CANTA el EVANGELIO: Eduardo Cantú

CANTA EL EVANGELIO es una iniciativa de EDUARDO CANTÚ (México), consistente en musicalizar el texto del Evangelio de cada Domingo; el texto es del LECCIONARIO MEXICANO o LATINOAMERICANO; los ritmos son modernos, juveniles; tiene siempre nuevos músicos invitados a participar. Sus creaciones las encontramos en: A) Youtube, B) Facebook, C) Ventas de cds en línea.

[1] ¿Quién es este?

A. CANTO:

1. Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos:
«Vamos a la otra orilla del lago».
Entonces los discípulos despidieron a la gente
y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba.
Iban además otras barcas.

2. De pronto se desató un fuerte viento
y las olas se estrellaban contra la barca
y la iban llenando de agua.
Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín.
Lo despertaron y le dijeron:
«Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?»
Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar:

«¡Cállate, enmudece!»
Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma.
Jesús les dijo:
«¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?»
Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros:
«¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?».
B. TEXTO de EL LIBRO DEL PUEBLO de DIOS:

35 Al atardecer de ese mismo día, les dijo: «Crucemos a la otra orilla». 36 Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. 37 Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. 38 Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. 39 Lo despertaron y le dijeron: «¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?». Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio! ¡Cállate!». El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. 40 Después les dijo: «¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?». 41 Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?».

Uso:
Domingo 12 Durante el año

[2] ¡TALITA KUM!

A. CANTO:

En aquel tiempo, cuando Jesús regresó en la barca al otro lado del lago, se quedó en la orilla y ahí se le reunió mucha gente. Entonces se acercó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesús, se echó a sus pies y le suplicaba con insistencia: "Mi hija está agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva". Jesús se fue con él, y mucha gente lo seguía y lo apretujaba.

Entre la gente había una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años. Había sufrido mucho a manos de los médicos y había gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, había empeorado. Oyó hablar de Jesús, vino y se le acercó por detrás entre la gente y le tocó el manto, pensando que, con sólo tocarle el vestido, se curaría. Inmediatamente se le secó la fuente de su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba curada.

Jesús notó al instante que una fuerza curativa había salido de Él, se volvió hacia la gente y les preguntó: "¿Quién ha tocado mi manto?" Sus discípulos le contestaron: "Estás viendo cómo te empuja la gente y todavía preguntas: `¿Quién me ha tocado?' " Pero Él seguía mirando alrededor, para descubrir quién había sido. Entonces se acercó la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado; se postró a sus pies y le confesó la verdad. Jesús la tranquilizó, diciendo: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad".

Todavía estaba hablando Jesús, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle a éste: "Ya se murió tu hija. ¿Para qué sigues molestando al Maestro?" Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que tengas fe". No permitió que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga, vio Jesús el alboroto de la gente y oyó los llantos y los alaridos que daban. Entró y les dijo: "¿Qué significa tanto llanto y alboroto? La niña no está muerta, está dormida". Y se reían de Él.

Entonces Jesús echó fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entró a donde estaba la niña. La tomó de la mano y le dijo: "¡Talitá, kum!", que significa: "¡Óyeme, niña, levántate!" La niña, que tenía doce años, se levantó inmediatamente y se puso a caminar. Todos se quedaron asombrados. Jesús les ordenó severamente que no lo dijeran a nadie y les mandó que le dieran de comer a la niña.

B. TEXTO de EL LIBRO DEL PUEBLO de DIOS:

18 Mientras Jesús les estaba diciendo estas cosas, se presentó un alto jefe y, postrándose ante él, le dijo: “Señor, mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y vivirá”. 19 Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.

20 Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto, 21 pensando: “Con sólo tocar su manto, quedaré curada”. 22 Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: “Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado”. Y desde ese instante la mujer quedó curada.

23 Al llegar a la casa del jefe, Jesús vio a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, y dijo: 24 “Retírense, la niña no está muerta, sino que duerme”. Y se reían de él. 25 Cuando hicieron salir a la gente, él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó. 26 Y esta noticia se divulgó por aquella región.

21 Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. 22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, 23 rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva». 24 Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.

