San AGUSTÍN de HIPONA

ENARRACIONES SOBRE LOS SALMOS

COMENTARIO AL SALMO 1

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[LAS DOS SENDAS: LA DEL JUSTO Y LA DEL IMPÍO]

1. [v. 1]. Bienaventurado el hombre que no se halló en consejo de impíos. (Sal. 1. 1) Esto ha de entenderse del hombre Señor, es decir, de nuestro Señor Jesucristo. Bienaventurado el varón que no se halló en consejo de impíos, como se halló el hombre terreno, que consintió, quebrantando el precepto de Dios, en la insinuación de la mujer engañada por la serpiente. Y no se detuvo en el camino de los pecadores. Transita ciertamente por el camino de los pecadores, naciendo como ellos, mas no se estacionó, porque no le retuvieron los atractivos mundanos. Y no se sentó en cátedra pestilente, es decir, no ambicionó con soberbia el reino mundano. Con toda exactitud, la soberbia representa la cátedra pestilente, porque apenas hay quien carezca de la ambición de dominar y no apetezca la gloria mundana. La pestilencia o peste es una enfermedad que se extiende demasiado y que se apodera de todos o de casi todos. Con más precisión se entiende «cátedra pestilente» por doctrina perniciosa, cuyo rumor se extiende como cáncer. (2 Tim. 2. 17) (2 Tim 2,17). A continuación ha de considerarse el orden de las palabras abiit, stetit, sedit, alejarse, permanecer y sentarse. Se aleja alguno cuando se aparta de Dios; se detiene cuando se deleita en el pecado; se sienta cuando, afianzado en su soberbia, no puede volver, si no le libra Aquel que no se halla en el concilio de los impíos, ni permanece en el camino de los pecadores, ni se sienta en la cátedra de pestilencia.

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2. [v.2]. Su voluntad permaneció en la ley del Señor, y en su ley meditará día y noche. (Sal. 1. 2) La ley, como dice el Apóstol, no fue establecida para el justo. (1 Tim. 1. 8-9) Una cosa es estar en la ley, y otra bajo la ley; el que está en la ley, obra según ella; el que está bajo la ley, es impelido a obrar por ella. Luego aquél es libre y éste esclavo. Una es la ley escrita y que se impone a quien sirve, y otra la que se contempla con la mente por aquel que no tiene necesidad de letras. Meditará día y noche, esto, o se entiende: sin interrupción; o también: por día, la alegría, y por noche, la tribulación; pues de la alegría se dice: Abrahán vio mi día y se alegró; (Jn. 8. 56) y de la tribulación: Aún más, hasta en la noche me corrigieran mis ríñones. (Sal. 15. 7)

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3. [v.3]. Y será como el árbol que se halla plantado junto a cauce de agua, (Sal. 1. 3) es decir, junto a la misma Sabiduría, la cual se dignó tomar al hombre para nuestra salud; de tal suerte que el hombre sea el árbol plantado a la orilla de la corriente de agua. Puede entenderse así porque en otro salmo se dice: El río de Dios está lleno de agua. (Sal. 64. 10) (Sal 64,10) O puede entenderse: junto al Espíritu Santo, del cual se escribe: El os bautizará en el Espíritu Santo (Mt. 3. 11) (Mt 3,11); y también: Quien tenga sed, venga y beba; (Jn. 7. 37) (Jn 7,37) y aquello: si conocieres el don de Dios y quién es el que te pide agua, la recabarías de él, y te daría agua viva; quien bebiere de ella, no tendrá jamás sed, porque brotará en él una fuente de agua viva hasta la vida eterna. (Jn. 6. 10. 13. 14) (Jn. 6,10.13.14). También puede entenderse junto a la corriente de las aguas, por los pecados de los pueblos, puesto que en el Apocalipsis (Apoc. 17. 15) (Apoc 17,15), los pueblos están representados por las aguas, y la corriente con razón simboliza la caída, la cual corresponde al delito. Aquel árbol, es decir, nuestro Señor, dará fruto, es decir, constituirá las iglesias de las aguas corrientes, es decir, de los pueblos pecadores, trayéndolos al camino y radicándolos en su enseñanza; y lo dará en tiempo oportuno, a saber: después de haber sido glorificado con la resurrección y la ascensión al cielo. Porque entonces, habiendo sido enviado el Espíritu Santo a los apóstoles, consolidándolos en su fe y encaminándolos a los pueblos, produjo el fruto de las iglesias. Y su hoja es perenne, es decir, su palabra no será vana, porque toda carne es heno, y el esplendor del hombre es como flor del campo; el heno se seca y la flor cae, mas la palabra del Señor permanece eternamente. (Is. 40. 6-8) (Is 40,6-8). Y todas las cosas que hiciere prosperarán, es decir, todas las cosas que aquel árbol produjere, las cuales, sin duda, son hojas y frutos, es decir, palabras y hechos.