] Gn. 15. 8

18 * Pero Zacarías dijo al Ángel: «¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada».

19 [bj] Dn. 8. 16;; 9. 21; Tob. 12. 15; Mc. 1. 1+

19 El Ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia.

20 [bj] Mt. 8. 10+

20 Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo». 21 Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacarías, extrañado de que permaneciera tanto tiempo en el Santuario. 22 Cuando salió, no podía hablarles, y todos comprendieron que había tenido alguna visión en el Santuario. Él se expresaba por señas, porque se había quedado mudo.
23 Al cumplirse el tiempo de su servicio en el Templo, regresó a su casa. 24 Poco después, su esposa Isabel concibió un hijo y permaneció oculta durante cinco meses. 25 * Ella pensaba: «Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres».

El anuncio del nacimiento de Jesús [ 26 | 38 ]

26 En el sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,

27 [bj] Mt. 1. 18

27 a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

28 [bj] Sof. 3. 14-15; Zac. 2. 14; Rut. 2. 4

28 El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo». 29 Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. 30 Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido.

31 [bj] Is. 7. 14+; Mt. 1. 21+

31 Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús;

32 [bj] 2 Sam. 7. 1+; Is. 9. 6; Mt. 9. 27+; Dn. 7. 14

32 * él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, 33 reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin». 34 * María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?».

35 [bj] Mt. 1. 20

35 * El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.

36 [bj] Mc. 1. 24+; Hech. 3. 14+; Mt. 4. 3+

36 También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes,

37 [bj] Gn. 18. 14; Jer. 32. 27

37 * porque no hay nada imposible para Dios». 38 María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho». Y el Ángel se alejó.

La visita de María a Isabel [ 39 | 45 ]

39 En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. 40 Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,

42 [bj] Lc. 1. 15; Jue. 5. 24; Jdt. 13. 18

42 exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! 43 ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? 44 Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.

45 [bj] Jn. 20. 29

45 Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».

El canto de la Virgen María [ 46 | 56 ]

46 [bj] 1 Sam. 2. 1-10; Is. 29. 19

46 * María dijo entonces:
«Mi alma canta la grandeza del Señor,

47 [bj] 1 Sam. 2. 1; Is. 61. 10; Hab. 3. 18

47 * y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,

48 [bj] 1 Sam. 1. 11; 11. 27; Gn. 30. 13

48 * porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz,

49 [bj] Sal. 111. 9

49 * porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!

50 [bj] Sal. 103. 17

50 * Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que lo temen.

51 [bj] Sal. 89. 11

51 Desplegó la fuerza de su brazo,
dispersó a los soberbios de corazón.

52 [bc] Ecli. 10. 14; Jb. 12. 19; 5. 11 [bj] Jb. 12. 19; 5. 11

52 * Derribó a los poderosos de su trono
y elevó a los humildes.

53 [bj] Sal. 107. 9

53 * Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.

54 [bj] Is. 41. 8-9; Sal. 98. 3

54 * Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,

55 [bj] Gn. 12. 3; Gn. 13. 15;; Gn. 22. 18

55 como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham
y de su descendencia para siempre».
56 María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

El nacimiento de Juan el Bautista [ 57 | 58 ]

57 Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo.

58 [bj] Lc. 1. 14+

58 Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.

La circuncisión de Juan el Bautista [ 59 | 66 ]

59 [bj] Gn. 17. 10+; Lev. 12. 3

59 * A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; 60 pero la madre dijo: «No, debe llamarse Juan». 61 Ellos le decían: «No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre». 62 * Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran.

63 [bj] Lc. 1. 13

63 Este pidió una pizarra y escribió: «Su nombre es Juan». Todos quedaron admirados.

64 [bj] Lc. 2. 20+

64 Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.

65 [bj] Lc. 1. 12+

65 Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea.

66 [bj] Lc. 1. 80+

66 Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: «¿Qué llegará a ser este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él.

