Salmo 2: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

Este Salmo "real" perteneció originariamente al ritual de la entronización de los reyes davídicos. Con gran fuerza poética y en progresión dramática, el salmista presenta cuatro escenas sucesivas: a) la inútil rebelión de los reyes vasallos (vs. 1-3); b) la reacción del Señor frente a los rebeldes (vs. 4-6); c) la declaración del nuevo rey, el "Ungido" del Señor (vs. 7-9); d) el llamado a la reconciliación, con una amenaza a los rebeldes (vs. 10-12).

En el transcurso del tiempo, este Salmo se fue enriqueciendo con motivos mesiánicos, y los primeros cristianos lo "releyeron" como un anuncio de la entronización celestial de Cristo en el momento de su Resurrección y como una proclamación profética de su filiación divina (v. 7).

EL REY DAVÍDICO, FIGURA DEL MESÍAS

La rebelión de los reyes vasallos [ 1 | 3 ]

1 [bj] Sal. 110; 🡕Hech. 4. 25-28 [max] Mt. 26. 3-4; Mc. 14. 1; Lc. 22. 2; Hech. 4. 5; Apoc. 11. 18; 19. 19

1 * ¿Por qué se amotinan las naciones
y los pueblos hacen vanos proyectos?

2 [bj] 🡕Apoc. 19. 19; Sal. 83. 6 [blpd3] N Sal. 18. 51; N Sal. 20. 7; 1 Sam. 16. 3

2 * Los reyes de la tierra se sublevan,
y los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Ungido:

3 [bj] Sal. 149. 8

3 «Rompamos sus ataduras,
librémonos de su yugo».

El Señor, defensor de su Ungido [ 4 | 6 ]

4 [bj] Is. 10. 15-17. 22-24; Sal. 59. 9 [blpd] Sal. 37. 13

4 * El que reina en el cielo se sonríe;
el Señor se burla de ellos.
5 Luego los increpa airadamente
y los aterra con su furor:
6 «Yo mismo establecí a mi Rey
en Sión, mi santa Montaña».

Los privilegios del Rey [ 7 | 9 ]

7 [bj] Sal. 89. 27; Lc. 3. 22; Hech. 13. 33; Heb. 1. 5; 5. 5; Gn. 12. 7; Is. 49. 6; Dn. 7. 14; Sal. 110. 5-6; Apoc. 19. 15; 2. 26-27 [blpd] Hech. 13. 33; Heb. 1. 2-5; Heb. 5. 5 [max] Mt. 3. 17; Mc. 1. 11; Lc. 3. 22; Mt. 17. 5; Mc. 9. 7; Lc. 9. 35; 2 Ped. 1. 17; Jn. 1. 49; Apoc. 21. 7; Rom. 1. 4 [bla] 2 Sam. 7. 14

7 * Voy a proclamar el decreto del Señor:
Él me ha dicho: «Tú eres mi hijo,
yo te he engendrado hoy.

8 [max] Heb. 1. 2; Mt. 4. 8-9; Apoc. 2. 26-27; 11. 15; 12. 5; 19. 15 [bla] Gn. 12. 7; Is. 49. 6; Dn. 7. 14

8 Pídeme, y te daré las naciones como herencia,
y como propiedad, los confines de la tierra.

9 [blpd] Sal. 110. 2 [bti] Sal. 110. 5-6 [bla] Apoc. 19. 15; 2. 26-27

9 * Los quebrarás con un cetro de hierro,
los destrozarás como a un vaso de arcilla».
2. 1

"¿Por qué se amotinan...?": la rebelión de los reyes vasallos era un hecho común en el Antiguo Oriente, cuando el trono quedaba vacante por la muerte del soberano. La primera preocupación del nuevo monarca era restablecer el orden en sus dominios.

