Zacarías 9: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

Segunda Parte del Libro de Zacarías

Los seis capítulos siguientes del libro de Zacarías difieren considerablemente de los ocho primeros. Mientras que las visiones y los oráculos de la primera parte están fechados y son expresamente atribuidos a Zacarías, de ahora en adelante no se menciona más a este profeta y faltan por completo las indicaciones cronológicas. También el trasfondo histórico se ha modificado. Ya no se habla para nada de la reconstrucción del Templo, y la esperanza mesiánica –que antes estaba centrada en la persona de Zorobabel, como símbolo de la restauración nacional– ahora se desplaza hacia otras figuras de perfil menos definido: el Rey Mesías pobre y pacífico (9. 9-10), el Buen Pastor despreciado y rechazado (11. 4-14) y el misterioso “Traspasado” (12. 10). Con toda probabilidad, esta segunda parte fue compuesta entre los años 330 y 300 a. C., cuando los Seléucidas y los Lágidas se repartieron el poder y la herencia de Alejandro Magno (1 Mac. 1. 1-9). Así se explica la mención de los griegos como una fuerza hostil al Pueblo de Dios (9. 13).

Estos capítulos son una recopilación de oráculos, cuyo tema común es la decisión del Señor de establecer su reinado definitivo sobre toda la tierra (14. 9). Con estos elementos de origen y estilo diversos, el redactor final parece haber construido una especie de díptico, compuesto de dos partes simétricas, que describen la instauración de la era mesiánica siguiendo un doble movimiento: después de una primera intervención de Dios, que culmina en un aparente fracaso (11. 15-17), la nueva Jerusalén, liberada de sus enemigos y purificada de sus pecados, se convierte en el polo de atracción de todos los pueblos (14. 16).

A pesar de ser uno de los escritos más desconcertantes del Antiguo Testamento, la obra del Segundo Zacarías tiene el gran valor de haber conservado los últimos restos del profetismo bíblico. Sus oráculos atestiguan la persistencia de la esperanza mesiánica durante la dominación griega. Además, se debe destacar que este es uno de los Libros más citados en los Evangelios: tres veces en el de Mateo (21. 5; 26. 31; 27. 9-10), una en el de Marcos (14. 27) y una en el de Juan (19. 37).

ISRAEL ENTRE LOS PUEBLOS

En esta primera sección, el profeta anuncia que el Señor intervendrá al fin de los tiempos y triunfará sobre sus enemigos. Los pueblos vecinos de Judá, una vez sometidos y purificados, serán incorporados al Pueblo de Dios (9. 1-8). Entonces Jerusalén recibirá triunfalmente a su Rey Mesías, que establecerá el reinado de la justicia y proclamará la paz a las naciones (9. 9-10). El mismo Señor, como un jefe guerrero (9. 14), renovará los prodigios del Éxodo para reunir a todos los israelitas dispersos (10. 11). Y los repatriados serán tan numerosos, que ni la Palestina ni las regiones adyacentes –el Líbano y Galaad– bastarán para darles cabida (10. 10).

Esta visión de los tiempos mesiánicos concluye con la enigmática alegoría de los dos pastores (11. 4-17). Al representar esta doble acción simbólica, el profeta alude probablemente a ciertos acontecimientos de su época, interpretados como un juicio de Dios. Este juicio está expresado en la ruptura de los dos bastones con que el buen pastor apacentaba el rebaño (11. 10, 14). Por haber rechazado al Señor, su único y verdadero Pastor, el pueblo es puesto en manos de un jefe despótico, que será el encargado de ejecutar la justicia divina. Pero estos sufrimientos serán una purificación y una preparación para la nueva era mesiánica, como parece sugerirlo la conclusión de la alegoría en 13. 7-9.

El Evangelio según san Mateo se hace eco de dos profecías que figuran en esta parte del Libro. En primer lugar, el evangelista ve cumplido el oráculo de 9. 9-10 en la entrada de Jesús en Jerusalén montado sobre un asno (Mt. 21. 4-5). Y en el exiguo salario pagado al profeta, que apacienta el rebaño en nombre del Señor (11. 12), él reconoce el precio de la traición de Judas (Mt. 27. 9-10).

