Eclesiástico 23: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

Súplica del sabio [ 1 | 6 ]

1 ¡Señor, Padre y Dueño de mi vida, no me abandones al capricho de mis labios ni me dejes caer por culpa de ellos!
2 ¿Quién aplicará el látigo a mi pensamiento, y a mi corazón, la disciplina de la sabiduría,
para que no se perdonen mis errores ni se pasen por alto mis pecados?
3 Así no se multiplicarán mis errores ni sobreabundarán mis pecados,
ni caeré ante mis adversarios, ni mi enemigo se burlará de mí.
4 Señor, Padre y Dios de mi vida, no me des unos ojos altaneros
5 y aparta de mí los malos deseos.
6 ¡Que la sensualidad y la lujuria no me dominen, no me entregues a las pasiones vergonzosas!

Los pecados de la lengua: los juramentos vanos [ 7 | 11 ]

7 Escuchen, hijos, cómo se educa la lengua: el que observe esto no caerá en el lazo.
8 El pecador se enreda en sus propias palabras, el maldiciente y el soberbio caen a causa de ellas.
9 No acostumbres tu boca a jurar ni te habitúes a pronunciar el nombre del Santo.
10 Así como el servidor vigilado constantemente nunca se libra de algún golpe,
así el que jura y pronuncia el Nombre en todo momento no quedará limpio de pecado.
11 El que jura constantemente está lleno de iniquidad y el flagelo no se apartará de su casa.
Si falta a su juramento, incurre en pecado; si lo menosprecia, peca doblemente;
si juró en vano, no tendrá justificación y su casa se llenará de desgracias.

La grosería en el hablar [ 12 | 15 ]

12 Hay un lenguaje comparable a la muerte: ¡que no se lo encuentre en la herencia de Jacob!
Los hombres buenos están alejados de todas esas cosas: ¡que ellos no se revuelquen en los pecados!
13 No acostumbres tu boca a decir groserías, porque al decirlas se peca con la palabra.
14 Acuérdate de tu padre y de tu madre, cuando te sientes en medio de los grandes,
no sea que los olvides en presencia de ellos y te comportes como un necio.
Porque entonces preferirías no haber nacido y maldecirías el día de tu nacimiento.
15 Un hombre habituado a las palabras injuriosas no podrá ser corregido en toda su vida.

La lujuria y el adulterio [ 16 | 27 ]

16 Dos clases de hombres multiplican los pecados y una tercera atrae la ira:
17 una pasión encendida como el fuego ardiente no se extinguirá hasta quedar consumida;
un hombre lleno de lujuria en su cuerpo carnal no cesará hasta que el fuego lo abrase;
para el lujurioso toda comida es dulce, y no se calmará hasta que haya muerto.
18 El hombre que peca contra su propio lecho dice en su corazón: «¿Quién me ve?
La oscuridad me rodea y los muros me cubren; nadie me ve: ¿qué puedo temer?
El Altísimo no se acordará de mis pecados».
19 Lo que él teme son los ojos de los hombres, y no sabe que los ojos del Señor
son diez mil veces más luminosos que el sol, que observan todos los caminos de los hombres y penetran en los rincones más ocultos.
20 Antes de ser creadas, todas las cosas le eran conocidas, y lo son asimismo una vez acabadas.
21 Ese hombre será castigo en las plazas de la ciudad, será apresado donde menos lo esperaba.
22 Así también, la mujer que abandona a su marido y le da un heredero nacido de un extraño.
23 Porque, primero, ha desobedecido la Ley del Señor; segundo, ha faltado contra su marido;
tercero, se ha prostituido con su adulterio, teniendo hijos con un hombre extraño.
24 Ella será llevada a la asamblea y el castigo recaerá sobre sus hijos.
25 Sus hijos no echarán raíces y sus ramas no producirán fruto.
26 Ella dejará su recuerdo para una maldición y su infamia no se borrará.
27 Así sabrán los que vengan después que no ha y nada mejor que el temor del Señor ni nada más dulce que obedecer sus mandamientos.