2

El "Ungido" del Señor es el rey (18. 51; 20. 7) porque el ritual de su coronación incluía, como una de sus partes esenciales, la unción con el óleo sagrado. Esta unción -además de consagrarlo- le confería un carisma especial para el ejercicio de sus funciones (1 Sam. 16. 13). Ver notas 92. 11; 133. 2

1. 18. 51:

51 Él concede grandes victorias a su rey y trata con fidelidad a su Ungido, a David y a su descendencia para siempre.

2. 20. 7:

7 Ahora sé que el Señor ha dado la victoria a su Ungido, lo ha hecho triunfar desde su santo cielo con las proezas de su mano salvadora.

3. 1 Sam. 16. 13:

13 Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David. Samuel, por su parte, partió y se fue a Ramá.
4

Ver 37. 13; 59. 9

1. 37. 13:

13 pero el Señor se burla de él, sabiendo que se le acerca la hora.

2. 59. 9:

9 Pero tú, Señor, te ríes de ellos y te burlas de todos los paganos.
7

Ver Hech. 13. 33; Heb. 1. 5; 5. 5. El "decreto del Señor" era un documento escrito, que el nuevo rey aducía para legitimar su ascensión al trono, y en el que estaban consignadas sus prerrogativas.

"Tú eres mi hijo": en el momento de su entronización -"hoy"- el rey era constituido "hijo de Dios". La profecía de Natán (2 Sam. 7) y la versión poética de la misma (89. 20-38) especifican que ese privilegio le correspondía en virtud de la Alianza que el Señor estableció con David y su dinastía. La filiación divina del rey tenía el carácter de una "adopción" por parte de Dios.

1. Hech. 13. 33:

33 fue cumplida por él en favor de sus hijos, que somos nosotros, resucitando a Jesús, como está escrito en el Salmo segundo: Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy

2. Heb. 1. 5:

5 ¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy?” ¿Y de qué ángel dijo: “Yo seré un padre para él y él será para mí un hijo?”

3. 5. 5:

5 Por eso, Cristo no se atribuyó a sí mismo la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy”.

4. 2 Sam. 7:

1 Cuando David se estableció en su casa y el Señor le dio paz, librándolo de todos sus enemigos de alrededor, 2 el rey dijo al profeta Natán: "Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el Arca de Dios está en una tienda de campaña". 3 Natán respondió al rey: "Ve a hacer todo lo que tienes pensado, porque el Señor está contigo".

4 Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos: 5 "Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: ¿Eres tú el que me va a edificar una casa para que yo la habite? 6 Desde el día en que hice subir de Egipto a los israelitas hasta el día de hoy, nunca habité en una casa, sino que iba de un lado a otro, en una carpa que me servía de morada. 7 Y mientras caminaba entre los israelitas, ¿acaso le dije a uno solo de los jefes de Israel, a los que mandé apacentar a mi Pueblo: '¿Por qué no me han edificado una casa de cedro?'. 8 Y ahora, esto es lo que le dirás a mi servidor David: Así habla el Señor de los ejércitos: Yo te saqué del campo de pastoreo, de detrás del rebaño, para que fueras el jefe de mi pueblo Israel. 9 Estuve contigo dondequiera que fuiste y exterminé a todos tus enemigos delante de ti. Yo haré que tu nombre sea tan grande como el de los grandes de la tierra. 10 Fijaré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que tenga allí su morada. Ya no será perturbado, ni los malhechores seguirán oprimiéndolo como lo hacían antes, 11 desde el día en que establecí Jueces sobre mi pueblo Israel. Yo te he dado paz, librándote de todos tus enemigos. Y el Señor te ha anunciado que él mismo te hará una casa. 12 Sí, cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. 13 Él edificará una casa para mi Nombre, y yo afianzaré para siempre su trono real. 14 Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Si comete una falta, lo corregiré con varas y golpes, como lo hacen los hombres. 15 Pero mi fidelidad no se retirará de él, como se la retiré a Saúl, al que aparté de tu presencia. 16 Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre".

