Salmo 78 (77): El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

Esta larga meditación de estilo sapiencial evoca la historia de Israel, desde el Éxodo hasta la institución de la monarquía davídica. El relato histórico sirve de soporte a una enseñanza para el presente: en el recuerdo de su propio pasado, Israel debe encontrar un motivo de gratitud y fidelidad al Dios de la Alianza (vs.6-7). Esta preocupación didáctica se manifiesta, sobre todo, en la presentación de la historia como una permanente contraposición entre la misericordia del Señor y las rebeldías de su Pueblo.

MEDITACIÓN SOBRE LA HISTORIA DE ISRAEL

1 [bj] Is. 63. 7; Sal. 105; Sal. 106; Sal. 114; Sal. 136; Sab. 16-19; Neh. 9. 9-37; Deut. 32. 1; Sal. 49. 5; ?Mt. 13. 35 [bnp] Sal. 49. 2 [ba] Sab. 16; Sab. 17; Sab. 18; Sab. 19; Éx. 14; Éx. 15; Éx. 16; Éx. 7. 14-11. 10; Jos. 24. 8-13

1 Poema de Asaf.
Finalidad del poema [1 | 11]
Pueblo mío, escucha mi enseñanza,
presta atención a las palabras de mi boca:

2 [bla] Sal. 49. 5; >Mt. 13. 35

2 * yo voy a recitar un poema,
a revelar enigmas del pasado.

3 [bj] Sal. 44. 2; Deut. 4. 9+; Jb. 8. 8; Jb. 15. 18; Éx. 10. 2; Éx. 13. 14; Sal. 145. 4 [bnp] Mt. 13. 10

3 * Lo que hemos oído y aprendido,
lo que nos contaron nuestros padres,

4 [bti] Deut. 4. 9 [bla] Deut. 6. 20-25

4 no queremos ocultarlo a nuestros hijos,
lo narraremos a la próxima generación:
son las glorias del Señor y su poder,
las maravillas que él realizó.

5 [bj] Deut. 33. 4; Sal. 147. 19; Deut. 4. 9; Deut. 6. 7 [bti] Deut. 6. 20-25 [blpd] Éx. 10. 2; Deut. 6. 20

5 * El Señor dio una norma a Jacob,
estableció una ley en Israel,
y ordenó a nuestros padres
enseñar estas cosas a sus hijos.

6 [bj] Sal. 22. 31+ [bnp] Sal. 102. 19

6 Así las aprenderán las generaciones futuras
y los hijos que nacerán después;
y podrán contarlas a sus propios hijos,

7 [bnp] Ecli. 2. 10

7 para que pongan su confianza en Dios,
para que no se olviden de sus proezas
y observen sus mandamientos.

8 [bj] Deut. 31. 27; Deut. 32. 5. 20 [bnp] 2 Rey. 17. 14-19 [bti] Deut. 9. 7. 24

8 * Así no serán como sus padres,
una raza obstinada y rebelde,
una raza de corazón inconstante
y de espíritu infiel a Dios:

9 [bj] Os. 7. 13-16 [blpd] 1 Rey. 12; 2 Sam. 5. 1-3 [bjl] 2 Rey. 17. 24; Zac. 11. 14

9 * como los arqueros de la tribu de Efraím,
que retrocedieron en el momento del combate.
10 Ellos no mantuvieron su alianza con Dios,
se negaron a seguir su ley;

11 [bnp] Deut. 8. 14 [bti] Sal. 106. 21-22 [blpd] Sal. 106. 7

11 * olvidaron las proezas del Señor
y las maravillas que les hizo ver.

Las maravillas del Éxodo [ 12 | 16 ]

12 [bnp] Éx. 7; Éx. 8; Éx. 9; Éx. 10; Éx. 11; Éx. 12

12 El Señor hizo prodigios a la vista de sus padres,
en la tierra de Egipto, en los campos de Tanis;

13 [bj] Éx. 14; Éx. 15; Éx. 14. 22; Éx. 15. 8; Ex. 13. 21; Sal. 105. 39 [bnp] Éx. 14. 21

13 * abrió el Mar para darles paso
y contuvo las aguas como un dique;

14 [bti] Éx. 13. 22; Núm. 9. 16; Deut. 1. 33 [bla] Sal. 105. 39; Éx. 13. 21

14 * de día los guiaba con la nube
y de noche, con el resplandor del fuego.

15 [bj] Éx. 17. 1-7; Núm. 20. 2-13; Sal. 105. 41; Sal. 114. 8; Is. 48. 21 [bnp] Éx. 17. 6

15 * Partió las rocas en el desierto
y les dio de beber a raudales:

16 [bla] Sal. 114. 8

16 sacó manantiales del peñasco,
hizo correr las aguas como ríos.

La rebeldía de Israel [ 17 | 22 ]

17 [bj] Éx. 20. 13 [bnp] Deut. 9. 7 [blpd] Éx. 16; Núm. 11

17 * Pero volvieron a pecar contra él
y a rebelarse contra el Altísimo en el desierto:

18-31 [bj] Éx. 16. 2-36 [bti] Núm. 11; Jn. 6. 31 [bla] Sal. 95. 8-9; Deut. 6. 16

18 tentaron a Dios en sus corazones,
pidiendo comida a su antojo.

19 [bj] Sal. 23. 5 [bnp] Núm. 11. 1

19 Hablaron contra Dios, diciendo:
«¿Acaso tiene Dios poder suficiente
para preparar una mesa en el desierto?

20 [bj] Éx. 16. 3

20 Es verdad que cuando golpeó la roca,
brotó el agua y desbordaron los torrentes;
pero ¿podrá también darnos pan
y abastecer de carne a su pueblo?».

21 [bj] Núm. 11; Deut. 32. 22

21 El Señor, al oírlos, se indignó,
y un fuego se encendió contra Jacob;
su enojo se alzó contra Israel,
22 porque no creyeron en Dios
ni confiaron en su auxilio.

La condescendencia divina [ 23 | 31 ]

23 [bj] 2 Rey. 7. 2; Mal. 3. 10

23 Entonces mandó a las nubes en lo alto
y abrió las compuertas del cielo:

24 [bla] Jn. 6. 31

24 hizo llover sobre ellos el maná,
les dio como alimento un trigo celestial;

25 [bj] Jn. 6. 31; Sab. 16. 20; 1 Cor. 10. 3; Sal. 105. 40; Deut. 8. 3

25 todos comieron un pan de ángeles,
les dio comida hasta saciarlos.

