Salmo 51 (50): El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

Este Salmo -designado tradicionalmente con el nombre de Miserere- es la súplica penitencial por excelencia. El salmista es consciente de su profunda miseria (v. 7) y experimenta la necesidad de una total transformación interior, para no dejarse arrastrar por su tendencia al pecado (v. 4). Por eso, además de reconocer sus faltas y de implorar el perdón divino, suplica al Señor que lo renueve íntegramente, “creando” en su interior “un corazón puro” (v. 12).

El tono de la súplica es marcadamente personal, y en el contenido del Salmo se percibe la influencia de los grandes profetas, en especial de Jeremías (Jer. 24. 7) y Ezequiel (Ez. 36. 25-27). En él se encuentra, además, el germen de la doctrina paulina acerca del “hombre nuevo” (Col. 3. 10; Ef. 4. 24). Este es uno de los Salmos llamados “penitenciales” (Sal. 6; 32; 38; 102; 130; 143).

Humilde reconocimiento del pecado [ 3 | 7 ]

3 [bj] Ez. 18. 23 [bnp] Lc. 18. 13 [bla] Sal. 41. 5; Is. 43. 25; Is. 44. 22 [ncbsj] Sal. 69. 14. 17; Sal. 106. 45-46; Is. 63. 7; Lam. 3. 32; Neh. 13. 22; Is. 43. 25; Is. 44. 22

3 ¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!

4 [bla] Ez. 36. 25; Ez. 37. 23 [ncbsj] Jer. 2. 22

4 ¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!

5 [bj] Is. 59. 12; Ez. 6. 9 [bla] Jb. 31. 33 [cdlb > 5-6] Sal. 32. 5; Sal. 106. 6; Esd. 9; Neh. 9; Dn. 9; Sal. 58. 4; Is. 1. 8 [bti] Sal. 32. 5

5 Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.

6 [bj] Is. 59. 12; >Rom. 3. 4 [bnp] Dn. 9. 16; Lc. 15. 18 [ncbsj] 2 Sam. 12. 9. 13

6 Contra ti, contra ti solo pequé
e hice lo que es malo a tus ojos.
Por eso, será justa tu sentencia
y tu juicio será irreprochable;

7 [bj] Jb. 14. 4 [bnp] Sal. 58. 4; Is. 48. 8 [bc] Gn. 8. 21; Jb. 15. 14-16; Prov. 20. 9; Jer. 17. 9; Rom. 7. 14-23 [bla] Jn. 9. 34; Rom. 7. 14

7 yo soy culpable desde que nací;
pecador me concibió mi madre.

Anhelo de renovación interior [ 8 | 21 ]

8 Tú amas la sinceridad del corazón
y me enseñas la sabiduría en mi interior.

9 [blpd] Lev. 14. 4; Núm. 19. 18 [bj] Is. 1. 18; Ez. 36. 25; Jb. 9. 30; Heb. 9. 13-14; Sal. 6. 3; Sal. 35. 8 [bc] Lev. 14. 4-7. 49-53; Jn. 19. 29; Éx. 12. 22; Heb. 9. 13-14. 19 [vd] 1 Rey. 5. 13; Núm. 19. 6

9 * Purifícame con el hisopo y quedaré limpio;
lávame, y quedaré más blanco que la nieve.

10 [bpe] Is. 66. 14 [bla] Ez. 37. 1-14

10 Anúnciame el gozo y la alegría:
que se alegren los huesos quebrantados.

11 [ncbsj] Sal. 27. 9; Sal. 69. 18; Sal. 88. 15

11 Aparta tu vista de mis pecados
y borra todas mis culpas.

12 [blpd] Gn. 1. 1; Deut. 4. 32; Is. 43. 15; Is. 45. 8; Is. 65. 17 [bj] Ez. 11. 19 [bpe] Mt. 26. 41 [cbl > 12-19] Ez. 36. 24-28 [bc] 2 Cor. 5. 17

12 * Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.

13 [bj] Sab. 1. 5; Sab. 9. 17; Rom. 8. 9. 14-16; Is. 57. 15 [bpe] 2 Sam. 23. 2; Éx. 19. 6; Is. 62. 12; 2 Rey. 13. 23 [bla] Is. 63. 11

13 No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.
14 Devuélveme la alegría de tu salvación,
que tu espíritu generoso me sostenga:
15 yo enseñaré tu camino a los impíos
y los pecadores volverán a ti.

16 [bj] Sal. 30. 10 [bnp] Sal. 19. 14 [cdlb] Sal. 104. 29 [ncbsj] Ez. 3. 18-21; Ez. 33. 7-9

16 * ¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,
y mi lengua anunciará tu justicia!