17 Natán comunicó a David toda esta visión y todas estas palabras.

18 Entonces el rey David fue a sentarse delante del Señor y exclamó: "¿Quién soy yo, Señor, y qué es mi casa para que me hayas hecho llegar hasta aquí? 19 Y como esto te pareció demasiado poco, también le has hecho una promesa a la casa de tu servidor, para un futuro lejano. ¿Es esto lo que haces habitualmente con los hombres, Señor? 20 ¿Y qué más podría decirte David, si tú, Señor, conoces bien a tu servidor? 21 A causa de tu palabra y conforme a tu designio, tú has hecho esta gran obra, dándosela a conocer a tu servidor. 22 Por eso tú eres grande Señor, no hay nadie como tú, ni hay Dios fuera de ti, por todo lo que hemos escuchado con nuestros propios oídos. 23 ¿Y quién es como tu pueblo, como Israel, la única nación sobre la tierra a quien Dios fue a rescatar para hacerla su pueblo y darle un nombre? Tú has realizado en su favor cosas grandes y terribles, expulsando a las naciones y a sus dioses delante del pueblo que rescataste de Egipto. 24 Tú has establecido a tu pueblo Israel para que sea tu pueblo eternamente, y tú, Señor, eres su Dios. 25 Y ahora, Señor Dios, confirma para siempre la palabra que has pronunciado acerca de tu servidor y de su casa, y obra conforme a lo que has dicho. 26 Que tu Nombre sea engrandecido para siempre, y que se diga: '¡El Señor de los ejércitos es el Dios de Israel!'. Y que la casa de David, tu servidor, esté bien afianzada delante de ti. 27 Porque tú mismo, Señor de los ejércitos, Dios de Israel, te has revelado a tu servidor, diciendo: 'Yo te edificaré una casa'. Por eso tu servidor se ha atrevido a dirigirte esta plegaria. 28 Ahora, Señor, tú eres Dios, tus palabras son leales y has prometido estos bienes a tu servidor. 29 Dígnate, entonces, bendecir la casa de tu servidor, para que ella permanezca siempre en tu presencia. Porque tú, Señor, has hablado, y con tu bendición la casa de tu servidor será bendita para siempre".

5. 89. 20-38:

20 Tú hablaste una vez en una visión y dijiste a tus amigos: “Impuse la corona a un valiente, exalté a un guerrero del pueblo.

21 Encontré a David, mi servidor, y lo ungí con el óleo sagrado, 22 para que mi mano esté siempre con él y mi brazo lo haga poderoso.

23 El enemigo no lo aventajará, ni podrán oprimirlo los malvados: 24 yo aplastaré a sus adversarios ante él y golpearé a los que lo odian.

25 Mi fidelidad y mi amor lo acompañarán, su poder crecerá a causa de mi Nombre: 26 extenderé su mano sobre el mar y su derecha sobre los ríos.

27 Él me dirá: ‘Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora’. 28 Yo lo constituiré mi primogénito, el más alto de los reyes de la tierra.

29 Le aseguraré mi amor eternamente, y mi alianza será estable para él; 30 le daré una descendencia eterna y un trono duradero como el cielo.

31 Si sus hijos abandonan mi enseñanza y no proceden de acuerdo con mis juicios; 32 si profanan mis preceptos y no observan mis mandamientos, 33 castigaré sus rebeldías con la vara y sus culpas, con el látigo.

34 Pero a él no le retiraré mi amor ni desmentiré mi fidelidad; 35 no quebrantaré mi alianza ni cambiaré lo que salió de mis labios.

36 Una vez juré por mi santidad –¡jamás mentiré a David!–: 37 ‘Su descendencia permanecerá para siempre y su trono, como el sol en mi presencia; 38 como la luna, que permanece para siempre, será firme su sede en las alturas’”.
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El "cetro", además de ser una insignia del poder real, era también un arma de guerra. Ver 110. 2.

1. 110. 2:

2 El Señor extenderá el poder de tu cetro: "¡Domina desde Sión, en medio de tus enemigos!".