Salmo 42 (41): El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

La unidad temática, el estilo y la repetición del mismo estribillo a intervalos regulares (42. 6, 12; 43. 5) indican que los Salmos 42 y 43 forman un mismo poema. En él se armonizan admirablemente la hondura del sentimiento religioso y la eficacia de la expresión lírica. El v. 7 indica que el autor del Salmo -probablemente un levita- se encuentra lejos de la Tierra santa, en las cercanías del monte Hermón, y suspira por volver a gozar de la presencia divina en el Santuario de Sión. A pesar de sentirse olvidado de Dios (42. 10), el salmista no ha perdido la esperanza, y confía en que el Señor volverá a guiar sus pasos hasta su santa Montaña (43. 3).

La amargura del destierro [ 2 | 12 ]

2-3 [blpd] Sal. 63. 2; Sal. 84. 3; Sal. 143. 6 [bj] Jn. 4. 1+ [bnp] Jl. 1. 20

2 * Como la cierva sedienta
busca las corrientes de agua,
así mi alma suspira
por ti, mi Dios.

3 [bj] Is. 26. 9; Sal. 63. 2; Sal. 84. 3; Sal. 36. 10; Sal. 27. 4; *Éx. 33. 20+; *Deut. 31. 11; *Sal. 27. 8+ [bjs] Núm. 17. 10; Éx. 25. 16; Apoc. 11. 19; Apoc. 15. 5; 2 Mac. 2. 4s; Ez. 41. 26; 2 Cor. 5. 4; Sal. 6. 6; 1 Tes. 4. 16; 1 Cor. 15. 22. 23. 51. 52 [bti] Sal. 5. 8; Sal. 11. 7; Sal. 17. 15; Sal. 27. 4; Sal. 143. 6; Jn. 4. 10-14; Jn. 7. 37-38

3 Mi alma tiene sed de Dios,
del Dios viviente:
¿Cuándo iré a contemplar
el rostro de Dios?

4 [blpd] Sal. 115. 2 [bj] Miq. 7. 10; Mal. 2. 17; Sal. 79. 10 [bjs] Cant. 3. 1; Jn. 14. 23 [bc] Jl. 2. 17; Sal. 56. 9; Sal. 119. 54; Esd. 6. 20-21; Tob. 13. 8; Tob. 14. 5

4 * Las lágrimas son mi único pan
de día y de noche,
mientras me preguntan sin cesar:
«¿Dónde está tu Dios?».

5 [bj] Lam. 3. 20; Sal. 27. 4-5; *Éx. 23. 14-17 [bti] Sal. 122. 1

5 Al recordar el pasado,
me dejo llevar por la nostalgia:
¡cómo iba en medio de la multitud
y la guiaba hacia la Casa de Dios,
entre cantos de alegría y alabanza,
en el júbilo de la fiesta!

6 [bj] Sal. 6. 5+ [bp] Mt. 26. 38 [ba] =Sal. 42. 12; =Sal. 43. 5 [bti] Jn. 12. 7

6 * ¿Por qué te deprimes, alma mía?
¿Por qué te inquietas?
Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias,
a él, que es mi salvador y mi Dios.

7 [bj] Sal. 43. 3; Sal. 68. 17 [bti] Lam. 3. 2

7 * Mi alma está deprimida:
por eso me acuerdo de ti,
desde la tierra del Jordán y el Hermón,
desde el monte Misar.

8 [blpd] Sal. 88. 18; Sal. 124. 4-5 [bj] ||Jon. 2. 4; Sal. 32. 6; Sal. 69. 3; Sal. 88. 8 [bpe] Deut. 8. 7 [bp] 2 Sam. 22. 5

8 * Un abismo llama a otro abismo,
con el estruendo de tus cataratas;
tus torrentes y tus olas
pasaron sobre mí.

9 [bti] Sal. 119. 62; Sal. 149. 5

9 De día, el Señor me dará su gracia;
y de noche, cantaré mi alabanza
al Dios de mi vida.

10 [bj] Sal. 18. 3+ [bpe] Sal. 18. 3; Sal. 31. 4; Sal. 71. 3 [ba] =Sal. 43. 2 [bti] Sal. 38. 7; Is. 49. 14

10 Diré a mi Dios:
«Mi Roca, ¿por qué me has olvidado?
¿Por qué tendré que estar triste,
oprimido por mi enemigo?».

11 [bnp] Jer. 23. 9

11 Mis huesos se quebrantan
por la burla de mis adversarios;
mientras me preguntan sin cesar:
«¿Dónde está tu Dios?».

12 [bp] Mc. 14. 34 [bjs] Ez. 37. 21-28 [ba] =Sal. 42. 6; =Sal. 43. 5

12 ¿Por qué te deprimes, alma mía?
¿Por qué te inquietas?
Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias,
a él, que es mi salvador y mi Dios.
42 1

“Los hijos de Coré”: Coré fue uno de los levitas que se rebelaron contra Moisés y Aarón en el desierto y que murieron a causa de ello (Núm. 16). Sus descendientes (Núm. 26. 11) figuran entre los servidores del Templo (1 Crón. 9. 19; 26. 1-3). La colección de “los hijos de Coré” incluye 42 - 49; 84 - 85; 87 - 88.