17-19 [ncbsj] 1 Sam. 15. 22; Sal. 40. 7 [bc] Sal. 50. 8-15. 23

17 Abre mis labios, Señor,
y mi boca proclamará tu alabanza.

18 [blpd] Os. 6. 6 [bj] Sal. 50. 8; Am. 5. 21-25 [cdlb > 18-19] Sal. 50. 14. 23 [bti] Sal. 40. 7

18 * Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:

19 [bj] Is. 57. 15; Is. 62. 2; Sal. 34. 19 [bla] Ez. 6. 9

19 mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.

20 [bj] Jer. 30. 18; Jer. 31. 4; Ez. 36. 33; Is. 58. 12 [bpe] Is. 40. 2; Ez. 36. 22-28 [bla] Sal. 102. 14-18

20 * Trata bien a Sión, Señor, por tu bondad;
reconstruye los muros de Jerusalén.

21 [bj] Sal. 4. 6; Lev. 1. 3

21 Entonces aceptarás los sacrificios rituales
–las oblaciones y los holocaustos–
y se ofrecerán novillos en tu altar.
51 2

Ver 2 Sam. 12

1. 2 Sam. 12:

1 Entonces el Señor le envió al profeta Natán. Él se presentó a David y le dijo: “Había dos hombres en una misma ciudad, uno rico y el otro pobre. 2 El rico tenía una enorme cantidad de ovejas y de bueyes. 3 El pobre no tenía nada, fuera de una sola oveja pequeña que había comprado. La iba criando, y ella crecía junto a él y a sus hijos: comía de su pan, bebía de su copa y dormía en su regazo. ¡Era para él como una hija! 4 Pero llegó un viajero a la casa del hombre rico, y este no quiso sacrificar un animal de su propio ganado para agasajar al huésped que había recibido. Tomó en cambio la oveja del hombre pobre, y se la preparó al que le había llegado de visita”.

5 David se enfureció contra aquel hombre y dijo a Natán: “¡Por la vida del Señor, el hombre que ha hecho eso merece la muerte! 6 Pagará cuatro veces el valor de la oveja, por haber obrado así y no haber tenido compasión”.

7 Entonces Natán dijo a David: “¡Ese hombre eres tú! Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; 8 te entregué la casa de tu señor y puse a sus mujeres en tus brazos; te di la casa de Israel y de Judá, y por si esto fuera poco, añadiría otro tanto y aún más. 9 ¿Por qué entonces has despreciado la palabra del Señor, haciendo lo que es malo a sus ojos? ¡Tú has matado al filo de la espada a Urías, el hitita! Has tomado por esposa a su mujer, y a él lo has hecho morir bajo la espada de los amonitas. 10 Por eso, la espada nunca más se apartará de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado por esposa a la mujer de Urías, el hitita.

11 Así habla el Señor: ‘Yo haré surgir de tu misma casa la desgracia contra ti. Arrebataré a tus mujeres ante tus propios ojos y se las daré a otro, que se acostará con ellas en pleno día. 12 Porque tú has obrado ocultamente, pero yo lo haré delante de todo Israel y a la luz del sol’”.

13 David dijo a Natán: “¡He pecado contra el Señor!”. Natán le respondió: “El Señor, por su parte, ha borrado tu pecado: no morirás. 14 No obstante, porque con esto has ultrajado gravemente al Señor, el niño que te ha nacido morirá sin remedio”. 15 Y Natán se fue a su casa.

El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y él cayó gravemente enfermo. 16 David recurrió a Dios en favor del niño: ayunó rigurosamente, y cuando se retiraba por la noche, se acostaba en el suelo. 17 Los ancianos de su casa le insistieron para que se levantara del suelo, pero él se negó y no quiso comer nada con ellos. 18 Al séptimo día, el niño murió. Los servidores de David no se atrevían a darle la noticia, porque se decían: “Si cuando el niño estaba vivo le hablábamos y no nos escuchaba, ¿cómo le vamos a decir que el niño está muerto? ¡Es capaz de hacer un disparate!”. 19 Pero David advirtió que sus servidores hablaban sigilosamente entre ellos, y comprendió que el niño había muerto. Entonces les preguntó: “¿Ha muerto el niño?”. Y ellos le dijeron: “Sí, está muerto”.