El canto de Zacarías [ 67 | 80 ]

67 * Entonces Zacarías, su padre, quedó lleno del Espíritu Santo y dijo proféticamente:

68 [bj] Sal. 41. 14; Sal. 72. 18; Sal. 106. 48; Sal. 111. 9

68 * «Bendito sea el Señor, el Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su Pueblo,
69 y nos ha dado un poderoso Salvador
en la casa de David, su servidor,
70 como lo había anunciado mucho tiempo antes
por boca de sus santos profetas,
71 para salvarnos de nuestros enemigos
y de las manos de todos los que nos odian.
72 * Así tuvo misericordia de nuestros padres
y se acordó de su santa Alianza,

73 [bj] Lev. 26. 42; Sal. 105. 8-9;; Sal. 106. 45; Jer. 11. 5; Miq. 7. 20; Gn. 22. 16-18

73 del juramento que hizo a nuestro padre Abraham
74 de concedernos que, libres de temor,
arrancados de las manos de nuestros enemigos,
75 lo sirvamos en santidad y justicia bajo su mirada,
durante toda nuestra vida.

76 [bj] Mt. 16. 14+; Lc. 1. 16-17; Mal. 3. 1; Is. 40. 3

76 Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
preparando sus caminos,
77 para hacer conocer a su Pueblo la salvación
mediante el perdón de los pecados;

78 [bj] Mal. 3. 20+; Zac. 3. 8

78 gracias a la misericordiosa ternura de nuestro Dios,
que nos traerá del cielo la visita del Sol naciente,

79 [bj] Is. 9. 1; Is. 42. 7; Jn. 8. 12+; Jer. 6. 14+; Is. 11. 6+

79 * para iluminar a los que están en las tinieblas
y en la sombra de la muerte,
y guiar nuestros pasos
por el camino de la paz».

80 [bj] Lc. 3. 1-18

80 El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel
1 3

«Teófilo», que significa «amigo de Dios», era probablemente un hombre de elevada posición social. A él está dirigido también el libro de los Hechos de los Apóstoles. Ver Hech. 1. 1.

1. Hech. 1. 1:

1 En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo,
5

«La clase sacerdotal de Abías» era la octava de las veinticuatro clases que se turnaban semanalmente en el servicio del Templo (1 Crón. 24. 10. 19).

1. 1 Crón. 24. 10. 19:

10 la séptima sobre Hacós; la octava sobre Abías;

19 Esta fue su distribución por turnos para entrar en la Casa del Señor, conforme al reglamento establecido por Aarón, su padre, como lo había ordenado el Señor, el Dios de Israel.
9

Este rito tenía lugar a diario por la mañana y por la tarde. Consistía en la renovación de las brasas y los perfumes que estaban sobre el altar del incienso, delante del Santo de los santos (Éx. 30. 6-8).

1. Éx. 30. 6-8:

6 Después pondrás el altar delante del velo que oculta el Arca del Testimonio, frente a la tapa que está sobre el arca, allí donde yo me encontraré contigo. 7 Todas las mañanas, al preparar las lámparas, Aarón deberá quemar en él incienso aromático; 8 y a la hora del crepúsculo, cuando vuelva a arreglar las lámparas, lo hará nuevamente. Y ustedes presentarán constantemente delante del Señor esta ofrenda de incienso aromático, a través de las generaciones.
15

El hecho de no beber bebidas alcohólicas evoca la idea del «nazireato» (Núm. 6. 1-8), que consistía en una consagración personal a Dios, mediante cierta separación del mundo, acompañada de una vida de abstinencia, pureza legal y austeridad.

1. Núm. 6. 1-8:

1 El Señor dijo a Moisés: 2 Habla en estos términos a los israelitas: Si alguien, sea hombre o mujer, hace un voto especial –el voto de nazireo– con el fin de consagrarse al Señor, 3 deberá abstenerse del vino y de cualquier otra bebida embriagante. Tampoco beberá vinagre de vino o de bebida embriagante, ni beberá jugo de uvas, ni comerá uvas maduras o secas. 4 Durante todo el tiempo de su nazireato, no comerá ningún producto de la cepa de la vid, ni siquiera las semillas o la cáscara.

