LECTURA PATRÍSTICA

DOMINGO 21 DURANTE EL AÑO, A [DURANTE EL AÑO]

Lectura bíblica: Mt. 16. 13-20

San Juan Crisóstomo, Homilía 54 sobre el evangelio de san Mateo

(1-2: PG 58, 533-536)
Cristo entregó las llaves a aquel que extendió la Iglesia por todo el orbe de la tierra

Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso. (Mt. 16. 17) ¿Por qué Pedro es proclamado dichoso? Por haberlo confesado propiamente Hijo. No podemos conocer por otro medio al Hijo sino por el Padre, ni al Padre, sino por el mismo Hijo. Aquí tenemos palmariamente demostrada tanto la igualdad de honor, como la consustancialidad. ¿Y qué le respondió Cristo? Tú eres Simón, el hijo de Jonás; tú te llamarás Cefas. (Mt. 16. 18) Puesto que tú —dice— has proclamado a mi Padre, yo nombro al que te engendró. Lo que equivale a decir: Lo mismo que tú eres hijo de Jonás, yo soy el Hijo de mi Padre.

En realidad, parecería superfluo decir: Tú eres hijo de Jonás: pero como Pedro añadió «Hijo de Dios», para demostrar que él era Hijo de Dios, lo mismo que Pedro era hijo de Jonás, de la misma sustancia que el Padre, por eso añadió aquel inciso. Ahora te digo yo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia», (Mt. 16. 18) esto es, sobre la fe que has confesado.

Con esto declara que iban a ser muchos los que aceptarían la fe y, elevando los sentimientos del apóstol, lo constituye pastor de su Iglesia. Y el poder del infierno no la derrotará. (Mt. 16. 18) Y si a ella no la derrotarán, mucho menos me derrotarán a mí. Así que no te turbes, cuando oyeres que he sido entregado y crucificado. A continuación le concede una nueva distinción: Te daré las llaves del reino de los cielos. ¿Qué significa ese te daré? Lo mismo que el Padre te ha dado capacidad para que me conocieras, así también yo te daré.

Y no dijo: «Rogaré al Padre», no obstante tratarse de una gran demostración de autoridad y de un don de inefable valor, sino: Te daré. Pero pregunto: ¿qué es lo que das? Las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo. (Mt. 16. 19) ¿Y cómo el conceder sentarse a la derecha y a la izquierda no va a estar en poder de quien dijo: Te daré? ¿No ves cómo eleva a Pedro a una más sublime opinión de él, cómo se revela a sí mismo, y cómo, mediante esta doble promesa, demuestra que él es el Hijo de Dios? Lo que propiamente es competencia exclusiva de solo Dios, eso es lo que Cristo promete dar a Pedro. A saber: perdonar pecados, mantener inconmovible a la Iglesia en medio de tantas agitaciones, convertir a un pescador en alguien más firme que la roca, aunque todo el mundo se ponga en contra. Lo mismo le decía el Padre a Jeremías: que le convertiría en columna de hierro, en muralla de bronce. Pero con esta diferencia: Jeremías era colocado frente a un solo pueblo; Pedro, en cambio, frente a todo el mundo.

Me gustaría preguntar a quienes pretenden ver disminuida la dignidad del Hijo, ¿cuáles son mayores: los dones que el Padre concede a Pedro o los que le otorga el Hijo? Porque el Padre le hace la revelación del Hijo; en cambio el Hijo le comisiona para que propague por todo el mundo tanto el conocimiento del Padre como el suyo propio, otorga a un hombre mortal todo poder en el cielo, al entregar las llaves a aquel que extendió la Iglesia por todo el orbe de la tierra, y mostró ser más firme que los cielos, pues dijo: El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. (Mt. 24. 35; Mc. 13. 31; Lc. 21. 33)

I. Responsorio Tradicional:

Mt. 16. 17-18
R. Bienaventurado tú, Simón hijo de Jonás, * porque ni la carne ni la sangre te lo han revelado, sino el Padre mío que está en los cielos, dice el Señor.
V. Y yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.
R. Porque ni la carne ni la sangre te lo han revelado, sino el Padre mío que está en los cielos, dice el Señor.

II. Responsorio en el CONO SUR: el Libro del Pueblo de Dios = Biblia Católica de la Familia = (Nueva) Biblia Católica para Jóvenes

* Mt. 16. 17-18

17 Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. 18 Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.

III. Textos bíblicos CITADOS o REFERIDOS

A = Texto tradicional | B = Texto de la traducción de Mons. Levoratti y Mons. Trusso

A. Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso.

B. * Mt. 16. 17

17 Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.


A. Tú eres Simón, el hijo de Jonás; tú te llamarás Cefas.

B. * Mt. 16. 18

18 Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.


A. Ahora te digo yo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»,

B. * Mt. 16. 18

18 Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.


A. Y el poder del infierno no la derrotará.

B. * Mt. 16. 18

18 Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.


A. Las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.

B. * Mt. 16. 19

19 Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".


A. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

B. * Mt. 24. 35

35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.


A. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

B. * Mc. 13. 31

31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.


A. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

B. * Lc. 21. 33

33 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.