Job 38: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

LA INTERVENCIÓN DE DIOS

Job no había cesado de proclamar su inocencia y de afirmar una y otra vez que sus males desmentían la justicia de Dios. Por eso le había pedido una confrontación cara a cara, para que Dios justificara ante él su manera de proceder. Ahora el Señor responde al desafío del rebelde y lo invita a afrontar un último combate. Pero su respuesta consiste principalmente en una serie abrumadora de preguntas, que remiten al hombre a la sabiduría con que Dios ha creado y gobierna el universo. Él puso en la naturaleza mil maravillas cuyos secretos el hombre ignora. ¿Cómo puede, entonces, extrañarse Job de ignorar la razón de sus padecimientos y el secreto último de su propia existencia?

Al vislumbrar el misterio de Dios, Job toma conciencia de su error. Aunque él no cometió ninguna de las faltas que le imputaban sus amigos, sin embargo tiene un pecado mucho más grave: el del hombre justo que pretende hacer valer sus derechos delante de Dios. Su problema no ha quedado resuelto, pero él ha comprendido que Dios no tiene por qué rendir cuentas y que su Sabiduría da sentido incluso al sufrimiento y a la muerte. Por eso renuncia a medir a Dios con criterios humanos y se entrega confiadamente a él. “Yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos” (42. 5).

PRIMER DISCURSO DEL SEÑOR

Interpelación inicial [ 1 | 3 ]

1 El Señor respondió a Job desde la tempestad, diciendo:
2 ¿Quién es ese que oscurece mi designio
con palabras desprovistas de sentido?
3 ¡Ajústate el cinturón como un guerrero:
yo te preguntaré, y tú me instruirás!

El señorío de Dios sobre la tierra y el mar [ 4 | 18 ]

4 ¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra?
Indícalo, si eres capaz de entender.
5 ¿Quién fijó sus medidas? ¿Lo sabes acaso?
¿Quién tendió sobre ella la cuerda para medir?
6 ¿Sobre qué fueron hundidos sus pilares
o quién asentó su piedra angular,
7 mientras los astros de la mañana cantaban a coro
y aclamaban todos los hijos de Dios?
8 ¿Quién encerró con dos puertas al mar,
cuando él salia a borbotones del seno materno,
9 cuando le puse una nube por vestido
y por pañales, densos nubarrones?
10 Yo tracé un límite alrededor de él,
le puse cerrojos y puertas,
11 y le dije: «Llegarás hasta aquí y no pasarás;
aquí se quebrará la soberbia de tus olas».
12 ¿Has mandado una vez en tu vida a la mañana,
le has indicado su puesto a la aurora,
13 para que tome a la tierra por los bordes
y sean sacudidos de ella los malvados?
14 Ella adquiere forma como la arcilla bajo el sello
y se tiñe lo mismo que un vestido:
15 entonces, a los malvados se los priva de su luz
y se quiebra el brazo que se alzaba.
16 ¿Has penetrado hasta las fuentes del mar
y has caminado por el fondo del océano?
17 * ¿Se te han abierto las Puertas de la Muerte
y has visto las Puertas de la Sombra?
18 ¿Abarcas con tu inteligencia la extensión de la tierra?
Indícalo, si es que sabes todo esto.

El señorío de Dios sobre los fenómenos meteorológicos [ 19 | 38 ]

19 ¿Por dónde se va adonde habita la luz
y dónde está la morada de las tinieblas,
20 para que puedas guiarla hasta su dominio
y mostrarle el camino de su casa?
21 ¡Seguro que lo sabes, porque ya habías nacido
y es muy grande el número de tus días!
22 ¿Has penetrado hasta los depósitos de la nieve
y has visto las reservas del granizo,
23 que yo guardo para los tiempos de angustia,
para los días de guerra y de combate?
24 ¿Por qué camino se expande la luz
y el viento del este se propaga sobre la tierra?
25 ¿Quién ha abierto un cauce al aguacero
y un camino al estampido de los truenos,
26 para hacer llover sobre una tierra despoblada,
sobre un desierto donde ningún hombre habita,
27 para regar los páramos desolados
y hacer brotar una hierba en la estepa?
28 ¿Acaso la lluvia tiene un padre,
y quién ha engendrado las gotas del rocío?
29 ¿Del vientre de quién sale el hielo,
y quién da a luz la escarcha del cielo,
30 cuando las aguas se endurecen como piedra
y se congela la superficie del océano?
31 ¿Anudas tú los lazos de las Pléyades
o desatas las cuerdas del Orion?
32 ¿Haces salir las Híadas a su tiempo
y guías a la Osa y sus cachorros?
33 ¿Conoces las leyes de los cielos?
¿Regulas su dominio sobre la tierra?
34 ¿Puedes alzar tu voz hasta las nubes
para que te cubra una masa de agua?
35 ¿Parten los relámpagos cuanto tú los envías
y ellos te dicen: «Aquí estamos»?
36 * ¿Quién puso en el ibis la sabiduría
o quién dio al gallo la inteligencia?
37 ¿Quién cuenta las nubes sabiamente
y quién inclina los odres del cielo,
38 cuando el polvo se funde en una masa
y los terrones se pegan entre sí?

El señorío de Dios sobre los animales [ 39 | 41 ]

39 ¿Cazas tú la presa para la leona
y aplacas el hambre de sus cachorros,
40 cuando se agazapan en sus guaridas
y están al acecho en la espesura?
41 ¿Quién prepara las provisiones para el cuervo,
cuando sus pichones claman a Dios
y andan errantes por falta de alimento?
38 17

“Las Puertas de la Sombra” son las que abren la entrada a la morada de los muertos. Ver nota. Sal 6. 6

36

“Ibis” y “gallo”: a estos dos animales se les atribuía cierta facultad preventiva. El ibis anunciaba las crecidas del Nilo y el gallo la llegada del día.