5 Mientras esté consagrado por el voto, ninguna navaja tocará su cabeza. Hasta que se cumpla el plazo de su voto al Señor, estará consagrado y se dejará crecer el cabello. 6 Durante todo el tiempo de su consagración al Señor, no se acercará a ningún muerto. 7 Aunque mueran su padre, su madre, su hermano o su hermana, no incurrirá en impureza a causa de ellos, porque él lleva sobre su cabeza la consagración de su Dios. 8 Durante todo el tiempo de su nazireato, es un consagrado al Señor.
17

Mal. 3. 23-24; Ecli. 48. 10-11. Ver nota Mt. 11. 14.

1. Mal. 3. 23-24:

23 Yo les voy a enviar a Elías, el profeta, antes que llegue el Día del Señor, grande y terrible.

24 Él hará volver el corazón de los padres hacia sus hijos y el corazón de los hijos hacia sus padres, para que yo no venga a castigar el país con el exterminio total.

2. Ecli. 48. 10-11:

10 De ti está escrito que en los castigos futuros aplacarás la ira antes que estalle, para hacer volver el corazón de los padres hacia los hijos y restablecer las tribus de Jacob.

11 ¡Felices los que te verán y los que se durmieron en el amor, porque también nosotros poseeremos la vida!
25

«Lo que me avergonzaba»: se refiere a la esterilidad, que en Israel era un deshonor (Gn. 30. 23; 1 Sam. 1. 5-8) y una especie de castigo (2 Sam. 6. 16. 20-23).

1. Gn. 30. 23:

23 Ella concibió y dio a luz un hijo. Entonces exclamó: “Dios ha borrado mi afrenta”.

2. 1 Sam. 1. 5-8:

5 Pero a Ana le daba una porción especial, porque la amaba, aunque el Señor la había hecho estéril. 6 Su rival la afligía constantemente para humillarla, porque el Señor la había hecho estéril. 7 Así sucedía año tras año: cada vez que ella subía a la Casa del Señor, la otra la afligía de la misma manera. Entonces Ana se ponía a llorar y no quería comer. 8 Pero Elcaná, su marido, le dijo: "Ana, ¿por qué lloras y no quieres comer? ¿Por qué estás triste? ¿No valgo yo para ti más que diez hijos?".

3. 2 Sam. 6. 1620-23 :

32

«El Señor Dios le dará el trono de David, su padre»: Dios había prometido a David una dinastía y un trono eternos ( . 2 Sam. 7. 16). Jesús es el Mesías, el «Hijo de David», que viene a dar cumplimiento a esa promesa divina. Ver nota Mt. 1. 1.

1. 2 Sam. 7. 16:

16 Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre".
34

De la pregunta de María se concluye con certeza que ella, de hecho, no tenía relaciones conyugales. Más aún, el texto parece sugerir la determinación de no tenerlas.

35

«Descender sobre» y «cubrir con su sombra» son dos expresiones que evocan la nube que cubría al Pueblo judío en el desierto, después que salió de Egipto, y que simbolizaba la presencia y el poder de Dios (Éx. 13. 21-22). El Espíritu Santo «cubre con su sombra» a María en el momento de la encarnación, convirtiéndola en la Morada de la presencia divina (Éx. 40. 34-38).

1. Éx. 13. 21-22:

21 El Señor iba al frente de ellos, de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino; y de noche en una columna de fuego, para iluminarlos, de manera que pudieran avanzar de día y de noche. 22 La columna de nube no se apartaba del pueblo durante el día, ni la columna de fuego durante la noche.

2. Éx. 40. 34-38:

34 Entonces la nube cubrió la Carpa del Encuentro y la gloria del Señor llenó la Morada. 35 Moisés no podía entrar en la Carpa del Encuentro, porque la nube se había instalado sobre ella y la gloria del Señor llenaba la Morada.

36 En todas las etapas del camino, cuando la nube se alzaba, alejándose de la Morada, los israelitas levantaban el campamento. 37 Pero si la nube no se alzaba, ellos no se movían, hasta que la nube volvía a hacerlo. 38 Porque durante el día, la nube del Señor estaba sobre la Morada, y durante la noche, un fuego brillaba en ella, a la vista de todo el pueblo de Israel. Esto sucedía en todas las etapas del camino.
37

Gn. 18. 14.