El triunfo de Dios sobre los pueblos vecinos [ 1 | 8 ]

1 * Oráculo.
La palabra del Señor llegó al país de Jadrac,
y en Damasco está su reposo;
porque al Señor pertenece la fuente de Arám,
como todas las tribus de Israel,
2 y también Jamat, que está en su frontera,
y Tiro y Sidón.
Por su gran sabiduría,

3 [bp] Ez. 27; Ez. 28

3 * Tiro se construyó una fortaleza,
amontonó plata como polvo
y oro fino como barro de las calles.
4 * Pero el Señor va a apoderarse de eso,
arrojará su poderío en el mar
y ella misma será presa de las llamas.

5 [bp] Sof. 2. 4

5 * Lo verá Ascalón y temerá;
también Gaza, y se retorcerá de dolor,
y lo mismo Ecrón, porque su esperanza quedó defraudada;
Gaza no tendrá más rey,
Ascalón ya no será habitada
6 * y gente bastarda se instalará en Asdod.
Yo aniquilaré el orgullo del filisteo,

7 [bj] +Is. 4. 3 [bp] Lev. 11

7 * quitaré la sangre de su boca
y sus abominaciones de entre sus dientes.
Él también será un resto para nuestro Dios,
será como un jefe en Judá,
y Ecrón será como un jebuseo.

8 [bp] Is. 33. 19

8 * Yo acamparé junto a mi casa como una guardia
contra los que pasan y vuelven:
no pasará más entre ellos ningún opresor,
porque ahora he visto con mis ojos.

El Mesías humilde y pacífico [ 9 | 10 ]

9 [bj] Mt. 21. 5; Mt. 11. 29; Miq. 5. 9 [bp] Is. 62; 2 Sam. 19

9 * ¡Alégrate mucho, hija de Sión!
¡Grita de júbilo, hija de Jerusalén!
Mira que tu Rey viene hacia ti;
él es justo y victorioso,
es humilde y está montado sobre un asno,
sobre la cría de un asna.

10 [bj] Os. 2. 20; +Is. 11. 6; Sal. 72. 8 [bp] Miq. 5. 9

10 * Él suprimirá los carros de Efraím
y los caballos de Jerusalén;
el arco de guerra será suprimido
y proclamará la paz a las naciones.
Su dominio se extenderá de un mar hasta el otro,
y desde el Río hasta los confines de la tierra.

La liberación de los cautivos [ 11 | 17 ]

11 [bj] Éx. 24. 4-8; Mt. 26. 28 [bp] Éx. 24. 7s

11 * En cuanto a ti, por la sangre de su alianza
yo libraré a tus cautivos de la fosa sin agua.
12 Vuelvan a la plaza fuerte,
cautivos llenos de esperanza.
Sí, hoy mismo lo declaro:
yo te daré una doble compensación.

13 [bp] Is. 11. 13; Zac. 7. 10

13 * Porque yo tendí mi arco: es Judá;
lo armé con Efraím.
Lanzaré a tus hijos, Sión,
contra tus hijos, Javán;
te empuñaré como una espada de guerrero.

14 [bj] Sal. 18. 15; Deut. 33. 2; Hab. 3. 4 [bp] 1 Sam 7. 10

14 El Señor aparecerá sobre ellos,
y su flecha partirá como el rayo.
El Señor hará sonar la trompeta
y avanzará en los torbellinos del sur.

15 [bj] Éx. 27. 2+

15 El Señor de los ejércitos los escudará;
ellos triunfarán y pisotearán las piedras de las hondas,
beberán la sangre como si fuera vino,
se llenarán como la copa de la aspersión,
como los ángulos del altar.

16 [bj] Ez. 34. 1+

16 El Señor, su Dios, los salvará en aquel día,
como al rebaño de su pueblo;
como piedras de una diadema,
resplandecerán sobre su tierra.

