Deuteronomio 4: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

Exhortación de Moisés: la Ley del Señor, sabiduría de Israel [ 1 | 8 ]

1 [bj] Deut. 5. 1; Deut. 6. 1; Deut. 8. 1; Deut. 11. 8-9; Lev. 18. 5

1 Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que yo les enseño para que las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, el Dios de sus padres.

2 [bj] Apoc. 22. 18-19 [bti] Deut. 12. 32; Prov. 30. 6

2 No añadan ni quiten nada de lo que yo les ordeno. Observen los mandamientos del Señor, su Dios, tal como yo se los prescribo.

3 [bj] Núm. 25. 1-18

3 * Ya han visto con sus propios ojos lo que hizo el Señor en Baal Peor: él aniquiló a todos los que siguieron al Baal de Peor. 4 Ustedes, en cambio, los que permanecieron fieles al Señor, su Dios, viven todavía. 5 Tengan bien presente que ha sido el Señor, mi Dios, el que me ordenó enseñarles los preceptos y las leyes que ustedes deberán cumplir en la tierra de la que van a tomar posesión.

6 [bj] Jb. 28. 28; Sal. 19. 8; Ecli. 1. 14-16; Prov. 1. 7; Prov. 9. 10

6 Obsérvenlos y pónganlos en práctica, porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos, que al oír todas estas leyes, dirán: “¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!”.

7 [bj] Deut. 4. 32-34; Jer. 29. 13-14; Sal. 145. 18; Sal. 147. 19s; Sal. 148. 14 [bp] Is. 55. 6

7 ¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros siempre que lo invocamos? 8 ¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes?

La revelación de Dios en el monte Horeb [ 9 | 14 ]

9 [bj] Deut. 32. 7; Sal. 44. 2; Sal. 78. 3-4; Jl. 1. 3 [bnp] Deut. 8. 11; Sal. 78

9 Pero presta atención y ten cuidado, para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos, ni dejar que se aparten de tu corazón un sólo instante. Enséñalas a tus hijos y a tus nietos.

10 [bj] Éx. 19. 16-20

10 El día en que estabas delante del Señor, tu Dios, en el Horeb, él me dijo: “Reúneme al pueblo y yo les haré oír mis palabras, para que aprendan a temerme mientras vivan sobre la tierra, y enseñen a sus hijos a hacer otro tanto”.

11 [bj] Éx. 19. 18 [blpd] Éx. 19. 16-18; Heb. 12. 18-19

11 * Ustedes se acercaron y permanecieron al pie de la montaña, mientras la montaña ardía envuelta en un fuego que se elevaba hasta lo más alto del cielo, entre negros nubarrones y una densa oscuridad.

12 [bj] Éx. 20. 1+ [bp] Heb. 12. 18

12 El Señor les habló desde el fuego, y ustedes escuchaban el sonido de sus palabras, pero no percibían ninguna figura: sólo se oía la voz.

13 [bti] Deut. 9. 10; Éx. 31. 18; Éx. 34. 28

13 Así les reveló su alianza y les mandó que la cumplieran: las diez Palabras que él mismo escribió en dos tablas de piedra. 14 En aquella oportunidad, él me ordenó que les diera preceptos y leyes para que ustedes los pusieran en práctica en la tierra de la que van a tomar posesión.

Advertencia contra la idolatría [ 15 | 24 ]

15 [bti] Deut. 27. 15; Éx. 20. 4; Lev. 26. 1; Rom. 1. 23

15 Tengan cuidado de ustedes mismos. Cuando el Señor les habló desde el fuego, en el Horeb, ustedes no vieron ninguna figura.

16 [bj] Deut. 5. 8; Éx. 20. 4-5 [bnp] Sab. 13; Sab. 14; Sab. 15

16 No vayan a pervertirse, entonces, haciéndose ídolos de cualquier clase, que tengan figura de hombre o de mujer, 17 de animales que viven en la tierra o de aves que vuelan por el espacio,

18 [bj] Rom. 1. 23

18 de reptiles que se arrastran por el suelo, o de peces que viven en las aguas, debajo de la tierra.

19 [bj] Deut. 17. 3; Sab. 13. 2 [bp] Sab. 13. 1-9

19 * Y cuando levantes los ojos hacia el cielo y veas el sol, la luna, las estrellas y todo el Ejército de los cielos, no te dejes seducir ni te postres para rendirles culto. Porque ellos son la parte que el Señor, tu Dios, ha dado a todos los pueblos que están bajo el cielo.

20 [bj] Jer. 11. 4; 1 Rey. 8. 51; 1 Rey. 7. 6+ [bti] Deut. 7. 6; Deut. 14. 2; Deut. 26. 18; Éx. 19. 5; Tit. 2. 14; 1 Ped. 2. 9

20 A ustedes, en cambio, los tomó y los hizo salir de Egipto –ese horno donde se funde el hierro– para que fueran el pueblo de su herencia, como lo son en el día de hoy.