Aquí comienza la serie de los Salmos llamados “elohístas”, porque en ellos el nombre de Dios -”Yahvé”, es decir, el “Señor”- ha sido sustituido sistemáticamente por el de “Elohím”, que significa “Dios”. La sustitución se produjo probablemente entre los desterrados a Babilonia, porque al recitar estos Salmos, los israelitas consideraban una profanación pronunciar el nombre de “Yahvé” en un país extranjero. Ver 137. 4 y nota Gn. 4. 26. En la traducción de esta serie de Salmos se ha respetado la forma actual del texto hebreo, salvo algunos casos en que pareció conveniente volver a la forma original.

1. Núm. 16:

1 Coré –hijo de Ishar, hijo de Quehat, hijo de Leví– junto con Datán y Abirón, hijos de Eliab, y On, hijo de Pelet –estos últimos eran descendientes de Rubén– decidieron 2 sublevarse contra Moisés, secundados por otros doscientos cincuenta israelitas, todos ellos jefes de la comunidad, representantes de la asamblea y personas de renombre. 3 Se amotinaron contra Moisés y Aarón, y les dijeron: “¡Ustedes se han excedido en sus atribuciones! Toda la comunidad es sagrada, y el Señor está en medio de ella. ¿Por qué entonces ustedes se ponen por encima de la asamblea del Señor?”.

4 Cuando Moisés oyó esto, cayó con el rostro en tierra. 5 Luego dijo a Coré y a todos sus secuaces: “Mañana, el Señor pondrá de manifiesto quién es el que le pertenece y quién está consagrado; y permitirá que se le acerque el que ha sido elegido por él. 6 Por eso, hagan lo siguiente: tú, Coré, y todos tus secuaces, tomen unos incensarios, 7 pongan fuego en ellos, y mañana échenles incienso en la presencia del Señor. Aquel a quien el Señor elija será el consagrado. ¡Ustedes, hijos de Leví, se han excedido en sus atribuciones!”. 8 Luego Moisés siguió diciendo a Coré: “Escúchenme, hijos de Leví. 9 ¿No les basta que el Señor los haya separado de toda la comunidad de Israel y los haya acercado a él, para prestar servicios en la Morada del Señor y para estar como ministros al frente de la comunidad? 10 El Señor te promovió a ti y a todos tus hermanos, los descendientes de Leví, ¿y todavía reclaman el sacerdocio? 11 En realidad, tú y tus secuaces se han confabulado contra el Señor. Porque ¿quién es Aarón para que ustedes protesten contra él?”.

12 Moisés mandó llamar a Datán y a Abirón, hijos de Eliab. Pero ellos replicaron: “¡No iremos! 13 ¿No te basta con habernos sacado de una tierra que mana leche y miel, para hacernos morir en el desierto, que todavía quieres dominarnos? 14 El lugar al que nos has traído no es una tierra que mana leche y miel, y no nos has dado como herencia campos y viñedos. ¿O pretendes impedir que esta gente vea? No iremos”. 15 Moisés se indignó profundamente y dijo al Señor: “No aceptes su oblación. Yo no les he quitado ni un solo asno ni he perjudicado a ninguno de ellos”.

16 Entonces Moisés dijo a Coré: “Tú y tus secuaces comparecerán mañana delante del Señor, y también comparecerá Aarón. 17 Cada uno de ustedes tomará su incensario, le pondrá incienso y lo ofrecerá al Señor: serán doscientos cincuenta incensarios en total. También tú y Aarón llevarán cada uno el suyo”. 18 Cada uno tomó su incensario, le puso fuego y le echó incienso. Luego ocuparon sus puestos a la entrada de la Carpa del Encuentro, junto con Moisés y Aarón. 19 Y una vez que Coré convocó contra ellos a toda la comunidad, a la entrada de la Carpa del Encuentro, la gloria del Señor se apareció a toda la comunidad, 20 y el Señor dijo a Moisés y a Aarón: 21 “Sepárense de esta comunidad, porque los voy a exterminar en un instante”. 22 Pero ellos cayeron con el rostro en tierra y exclamaron: “Dios, tú que das el aliento a todos los vivientes, ¿te vas a irritar contra toda la comunidad cuando el que peca es uno solo?”. 23 El Señor dijo a Moisés: 24 “Habla en estos términos a la comunidad: ‘Aléjense de los alrededores de la morada de Coré, Datán y Abirón’”.

