Isaías 6: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

EL LIBRO DEL EMANUEL

El “Libro del Emanuel” refiere la intervención de Isaías en una situación histórica bien concreta. Los reyes de Damasco y Samaría, que soportan el peso de la dominación asiria, forman una coalición para recuperar su independencia y tratan de comprometer en esa aventura a Ajaz, rey de Judá. Como este se niega a participar de la liga antiasiria, los aliados ponen sitio a Jerusalén. Su intención era destituir al rey de la dinastía davídica y entronizar en lugar de él a un usurpador (7. 6). Ante la amenaza de ser destronado, Ajaz considera que lo más prudente es solicitar la ayuda militar del poderoso Imperio asirio y ponerse bajo su protección.

En este momento crítico para la dinastía davídica, Isaías se presenta ante el rey. El profeta se opone resueltamente a esa política de alianzas, peligrosa para la fe y la libertad del Pueblo de Dios. Judá tiene que apoyarse únicamente en el Señor. La coalición antiasiria está de antemano condenada al fracaso. Para el Pueblo de Dios, la fe no sólo debe ser la guía de la vida personal, sino también de la vida pública: “Si ustedes no creen, no subsistirán” (7. 9).

A fin de vencer el obstinado escepticismo del rey, el profeta le propone confirmar la autoridad divina de sus palabras mediante un “signo”. Pero Ajaz se niega a pedir ese signo, y entonces Isaías pronuncia uno de sus más bellos oráculos, al mismo tiempo que anuncia el castigo de sus compatriotas incrédulos. El nacimiento de un descendiente de David –que llevará el nombre de “Emanuel”, es decir, “Dios con nosotros”– es el signo misterioso de la presencia salvadora de Dios en medio de su Pueblo.

VISIÓN INAUGURAL: LA VOCACIÓN DE ISAÍAS

1 [bj] Apoc. 4. 2

1 * El año de la muerte del rey Ozías, yo vi al Señor sentado en un trono elevado y excelso, y las orlas de su manto llenaban el Templo.

2 [bj] Ez. 1. 11 ; Ez. 10. 21

2 Unos serafines estaban de pie por encima de él. Cada uno tenía seis alas: con dos se cubrían el rostro, y con dos se cubrían los pies, y con dos volaban.

3 [bj] Apoc. 4. 8; Núm. 14. 21

3 * Y uno gritaba hacia el otro:
«¡Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos!
Toda la tierra está llena de su gloria».

4 [bj] Éx. 19. 16+; Éx. 40. 34-35; 1 Rey. 8. 10-12; Jn. 12. 41

4 Los fundamentos de los umbrales temblaron al clamor de su voz, y la Casa se llenó de humo.

5 [bj] Éx. 33. 20+

5 Yo dije:
«¡Ay de mí, estoy perdido!
Porque soy un hombre de labios impuros,
y habito en medio de un pueblo de labios impuros;
¡y mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos!».

6 [bj] Jer. 1. 9; Dn. 10. 16

6 Uno de los serafines voló hacia mí, llevando en su mano una brasa que había tomado con unas tenazas de encima del altar. 7 Él le hizo tocar mi boca, y dijo:
«Mira: esto ha tocado tus labios;
tu culpa ha sido borrada
y tu pecado ha sido expiado».
8 Yo oí la voz del Señor que decía:
«¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?».
Yo respondí: “¡Aquí estoy: envíame!”.

9 [bj] Éx. 4. 10. 13; Jer. 1. 6; Mt. 13. 14-15p; Hech. 28. 26-27; Jn. 12. 40 [blpd] Mc. 4. 12; Lc. 8. 10; Jn. 12. 39; Hech. 28. 26-27

9 “Ve, me dijo; tú dirás a este pueblo:
‘Escuchen, sí, pero sin entender;
miren bien, pero sin comprender’.

10 [bj] Jer. 5. 21; Ez. 12. 2

10 Embota el corazón de este pueblo,
endurece sus oídos y cierra sus ojos,
no sea que vea con sus ojos
y oiga con sus oídos,
que su corazón comprenda
y que se convierta y sane».
11 Yo dije: “¿Hasta cuándo, Señor?”. Él respondió:
«Hasta que las ciudades queden devastadas, sin habitantes,
hasta que las casas estén sin un hombre
y el suelo devastado sea una desolación.
12 El Señor alejará a los hombres
y será grande el abandono en medio del país.
13 Y si queda una décima parte,
ella, a su vez, será destruida.
Como el terebinto y la encina
que, al ser abatidos, conservan su tronco talado,
así ese tronco es una semilla santa».
3

Esta es una exclamación litúrgica, empleada probablemente en el culto del Templo de Jerusalén. En ella aparecen asociadas la “santidad” y la “gloria” de Dios. La primera equivale a su absoluta trascendencia; la segunda es la irradiación de la grandeza y el poder divinos.

9-10

Desde el primer momento, Isaías es consciente de la dura misión que el Señor le confía. Él tendrá que proclamar la palabra de Dios a su Pueblo, poniéndolo así ante la necesidad ineludible de aceptarla o rechazarla. Pero la mayoría del pueblo y sus dirigentes cerrarán los oídos al mensaje que debía salvarlos. A causa de este rechazo voluntario, el mal que antes se cometía por rutina o ignorancia, provendrá en adelante de una decisión libre y responsable, que atraerá el juicio de Dios. Ver Mt. 13. 14-15; Mc. 4. 12; Lc. 8. 10; Jn. 12. 39; Hech. 28. 26-27; Éx. 4. 21

1. Mt. 13. 14-15:

14 Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y se han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.

2. Mc. 4. 12:

12 a fin de que miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y alcancen el perdón».

3. Lc. 8. 10:

10 y Jesús les dijo: 10 «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender.

4. Jn. 12. 39:

39 Ellos no podían creer, porque como dijo también Isaías:

5. Hech. 28. 26-27:

26 Ve a decir a este pueblo: Por más que oigan no comprenderán, por más que vean, no conocerán. 27 Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, se taparon los oídos y cerraron los ojos, por temor de que sus ojos vean, que sus oídos oigan, que su corazón comprenda, que se conviertan, y que yo los cure.