21 [bj] Núm. 20. 12 [bp] Núm. 27. 12-21

21 Pero por culpa de ustedes, el Señor se indignó contra mí y juró que yo no pasaría el Jordán ni entraría en la hermosa tierra que él te da como herencia. 22 Sí, yo moriré en este país antes de pasar el Jordán, pero ustedes lo van a cruzar y van a tomar posesión de esa hermosa tierra. 23 Tengan cuidado, entonces, de no olvidar la alianza que el Señor, su Dios, ha establecido con ustedes, y no se fabriquen ningún ídolo que tenga la figura de todo aquello que el Señor les prohíbe.

24 [bj] Éx. 20. 5; Éx. 13. 22; Is. 33. 14; Sof. 1. 18; Heb. 12. 29

24 * Porque el Señor, tu Dios, es un fuego devorador, un Dios celoso.

Perspectivas de castigo y conversión del pueblo [ 25 | 31 ]

25 Y si después de haber tenido hijos y nietos y de haber vivido largo tiempo en el país, ustedes se pervierten y se hacen ídolos de cualquier clase, si cometen lo que es malo a los ojos del Señor, su Dios, y provocan su indignación,

26 [bj] Is. 1. 2; Jos. 23. 16; Lev. 26. 14-19 [bp] Deut. 32. 1

26 yo les juro hoy, poniendo por testigos contra ustedes al cielo y a la tierra, que desaparecerán muy pronto del país que van a poseer cuando crucen el Jordán. No vivirán allí mucho tiempo, porque serán exterminados por completo:

27 [bj] 2 Rey. 17. 6; 2 Rey. 25. 8

27 el Señor los dispersará entre los pueblos y no quedarán más que unos pocos, diseminados en medio de las naciones adonde él los conduzca.

28 [bj] Is. 4. 3; Sal. 105. 12-13 [bp] Sal. 105. 4-8

28 Allí ustedes servirán a dioses hechos por la mano del hombre, dioses de madera y de piedra, que no ven ni oyen, no comen ni sienten.

29 [bj] Deut. 30. 1-5; Os. 5. 15; Is. 55. 6; Jer. 29. 13; 2 Crón. 15. 2. 4. 7. 15; Sal. 27. 8; Sal. 105. 3; Mt. 7. 7-8; Éx. 34. 6-7

29 Entonces buscarás al Señor, tu Dios, y lo encontrarás, si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma. 30 Y cuando estés angustiado, porque te habrán sucedido todas estas cosas –al cabo de los años– volverás al Señor, tu Dios, y lo escucharás.

31 [bnp] Éx. 34. 6

31 Porque el Señor, tu Dios, es un Dios misericordioso, que no te abandonará, ni te destruirá, ni se olvidará de la alianza que estableció con tus padres mediante un juramento.

La predilección de Dios por su Pueblo [ 32 | 40 ]

32 [bnp] Gn. 1. 26

32 Pregúntale al tiempo pasado, a los días que te han precedido desde que el Señor creó al hombre sobre la tierra, si de un extremo al otro del cielo sucedió alguna vez algo tan admirable o se oyó una cosa semejante.

33 [bj] Deut. 4. 7; Éx. 33. 20; Éx. 7. 6 [bnp] Éx. 19. 10-25

33 ¿Qué pueblo oyó la voz de Dios que hablaba desde el fuego, como la oíste tú, y pudo sobrevivir?

34 [bj] Jer. 32. 21; Sal. 40.6

34 ¿O qué dios intentó venir a tomar para sí una nación de en medio de otra, con milagros, signos y prodigios, combatiendo con mano poderosa y brazo fuerte, y realizando tremendas hazañas, como el Señor, tu Dios, lo hizo por ustedes en Egipto, delante de tus mismos ojos?

35 [bj] Éx. 20. 3; Deut. 32. 39; Is. 43. 10-13; Mc. 12. 32 [bnp] Is. 45. 18-22

35 A ti se te hicieron ver todas estas cosas, para que sepas que el Señor es Dios, y que no hay otro dios fuera de él. 36 Él te hizo oír su voz desde el cielo para instruirte; en la tierra te mostró su gran fuego, y desde ese fuego tú escuchaste sus palabras. 37 Por amor a tus padres, y porque eligió a la descendencia que nacería de ellos, el Señor te hizo salir de Egipto con su presencia y su gran poder;

38 [bj] Deut. 7. 1; Deut. 9. 1; Deut. 11. 23; Jos. 2. 11

38 desposeyó a naciones más numerosas y fuertes que tú; te introdujo en sus territorios y te los dio como herencia, hasta el día de hoy.