17 [bj] Jr. 31. 12-13 [bp] Sal. 144. 12

17 ¡Qué felicidad y qué hermosura!
El trigo dará vigor a los jóvenes
y el vino nuevo a las jóvenes.
9 1-8

El itinerario seguido por el Señor es paralelo al de Alejandro Magno en su conquista de Egipto, después de su victoria decisiva sobre los persas en el 333 a.C. Es probable que el profeta haya tenido en vista esa campaña cuando compuso este oráculo. Ver 1 Mac. 1. 1-4

1. 1 Mac. 1. 1-4:

1 Alejandro de Macedonia, hijo de Filipo, partió del país de Quitím, y después de derrotar a Darío, rey de los persas y los medos, reinó en lugar de él, en primer lugar sobre la Hélade. 2 Libró muchas batallas, conquistó plazas fuertes y dio muerte a reyes de la tierra. 3 Avanzó hasta los confines del mundo y saqueó una multitud de naciones. La tierra enmudeció en su presencia y por eso su corazón se ensoberbeció y se llenó de orgullo. 4 Reunió un ejército poderosísimo, y sometió provincias, naciones y dinastías, que le pagaron tributo.
1

“Jadrac” era la capital de un principado arameo, al norte de Siria.

3

Ver Ez. 27. 2-27

1. Ez. 27. 2-27:

2 Hijo de hombre, entona una lamentación sobre Tiro. 3 Tú le dirás a Tiro, la que tiene su trono sobre los puertos del mar y trafica con los pueblos hasta en las costas más lejanas: Así habla el Señor: Tiro, tú decías: “Yo soy una nave de perfecta hermosura”.

4 Tu territorio está en el corazón del mar. Tus constructores te hicieron de una hermosura perfecta.

5 Con cipreses de Senir fabricaron para ti todo tu maderaje. Tomaron un cedro del Líbano para erigirte un mástil.

6 Con encinas de Basán hicieron tus remos. Te hicieron la cubierta de marfil incrustado en madera de pino de las costas de Quitím.

7 De lino recamado de Egipto estaba hecha tu vela, para que te sirviera de estandarte. Tu toldo era de púrpura violeta y escarlata de las costas de Elisá.

8 Los habitantes de Sidón y de Arvad eran tus remeros. A bordo iban tus expertos, Tiro, ellos eran tus timoneles.

9 Tenías veteranos y expertos de Guebal, para reparar tus averías. Tenías todas las naves del mar y sus marineros, para negociar tus mercancías.

10 Hombres de Persia, de Lud y de Put servían en tu ejército como guerreros. Ellos colgaban de ti escudos y cascos y realzaban tu esplendor.

11 Hombres de Arvad, con tu ejército, defendían tus muros por todas partes, y los gamaditas, apostados en sus torres, colgaban sus escudos alrededor de tus muros, haciendo que tu hermosura fuera perfecta.

12 Tarsis comerciaba contigo por la gran abundancia de todas tus riquezas: entregaba plata, hierro, estaño y plomo a cambio de tus mercaderías. 13 Javán, Tubal y Mésec traficaban contigo: entregaban esclavos y objetos de bronce a cambio de tus mercancías. 14 La gente de Bet Togarmá entregaba caballos de tiro, caballos de montar y mulos, a cambio de tus mercaderías. 15 Los hombres de Rodas traficaban contigo; numerosas islas participaban de tu comercio: te daban como pago colmillos de marfil y madera de ébano. 16 Edóm comerciaba contigo por la abundancia de tus productos: entregaba topacio, púrpura escarlata, brocados, lino fino, corales y rubíes, a cambio de tus mercaderías. 17 Incluso Judá y la tierra de Israel traficaban contigo: entregaban trigo de Minit, mijo, miel, aceite y resina, a cambio de tus mercaderías. 18 Damasco comerciaba contigo por la abundancia de tus productos, por la abundancia de todas tus riquezas: te abastecía de vino de Jelbón y de lana de Sájar. 19 Vedán y Javán, desde Uzal, entregaban hierro forjado, casia y caña aromática, a cambio de tus mercaderías. 20 Dedán traficaba contigo abasteciéndote de monturas. 21 Arabia y todos los príncipes de Quedar participaban de tu comercio: negociaban contigo a cambio de corderos, carneros y chivos. 22 Los comerciantes de Sabá y de Raemá traficaban contigo: entregaban los mejores bálsamos, toda clase de piedras preciosas y oro, a cambio de tus mercaderías. 23 Jarán, Cané y Edén, los comerciantes de Sabá, Asur y Quilmad traficaban contigo: 24 ellos abastecían tus mercados a cambio de espléndidos vestidos, de mantos de púrpura violeta, tejidos recamados, tapices multicolores y cuerdas sólidamente trenzadas. 25 Las naves de Tarsis transportaban tus mercaderías. Te llenaste de una carga muy pesada en el corazón de los mares.

