Proverbios 9: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

El banquete de la Sabiduría [ 1 | 6 ]

1 * La Sabiduría edificó su casa,
talló sus siete columnas,
2 inmoló sus víctimas, mezcló su vino,
y también preparó su mesa.
3 Ella envió a sus servidoras a proclamar
sobre los sitios más altos de la ciudad:
4 «El que sea incauto, que venga aquí».
Y al falto de entendimiento, le dice:
5 «Vengan, coman de mi pan,
y beban del vino que yo mezclé.
6 Abandonen la ingenuidad, y vivirán,
y sigan derecho por el camino de la inteligencia».

La corrección de los sabios y de los necios [ 7 | 12 ]

7 El que corrige a un insolente se atrae la ignominia,
y el que reprende a un malvado, el deshonor.
8 No reprendas a un insolente, no sea que te odie;
reprende a un sabio, y te amará.
9 Da al sabio y se hará más sabio aún,
instruye al justo y ganará en saber.
10 El comienzo de la sabiduría es el temor del Señor,
y la ciencia del Santo es la inteligencia.
11 Porque tus días se multiplicarán gracias a mí
y se añadirán años a tu vida.
12 Si eres sabio, lo eres para ti, si eres insolente,
tú solo lo sufrirás.

La invitación de la Necedad [ 13 | 18 ]

13 * La señora Necedad es turbulenta,
es estúpida y no sabe nada.
14 Ella se sienta a la puerta de su casa,
en una silla, sobre las alturas de la ciudad,
15 para gritar a los transeúntes
que van derecho por el camino:
16 «El que sea incauto, que venga aquí».
Y al falto de entendimiento, le dice:
17 «¡Las aguas robadas son dulces
y el pan quitado a escondidas, delicioso!».
18 Pero él no sabe que allí están las Sombras, y sus invitados, en las profundidades del Abismo.
9.1-6

La imagen del banquete es figura de los bienes comunicados por la Sabiduría. En los Evangelios, esta misma imagen simboliza el Reino de Dios (Mt. 22. 1-14; Lc. 14. 15-24).

1. Mt. 22. 1-14:

1 Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo: 2 "El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. 3 Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. 4 De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: "Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas". 5 Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; 6 y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.

7 Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. 8 Luego dijo a sus servidores: "El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. 9 Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren". 10 Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.

11 Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. 12 "Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?". El otro permaneció en silencio. 13 Entonces el rey dijo a los guardias: "Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes". 14 Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos".

2. Lc. 14. 15-24:

15 Al oír estas palabras, uno de los invitados le dijo: «¡Feliz el que se siente a la mesa en el Reino de Dios!». 16 Jesús le respondió: «Un hombre preparó un gran banquete y convidó a mucha gente. 17 A la hora de cenar, mandó a su sirviente que dijera a los invitados: “Vengan, todo está preparado”. 18 Pero todos, sin excepción, empezaron a excusarse. El primero le dijo: “Acabo de comprar un campo y tengo que ir a verlo. Te ruego me disculpes”. 19 El segundo dijo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos. Te ruego me disculpes”. 20 Y un tercero respondió: “Acabo de casarme y por esa razón no puedo ir”.

21 A su regreso, el sirviente contó todo esto al dueño de casa, y este, irritado, le dijo: “Recorre en seguida las plazas y las calles de la ciudad, y trae aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los paralíticos”. 22 Volvió el sirviente y dijo: “Señor, tus órdenes se han cumplido y aún sobra lugar”. 23 El señor le respondió: “Ve a los caminos y a lo largo de los cercos, e insiste a la gente para que entre, de manera que se llene mi casa. 24 Porque les aseguro que ninguno de los que antes fueron invitados ha de probar mi cena”».