39 [bj] Deut. 6. 4; 1 Rey. 8. 23; 2 Crón. 20. 6; Sal. 83. 19

39 Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es Dios –allá arriba, en el cielo, y aquí abajo, en la tierra– y no hay otro.

40 [bj] Is. 65. 20; Zac. 8. 4

40 Observa los preceptos y los mandamientos que hoy te prescribo. Así serás feliz, tú y tus hijos después de ti, y vivirás mucho tiempo en la tierra que el Señor, tu Dios, te da para siempre.

Las ciudades de refugio [ 41 | 43 ]

41 [bj] Éx. 21. 13; Jos. 20. 1 [bnp] Núm. 35. 9-34 [bti] Jos. 20. 8-9; Núm. 35. 6-15; Deut. 19. 1-14; Jos. 20

41 Moisés destinó tres ciudades situadas al este del Jordán, 42 para que en ellas se refugiara el homicida que hubiera matado a alguien involuntariamente, sin haberlo odiado antes: buscando asilo en una de esas ciudades, salvaría su vida.

43 [bj] Jos. 20. 8

43 Estas ciudades eran: para los rubenitas, Béser, que estaba situada en el desierto, en el altiplano; para los gaditas, Ramot de Galaad; y para los manasitas, Golán de Basán.

SEGUNDO DISCURSO DE MOISÉS

Este segundo discurso introduce más directamente la promulgación de la legislación deuteronómica. Una vez más, la atención se orienta hacia los hechos del pasado: la promesa del Señor a los Patriarcas, la salida de Egipto, el don de la Ley en el Sinaí y la travesía del desierto. En la meditación de su propia historia, Israel debe encontrar los motivos para mantenerse fiel a la Alianza. Él es el Pueblo de Dios, pero no puede gloriarse de su condición privilegiada: la elección de que ha sido objeto es una gracia, un testimonio del amor paternal de Dios. Y ese amor exige una entrega filial, que excluye todo compromiso con los pueblos paganos y sus dioses.

El Deuteronomio enseña un amor expresado en obras, que abarca todos los sectores de la vida humana. Aunque la Ley del Señor contiene muchos preceptos, hay uno que es el primero y principal, el que fundamenta y da sentido a todos los demás: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (6. 5). De este mandamiento, que sólo se practica auténticamente cuando va acompañado del amor al prójimo (Lev. 19. 18), Jesús hará depender “toda la Ley y los Profetas” (Mt. 22. 40).

Proemio histórico del discurso [ 44 | 49 ]

44 Esta es la Ley que Moisés expuso a los israelitas, 45 y estas son las normas, los preceptos y las leyes que les dictó después que salieron de Egipto, 46 cuando todavía se encontraban al otro lado del Jordán, en el valle que está cerca de Bet Peor. Allí tenía su territorio Sijón, el rey amorreo que habitaba en Jesbón. Pero al salir de Egipto, Moisés y los israelitas lo derrotaron

47 [bj] Deut. 2. 26-3. 17

47 y se apoderaron de su territorio. Lo mismo hicieron con el país de Og, rey de Basán. Así conquistaron los países de los dos reyes amorreos de la Transjordania; 48 desde Aroer, en la orilla del torrente Arnón, hasta el Monte Sirión –o sea, el Hermón– 49 incluida toda la Arabá, al este del Jordán, hasta el mar de la Arabá, al pie de las laderas del Pisgá.
4

Aunque este capítulo se presenta como una continuación del discurso anterior, la mención del exilio (vs. 25-31) indica que fue redactado posteriormente, entre la destrucción de Jerusalén y el retorno de los deportados (2 Rey. 25. 8-21; Esd.1.1-6).

1. 2 Rey. 25. 8-21:

8 El día siete del quinto mes –era el decimonoveno año de Nabucodonosor, rey de Babilonia– Nebuzaradán, comandante de la guardia, que prestaba servicio ante el rey de Babilonia, entró en Jerusalén. 9 Incendió la Casa del Señor, la casa del rey y todas las casas de Jerusalén, y prendió fuego a todas las casa de los nobles. 10 Después, el ejército de los caldeos que estaba con el comandante de la guardia derribó las murallas que rodeaban a Jerusalén.

11 Nebuzaradán, el comandante de la guardia, deportó a toda la población que había quedado en la ciudad, a los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de los artesanos. 12 Pero dejó una parte de la gente pobre del país como viñadores y cultivadores.