20 David se levantó del suelo, se bañó, se perfumó y se cambió de ropa. Luego entró en la Casa del Señor y se postró. Una vez que volvió a su casa, pidió que le sirvieran de comer y comió. 21 Sus servidores le dijeron: “¿Qué modo de proceder es este? Cuando el niño estaba vivo, ayunabas y llorabas. ¡Y ahora que él ha muerto, te levantas y te poner a comer!”. 22 Él respondió: “Mientras el niño vivía, yo ayunaba y lloraba, pensando: ‘¿Quién sabe? A lo mejor el Señor se apiada de mí y el niño se cura’. 23 Pero ahora que está muerto, ¿Para qué voy a ayunar? ¿Acaso podré hacerlo volver? Yo iré hacia él, pero él no volverá hacia mí”.

24 David consoló a Betsabé, su mujer, y se unió a ella. Ella concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Salomón. El Señor lo amó, 25 y por medio del profeta Natán, mandó ponerle el sobrenombre de Iedidiá –que significa “Amado del Señor”– conforme a la palabra del Señor.

26 Joab atacó a Rabá de los amonitas y tomó la ciudad real. 27 Luego envió mensajeros a David para decirle: “Acometí contra Rabá y conquisté también la ciudad de las Aguas. 28 Ahora reúne el resto del ejército y acampa contra la ciudad para tomarla, no sea que la tome yo y se llame con mi nombre”. 29 David reunió todo el ejército, fue a Rabá, la atacó y la tomó.

30 Después David tomó la corona de la cabeza del dios Milcón y comprobó que pesaba un talento de oro. La corona tenía una piedra preciosa que fue colocada sobre la frente de David. Él se llevó también de la ciudad un enorme botín. 31 En cuanto a la población, la hizo salir de la ciudad, la obligó a trabajar con sierras, con picos de hierro y hachas, y la empleó en los hornos de ladrillos. Lo mismo hizo con todas las ciudades de los amonitas. Luego David y todo el ejército se volvieron a Jerusalén.
9

El “hisopo” es una planta cuyas ramas se utilizaban como aspersorios en los ritos de purificación. Ver Lev. 14. 4; Núm. 19. 18

1. Lev. 14. 4:

4 mandará traer, para la persona que va a ser purificada, dos pájaros vivos puros, un trozo de madera de cedro, una cinta de púrpura escarlata y un ramillete de hisopo.

2. Núm. 19. 18:

18 Luego una persona pura tomará un ramillete de hisopo, lo sumergirá en el agua, y rociará la carpa, las vasijas y las personas que estuvieron allí o que tocaron los huesos, la persona asesinada o que murió de muerte natural, o la tumba.
12

“Crea en mí”: en la Biblia, este verbo se aplica únicamente a Dios, y designa la acción divina que produce un resultado nuevo e imprevisible. Se lo emplea para describir la creación del mundo (Gn. 1. 1; Deut. 4. 32), la formación de Israel (Is. 43. 15), la restauración del Pueblo elegido después del exilio (Is. 45. 8) y la creación del “cielo nuevo” y la “tierra nueva” (Is. 65. 17). Al aplicar este verbo a la renovación interior del pecador, el Salmo expresa que esta es una obra divina semejante al acto creador. Esta misma idea se vuelve a repetir en el verso siguiente, cuyo significado literal es “produce en mi interior un espíritu nuevo y firme”.

1. Gn. 1. 1:

1 Al principio Dios creó el cielo y la tierra.

2. Deut. 4. 32:

32 Pregúntale al tiempo pasado, a los días que te han precedido desde que el Señor creó al hombre sobre la tierra, si de un extremo al otro del cielo sucedió alguna vez algo tan admirable o se oyó una cosa semejante.

3. Is. 43. 15:

15 Yo soy el Señor, el Santo, el Creador de Israel, su Rey.

4. Is. 45. 8:

8 ¡Destilen, cielos, desde lo alto, y que las nubes derramen la justicia! ¡Que se abra la tierra y produzca la salvación, y que también haga germinar la justicia! Yo, el Señor, he creado todo esto.

5. Is. 65. 17:

17 Sí, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva. No quedará el recuerdo del pasado ni se lo traerá a la memoria,
16

“Líbrame de la muerte”: literalmente, “líbrame de la sangre”: la “sangre” podría simbolizar la enfermedad, los delitos sangrientos o, más probablemente, la muerte prematura como consecuencia del pecado.

18-19

En consonancia con la predicación de los Profetas, estos versículos expresan que el sacrificio más agradable a Dios es el arrepentimiento del pecado y la conversión interior. Ver nota 50. 8-15; Os. 6. 6.

1. Os. 6. 6:

6 Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.
20-21

Esta súplica fue añadida posteriormente, tal vez, en tiempos de Nehemías, cuando Israel estaba empeñado en reconstruir los muros de Jerusalén, después de la prueba del exilio.