Isaías 44: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

La efusión del espíritu del Señor [ 1 | 5 ]

1 Y ahora escucha, Jacob, mi servidor,
Israel, a quien yo elegí.
2 * Así habla el Señor, el que te hizo,
el que te formó desde el seno materno y te ayuda.
No temas, Jacob, mi servidor,
Iesurún, a quien yo elegí.
3 Porque derramaré agua sobre el suelo sediento
y torrentes sobre la tierra seca;
derramaré mi espíritu sobre tu descendencia
y mi bendición sobre tus vástagos.
4 Ellos brotarán como la hierba entre las aguas,
como sauces al borde de los arroyos.
5 Uno dirá: «Yo pertenezco al Señor»
y otro llevará el nombre de Jacob;
otro escribirá sobre su mano: «Del Señor»,
y será designado con el nombre de Israel.

El Señor, el único Dios [ 6 | 20 ]

6 Así habla el Señor, el Rey de Israel,
su redentor, el Señor de los ejércitos:
Yo soy el Primero y yo soy el Último,
y no hay ningún dios fuera de mí.
7 ¿Quién es como yo? ¡Que lo proclame!
¡Que lo haga saber y me lo demuestre!
¿Quién hizo oír desde siempre lo que va a sobrevenir
y nos anuncia lo que va a suceder?
8 ¡No tiemblen ni teman!
¿No te lo predije y anuncié hace tiempo?
Ustedes son mis testigos:
¿hay algún dios fuera de mí?
¡No hay ninguna Roca! ¡Yo no la conozco!
9 Los fabricantes de ídolos no valen nada, y sus obras más preciadas no sirven para nada; sus testigos no ven ni conocen nada, para su propia vergüenza. 10 ¿Quién modela un Dios o funde una estatua, que no sirven para nada? 11 Sí, todos sus devotos quedarán avergonzados, porque esos artífices no son más que hombres. ¡Que se reúnan todos y comparezcan! ¡Sentirán espanto y confusión a la vez!
12 El herrero forja la imagen, la trabaja al fuego y la modela con el martillo: la trabaja con su brazo robusto. Después siente hambre y decae su fuerza; si no bebe agua, queda agotado. 13 El carpintero toma las medidas con la cuerda, diseña la forma con el estilete, la trabaja con el cincel y la dibuja con el compás; le da figura de hombre y la belleza de un ser humano, para que habite en una casa.
14 Él en efecto, cortó algún cedro, o tomó un roble y una encina que había dejado crecer entre los árboles del bosque, o plantó un abeto que luego la lluvia hizo crecer. 15 El hombre se sirve de ellos para hacer fuego, los toma para calentarse y también los enciende para cocer el pan. Pero, además, hace con ellos un dios y se postra ante él; hace un ídolo y lo adora. 16 Él hace arder al fuego la mitad de la madera, y asa la carne sobre las brasas; luego come la carne asada y se sacia. También se calienta y exclama: “¡Voy entrando en calor, mientras miro las llamas!”. 17 Con el resto, hace un dios, su ídolo, y lo adora; se postra y le suplica, diciendo: “¡Líbrame, porque tú eres mi dios!”.
18 Ellos no saben ni comprenden, porque tienen tan tapados los ojos y el corazón, que no pueden ver ni entender. 19 Ninguno reflexiona, ni tiene conocimiento e inteligencia, para pensar: “Quemé la mitad al fuego, hice cocer el pan sobre las brasas, asé la carne y la comí, y con el resto, haré una Abominación: ¡Voy a adorar un tronco de árbol!”. 20 ¡Él se alimenta de ceniza, su corazón engañado lo extravía! Ya no puede librarse ni decir: “¿No es una mentira lo que tengo en mi mano?”.

Llamado a la conversión [ 21 | 22 ]

21 ¡Acuérdate de esto, Jacob,
porque tú eres mi servidor, Israel!
Yo te formé, tú eres mi servidor;
Israel, yo no me olvidaré de ti.
22 Yo he disipado tus rebeldías como una nube
y tus pecados como un nubarrón.
¡Vuelve hacia mí, porque yo te redimí!

Canto de júbilo de los rescatados [ 23 | 23 ]

23 ¡Griten de alegría, cielos, porque el Señor ha obrado;
aclamen, profundidades de la tierra!
¡Montañas, prorrumpan en gritos de alegría,
y tú, bosque, con todos tus árboles!
Porque el Señor ha redimido a Jacob
y manifiesta su esplendor en Israel.

Ciro, instrumento de salvación [ 24 | 28 ]

24 Así habla el Señor, tu redentor,
el que te formó desde el seno materno:
Soy yo, el Señor, el que hago todas las cosas;
yo solo despliego los cielos,
yo extiendo la tierra,¿y quién está conmigo?
25 Yo hago fracasar los presagios de los charlatanes
y hago delirar a los adivinos;
hago retroceder a los sabios
y cambio su ciencia en locura.
26 Yo confirmo la palabra de mis servidores
y cumplo el designio de mis mensajeros.
Yo digo de Jerusalén:«¡Que sea habitada!»,
y de las ciudades de Judá: «¡Que sean reconstruidas!»,
y yo restauraré sus ruinas.
27 Yo digo a las aguas profundas:«¡Séquense,
haré que se sequen tus corrientes!».
28 Yo digo de Ciro: «¡Mi pastor!».
Él cumplirá toda mi voluntad,
diciendo de Jerusalén: «¡Que sea reconstruida!»,
y del Templo: «¡Se pondrán tus cimientos!».
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“lesurún”: sobre este título afectuoso aplicado a Israel, ver nota Deut. 32. 15.