26 [bnp] Núm. 11. 31

26 Hizo soplar desde el cielo el viento del este,
atrajo con su poder el viento del sur;
27 hizo llover sobre ellos carne como polvo
y pájaros como arena del mar:
28 los dejó caer en medio del campamento,
alrededor de sus carpas.

29 [bj] Os. 13. 6

29 Ellos comieron y se hartaron,
el Señor les dio lo que habían pedido;

30 [bj] Núm. 11. 33

30 pero apenas saciaron su avidez,
cuando aún estaban con la boca llena,

31 [bj] Núm. 14. 29

31 la ira del Señor se desató contra ellos:
hizo estragos entre los más fuertes
y abatió a lo mejor de Israel.

La infidelidad del Pueblo y la misericordia de Dios [ 32 | 42 ]

32 A pesar de todo, volvieron a pecar
y no creyeron en sus maravillas;

33 [bnp] Núm. 14. 35

33 por eso él acabó sus días como un soplo,
y sus años en un solo instante.

34 [bj] Os. 5. 15; Is. 26. 16; Núm. 21. 7; Deut. 32. 15. 18

34 Cuando los hacía morir, lo buscaban
y se volvían a él ansiosamente:
35 recordaban que Dios era su Roca,
y el Altísimo, su libertador.

36 [bj] Os. 6. 4

36 Pero lo elogiaban de labios para afuera
y mentían con sus lenguas;

37 [bj] Is. 29. 13; Os. 8. 1 [bti] Hech. 8. 21

37 su corazón no era sincero con él
y no eran fieles a su alianza.

38 [bj] Éx. 32. 14; Núm. 14. 20; Is. 48. 9; Ez. 20. 22; Os. 11. 8-9; Sal. 65. 4; Sal. 85. 4 [blpd] Núm. 14. 10-20

38 * El Señor, que es compasivo,
los perdonaba en lugar de exterminarlos;
una y otra vez reprimió su enojo
y no dio rienda suelta a su furor:

39 [blpd] Sal. 39. 5-7; Sal. 62. 10; Sal. 89. 48; Sal. 90. 3-10; Sal. 144. 4

39 * sabía que eran simples mortales,
un soplo que pasa y ya no vuelve.

40 [bj] Deut. 9. 22 [bnp] Is. 63. 10 [blpd] Éx. 14. 10-12; 16. 2-3; 32. 1-6

40 * ¡Cuántas veces lo irritaron en el desierto
y lo afligieron en medio de la soledad!

41 [bj] Is. 6. 3+

41 Volvían a tentar a Dios
y a exasperar al Santo de Israel,

42 [bti] Sal. 106. 21

42 sin acordarse de lo que hizo su mano,
cuando los rescató de la opresión.

Las intervenciones de Dios en favor de su Pueblo [ 43 | 55 ]

43 [bj] Éx. 7. 14-11. 10; Éx. 12. 29-36; Sab. 16; Sab. 17; Sab. 18 [bnp] Sal. 105. 27-36 [bjl] Éx. 7. 8

43 * Porque él hizo portentos en Egipto
y prodigios en los campos de Tanis;

44 [bnp] Éx. 7. 17-24

44 convirtió en sangre sus canales,
y también sus ríos, para que no bebieran;

45 [bnp] Éx. 8. 2-14. 21-28

45 les mandó tábanos voraces
y ranas que hacían estragos.

46 [bnp] Éx. 10. 12-15

46 Entregó sus cosechas al pulgón
y el fruto de sus trabajos a las langostas;

47 [bnp] Éx. 9. 13-25

47 destruyó sus viñedos con el granizo
y sus higueras con la helada;
48 desató la peste contra el ganado
y la fiebre contra los rebaños.
49 Lanzó contra ellos el ardor de su enojo,
su ira, su furor y su indignación
–un tropel de mensajeros de desgracias–
50 dando así libre curso a su furor;
no los quiso librar de la muerte,
hizo que la peste acabara con sus vidas.

51 [bj] =Sal. 105. 36 [bnp] Éx. 12. 29 [blpd] Éx. 12

51 * Hirió a los primogénitos de Egipto,
a los hijos mayores de la tierra de Cam;

52 [bj] Sal. 77. 21 [bti] Sal. 23. 1 [blpd] Éx. 13. 17-22

52 * sacó a su pueblo como a un rebaño,
y los guió como a ovejas por el desierto:

53 [bj] Éx. 14. 26-28 [bti] Éx. 14. 26-28; Éx. 15. 10

53 los condujo seguros y sin temor,
mientras el Mar cubría a sus adversarios.

54 [bnp] Éx. 15. 17; Jos. 14 [blpd] Éx. 15. 13-18

54 * Los llevó hasta su Tierra santa,
hasta la Montaña que adquirió con su mano;

55 [bj] Sal. 44. 3; Jos. 24. 8-13 [bti] Jos. 23. 4

55 delante de ellos expulsó a las naciones,
les asignó por sorteo una herencia
e instaló en sus carpas a las tribus de Israel.

El castigo de la infidelidad [ 56 | 64 ]

56 Pero ellos tentaron e irritaron a Dios,
no observaron los preceptos del Altísimo;

57 [bnp] Os. 7. 16

57 desertaron y fueron traidores como sus padres,
se desviaron como un arco fallido.

58 [bj] Deut. 32. 16. 21 [bnp] Deut. 12. 2 [bti] Jue. 2. 11-14

58 * Lo afligieron con sus lugares de culto,
le provocaron celos con sus ídolos:

59 [bti] Sal. 106. 40

59 Dios lo advirtió y se llenó de indignación,
y rechazó duramente a Israel.

60 [bj] 1 Sam. 1. 3+; Jos. 18. 1; Jer. 7. 12; Jer. 26. 6 [bti] Jer. 7. 12-14 [bla] 1 Sam. 4. 10-11

60 * Abandonó la Morada de Silo,
la Carpa donde habitaba entre los hombres;

61 [blpd] Éx. 25. 10

61 * entregó su Fortaleza al cautiverio,
su Arca gloriosa en manos del enemigo.

62 [bj] 1 Sam. 4. 11. 22; Jr. 12. 7

62 Entregó su pueblo a la espada,
se enfureció contra su herencia;

63 [bj] Deut. 32. 22-25; Jer. 7. 34 [bti] Is. 24. 8-9

63 el fuego devoró a sus jóvenes,
y no hubo canto nupcial para sus vírgenes;

64 [bj] Jb. 27. 15

64 sus sacerdotes cayeron bajo la espada,
y sus viudas no pudieron celebrar el duelo.