13 Además, los caldeos hicieron pedazos las columnas de bronce de la Casa del Señor, las bases y el Mar de bronce que estaban en la Casa del Señor, y se llevaron el bronce a Babilonia. 14 Tomaron también las ollas, las palas, los cuchillos, las fuentes y todos los objetos de bronce que servían para el culto. 15 El comandante de la guardia tomó asimismo los pebeteros, los aspersorios y todos los objetos de oro y plata. 16 En cuanto a las dos columnas, al único Mar de bronce y a las bases que había hecho Salomón para la Casa del Señor, no se podía evaluar el peso de bronce de todos esos objetos. 17 La altura de una columna era de nueve metros; estaba rematada por un capitel de bronce, y la altura del capitel era de un metro y medio. Sobre el capitel, todo alrededor, había una moldura en forma de red y de granadas, todo de bronce. La segunda columna, con su red, era igual a la primera.

18 El comandante de la guardia apresó a Seraías, el sumo sacerdote, a Sefanías, el segundo sacerdote, y a los tres guardianes del umbral. 19 En la ciudad apresó también a un eunuco, que estaba al frente de los hombres de guerra, a cinco hombres del servicio personal del rey que fueron sorprendidos en la ciudad, al secretario del jefe del ejército, encargado de enrolar al pueblo del país, y a sesenta hombres del pueblo que estaban dentro de la ciudad. 20 Después de tomarlos prisioneros, Nebuzaradán, comandante de la guardia, los llevó ante el rey de Babilonia, a Riblá. 21 El rey de Babilonia los mandó golpear y ejecutar en Riblá, en el país de Jamat. Así fue deportado Judá lejos de su tierra.

2. Esd.1.1-6:

3

Ver Núm. 25. 1-18

1. Núm. 25. 1-18:

1 Mientras Israel estaba en Sitím, el pueblo comenzó a prostituirse con las mujeres moabitas, 2 que lo invitaron a participar de los sacrificios en honor de su dios. El pueblo comió de ellos y adoró a ese dios. 3 Así Israel se sometió al Baal de Peor, y por eso el Señor se indignó contra él.

4 El Señor dijo a Moisés: “Toma a todos los jefes del pueblo y cuélgalos públicamente delante del Señor, para que se aplaque la indignación del Señor contra Israel”. 5 Entonces Moisés dijo a los jueces de Israel: “Cada uno de ustedes matará a aquellos de sus hombres que se sometieron al Baal de Peor”.

6 Precisamente entonces, llegó un israelita trayendo una mujer madianita adonde estaban sus hermanos, a la vista de Moisés y de todos los israelitas, que lloraban a la entrada de la Carpa del Encuentro. 7 Al ver esto, Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, se apartó de la comunidad y, tomando una lanza, 8 siguió al israelita hasta la alcoba y allí los traspasó a los dos, al israelita y a la mujer, en pleno vientre. Entonces cesó la plaga que asolaba a los israelitas. 9 Los que habían muerto a causa de la plaga fueron veinticuatro mil.

10 Y el Señor dijo a Moisés: 11 “Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha apartado mi ira de los israelitas, porque ha demostrado en medio de ellos un celo igual al mío. Por eso yo no acabé con los israelitas, dejándome llevar por mi celos. 12 Y ahora declaro: Yo le concedo mi alianza de paz. 13 En favor de él y de su descendencia habrá una alianza que le asegurará el sacerdocio para siempre, porque se mostró celoso por su Dios, e hizo expiación por los israelitas”.

14 El israelita que fue muerto junto con la mujer madianita se llamaba Zimrí, hijo de Salú, jefe de una familia patriarcal de Simeón. 15 Y la mujer que fue muerta se llamaba Cozbí, hija de Sur, el cual era jefe de un clan en una tribu madianita.

16 Luego el Señor dijo a Moisés: 17 “Acomete contra los madianitas y derrótalos, 18 porque ellos acometieron contra ustedes con sus malas artes, en el incidente de Peor y en el de Cozbí –la hija del jefe madianita y hermana de ellos– que fue herida de muerte el día de la plaga motivada por el incidente de Peor”.
11-12

Ver Éx. 19. 16-18; Heb. 12. 18-19

1. Éx. 19. 16-18:

16 Al amanecer del tercer día, hubo truenos y relámpagos, una densa nube cubrió la montaña y se oyó un fuerte sonido de trompeta. Todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció de temor. 17 Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y todos se detuvieron al pie de la montaña. 18 La montaña del Sinaí estaba cubierta de humo, porque el Señor había bajado a ella en el fuego. El humo se elevaba como el de un horno, y toda la montaña temblaba violentamente.

2. Heb. 12. 18-19:

18 Ustedes, en efecto, no se han acercado a algo tangible: fuego ardiente, oscuridad, tinieblas, tempestad, 19 sonido de trompeta, y un estruendo tal de palabras, que aquellos que lo escuchaban no quisieron que se les siguiera hablando.
19

"Ejército de los cielos": esta expresión se refiere al culto de los astros. El Deuteronomio considera legítimo este culto para los pueblos paganos, pero no para Israel, que recibió la revelación del único Dios.