25 Moisés se levantó, fue adonde estaban Datán y Abirón, seguido de los ancianos de Israel, 26 y dijo a la comunidad: “Apártense de las carpas de estos hombres perversos y no toquen nada de lo que les pertenece, porque de lo contrario también ustedes serán exterminados a causa de sus pecados”. 27 Y todos se separaron de las moradas de Coré, Datán y Abirón. Datán y Abirón, por su parte, salieron y se pusieron de pie a la entrada de sus carpas, junto con sus mujeres, sus hijos y sus pequeños. 28 Moisés dijo: “En esto conocerán que ha sido el Señor el que me envió a hacer estas cosas, y que no es un capricho mío: 29 si estos hombres mueren de muerte natural y su suerte es igual a la de todos los hombres, no ha sido el Señor el que me envió. 30 Pero si el Señor realiza algo inusitado –si la tierra abre sus fauces para tragarlos con todos sus bienes y ellos bajan vivos al Abismo– ustedes sabrán que esta gente ha despreciado al Señor”.

31 Apenas Moisés terminó de pronunciar estas palabras, el suelo se partió debajo de sus pies, 32 la tierra abrió sus fauces y los tragó junto con sus familias, con toda la gente de Coré y con todos sus bienes. 33 Ellos bajaron vivos al Abismo, con todo lo que les pertenecía. La tierra los cubrió y desaparecieron de en medio de la asamblea. 34 Al oír sus gritos, todos los israelitas que estaban cerca de ellos huyeron, diciendo: “¡Que no nos trague la tierra!”.

35 Luego bajó fuego del Señor y consumió a los doscientos cincuenta hombres que habían ofrecido incienso.

2. Núm. 26. 11:

11 Los hijos de Coré, sin embargo, no murieron.

3. 1 Crón. 9. 19:

19 Salúm, hijo de Coré, hijo de Ebiasaf, hijo de Córaj, y sus hermanos los corajitas, de la misma familia. Ellos se ocupan del culto como guardianes de los umbrales de la Carpa, porque sus padres habían tenido a su cargo la guardia de acceso al campamento del Señor.

4. 26. 1-3:

1 Los grupos de porteros fueron los siguientes: De los coreítas: Meselemías, hijo de Coré, uno de los hijos de Ebiasaf. 2 Los hijos de Meselemías fueron: el primogénito, Zacarías; el segundo, Iediael; el tercero, Zebadías; el cuarto, Iatniel; 3 el quinto, Elám; el sexto, Iehojanán, y el séptimo, Eliehoenai.

5. 137. 4:

4 ¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor en tierra extranjera?
2-3

Ver 63. 2; 84. 3; 143. 6.

“Contemplar el rostro de Dios” (v. 3): ver nota 11.7.

1. 63. 2:

2 Señor, tú eres mi Dios, yo te busco ardientemente; mi alma tiene sed de ti, por ti suspira mi carne como tierra sedienta, reseca y sin agua.

2. 84. 3:

3 Mi alma se consume de deseos por los atrios del Señor; mi corazón y mi carne claman ansiosos por el Dios viviente.

3. 143. 6:

6 y extiendo mis brazos hacia ti: suspiro por ti como tierra reseca.
6

“Mi salvador”: el texto original dice literalmente “salvación de mi rostro”, y se refiere a la actitud benévola del Señor que transforma el rostro del salmista, cambiando su tristeza en alegría.

7

“La tierra del Jordán y el Hermón” está situada al norte de Palestina, donde se encuentran las fuentes del río Jordán. No se puede determinar con la misma certeza la ubicación del “monte Misar”.

8

En el estilo bíblico, las aguas torrenciales -símbolo del caos y del “Abismo”- representan las grandes calamidades. Es probable que el salmista asocie esta imagen a los torrentes que se forman junto a las fuentes del Jordán en la época de las lluvias. Ver 88. 18; 124. 4-5.

1. 88. 18:

18 Me rodean todo el día como una correntada, me envuelven todos a la vez.

2. 124. 4-5:

4 las aguas nos habrían inundado, un torrente nos habría sumergido, 5 nos habrían sumergido las aguas turbulentas.