La elección de Judá y de David [ 65 | 72 ]

65 [bnp] Sal. 44. 24

65 * Pero el Señor se levantó como de un sueño,
como un guerrero adormecido por el vino:

66 [bj] 1 Sam. 5. 6

66 él hirió al enemigo con la espada,
le infligió una derrota completa.
67 Rechazó a los campamentos de José
y no eligió a la tribu de Efraím:

68 [bnp] 1 Crón. 28. 4 [bla] Sal. 87. 2 [blpd] Sal. 132. 13

68 * eligió a la tribu de Judá,
a la montaña de Sión, su predilecta.

69 [bj] 2 Sam 5. 9; Sal. 87. 2; Sal. 48. 3

69 Construyó su Santuario como el cielo en lo alto,
como la tierra, que cimentó para siempre;

70 [bj] 1 Sam. 13. 14; 1 Sam. 16. 11-13; 2 Sam. 7. 8; Sal. 89. 21; Ez. 34. 23; Ez. 37. 24 [bti] 2 Sam. 5. 2; 1 Rey. 9. 4

70 * y eligió a David, su servidor,
sacándolo de entre los rebaños de ovejas.

71 [bnp] 2 Sam. 5. 2

71 Cuando iba detrás de las ovejas, lo llamó
para que fuera pastor de Jacob, su pueblo,
y de Israel, su herencia;

72 [bj] Sal. 77. 21

72 él los apacentó con integridad de corazón
y los guió con la destreza de su mano.
78 2

Ver Mt. 13. 35

1. Mt. 13. 35:

35 para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.
3

Ver 44. 2

1. 44. 2:

2 Señor, nuestros padres nos contaron, y por eso llegó a nuestros oídos, la obra que hiciste antiguamente,
5

Ver Éx. 10. 2; Deut. 4. 9; 6. 7, 20

1. Éx. 10. 2:

2 Así podrás contar a tus hijos y a tus nietos con qué rigor traté a los egipcios y qué signos realicé entre ellos, y ustedes sabrán que yo soy el Señor”.

2. Deut. 4. 9:

9 Pero presta atención y ten cuidado, para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos, ni dejar que se aparten de tu corazón un sólo instante. Enséñalas a tus hijos y a tus nietos.

3. 6. 7, 20:

9

“Efraím” representa aquí a todas las tribus del reino del Norte. El episodio a que alude el Salmo es la rebelión de esas tribus contra la dinastía davídica (1 Rey. 12), a la que estaban unidas por la alianza sellada con David en Hebrón (2 Sam. 5. 1-3).

1. 1 Rey. 12:

1 Roboám se dirigió a Siquém, porque allí había ido todo Israel para proclamarlo rey.

2 Cuando se enteró Jeroboám, hijo de Nebat –que estaba todavía en Egipto, adonde había huido del rey Salomón– se volvió de Egipto. 3 Lo mandaron llamar, y él se presentó con toda la asamblea de Israel. Entonces hablaron así a Roboám: 4 “Tu padre hizo muy penoso nuestro yugo. Alivia tú ahora la dura servidumbre y el penoso yugo que él nos impuso, y te serviremos a ti”. 5 Él les replicó: “Váyanse y vuelvan a verme dentro de tres días”. Y el pueblo se retiró.

6 El rey Roboám fue a consultar a los ancianos que habían asistido a su padre Salomón, cuando este aún vivía, y les preguntó: “¿Qué respuesta me aconsejan dar a este pueblo?”. 7 Ellos le hablaron así: “Si hoy te comportas como servidor de este pueblo, si te pones a su servicio y les respondes con buenas palabras, serán siempre tus servidores”.

8 Pero él desechó el consejo que le habían dado los ancianos, y fue a consultar a los jóvenes que se habían criado con él y lo servían como asistentes. 9 Les preguntó: “Y ustedes, ¿qué aconsejan? ¿Qué debemos responder a este pueblo que me ha dicho: ‘Alivia el yugo que nos impuso tu padre’?”. 10 Los jóvenes que se habían criado con él le dijeron: “A ese pueblo que te ha dicho: ‘Tu padre nos impuso un yugo pesado, pero tú alívianos la carga’, diles esto: ‘¡Mi dedo meñique es más grueso que la cintura de mi padre! 11 Si mi padre los cargó con un yugo pesado, yo lo haré más pesado aún; si él los castigó con látigos, yo usaré lonjas con puntas de hierro’”.

12 Al tercer día, Jeroboám y todo el pueblo comparecieron ante Roboám, según lo que había indicado el rey cuando dijo: “Vuelvan a verme al tercer día”. 13 Pero el rey respondió al pueblo duramente; desechó el consejo que le habían dado los ancianos 14 y, siguiendo el consejo de los jóvenes, les habló así: “Mi padre les impuso un yugo pesado, y yo lo haré más pesado aún; mi padre los castigó con látigos, y yo usaré lonjas con puntas de hierro”.

15 Así el rey no escuchó al pueblo, porque ese era el medio de que se valía el Señor para cumplir la palabra que él había dicho a Jeroboám, hijo de Nebat, por boca de Ajías de Silo. 16 Y cuando todo Israel vio que el rey no los había escuchado, el pueblo le respondió: “¿Qué parte tenemos nosotros con David? ¡No tenemos herencia común con el hijo de Jesé! ¡A tus carpas, Israel! ¡Ahora, ocúpate de tu casa, David!”. Israel se fue a sus campamentos, 17 pero Roboám siguió reinando sobre los israelitas que habitaban en las ciudades de Judá. 18 El rey Roboám envió a Adorám, el encargado del reclutamiento, pero todos los israelitas lo mataron a pedradas. Y el mismo rey Roboám tuvo que subir precipitadamente a su carro y huir a Jerusalén. 19 Fue así como Israel se rebeló contra la casa de David hasta el día de hoy.

20 Cuando todo Israel se enteró de que había vuelto Jeroboám, lo mandaron llamar a la asamblea y lo proclamaron rey de todo Israel. No hubo nadie que siguiera a la casa de David, fuera de la tribu de Judá.

21 Mientras tanto, Roboám llegó a Jerusalén y convocó a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín –ciento ochenta mil guerreros adiestrados– para ir a combatir contra la casa de Israel y restituir el reino a Roboám, hijo de Salomón. 22 Pero la palabra del Señor llegó a Semaías, un hombre de Dios, en estos términos: 23 “Di a Roboám, hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá, a Benjamín y al resto del pueblo: 24 Así habla el Señor: No suban a combatir contra sus hermanos, los israelitas; vuelvan cada uno a su casa, porque esto ha sucedido por disposición mía”. Ellos escucharon la palabra del Señor, y tomó cada uno el camino de regreso, conforme a la palabra del Señor.