1. Gn. 18. 14:

14 ¿Acaso hay algo imposible para el Señor? Cuando yo vuelva a verte para esta época, en el año entrante, Sara habrá tenido un hijo”.
46

Este canto de la Virgen está inspirado en el canto de Ana, la madre del profeta Samuel (1 Sam. 2. 1-10), y celebra la misericordia de Dios hacia los pobres y los humildes, así como también su poder y su fidelidad a las promesas hechas a los Patriarcas.

1. 1 Sam. 2. 1-10:

1 Entonces Ana oró, diciendo: "Mi corazón se regocija en el Señor, tengo la frente erguida gracias a mi Dios. Mi boca se ríe de mis enemigos, porque tu salvación me ha llenado de alegría.

2 No hay Santo como el Señor, porque no hay nadie fuera de ti, y no hay Roca como nuestro Dios.

3 No hablen con tanta arrogancia, que la insolencia no les brote de la boca, porque el Señor es el Dios que lo sabe todo, y es él quien valora las acciones.

4 El arco de los valientes se ha quebrado, y los vacilantes se ciñen de vigor; 5 los satisfechos se contratan por un pedazo de pan, y los hambrientos dejan de fatigarse; la mujer estéril da a luz siete veces, y la madre de muchos hijos se marchita.

6 El Señor da la muerte y la vida, hunde en el Abismo y levanta de él.

7 El Señor da la pobreza y la riqueza, humilla y también enaltece.

8 Él levanta del polvo al desvalido y alza al pobre de la miseria, para hacerlos sentar con los príncipes y darles en herencia un trono de gloria; porque del Señor son las columnas de la tierra y sobre ellas afianzó el mundo.

9 Él protege los pasos de sus fieles, pero los malvados desaparecerán en las tinieblas, porque el hombre no triunfa por su fuerza.

10 Los rivales del Señor quedan aterrados, el Altísimo truena desde el cielo. El Señor juzga los confines de la tierra; él fortalece a su rey y exalta la frente de su Ungido".
47

1 Sam. 2. 1; Hab. 3. 18.

1. 1 Sam. 2. 1:

1 Entonces Ana oró, diciendo: "Mi corazón se regocija en el Señor, tengo la frente erguida gracias a mi Dios. Mi boca se ríe de mis enemigos, porque tu salvación me ha llenado de alegría.

2. Hab. 3. 18:

18 Pero yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en Dios, mi Salvador.
48

1 Sam. 1. 11.

1. 1 Sam. 1. 11:

11 Luego hizo este voto: "Señor de los ejércitos, si miras la miseria de tu servidora y te acuerdas de mí, si no te olvidas de tu servidora y le das un hijo varón, yo lo entregaré al Señor para toda su vida, y la navaja no pasará por su cabeza".
49

Sal. 111. 9.

1. Sal. 111. 9:

Pe 9 Él envió la redención a su pueblo, Sade promulgó su alianza para siempre: Cof su Nombre es santo y temible.
50

Sal. 103. 17-18.

1. Sal. 103. 17-18:

17 Pero el amor del Señor permanece para siempre, y su justicia llega hasta los hijos y los nietos 18 de los que lo temen y observan su alianza, de los que recuerdan sus preceptos y los cumplen.
52

Jb. 12. 19; 5. 11.

1. Jb. 12. 19:

19 Hace andar descalzos a los sacerdotes y derriba a los que están firmemente establecidos.

2. 5. 11:

11 Pone a los humildes en las alturas y los afligidos alcanzan la salvación.
54

Is. 41. 8-9; Sal. 98. 3.

1. Is. 41. 8-9:

8 Pero tú, Israel, mi servidor, Jacob, a quien yo elegí, descendencia de Abraham, mi amigo;

9 tú, a quien tomé de los confines de la tierra y llamé de las regiones más remotas, yo te dije: “Tú eres mi servidor, yo te elegí y no te rechacé”.

2. Sal. 98. 3:

3 se acordó de su amor y su fidelidad en favor del pueblo de Israel. Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios.
59

Por el rito de la circuncisión, que se realizaba a los ocho días del nacimiento, el recién nacido entraba a participar de la Alianza entre Dios y su Pueblo. Ver Gn. 17. 9-27; Lev. 12. 3.

