Éxodo 19: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

LA ALIANZA DEL SINAÍ

A través de la Pascua y de las maravillas del Éxodo, el Pueblo liberado de la esclavitud llega al Sinaí. Allí el Señor le sale de nuevo al encuentro, para establecer su Alianza con él. En virtud de esta Alianza, el Señor se une a Israel con un vínculo particular y lo convierte en “su” Pueblo, el Pueblo consagrado a su servicio entre todas las naciones de la tierra. Así el designio del Señor comienza a desarrollarse como un “diálogo” entre Dios y el hombre. La Alianza del Señor con Israel no es un pacto entre iguales: la iniciativa pertenece al Señor, que manifiesta su bondad obrando maravillas. Pero al hombre le toca responder y comprometerse, asumiendo con gratitud y fidelidad el extraordinario privilegio de que ha sido objeto.

La promulgación de la Ley en el Sinaí es la coronación de la obra salvadora iniciada por el Señor en el Éxodo. El Dios que escuchó el clamor de su Pueblo oprimido y lo liberó de la injusticia, ahora lo llama a instaurar en la tierra el reinado de la justicia. La suma y el compendio de esta exigencia es el Decálogo, que contiene dos clases de preceptos: los que definen la actitud justa ante Dios y los que inculcan el respeto hacia los derechos de cada hombre, como condición indispensable para la convivencia social. El resto de la legislación no hace más que desarrollar estos preceptos fundamentales, asumiendo y dando un nuevo sentido a muchas costumbres y normas morales comunes a los pueblos del Antiguo Oriente.

La llegada al Sinaí [ 1 | 2 ]

1 El primer día del tercer mes, después de su salida de Egipto, los israelitas llegaron al desierto del Sinaí. 2 Habían partido de Refidím, y cuando llegaron al desierto del Sinaí, establecieron allí su campamento. Israel acampó frente a la montaña.

Ofrecimiento de la Alianza [ 3 | 8 ]

3 Moisés subió a encontrarse con Dios. El Señor lo llamó desde la montaña y le dijo: “Habla en estos términos a la casa de Jacob y anuncia este mensaje a los israelitas:
4 ‘Ustedes han visto cómo traté a Egipto,
y cómo los conduje sobre alas de águila
y los traje hasta mí.
5 Ahora, si escuchan mi voz y observan mi alianza,
serán mi propiedad exclusiva entre todos los pueblos,
porque toda la tierra me pertenece.
6 Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes
y una nación que me está consagrada’.
Estas son las palabras que transmitirás a los israelitas».
7 Moisés fue a convocar a los ancianos de Israel y les expuso todas estas palabras, como el Señor se lo había ordenado. 8 El pueblo respondió unánimemente: “Estamos decididos a poner en práctica todo lo que ha dicho el Señor”. Y Moisés comunicó al Señor la respuesta del pueblo.

Los preparativos de la teofanía [ 9 | 15 ]

9 El Señor dijo a Moisés: “Yo vendré a encontrarme contigo en medio de una densa nube, para que el pueblo pueda escuchar cuando yo te hable. Así tendrá en ti una confianza a toda prueba”. Y Moisés comunicó al Señor las palabras del pueblo. 10 Luego añadió: “Ve adonde está el pueblo y ordénales que se purifiquen hoy y mañana. Que laven su ropa 11 y estén preparados para pasado mañana. Porque al tercer día el Señor descenderá sobre la montaña del Sinaí, a la vista de todo el pueblo. 12 Fija también un límite alrededor del pueblo, haciendo esta advertencia: ‘Cuídense de subir a la montaña y hasta de tocar sus bordes, porque todo el que toque la montaña será castigado con la muerte. 13 Pero nadie pondrá su mano sobre el culpable, sino que deberá ser apedreado o muerto a flechazos; sea hombre o animal, no quedará vivo. Y cuando suene la trompeta, ellos subirán a la montaña’”.
14 Moisés bajó de la montaña y ordenó al pueblo que se sometiera a las purificaciones rituales. Todos lavaron su ropa, 15 y luego les dijo: “Estén preparados para pasado mañana. Mientras tanto, absténganse de tener relaciones sexuales”.

La teofanía [ 16 | 25 ]

16 Al amanecer del tercer día, hubo truenos y relámpagos, una densa nube cubrió la montaña y se oyó un fuerte sonido de trompeta. Todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció de temor. 17 Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y todos se detuvieron al pie de la montaña. 18 La montaña del Sinaí estaba cubierta de humo, porque el Señor había bajado a ella en el fuego. El humo se elevaba como el de un horno, y toda la montaña temblaba violentamente. 19 El sonido de la trompeta se hacía cada vez más fuerte. Moisés hablaba, y el Señor le respondía con el fragor del trueno. 20 El Señor bajó a la montaña del Sinaí, a la cumbre de la montaña, y ordenó a Moisés que subiera a la cumbre. Moisés subió, 21 y el Señor le dijo: “Baja y ordena al pueblo que no traspase los límites para ver al Señor, porque muchos de ellos perderían la vida. 22 Incluso los sacerdotes que se acerquen al Señor deberán purificarse, para que el Señor no les quite la vida”. 23 Moisés le respondió: “El pueblo no se atreverá a subir a la montaña del Sinaí, porque tú se lo prohibiste cuando mandaste poner un límite alrededor de la montaña y declararla sagrada”. 24 El Señor le dijo: “Baja en seguida y vuelve después en compañía de Aarón. Pero que los sacerdotes y el pueblo no traspasen los límites para subir adonde está el Señor, no sea que él les quite la vida”. 25 Moisés bajó adonde estaba el pueblo y les dijo todas estas cosas.
19

Las alianzas entre reyes eran frecuentes en el Antiguo Oriente, en especial las que establecían los reyes soberanos con sus vasallos, para brindarles protección y asegurarse su obediencia. Esta práctica es ilustrativa, porque Israel se valió de esa experiencia humana para expresar las relaciones que lo unían a su Dios.