Mateo 6: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

La limosna [ 1 | 4 ]

1 [bj] Mt. 5. 20; Mt. 23. 5; Lc. 16. 14-15; Jn. 5. 44; 12. 43; Am. 4. 5; Mt. 15. 7-8; Mt. 22. 18; Mt. 23. 13-15; Is. 33. 13

1 “Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. 2 Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. 3 Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha,

4 [bj] Sal. 139. 2-7

4 para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.”

La oración [ 5 | 8 ]

5 [bj] Sant. 4. 3 [blpd] Mt. 23. 5-7; Mc. 12. 38-40

5 * “Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

6 [bj] Is. 26. 20; 2 Rey. 4. 33; Dn. 6. 11; Mal. 1. 10

6 * Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

7 [bj] Ecl. 5. 1; Ecli. 7. 14; Is. 1. 15 [bp] Sant. 1. 26

7 Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados.

8 [bp] Is. 65. 24

8 No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.”

El Padrenuestro [ 9 | 15 ]

|| Lc. 11. 1-4; Mc. 11. 25

9 [bj] ||Lc. 11. 2-4; Ez. 36. 23; Jn. 17. 6. 26 [blpd] Lev. 22. 32; Is. 29. 23; Ez. 36. 20-23 [bp] Sal. 89. 27; Ecli. 51. 10; Sal. 98. 8-10; Ecli. 28. 1-7

9 “Ustedes oren de esta manera:
‘Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,

10 [bj] Mt. 26. 39. 42; Dn. 4. 32

10 que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.

11 [bj] Prov. 30. 4-9; Jn. 6. 32. 35; Mt. 18. 21-35; Ef. 4. 32 [bp] Sal. 136. 25

11 Danos hoy nuestro pan de cada día.

12 [bp] Ecli. 28. 1-7

12 Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.

13 [bj] Mt. 26. 41p; Jn. 17. 11. 15; 1 Jn. 2. 14+; 2 Tes. 3. 3

13 No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.’

14 [bj] ||Mc. 11. 25; Ecli. 28. 1-5; Mt. 5. 7

14 Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.

15 [bj] Ef. 4. 32; Col. 3. 13; Sant. 2. 13

15 Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.”

El ayuno [ 16 | 18 ]

16 [bp] Is. 58. 5 [bj] 2 Sam. 12. 15-23; 2 Sam. 23. 5

16 * “Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.

17 [bj] Jdt. 10. 3

17 Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,

18 [bj] Is. 58. 3

18 para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.”

El verdadero tesoro [ 19 | 21 ]

|| Lc. 12. 33-34

19 [bj] ||Lc. 12. 33-34; Jb. 22. 24-26; Sant. 5. 2-3 [bj] Ecli. 29. 10; Ecli. 19. 21

19 “No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. 20 Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben.

21 [bp] Jb. 31. 24-28s; Ecli. 13. 3-10; Ecli. 31. 13

21 Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón.”

Dios y las riquezas [ 24 | 24 ]

|| Lc. 16. 13

24 [bj] ||Lc. 16. 13; Mt. 5. 3-4 [bj]

24 * “Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.

La confianza en la Providencia [ 25 | 34 ]

|| Lc. 12. 22-31

25 [bj] ||Lc. 12. 22-31; Mt. 6. 25; Sal. 127

25 “Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?

26 [bj] Mt. 10. 31 [bp] Sal. 36. 7; Sal. 104. 27s

26 Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? 27 ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?

28 [bj] Sal. 103. 15

28 ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer.

29 [bj] 1 Rey. 10. 1-29; 2 Crón. 9 13s

29 Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos.

30 [bj] Sal. 90. 5s

30 Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! 31 No se inquieten entonces, diciendo: “¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?”.

32 [bj] Is. 51. 1

32 Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan.

33 [bj] Rom. 14. 17; Sal. 37. 4-25; Sab. 7. 11; Sant. 4. 13-14

33 Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura.

34 [bj] Éx. 16. 19

34 No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.”
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A determinadas horas, los judíos debían hacer sus plegarias en el sitio donde se encontraban. Esto era motivo para fomentar la vanidad de los fariseos, que trataban de estar en esos momentos en los lugares más frecuentados. Ver 23. 5-7; Mc. 12. 38-40

1. 23. 5-7:

5 Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; 6 les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, 7 ser saludados en las plazas y oírse llamar 'mi maestro' por la gente.

2. Mc. 12. 38-40:

38 Y él les enseñaba: «Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas 39 y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; 40 que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad».
9

Muchas de las expresiones del Padrenuestro se encuentran en fórmulas de piedad judía profundamente enraizadas en el Antiguo Testamento.

La expresión «santificar el nombre de Dios» equivale a la manifestación y al reconocimiento de la gloria y la santidad de Dios. Ver Lev. 22. 32; Is. 29. 23; Ez. 36. 20-23

1. Lev. 22. 32:

32 No profanen mi santo Nombre, para que yo sea santificado en medio de los israelitas. Yo soy el Señor, que los santifico,

2. Is. 29. 23:

23 Porque, al ver lo que hago en medio de él, proclamarán que mi Nombre es santo, proclamarán santo al Santo de Jacob y temerán al Dios de Israel.

3. Ez. 36. 20-23:

20 Y al llegar a las naciones adonde habían ido, profanaron mi santo Nombre, haciendo que se dijera de ellos: “Son el pueblo del Señor, pero han tenido que salir de su país”. 21 Entonces yo tuve compasión de mi santo Nombre, que el pueblo de Israel profanaba entre las naciones adonde había ido.

22 Por eso, di al pueblo de Israel: Así habla el Señor: Yo no obro por consideración a ustedes, casa de Israel, sino por el honor de mi santo Nombre, que ustedes han profanado entre las naciones adonde han ido. 23 Yo santificaré mi gran Nombre, profanado entre las naciones, profanado por ustedes. Y las naciones sabrán que yo soy el Señor –oráculo del Señor– cuando manifieste mi santidad a la vista de ellas, por medio de ustedes.
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«De cada día»: también puede traducirse «necesario para la subsistencia», o bien, «de mañana».

16

No se trata aquí de ayunos obligatorios sino voluntarios. Los que hacían esos ayunos procuraban que la gente se diera cuenta de ello.

22

El «ojo sano» es, en este contexto, una imagen de la claridad de visión con que hay que buscar el verdadero tesoro.

24

El «Dinero» es presentado aquí como un poder personificado que domina al mundo.