Salmo 69 (68): El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

Esta angustiosa lamentación tiene muchos rasgos comunes con el Salmo 22, en especial, la dramática descripción de la enfermedad y los sufrimientos que dan motivo a la súplica (vs.2-5). Entre estos últimos, el salmista menciona particularmente el desprecio de que es objeto por su fidelidad a la causa de Dios y su amor hacia el Templo (vs.8-13). Así hace presente al Señor que su enfermedad pone en juego el honor divino, porque si él muere, todos los fieles quedarán expuestos a la burla de sus enemigos (v.7).

Los vs.36-37 indican que el Salmo fue compuesto poco tiempo después del exilio babilónico.

SÚPLICA ANGUSTIOSA EN MEDIO DE LA DESGRACIA

1 Del maestro de coro. Según la melodía de «Los lirios». De David.

Descripción de los males [ 2 | 13 ]

2 ¡Sálvame, Dios mío,
porque el agua me llega a la garganta!
3 * Estoy hundido en el fango del Abismo
y no puedo hacer pie;
he caído en las aguas profundas,
y me arrastra la corriente.
4 Estoy exhausto de tanto gritar,
y mi garganta se ha enronquecido;
se me ha nublado la vista
de tanto esperar a mi Dios.
5 Más numerosos que los cabellos de mi cabeza
son los que me odian sin motivo;
más fuertes que mis huesos,
los que me atacan sin razón.
¡Y hasta tengo que devolver
lo que yo no he robado!
6 Dios mío, tú conoces mi necedad,
no se te ocultan mis ofensas.
7 Que no queden defraudados por mi culpa
los que esperan en ti, Señor del universo;
que no queden humillados por mi causa
los que te buscan, Dios de Israel.
8 Por ti he soportado afrentas
y la vergüenza cubrió mi rostro;
9 me convertí en un extraño para mis hermanos,
fui un extranjero para los hijos de mi madre:
10 * porque el celo de tu Casa me devora,
y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian.
11 Cuando aflijo mi alma con ayunos,
aprovechan para insultarme;
12 cuando me visto de penitente,
soy para ellos un motivo de risa;
13 los que están a la puerta murmuran contra mí,
y los bebedores me hacen burla con sus cantos.

Pedido de auxilio [ 14 | 22 ]

14 Pero mi oración sube hasta ti, Señor,
en el momento favorable:
respóndeme, Dios mío, por tu gran amor,
sálvame, por tu fidelidad.
15 Sácame del lodo para que no me hunda,
líbrame de los que me odian
y de las aguas profundas;
16 que no me arrastre la corriente,
que no me trague el Abismo,
que el Pozo no se cierre sobre mí.
17 Respóndeme, Señor, por tu bondad y tu amor,
por tu gran compasión vuélvete a mí;
18 no le ocultes el rostro a tu servidor,
respóndeme pronto, porque estoy en peligro.
19 Acércate a mi y rescátame,
líbrame de mis enemigos:
20 tú conoces mi afrenta, mi vergüenza y mi deshonra,
todos mis enemigos están ante ti.
21 La vergüenza me destroza el corazón,
y no tengo remedio.
Espero compasión y no la encuentro,
en vano busco un consuelo:
22 * pusieron veneno en mi comida,
y cuando tuve sed me dieron vinagre.

Imprecación contra los enemigos [ 23 | 29 ]

23 * Que su mesa se convierta en una trampa,
y sus manjares, en un lazo;
24 que se nuble su vista y no vean,
y sus espaldas se queden sin fuerzas.
25 Descarga sobre ellos tu indignación
que los alcance el ardor de tu enojo;
26 * que sus poblados se queden desiertos
y nadie habite en sus carpas.
27 Porque persiguen al que tú has castigado
y aumentan los dolores del que tú has herido.
28 Impútales una culpa tras otra,
no los declares inocentes;
29 * bórralos del Libro de la Vida,
que no sean inscritos con los justos.

Acción de gracias [ 30 | 37 ]

30 Yo soy un pobre desdichado, Dios mío,
que tu ayuda me proteja:
31 así alabaré con cantos el nombre de Dios,
y proclamaré su grandeza dando gracias;
32 esto agradará al Señor más que un toro,
más que un novillo con cuernos y pezuñas.
33 Que lo vean los humildes y se alegren,
que vivan los que buscan al Señor:
34 porque el Señor escucha a los pobres
y no desprecia a sus cautivos.
35 Que lo alaben el cielo, la tierra y el mar,
y todos los seres que se mueven en ellos;
36 porque el Señor salvará a Sión
y volverá a edificar las ciudades de Judá:
37 el linaje de sus servidores la tendrá como herencia,
y los que aman su nombre morarán en ella.
10

“El celo de tu Casa me devora”: apoyados en estas palabras, algunos intérpretes incluyen al salmista entre aquellos que, a la vuelta del exilio, estaban firmemente empeñados en la reconstrucción del Templo (Ag. 1-2). Esto explicaría por qué los que ponían obstáculos a dicha reconstrucción, agraviaban a la vez al Señor y al salmista. Ver Jn. 2. 17

1. Ag. 1-2:


2. Jn. 2. 17:

17 Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá.
22

Ver Jn. 19. 28-30

1. Jn. 19. 28-30:

28 Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: 28 Tengo sed.

29 Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. 30 Después de beber el vinagre, dijo Jesús: «Todo se ha cumplido». E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.
23-24

Ver Rom. 11. 9-10

1. Rom. 11. 9-10:

9 Y David añade: Que su mesa se convierta en una trampa y en un lazo, en ocasión de caída y en justo castigo. 10 Que se nublen sus ojos para que no puedan ver, y doblégales la espalda para siempre.
26

Ver Hech. 1. 20

1. Hech. 1. 20:

20 En el libro de los Salmos está escrito: Que su casa quede desierta y nadie la habite. Y más adelante: Que otro ocupe su cargo.