25 Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. 26 Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. 27 Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, 28 porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré curada». 29 Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal. 30 Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: «¿Quién tocó mi manto?». 31 Sus discípulos le dijeron: «¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?». 32 Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. 33 Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. 34 Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad».

35 Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?». 36 Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas». 37 Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, 38 fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. 39 Al entrar, les dijo: «¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme». 40 Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. 41 La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum» , que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate». 42 En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, 43 y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

40 A su regreso, Jesús fue recibido por la multitud, porque todos lo estaban esperando. 41 De pronto, se presentó un hombre llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, y cayendo a los pies de Jesús, le suplicó que fuera a su casa, 42 porque su única hija, que tenía unos doce años, se estaba muriendo. Mientras iba, la multitud lo apretaba hasta sofocarlo.

49 Todavía estaba hablando, cuando llegó alguien de la casa del jefe de la sinagoga y le dijo: «Tu hija ha muerto, no molestes más al Maestro». 50 Pero Jesús, que había oído, respondió: «No temas, basta que creas y se salvará». 51 Cuando llegó a la casa no permitió que nadie entrara con él, sino Pedro, Juan y Santiago, junto con el padre y la madre de la niña. 52 Todos lloraban y se lamentaban. «No lloren, dijo Jesús, no está muerta, sino que duerme». 53 Y se burlaban de él, porque sabían que la niña estaba muerta. 54 Pero Jesús la tomó de la mano y la llamó, diciendo: «Niña, levántate». 55 Ella recuperó el aliento y se levantó en el acto. Después Jesús ordenó que le dieran de comer. 56 Sus padres se quedaron asombrados, pero él les prohibió contar lo que había sucedido.

Uso:

[3] TÚ ERES PEDRO

A. CANTO:

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas".

Y les preguntó: "Ustedes, ¿quién dicen que soy yo?". Simón Pedro tomó la palabra y le dijo:

// "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". (Bis)

Jesús le dijo entonces: "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Ahora te lo digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. El poder del infierno no podrá contra ella. Te daré las llaves del Reino de los cielos;

// Todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo,
y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo". (3 veces)

Y les mandó que no dijeran a nadie que Él era el Mesías.

B. TEXTO de EL LIBRO DEL PUEBLO de DIOS:

13 Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?". 14 Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas". 15 "Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?". 16 Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". 17 Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. 18 Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. 19 Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo". 20 Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

27 Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». 28 Ellos le respondieron: «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas». 29 «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro respondió: «Tú eres el Mesías». 30 Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.

18 Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?». 19 Ellos le respondieron: «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado». 20 «Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro, tomando la palabra, respondió: «Tú eres el Mesías de Dios». 21 Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie. 43bMientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:

Uso:
Domingo 21 - Durante el año
Santos Pedro y Pablo, Apóstoles

[4] TODOS HONRAN A UN PROFETA

A. CANTO:

1. En aquel tiempo, Jesús fue a su tierra
en compañía de sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la sinagoga,
y la multitud que lo escuchaba se preguntaba con asombro:

2. ¿Dónde aprendió este hombre tantas cosas?
¿De dónde le viene esa sabiduría
y ese poder para hacer milagros?
¿Qué no es éste el carpintero, el hijo de María,
el hermano de Santiago, José, Judas y Simón?
¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?.
Y estaban desconcertados.

3. Pero Jesús les dijo:

Todos honran a un profeta, menos los de su tierra,
sus parientes y los de su casa.
Y no pudo hacer allí ningún milagro,
sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos.
Y estaba extrañado de la incredulidad de aquella gente.
Luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos.
B. TEXTO de EL LIBRO DEL PUEBLO de DIOS:

1 Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. 2 Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? 3 ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. 4 Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa". 5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. 6 Y él se asombraba de su falta de fe. 6bJesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.

Uso:
Domingo 14 - Durante el año

[5] De dos en dos

A. CANTO:

1. En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce,
los envió de dos en dos
y les dio poder sobre los espíritus inmundos.
Les mandó que no llevaran nada para el camino:
ni pan, ni mochila, ni dinero en el cinto,
sino únicamente un bastón, sandalias y una sola túnica.