25 Jeroboám, por su parte, fortificó Siquém, en la montaña de Efraím, y se estableció en ella. Luego salió de allí y fortificó Penuel.

26 Pero Jeroboám pensó: “Tal como se presentan las cosas, el reino podría volver a la casa de David. 27 Si este pueblo sube a ofrecer sacrificios a la Casa de Dios en Jerusalén, terminarán por ponerse de parte de Roboám, rey de Judá, su señor; entonces me matarán a mí y se volverán a Roboám, rey de Judá”. 28 Y después de haber reflexionado, el rey fabricó dos terneros de oro y dijo al pueblo: “¡Basta ya de subir a Jerusalén! Aquí está tu Dios, Israel, el que te hizo subir del país de Egipto”. 29 Luego puso un ternero en Betel y el otro en Dan. 30 Aquello fue una ocasión de pecado, y el pueblo iba delante de uno de ellos hasta Dan.

31 Jeroboám erigió templetes en los lugares altos, e instituyó sacerdotes de entre el común de la gente, que no eran hijos de Leví. 32 Además, celebró una fiesta el día quince del octavo mes, como la fiesta que se celebraba en Judá, y subió al altar. Esto lo hizo en Betel, donde ofreció sacrificios a los terneros que había fabricado. En Betel estableció a los sacerdotes de los lugares altos que había erigido. 33 El día quince del octavo mes –fecha que había elegido arbitrariamente– subió al altar que había levantado en Betel. Así celebró una fiesta para los israelitas, y subió al altar para quemar incienso.

2. 2 Sam. 5. 1-3:

1 Todas las tribus de Israel se presentaron a David en Hebrón y le dijeron: “¡Nosotros somos de tu misma sangre! 2 Hace ya mucho tiempo, cuando aún teníamos como rey a Saúl, eras tú el que conducía a Israel. Y el Señor te ha dicho: ‘Tú apacentarás a mi pueblo Israel y tú serás el jefe de Israel’”.

3 Todos los ancianos de Israel se presentaron ante el rey en Hebrón. El rey estableció con ellos un pacto en Hebrón, delante del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel.
11-12

Ver 106. 7. “Tanis” era una ciudad de Egipto, situada al noroeste del Nilo.

1. 106. 7:

7 nuestros padres, cuando estaban en Egipto, no comprendieron tus maravillas; no recordaron la multitud de tus favores, y en el Mar Rojo desafiaron al Altísimo.
13

Ver Éx. 14. 21-22

1. Éx. 14. 21-22:

21 Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, 22 y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla a derecha e izquierda.
14

Ver nota Éx. 13. 22

1. Éx. 13. 22:

22 La columna de nube no se apartaba del pueblo durante el día, ni la columna de fuego durante la noche.
15-16

Ver Éx. 17. 1-7

1. Éx. 17. 1-7:

1 Toda la comunidad de los israelitas partió del desierto de Sin y siguió avanzando por etapas, conforme a la orden del Señor. Cuando acamparon en Refidím, el pueblo no tenía agua para beber. 2 Entonces acusaron a Moisés y le dijeron: “Danos agua para que podamos beber”. Moisés les respondió: “¿Por qué me acusan? ¿Por qué provocan al Señor?”. 3 Pero el pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo: “¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?”.

4 Moisés pidió auxilio al Señor, diciendo: “¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me maten a pedradas?”. 5 El Señor respondió a Moisés: “Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve, 6 porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo”. Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel.

7 Aquel lugar recibió el nombre de Masá –que significa “Provocación”– y de Meribá –que significa “Querella”– a causa de la acusación de los israelitas, y porque ellos provocaron al Señor, diciendo: “¿El Señor está realmente entre nosotros, o no?”.
17-31

Ver Éx. 16; Núm. 11

1. Éx. 16:

1 Luego partieron de Elím, y el día quince del segundo mes después de su salida de Egipto, toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Sin, que está entre Elím y el Sinaí.

2 En el desierto, los israelitas comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón. 3 “Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea”.

4 Entonces el Señor dijo a Moisés: “Yo haré caer pan para ustedes desde lo alto del cielo, y el pueblo saldrá cada día a recoger su ración diaria. Así los pondré a prueba, para ver si caminan o no de acuerdo con mi ley. 5 El sexto día de la semana, cuando preparen lo que hayan juntado, tendrán el doble de lo que recojan cada día”.

6 Moisés y Aarón dijeron a todos los israelitas: “Esta tarde ustedes sabrán que ha sido el Señor el que los hizo salir de Egipto, 7 y por la mañana verán la gloria del Señor, ya que el Señor los oyó protestar contra él. Porque ¿qué somos nosotros para que nos hagan estos reproches?”. 8 Y Moisés añadió: “Esta tarde el Señor les dará carne para comer, y por la mañana hará que tengan pan hasta saciarse, ya que escuchó las protestas que ustedes dirigieron contra él. Porque ¿qué somos nosotros? En realidad, ustedes no han protestado contra nosotros, sino contra el Señor”.

9 Moisés dijo a Aarón: “Da esta orden a toda la comunidad de los israelitas: Preséntense ante el Señor, porque él ha escuchado sus protestas”. 10 Mientras Aarón les estaba hablando, ellos volvieron su mirada hacia el desierto, y la gloria del Señor se apareció en la nube. 11 Y el Señor dijo a Moisés: 12 “Yo escuché las protestas de los israelitas. Por eso, háblales en estos términos: ‘A la hora del crepúsculo ustedes comerán carne, y por la mañana se hartarán de pan. Así sabrán que yo, el Señor, soy su Dios’”. 13 Efectivamente, aquella misma tarde se levantó una bandada de codornices que cubrieron el campamento; y a la mañana siguiente había una capa de rocío alrededor de él. 14 Cuando esta se disipó, apareció sobre la superficie del desierto una cosa tenue y granulada, fina como la escarcha sobre la tierra. 15 Al verla, los israelitas se preguntaron unos a otros: “¿Qué es esto?”. Porque no sabían lo que era. Entonces Moisés les explicó: “Este es el pan que el Señor les ha dado como alimento. 16 El Señor les manda que cada uno recoja lo que necesita para comer, según la cantidad de miembros que tenga cada familia, a razón de unos cuatro litros por persona; y que cada uno junte para todos los que viven en su carpa”. 17 Así lo hicieron los israelitas, y mientras unos juntaron mucho, otros juntaron poco. 18 Pero cuando lo midieron, ni los que habían recogido mucho tenían más, ni los que habían recogido poco tenían menos. Cada uno tenía lo necesario para su sustento.

19 Además, Moisés les advirtió: “Que nadie reserve nada para el día siguiente”. 20 Algunos no le hicieron caso y reservaron una parte; pero esta se llenó de gusanos y produjo un olor nauseabundo. Moisés se irritó contra ellos, 21 y a partir de entonces, lo recogían todas las mañanas, cada uno de acuerdo con sus necesidades; y cuando el sol empezaba a calentar, se derretía.

22 Como la ración de alimento que recogieron el sexto día de la semana resultó ser el doble de la habitual –dos medidas de cuatro litros por persona– todos los jefes de la comunidad fueron a informar a Moisés. 23 Él les dijo: “El Señor dice lo siguiente: Mañana es sábado, día de descanso consagrado al Señor. Cocinen al horno o hagan hervir la cantidad que ustedes quieran, y el resto guárdenlo para mañana”. 24 Ellos lo guardaron para el día siguiente, como Moisés les había ordenado; pero esta vez no dio mal olor ni se llenó de gusanos. 25 Entonces Moisés les dijo: “Hoy tendrán esto para comer, porque este es un día de descanso en honor del Señor, y en el campo no encontrarán nada. 26 Ustedes lo recogerán durante seis días, pero el séptimo día, el sábado, no habrá nada”. 27 A pesar de esta advertencia, algunos salieron a recogerlo el séptimo día, pero no lo encontraron. 28 El Señor dijo a Moisés: “¿Hasta cuando se resistirán a observar mis mandamientos y mis leyes? 29 El Señor les ha impuesto el sábado, y por eso el sexto día les duplica la ración. Que el séptimo día todos permanezcan en su sitio y nadie se mueva del lugar donde está”. 30 Y el séptimo día, el pueblo descansó.

31 La casa de Israel llamó “maná” a ese alimento. Era blanco como la semilla de cilantro y tenía un gusto semejante al de las tortas amasadas con miel.

32 Después Moisés dijo: “El Señor ordena lo siguiente: Llenen de maná un recipiente de unos cuatro litros, y consérvenlo para que sus descendientes vean el alimento que les di de comer cuando los hice salir de Egipto”. 33 Y Moisés dijo a Aarón: “Toma un recipiente, coloca en él unos cuatro litros de maná y deposítalo delante del Señor, a fin de conservarlo para las generaciones futuras”. 34 Aarón puso en el recipiente la cantidad de maná que el Señor había ordenado a Moisés, y lo depositó delante del Arca del Testimonio, a fin de que se conservara.

35 Los israelitas comieron el maná durante cuarenta años, hasta que llegaron a una región habitada. Así se alimentaron hasta su llegada a los límites de Canaán. 36 .

2. Núm. 11:

1 Una vez, el pueblo se quejó amargamente delante del Señor. Cuando el Señor los oyó, se llenó de indignación. El fuego del Señor se encendió contra ellos y devoró el extremo del campamento. 2 El pueblo pidió auxilio a Moisés. Este intercedió ante el Señor, y se apagó el fuego. 3 Aquel lugar fue llamado Taberá –que significa Incendio– porque allí se había encendido el fuego del Señor contra los israelitas.

4 La turba de los advenedizos que se habían mezclado con el pueblo se dejó llevar de la gula, y los israelitas se sentaron a llorar a gritos, diciendo: “¡Si al menos tuviéramos carne para comer! 5 ¡Cómo recordamos los pescados que comíamos gratis en Egipto, y los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos! 6 ¡Ahora nuestras gargantas están resecas! ¡Estamos privados de todo, y nuestros ojos no ven nada más que el maná!”.

7 El maná se parecía a la semilla de cilantro y su color era semejante al del bedelio. 8 El pueblo tenía que ir a buscarlo; una vez recogido, lo trituraban con piedras de moler o lo machacaban en un mortero, lo cocían en una olla, y lo preparaban en forma de galletas. Su sabor era como el de un pastel apetitoso. 9 De noche, cuando el rocío caía sobre el campamento, también caía el maná.

10 Moisés oyó llorar al pueblo, que se había agrupado por familias, cada uno a la entrada de su carpa. El Señor se llenó de una gran indignación, pero Moisés, vivamente contrariado, 11 le dijo: “¿Por qué tratas tan duramente a tu servidor? ¿Por qué no has tenido compasión de mí, y me has cargado con el peso de todo este pueblo? 12 ¿Acaso he sido yo el que concibió a todo este pueblo, o el que lo dio a luz, para que me digas: ‘Llévalo en tu regazo, como la nodriza lleva a un niño de pecho, hasta la tierra que juraste dar a sus padres’? 13 ¿De dónde voy a sacar carne para dar de comer a todos los que están llorando a mi lado y me dicen: ‘Danos carne para comer’? 14 Yo solo no puedo soportar el peso de todo este pueblo: mis fuerzas no dan para tanto. 15 Si me vas a seguir tratando de ese modo, mátame de una vez. Así me veré libre de mis males”.

16 El Señor respondió a Moisés: “Reúneme a setenta de los ancianos de Israel –deberás estar seguro de que son realmente ancianos y escribas del pueblo– llévalos a la Carpa del Encuentro, y que permanezcan allí junto contigo. 17 Yo bajaré hasta allí, te hablaré, y tomaré algo del espíritu que tú posees, para comunicárselo a ellos. Así podrán compartir contigo el peso de este pueblo, y no tendrás que soportarlo tú solo. 18 También dirás al pueblo: Purifíquense para mañana y comerán carne. Ya que ustedes han llorado delante del Señor, diciendo: ‘¡Si al menos tuviéramos carne para comer! ¡Qué bien estábamos en Egipto!’, el Señor les dará de comer carne. 19 Y no la comerán un día, ni dos, ni diez, ni veinte, 20 sino un mes entero, hasta que se les salga por las narices y les provoque repugnancia. Porque han despreciado al Señor que está en medio de ustedes, y han llorado en su presencia, diciendo: ‘¿Para qué habremos salido de Egipto?’”. 21 Moisés dijo entonces: “El pueblo que me rodea está formado por seiscientos mil hombres de a pie, ¿y tú dices que le darás carne para comer un mes entero? 22 Si se degollaran ovejas y vacas, ¿alcanzarían para todos? Y si se reunieran todos los peces del mar, ¿tendrían bastante?”. 23 Pero el Señor respondió a Moisés: “¿Acaso hay un límite para el poder del Señor? En seguida verás si lo que acabo de decirte se cumple o no”.

24 Moisés salió a comunicar al pueblo las palabras del Señor. Luego reunió a setenta hombres entre los ancianos del pueblo, y los hizo poner de pie alrededor de la Carpa. 25 Entonces el Señor descendió en la nube y le habló a Moisés. Después tomó algo del espíritu que estaba sobre él y lo infundió a los setenta ancianos. Y apenas el espíritu se posó sobre ellos, comenzaron a hablar en éxtasis; pero después no volvieron a hacerlo.

26 Dos hombres –uno llamado Eldad y el otro Medad– se habían quedado en el campamento; y como figuraban entre los inscritos, el espíritu se posó sobre ellos, a pesar de que no habían ido a la Carpa. Y también ellos se pusieron a hablar en éxtasis. 27 Un muchacho vino corriendo y comunicó la noticia a Moisés, con estas palabras: “Eldad y Medad están profetizando en el campamento”. 28 Josué, hijo de Nun, que desde su juventud era ayudante de Moisés, intervino diciendo: “Moisés, señor mío, no se lo permitas”. 29 Pero Moisés le respondió: “¿Acaso estás celoso a causa de mí? ¡Ojalá todos fueran profetas en el pueblo del Señor, porque él les infunde su espíritu!”. 30 Luego Moisés volvió a entrar en el campamento con todos los ancianos de Israel.

31 Entonces se levantó un viento enviado por el Señor, que trajo del mar una bandada de codornices y las precipitó sobre el campamento. Las codornices cubrieron toda la extensión de un día de camino, a uno y otro lado del campamento, hasta la altura de un metro sobre la superficie del suelo. 32 El pueblo se puso a recoger codornices todo el día, toda la noche y todo el día siguiente. El que había recogido menos, tenía diez medidas de unos cuatrocientos cincuenta litros cada una. Y las esparcieron alrededor de todo el campamento.

33 La carne estaba todavía entre sus dientes, sin masticar, cuando la ira del Señor se encendió contra el pueblo, y el Señor lo castigó con una enorme mortandad. 34 El lugar fue llamado Quibrot Hataavá –que significa Tumbas de la Gula– porque allí enterraron a la gente que se dejó llevar por la gula.

35 Desde Quibrot Hataavá el pueblo siguió avanzando hasta Jaserot, y allí se detuvo.
38

Ver Éx. 32. 14; Núm. 14. 10-20

1. Éx. 32. 14:

14 Y el Señor se arrepintió del mal con que había amenazado a su pueblo.

2. Núm. 14. 10-20:

10 Toda la comunidad amenazaba con matarlos a pedradas, cuando la gloria del Señor se manifestó a todos los israelitas en la Carpa del Encuentro. 11 Y el Señor dijo a Moisés: “¿Hasta cuándo este pueblo me seguirá despreciando? ¿Hasta cuándo no creerán en mí, a pesar de los signos que realicé en medio de ellos? 12 Los voy a castigar con una peste y los voy a desheredar. De ti, en cambio, suscitaré una nación mucho más fuerte que ellos”.

13 Pero Moisés respondió al Señor: “Cuando oigan la noticia los egipcios –de cuyo país sacaste a este pueblo gracias a tu poder– 14 se la pasarán a los habitantes de esa tierra. Ellos han oído que tú, Señor, estás en medio de este pueblo; que te dejas ver claramente cuando tu nube se detiene sobre ellos; y que avanzas delante de ellos, de día en la columna de nube, y de noche en la columna de fuego. 15 Si haces morir a este pueblo como si fuera un solo hombre, las naciones que conocen tu fama, dirán: 16 ‘El Señor era impotente para llevar a ese pueblo hasta la tierra que le había prometido con un juramento, y los mató en el desierto’. 17 Por eso, Señor, manifiesta la grandeza de tu poder, como tú lo has declarado, cuando dijiste: 18 ‘El Señor es lento para enojarse y está lleno de misericordia. Él tolera la maldad y la rebeldía, pero no las deja impunes, sino que castiga la culpa de los padres en los hijos y en los nietos hasta la cuarta generación’. 19 Perdona, por favor, la culpa de este pueblo según tu gran misericordia y como lo has venido tolerando desde Egipto hasta aquí”.

20 El Señor respondió: “Lo perdono, como tú me lo has pedido.
39

Ver 39. 5-7; 62. 10; 89. 48; 90. 3-10; 144. 4

1. 39. 5-7:

5 Señor, dame a conocer mi fin y cuál es la medida de mis días, para que comprenda lo frágil que soy: 6 no me diste más que un palmo de vida, y mi existencia es como nada ante ti. Ahí está el hombre: es tan sólo un soplo, 7 pasa lo mismo que una sombra; se inquieta por cosas fugaces y atesora sin saber para quién.

2. 62. 10:


3. 89. 48:


4. 90. 3-10:


5. 144. 4:

40

Ver Éx. 14. 10-12; 16. 2-3; 32. 1-6

1. Éx. 14. 10-12:

10 Cuando el Faraón ya estaba cerca, los israelitas levantaron los ojos y, al ver que los egipcios avanzaban detrás de ellos, se llenaron de pánico e invocaron a gritos al Señor. 11 Y dijeron a Moisés: “¿No había tumbas en Egipto para que nos trajeras a morir en el desierto? ¿Qué favor nos has hecho sacándonos de allí? 12 Ya te lo decíamos cuando estábamos en Egipto: ‘¡Déjanos tranquilos! Queremos servir a los egipcios, porque más vale estar al servicio de ellos que morir en el desierto’”.

2. 16. 2-3:

2 En el desierto, los israelitas comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón. 3 “Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea”.

3. 32. 1-6:

1 Cuando el pueblo vio que Moisés demoraba en bajar de la montaña, se congregó alrededor de Aarón y le dijo: “Fabrícanos un dios que vaya al frente de nosotros, porque no sabemos qué le ha pasado a Moisés, ese hombre que nos hizo salir de Egipto”. 2 Aarón les respondió: “Quiten a sus mujeres, a sus hijos y a sus hijas, las argollas de oro que llevan prendidas a sus orejas, y tráiganlas aquí”. 3 Entonces todos se quitaron sus aros y se los entregaron a Aarón. 4 Él recibió el oro, lo trabajó con el cincel e hizo un ternero de metal fundido. Ellos dijeron entonces: “Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto”. 5 Al ver esto, Aarón erigió un altar delante de la estatua y anunció en alta voz: “Mañana habrá fiesta en honor del Señor”. 6 Y a la mañana siguiente, bien temprano, ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión. Luego el pueblo se sentó a comer y a beber, y después se levantó para divertirse.
51

Ver Éx. 12

1. Éx. 12:

1 Luego el Señor dijo a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto:

2 Este mes será para ustedes el mes inicial, el primero de los meses del año. 3 Digan a toda la comunidad de Israel: El diez de este mes, consíganse cada uno un animal del ganado menor, uno para cada familia. 4 Si la familia es demasiado reducida para consumir un animal entero, se unirá con la del vecino que viva más cerca de su casa. En la elección del animal tengan en cuenta, además del número de comensales, lo que cada uno come habitualmente. 5 Elijan un animal sin ningún defecto, macho y de un año; podrá ser cordero o cabrito. 6 Deberán guardarlo hasta el catorce de este mes, y a la hora del crepúsculo, lo inmolará toda la asamblea de la comunidad de Israel. 7 Después tomarán un poco de su sangre, y marcarán con ella los dos postes y el dintel de la puerta de las casas donde lo coman. 8 Y esa misma noche comerán la carne asada al fuego, con panes sin levadura y verduras amargas. 9 No la comerán cruda ni hervida, sino asada al fuego; comerán también la cabeza, las patas y las entrañas. 10 No dejarán nada para la mañana siguiente, y lo que sobre, lo quemarán al amanecer. 11 Deberán comerlo así: ceñidos con un cinturón, calzados con sandalias y con el bastón en la mano. Y lo comerán rápidamente: es la Pascua del Señor.

12 Esa noche yo pasaré por el país de Egipto para exterminar a todos sus primogénitos, tanto hombres como animales, y daré un justo escarmiento a los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. 13 La sangre les servirá de señal para indicar las casas donde ustedes estén. Al verla, yo pasaré de largo, y así ustedes se librarán del golpe del Exterminador, cuando yo castigue al país de Egipto. 14 Este será para ustedes un día memorable y deberán solemnizarlo con una fiesta en honor del Señor. Lo celebrarán a lo largo de las generaciones como una institución perpetua.

15 Durante siete días ustedes comerán panes sin levadura. A partir del primer día, harán desaparecer la levadura de sus casas, porque todo el que coma pan fermentado, desde el primer día hasta el séptimo, será excluido de Israel. 16 El primer día celebrarán una asamblea litúrgica, y harán lo mismo el séptimo día. En todo este tiempo no estará permitido realizar ningún trabajo, exceptuando únicamente el que sea indispensable para preparar la comida.

17 Ustedes celebrarán la fiesta de los Ácimos, porque ese día hice salir de Egipto a los ejércitos de Israel. Observarán este día a lo largo de las generaciones como una institución perpetua. 18 En el transcurso del primer mes, desde el atardecer del día catorce hasta el atardecer del día veintiuno, comerán el pan sin levadura. 19 Durante esos siete días, no habrá levadura en sus casas, porque todo el que coma algo fermentado, sea extranjero o natural del país, será excluido de la comunidad de Israel. 20 En una palabra, no podrán comer nada fermentado; cualquiera sea el lugar donde habiten, comerán panes ácimos.

21 Moisés convocó a todos los ancianos de Israel y les dijo: “Vayan a buscar un animal del ganado menor para cada familia e inmolen la víctima pascual. 22 Luego tomen un manojo de plantas de hisopo, mójenlo en la sangre recogida en un recipiente, y marquen con la sangre el dintel y los dos postes de las puertas; y que ninguno de ustedes salga de su casa hasta la mañana siguiente. 23 Porque el Señor pasará para castigar a Egipto; pero al ver la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará de largo por aquella puerta, y no permitirá que el Exterminador entre en sus casas para castigarlos.

24 Cumplan estas disposiciones como un precepto permanente, para ustedes y para sus hijos. 25 Cuando lleguen a la tierra que el Señor ha prometido darles, observen este rito. 26 Y cuando sus hijos les pregunten qué significado tiene para ustedes este rito, 27 les responderán: ‘Este es el sacrificio de la Pascua del Señor, que pasó de largo en Egipto por las casas de los israelitas, cuando castigó a los egipcios y salvó a nuestras familias’”. El pueblo se postró en señal de adoración. 28 Luego los israelitas se fueron y realizaron exactamente todo lo que el Señor había ordenado a Moisés y a Aarón.

29 A medianoche, el Señor exterminó a todos los primogénitos en el país de Egipto, desde el primogénito del Faraón –el que debía sucederle en el trono– hasta el primogénito del que estaba preso en la cárcel, y a todos los primogénitos del ganado. 30 El Faraón se levantó aquella noche lo mismo que todos sus servidores y todos los egipcios, y en Egipto resonó un alarido inmenso, porque no había ninguna casa donde no hubiera un muerto.

31 Esa misma noche, el Faraón mandó llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: “Salgan inmediatamente de en medio de mi pueblo, ustedes y todos los israelitas, y vayan a dar culto al Señor, como lo habían pedido. 32 Tomen también sus ovejas y sus vacas, puesto que así lo quieren, y váyanse. Imploren una bendición también para mí”. 33 Los egipcios, por su parte, urgían al pueblo para obligarlo a salir del país lo antes posible, porque decían: “De lo contrario, todos moriremos”. 34 El pueblo recogió la masa para el pan antes que fermentara, y envolviendo en sus mantos los utensilios de cocina, los cargaron sobre sus hombros. 35 Además, los israelitas hicieron lo que Moisés les había ordenado: pidieron a los egipcios objetos de oro y plata, y también ropa, 36 y el Señor hizo que el pueblo se ganara el favor de los egipcios, los cuales accedieron a su pedido. De este modo, los israelitas despojaron a los egipcios.

37 Los israelitas partieron de Ramsés en dirección a Sucot. Eran unos seiscientos mil hombres de a pie, sin contar sus familias. 38 Con ellos iba también una multitud heterogénea, y una gran cantidad de ganado mayor y menor. 39 Como la pasta que habían traído de Egipto no había fermentado, hicieron con ella galletas ácimas. Al ser expulsados de Egipto no pudieron demorarse ni preparar provisiones para el camino.

40 Los israelitas estuvieron en Egipto cuatrocientos treinta años. 41 Y el día en que se cumplían esos cuatrocientos treinta años, todos los ejércitos de Israel salieron de Egipto. 42 El Señor veló durante aquella noche, para hacerlos salir de Egipto. Por eso, todos los israelitas deberán velar esa misma noche en honor del Señor, a lo largo de las generaciones.

43 El Señor dijo a Moisés y a Aarón: “Estas son las disposiciones relativas a la Pascua. No deberá comerla ningún extranjero. 44 En cambio, podrá hacerlo todo esclavo adquirido con dinero, con tal que antes lo hayas circuncidado. 45 Tampoco la comerán el huésped ni el mercenario. 46 Todos la comerán en una misma casa. No saques fuera de la casa ningún pedazo de carne y no quiebres los huesos de la víctima. 47 Toda la comunidad de Israel celebrará la Pascua. 48 Si un extranjero ha fijado su residencia junto a ti y quiere celebrar la Pascua en honor del Señor, antes deberán ser circuncidados todos los varones de su casa: sólo así podrá acercarse a celebrarla, porque será como el nacido en el país. Pero no la comerá ningún incircunciso. 49 La misma ley regirá para el nativo y para el extranjero que resida entre ustedes”.

50 Así lo hicieron los israelitas, exactamente como el Señor lo había ordenado a Moisés. 51 Y aquel mismo día, el Señor hizo salir de Egipto a los israelitas, distribuidos en grupos.
52

Ver Éx. 13. 17-22; nota Sal. 23. 1

1. Éx. 13. 17-22:

17 Cuando el Faraón dejó partir al pueblo, Dios no lo llevó por la ruta que atraviesa el país de los filisteos, aunque es la más directa, porque pensó: “Es posible que al verse atacados se arrepientan y regresen a Egipto”. 18 Por eso les hizo dar un rodeo, y los llevó hacia el Mar Rojo por el camino del desierto. Al salir de Egipto, los israelitas iban muy bien equipados.

19 Moisés tomó consigo los restos de José, porque este había comprometido a los israelitas con un juramento solemne, diciéndoles: “El Señor vendrá a visitarlos, y entonces ustedes se llevarán mis huesos de aquí”.

20 Después que partieron de Sucot, acamparon en Etám, al borde del desierto. 21 El Señor iba al frente de ellos, de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino; y de noche en una columna de fuego, para iluminarlos, de manera que pudieran avanzar de día y de noche. 22 La columna de nube no se apartaba del pueblo durante el día, ni la columna de fuego durante la noche.
54-55

Ver Éx. 15. 13-18

1. Éx. 15. 13-18:

13 Guías con tu fidelidad al pueblo que has rescatado y lo conduces con tu poder hacia tu santa morada.

14 Tiemblan los pueblos al oír la noticia: los habitantes de Filistea se estremecen, 15 cunde el pánico entre los jefes de Edóm, un temblor sacude a los príncipes de Moab, desfallecen todos los habitantes de Canaán. 16 El pánico y el terror los invaden, la fuerza de tu brazo los deja petrificados, hasta que pasa tu pueblo, Señor, hasta que pasa el pueblo que tú has adquirido. 17 Tú lo llevas y lo plantas en la montaña de tu herencia, en el lugar que preparaste para tu morada, en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos.

18 ¡El Señor reina eternamente!».
58

Estos “lugares de culto”: literalmente, “lugares elevados”, estaban dedicados a los dioses cananeos Baal y Astarté.

60

Ver nota 87. 2Jer. 7. 12-14; 26. 6. “Carpa”: ver nota 15. 1-5

1. Jer. 7. 12-14:

12 Vayan a mi lugar santo de Silo, donde yo hice habitar mi Nombre en otro tiempo, y vean lo que hice con él a causa de la maldad de mi pueblo Israel. 13 Y ahora, porque ustedes cometieron todas esas acciones –oráculo del Señor–, porque yo les hablé incansablemente y ustedes no escucharon, porque yo los llamé y ustedes no respondieron, 14 yo trataré a la Casa que es llamada con mi Nombre, en la cual ustedes han puesto su confianza, y al lugar que les he dado a ustedes lo mismo que a sus padres, de la misma manera que traté a Silo.

2. 26. 6:

6 entonces yo trataré a esta Casa como traté a Silo y haré de esta ciudad una maldición para todas las naciones de la tierra.
61

“Fortaleza”: esta expresión se refiere al Arca de la Alianza, que era una insignia guerrera y el lugar donde se manifestaba el poder invencible de Dios en medio de su Pueblo. Ver notas 132. 1-2Éx. 25. 10

1. Éx. 25. 10:

10 Tú harás un arca de madera de acacia, que deberá tener ciento veinticinco centímetros de largo por setenta y cinco de ancho y setenta y cinco de alto.
65

“Como un guerrero adormecido por el vino”: este audaz y vigoroso antropomorfismo presenta al Señor como un héroe, que después de un momentáneo silencio, despierta repentinamente para derrotar a sus enemigos.

70-72

Ver 1 Sam. 16. 1-13; 2 Sam. 7. 8

1. 1 Sam. 16. 1-13:

1 El Señor dijo a Samuel: “¿Hasta cuándo vas a estar lamentándote por Saúl, si yo lo he rechazado para que no reine más sobre Israel? ¡Llena tu frasco de aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos al que quiero como rey”. 2 Samuel respondió: “¿Cómo voy a ir? Si se entera Saúl, me matará”. Pero el Señor replicó: “Llevarás contigo una ternera y dirás: ‘Vengo a ofrecer un sacrificio al Señor’. 3 Invitarás a Jesé al sacrificio, y yo te indicaré lo que debes hacer: tú me ungirás al que yo te diga”.

4 Samuel hizo lo que el Señor le había dicho. Cuando llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a su encuentro muy atemorizados, y le dijeron: “¿Vienes en son de paz, vidente?”. 5 “Sí, respondió él; vengo a ofrecer un sacrificio al Señor. Purifíquense y vengan conmigo al sacrificio”. Luego purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó al sacrificio.

6 Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab y pensó: “Seguro que el Señor tiene ante él a su ungido”. 7 Pero el Señor dijo a Samuel: “No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón”. 8 Jesé llamó a Abinadab y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: “Tampoco a este ha elegido el Señor”. 9 Luego hizo pasar a Sammá; pero Samuel dijo: “Tampoco a este ha elegido el Señor”. 10 Así Jesé hizo pasar ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé: “El Señor no ha elegido a ninguno de estos”.

11 Entonces Samuel preguntó a Jesé: “¿Están aquí todos los muchachos?”. Él respondió: “Queda todavía el más joven, que ahora está apacentando el rebaño”. Samuel dijo a Jesé: “Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que llegue aquí”. 12 Jesé lo hizo venir: era de tez clara, de hermosos ojos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: “Levántate y úngelo, porque es este”. 13 Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David. Samuel, por su parte, partió y se fue a Ramá.

2. 2 Sam. 7. 8:

8 Y ahora, esto es lo que le dirás a mi servidor David: Así habla el Señor de los ejércitos: Yo te saqué del campo de pastoreo, de detrás del rebaño, para que fueras el jefe de mi pueblo Israel.