1. Gn. 17. 9-27:

9 Después, Dios dijo a Abraham: «Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú, y también tus descendientes, a lo largo de las generaciones. 10 Y esta es mi alianza con ustedes, a la que permanecerán fieles tú y tus descendientes; todos los varones deberán ser circuncidados. 11 Circuncidarán la carne de su prepucio, y ese será el signo de mi alianza con ustedes. 12 Al cumplir ocho días, serán circuncidados todos los varones de cada generación, tanto los nacidos en la casa como los que hayan sido comprados a un extranjero, a alguien que no es de tu sangre. 13 Sí, tanto los nacidos en tu casa como los que hayan sido comprados, serán circuncidados. Así ustedes llevarán grabada en su carne la señal de mi alianza eterna. 14 Y el incircunciso, aquel a quien no se haya cortado la carne de su prepucio, será excluido de su familia, porque ha quebrantado mi alianza».

15 También dijo Dios a Abraham: «A Sarai, tu esposa, no la llamarás más Sarai, sino que su nombre será Sara. 16 Yo la bendeciré y te daré un hijo nacido de ella, al que también bendeciré. De ella suscitaré naciones, y de ella nacerán reyes de pueblos». 17 Abraham cayó con el rostro en tierra, y se sonrió, pensando: «¿Se puede tener un hijo a los cien años? Y Sara, a los noventa, ¿podrá dar a luz?». 18 Entonces Abraham dijo a Dios: «Basta con que Ismael viva feliz bajo tu protección». 19 Pero Dios le respondió: «No, tu esposa Sara te dará un hijo, a quien pondrás el nombre de Isaac. Yo estableceré mi alianza con él y con su descendencia como una alianza eterna. 20 Sin embargo, también te escucharé en lo que respecta a Ismael: lo bendeciré, lo haré fecundo y le daré una descendencia muy numerosa; será padre de doce príncipes y haré de él una gran nación. 21 Pero mi alianza la estableceré con Isaac, el hijo que Sara te dará el año próximo, para esta misma época». 22 Y cuando terminó de hablar, Dios se alejó de Abraham.

23 Entonces Abraham tomó a su hijo Ismael y a todos los demás varones que estaban a su servicio - tanto los que habían nacido en su casa como los que había comprado - y aquel mismo día les circuncidó la carne del prepucio, conforme a la orden que Dios le había dado. 24 Cuando fueron circuncidados, Abraham tenía noventa y nueve años, 25 y su hijo Ismael, trece. 26 Abraham e Ismael fueron circuncidados el mismo día; 27 y todos los varones de su servidumbre, los nacidos en su casa y los comprados a extranjeros, fueron circuncidados junto con él.

2. Lev. 12. 3:

3 Al octavo día será circuncidado el prepucio del niño,
62

«Preguntaron por señas»: esto da a entender que Zacarías, además de mudo, también había quedado sordo.

67

Este canto contiene un himno de acción de gracias (vs. 68-75) y una visión profética de la Nueva Alianza (vs. 76-79).

68

Sal. 41. 14; 72. 18; 106. 48; 111. 9.

1. Sal. 41. 14:

14 ¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, desde siempre y para siempre! ¡Amén! ¡Amén!

2. 72. 18:

18 Bendito sea el Señor, Dios de Israel, el único que hace maravillas.

3. 106. 48:

48 ¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, desde ahora y para siempre! Y todo el pueblo diga: ¡Amén! ¡Aleluya!

4. 111. 9:

Pe 9 Él envió la redención a su pueblo, Sade promulgó su alianza para siempre: Cof su Nombre es santo y temible.
72

Lev. 26. 42; Sal. 106. 45.

1. Lev. 26. 42:

42 Yo me acordaré de mi alianza con Jacob, con Isaac y con Abraham, y me acordaré de la tierra.

2. Sal. 106. 45:

45 Se acordó de su alianza en favor de ellos y se arrepintió por su gran misericordia;
79

Is. 9. 1; 42. 7. Ver Jn. 8. 12.

1. Is. 9. 1:

1 El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz.

2. 42. 7:

7 para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas.

3. Jn. 8. 12:

12 Jesús les dirigió una vez más la palabra, diciendo: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida».