Génesis 14: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

La campaña de los cuatro reyes [ 1 | 12 ]

1 En tiempos de Amrafel, rey de Senaar, de Arioc, rey de Elasar, de Quedorlaomer, rey de Elám, y de Tidal, rey de Goím, 2 estos hicieron la guerra contra Berá, rey de Sodoma, Birsá, rey de Gomorra, Sinab, rey de Admá, Zeméber, rey de Seboím, y contra el rey de Belá, es decir, de Soar. 3 Todos ellos se concentraron en el valle de Sidím, que ahora es el mar de la Sal. 4 Durante doce años, habían estado sometidos a Quedorlaomer, pero al decimotercer año se rebelaron.

5 [bj] Deut. 1. 28+

5 Y en el decimocuarto año, Quedorlaomer y los reyes que los acompañaban llegaron y derrotaron a los refaítas en Asterot Carnaim, a los zuzíes en Ham, a los emíes en la llanura de Quiriataim, 6 y a los hurritas en las montañas de Seír, cerca de El Parán, en el límite con el desierto.

7 [bj] Éx. 17. 8+; Deut. 7. 1+

7 Luego dieron vuelta hasta En Mispat -actualmente Cades- y sometieron todo el territorio de los amalecitas, y también a los amorreos que habitaban en Hasasón Tamar. 8 Entonces el rey de Sodoma, el rey de Gomorra, el rey de Admá, el rey de Seboím, y el rey de Belá -o Soar- avanzaron y presentaron batalla en el valle de Sidím 9 a Quedorlaomer, rey de Elám, a Tidal, rey de Goím, a Amrafel, rey de Senaar, y a Arioc, rey de Elasar. Eran cuatro reyes contra cinco.
10 El valle de Sidím estaba lleno de pozos de asfalto. Al huir, los reyes de Sodoma y Gomorra cayeron en ellos, mientras que los demás escaparon a las montañas. 11 Los invasores se apoderaron de todos los bienes de Sodoma y Gomorra, y también de sus víveres. Y cuando partieron, 12 se llevaron a Lot, el sobrino de Abrám con toda su hacienda, porque él vivía entonces en Sodoma.

El rescate de Lot [ 13 | 16 ]

13 [bj] Gn. 13. 18

13 Un fugitivo llevó la noticia a Abrám, el hebreo, que estaba acampado en el encinar de Mamré, el amorreo, hermano de Escol y de Aner; estos, a su vez, eran aliados de Abrám.

14 [bpe] Prov. 17. 17 [bc] Ecli. 4. 9-10; Lev. 25. 47-55

14 Al enterarse de que su pariente Lot había sido llevado cautivo, Abrám reclutó a la gente que estaba a su servicio -trescientos dieciocho hombres nacidos en su casa- y persiguió a los invasores hasta Dan. 15 Él y sus servidores los atacaron de noche, y después de derrotarlos, los persiguieron hasta Jobá, al norte de Damasco.

16 [bp] Deut. 20. 14

16 Así Abrám recuperó todos los bienes, lo mismo que a su pariente Lot con su hacienda, las mujeres y la gente.

El encuentro de Abrám con Melquisedec [ 17 | 24 ]

17 * Cuando Abrám volvía de derrotar a Quedorlaomer y a los reyes que lo acompañaban, el rey de Sodoma salió a saludarlo en el valle de Savé, o sea el valle del Rey.

18 [bj] Sal. 110. 4; Heb. 5-7

18 Y Melquisedec, rey de Salém, que era sacerdote de Dios, el Altísimo, hizo traer pan y vino, 19 y bendijo a Abrám, diciendo:
«¡Bendito sea Abrám
de parte de Dios, el Altísimo,
creador del cielo y de la tierra!
20 ¡Bendito sea Dios, el Altísimo,
que entregó a tus enemigos en tus manos!».
Y Abrám le dio el diezmo de todo.
21 Entonces el rey de Sodoma dijo a Abrám: “Entrégame a las personas y quédate con los bienes”. 22 Pero Abrám le respondió: “Yo he jurado al Señor Dios, el Altísimo, creador del cielo y de la tierra, 23 que no tomaré nada de lo que te pertenece: ni siquiera el hilo o la correa de una sandalia. Así no podrás decir: ‘Yo enriquecí a Abrám’. 24 No quiero nada para mí, fuera de lo que mis servidores han comido. Solamente los hombres que me han acompañado, Aner, Escol y Mamré, recibirán su parte”.
14

Esta narración presenta algunas características que le asignan un lugar aparte dentro del Pentateuco y tal vez de toda la Biblia. El relato carece del tono familiar propio de las otras tradiciones patriarcales; su estilo es impersonal, y Abraham - que es llamado «el hebreo» - protagoniza un episodio de proyecciones internacionales.

17-20

Según la costumbre de Canaán, el rey era también el responsable supremo del culto. Por eso Melquisedec era al mismo tiempo «rey de Salém» (Jerusalén) y «sacerdote de Dios, el Altísimo», una divinidad venerada en Canaán. Melquisedec honró a Abraham con un banquete (v. 18), y esta comida en común parece haber sellado una alianza. La indicación de 2 Sam. 18. 18 permite ubicar el «valle del Rey» en las proximidades de Jerusalén. El Nuevo Testamento presentará a Melquisedec como figura de Cristo, Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza (Heb. 7).

1. 2 Sam. 18. 18:

18 Absalón se había erigido en vida una piedra conmemorativa, que está en el valle del Rey. Porque él decía: “Yo no tengo un hijo para perpetuar mi nombre”. A esa estela la había llamado con su nombre, y se la llama “Monumento de Absalón” hasta el día de hoy.

2. Heb. 7:

1 Este Melquisedec, que era rey de Salém, sacerdote de Dios, el Altísimo, salió al encuentro de Abraham cuando este volvía de derrotar a los reyes y lo bendijo; 2 y Abraham le entregó la décima parte de todo el botín. El nombre de Melquisedec significa, en primer término, “rey de justicia”; y él era, además, rey de Salém, es decir, “rey de paz”. 3 De él no se menciona ni padre ni madre ni antecesores, ni comienzo ni fin de su vida: así, a semejanza del Hijo de Dios, él es sacerdote para siempre.

4 Consideren ahora la grandeza de aquel a quien el mismo patriarca Abraham entregó como diezmo lo mejor del botín. 5 A los descendientes de Leví que reciben el sacerdocio, la Ley les manda percibir el diezmo del pueblo, esto es, de sus propios hermanos, que sin embargo pertenecen como ellos a la descendencia de Abraham. 6 Pero Melquisedec, que no tenía ascendencia común con ellos, recibió de Abraham el diezmo y bendijo al depositario de las promesas. 7 Ahora bien, no cabe duda que corresponde al superior bendecir al inferior. 8 Además, en el caso de los descendientes de Leví, los que perciben el diezmo son hombres mortales, mientras que en el caso de Melquisedec, se trata de alguien de quien se atestigua que vive. 9 Por último, se puede decir que el mismo Leví, a quien corresponde percibir los diezmos, pagó los suyos a Melquisedec en la persona de Abraham, 10 porque, en cierto sentido, Leví ya estaba en el cuerpo de su padre Abraham cuando Melquisedec le salió al encuentro.

11 Por lo tanto, si se podía alcanzar la perfección por medio del sacerdocio levítico, sobre el cual se funda la Ley dada al pueblo, ¿qué necesidad había entonces de que surgiera otro sacerdote, según el orden de Melquisedec y no según el orden de Aarón? 12 Porque el cambio de sacerdocio implica necesariamente un cambio de Ley. 13 De hecho, Jesús, de quien se dicen estas cosas, pertenecía a una tribu que no era la de Leví, ninguno de cuyos miembros se dedicó al servicio del altar. 14 Porque es sabido que nuestro Señor desciende de Judá, y de esa tribu nunca habló Moisés al referirse a los sacerdotes.

15 Y esto se hace más evidente aún, si se tiene en cuenta que este nuevo sacerdote, a semejanza de Melquisedec, 16 se constituye, no según la disposición de una ley meramente humana, sino según el poder de una vida indestructible. 17 De él se ha atestiguado: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec. 18 De esta manera queda derogada la disposición anterior, en razón de su ineficacia e inutilidad 19 - ya que la Ley es incapaz de conducir a la perfección - y se introduce una esperanza mejor, que nos permite acercarnos a Dios.

20 Además, todo esto ha sido confirmado con un juramento. Porque, mientras los descendientes de Leví fueron instituidos sacerdotes sin la garantía de un juramento, 21 Jesús lo fue con un juramento, el de aquel que le dijo: “Juró el Señor y no se arrepentirá: ‘Tú eres sacerdote para siempre’”. 22 Por lo tanto, Jesús ha llegado a ser el garante de una Alianza superior. 23 Los otros sacerdotes tuvieron que ser muchos, porque la muerte les impedía permanecer; 24 pero Jesús, como permanece para siempre, posee un sacerdocio inmutable.

25 De ahí que él puede salvar en forma definitiva a los que se acercan a Dios por su intermedio, ya que vive eternamente para interceder por ellos. 26 Él es el Sumo Sacerdote que necesitábamos: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y elevado por encima del cielo. 27 Él no tiene necesidad, como los otros sumos sacerdotes, de ofrecer sacrificios cada día, primero por sus pecados, y después por los del pueblo. Esto lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. 28 La Ley, en efecto, establece como sumos sacerdotes a hombres débiles; en cambio, la palabra del juramento - que es posterior a la Ley - establece a un Hijo que llegó a ser perfecto para siempre.