26 Tus remeros te llevaron por las aguas profundas. Pero el viento del este te destrozó en el corazón de los mares.

27 Tus riquezas, tus mercancías, tus cargamentos, tus marineros y tus timoneles, los que reparan tus averías y tus agentes de comercio, todos tus hombres de guerra y toda la tripulación que llevas contigo se hundirán en el corazón de los mares el día de tu naufragio.
4

Ver Ez. 27. 34

1. Ez. 27. 34:

34 Pero ahora estás destrozada por el mar en lo profundo de las aguas. Tus mercancías y toda tu tripulación se han hundido contigo.
5

Estas ciudades, lo mismo que Asdod (v. 6), formaban parte de la confederación filistea (Am. 1. 6-8; Sof. 2. 4).

1. Am. 1. 6-8:

6 Así habla el Señor: Por tres crímenes de Gaza, y por cuatro, no revocaré mi sentencia. Porque deportaron poblaciones enteras para entregarlas a Edóm,

7 yo enviaré fuego contra los muros de Gaza y él consumirá sus palacios;

8 extirparé de Asdod a los habitantes, y de Ascalón al que empuña el cetro; volveré mi mano contra Edóm, y el resto de los filisteos perecerá, dice el Señor.

2. Sof. 2. 4:

4 Porque Gaza será abandonada y Ascalón quedará desolada; Asdod será expulsada en pleno día y Ecrón será arrancada de raíz.
6

“Gente bastarda”: esta expresión designa aquí a una población mestiza (Deut. 23. 3; Neh. 13. 23-27). Los filisteos ya no podrán sentirse orgullosos de la pureza de su raza, porque colonos provenientes de otras regiones ocuparán sus ciudades.

1. Deut. 23. 3:

3 El bastardo no será admitido en la asamblea del Señor, ni siquiera en la décima generación.

2. Neh. 13. 23-27:

23 También vi en esos días que algunos judíos se habían casado con mujeres asdoditas, amonitas y moabitas. 24 La mitad de sus hijos hablaban asdodeo u otras lenguas, pero ya no sabían hablar la lengua de los judíos. 25 Yo los reprendí y los maldije, golpeé a algunos, les tiré de los cabellos y los conjuré en nombre de Dios, diciéndoles: "¡No entreguen sus hijas a los hijos de ellos, ni se casen con sus hijas, ni ustedes, ni su hijos!. 26 ¿No fue acaso por esto que pecó Salomón, rey de Israel? Entre tantas naciones, no había otro rey semejante a él; era amado por su Dios y Dios lo había hecho rey de todo Israel. Sin embargo, incluso a él, lo hicieron pecar las mujeres extranjeras. 27 ¿También de ustedes se oirá decir que cometen ese gran crimen de traicionar a nuestro Dios, casándose con mujeres extranjeras? "
7

El profeta se refiere a la costumbre filistea de comer la carne con su “sangre”, es decir, no desangrada según el rito establecido por la Ley (Gn. 9. 4; Lev. 17. 10-12; Deut. 12. 23-24). Los “jebuseos” eran los antiguos pobladores de Jerusalén, que pasaron a formar parte de Israel cuando David conquistó la ciudad (2 Sam. 5. 6-9).

1. Gn. 9. 4:

4 Sólo se abstendrán de comer la carne con su vida, es decir, con su sangre.

2. Lev. 17. 10-12:

10 Si un hombre de la casa de Israel o alguno de los extranjeros que residen en medio de ustedes, come cualquier clase de sangre, yo volveré mi rostro contra esa persona y la excluiré de su pueblo. 11 Porque la vida de la carne está en la sangre, y yo mismo les he puesto la sangre sobre el altar, para que les sirva de expiación, ya que la sangre es la que realiza la expiación, en virtud de la vida que hay en ella. 12 Por eso dije a los israelitas: “Ninguno de ustedes comerá sangre, ni tampoco lo hará el extranjero que resida en medio de ustedes”.

3. Deut. 12. 23-24:

23 sólo tendrás que abstenerte de comer la sangre, porque la sangre es la vida, y tú no debes comer la vida junto con la carne. 24 Por eso, derramarás la sangre en la tierra, como si fuera agua.

4. 2 Sam. 5. 6-9:

6 El rey avanzó con sus hombres sobre Jerusalén, contra los jebuseos que habitaban en el país. Pero estos dijeron a David: “Tú no entrarás aquí. Los ciegos y los inválidos bastarán para impedírtelo”. Con esto querían decir: “David nunca podrá entrar aquí”. 7 Sin embargo, David conquistó la fortaleza de Sión, es decir, la Ciudad de David. 8 Aquel día, él había dicho: “El que quiera derrotar a los jebuseos, que se meta por el canal. En cuanto a los ciegos y a los inválidos, David siente aversión por ellos”. Por eso se dice: “El ciego y el lisiado no entrarán en la Casa”.

9 David se instaló en la fortaleza, y la llamó Ciudad de David. Luego construyó la ciudad en derredor, desde el Terraplén hacia el interior.
8

En este contexto, la “casa” del Señor no es el Templo sino toda la Tierra santa (Jer. 12. 7; Os. 8. 1; 9. 15).

1. Jer. 12. 7:

7 He abandonado mi casa, he rechazado mi herencia, he entregado lo que más quería al poder de sus enemigos.

2. Os. 8. 1:

1 ¡Lleva a tu boca la trompeta! Como un águila, se abate la desgracia sobre la casa del Señor, porque ellos han transgredido mi alianza y se han rebelado contra mi Ley.

3. 9. 15:

15 Toda su perversidad se manifestó en Guilgal: allí comencé a detestarlos. Por la maldad de sus acciones los arrojaré de mi casa, ya no los amaré más; todos sus jefes son rebeldes.
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La esperanza mesiánica de Israel es expresada en este oráculo de una forma inusitada. El Mesías estará investido de la dignidad real, pero será un rey “humilde”, que realizará en su persona el ideal de los “pobres del Señor” descrito en Sof. 2. 3. Al entrar “montado sobre un asno” y no a caballo o en un carro de guerra, se presenta simbólicamente como el “Príncipe de la paz” (Is. 9. 5). Ver Mt 21. 4-5

1. Sof. 2. 3:

3 Busquen al Señor, ustedes, todos los humildes de la tierra, los que ponen en práctica sus decretos. Busquen la justicia, busquen la humildad, tal vez así estarán protegidos en el Día de la ira del Señor.

2. Is. 9. 5:

5 Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: “Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz”.

3. Mt 21. 4-5:

10

“Efraím” y “Jerusalén” representan a Israel, el antiguo reino del Norte, y a Judá, el reino del Sur, que volverán a unirse en el Reino mesiánico.

11

Al hacer esta promesa, el Señor confirma su fidelidad a la Alianza sellada en el Sinaí con la “sangre” de los sacrificios (Éx. 24. 4-8).

1. Éx. 24. 4-8:

4 Moisés consignó por escrito las palabras del Señor, y a la mañana siguiente, bien temprano, levantó un altar al pie de la montaña y erigió doce piedras en representación de las doce tribus de Israel. 5 Después designó a un grupo de jóvenes israelitas, y ellos ofrecieron holocaustos e inmolaron terneros al Señor, en sacrificio de comunión. 6 Moisés tomó la mitad de la sangre, la puso en unos recipientes, y derramó la otra mitad sobre el altar. 7 Luego tomó el documento de la alianza y lo leyó delante del pueblo, el cual exclamó: “Estamos resueltos a poner en práctica y a obedecer todo lo que el Señor ha dicho”. 8 Entonces Moisés tomó la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo: “Esta es la sangre de la alianza que ahora el Señor hace con ustedes, según lo establecido en estas cláusulas”.