Y les dijo:

«Cuando entren en una casa,
quédense en ella hasta que se vayan de ese lugar.
Si en alguna parte no los reciben ni los escuchan,
al abandonar ese lugar, sacúdanse el polvo de los pies,
como una advertencia para ellos».
Los discípulos se fueron a predicar el arrepentimiento.
Expulsaban a los demonios,
ungían con aceite a los enfermos
y los curaban.

2. Jesús nos envía de dos en dos
para que seamos en el amor una familia
siempre unida por su Verdad.
Y para que llevemos su Palabra
a todos los rincones de la Tierra:
Vayamos de dos en dos.

B. TEXTO de EL LIBRO DEL PUEBLO de DIOS:

6bJesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente. 7 Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. 8 Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; 9 que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas. 10 Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. 11 Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos". 12 Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; 13 expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.
Uso:
Domingo 15 - Durante el año

[6] Bajó del cielo

A. CANTO:

1. En aquel tiempo, los judíos murmuraban
contra Jesús, porque había dicho:
"Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo",
"¿No es éste, Jesús, el hijo de José?
¿Acaso no conocemos a su padre y a su madre?
¿Cómo nos dice ahora que ha bajado del cielo?"

2. Jesús les respondió:
"No murmuren. Nadie puede venir a mí,
si no lo atrae el Padre, que me ha enviado;
y a ése yo lo resucitaré el último día.
Está escrito en los profetas:
Todos serán discípulos de Dios.
Todo aquel que escucha al Padre
y aprende de Él, se acerca a mí.
No es que alguien haya visto al Padre,
fuera de aquel que procede de Dios.
Ese sí ha visto al Padre.

// Yo les aseguro:
el que cree en mí, tiene vida eterna.
Yo soy el pan de vida.
Sus padres comieron el maná en el desierto
y sin embargo, murieron.
Éste es el pan que ha bajado del cielo
para que, quien lo coma, no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo;
el que coma de este pan vivirá para siempre.
Y el pan que yo les voy a dar es mi carne
para que el mundo tenga vida". (Bis)
B. TEXTO de EL LIBRO DEL PUEBLO de DIOS:

41 Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo». 42 Y decían: «¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: “Yo he bajado del cielo”?». 43 Jesús tomó la palabra y les dijo: «No murmuren entre ustedes.

44 Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día.

45 Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí.

46 Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre.

47 Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.

48 Yo soy el pan de Vida.

49 Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.

50 Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.

51 Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».

Uso:
Domingo 19 - Durante el año

[7] El último de todos

A. CANTO:

1. En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea,
pero Él no quería que nadie lo supiera,
porque iba enseñando a sus discípulos.
Les decía:

2. “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres;
le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará”.

3. Pero ellos no entendían aquellas palabras
y tenían miedo de pedir explicaciones.

4. Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó:
“¿De qué discutían por el camino?”
Pero ellos se quedaron callados,
porque en el camino habían discutido
sobre quién de ellos era el más importante.
Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:

5. “Si alguno quiere ser el primero,
que sea el último de todos
y el servidor de todos”.

6. Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos,
lo abrazó y les dijo:

7. “El que reciba en mi nombre a uno de estos niños,
a mí me recibe.
Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí,
sino a aquel que me ha enviado”.

B. TEXTO de EL LIBRO DEL PUEBLO de DIOS:

30 Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera, 31 porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará». 32 Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.

33 Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?». 34 Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. 35 Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos». 36 Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: 37 «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado».

Uso:
Domingo 25 - Durante el año

[8] ¡Qué dificil!

A. CANTO:

1. En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante Él y le preguntó:
“Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?”
Jesús le contestó:
“¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre”.

2. Entonces él le contestó:
“Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven”
. Jesús lo miró con amor y le dijo:
“Sólo una cosa te falta: Ve y vende todo lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”
. Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos:
“¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!”
Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió:
“Hijitos, ¡qué dificil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios”.

3. Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí:
“Entonces, ¿quién puede salvarse?”
Jesús, mirándolos fijamente, les dijo:
“Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible”
. Entonces Pedro le dijo a Jesús:
“Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte”.

4. Jesús le respondió:
“Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna”.

“¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!”
Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió:
“Hijitos, ¡qué dificil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios”.
B. TEXTO de EL LIBRO DEL PUEBLO de DIOS:

17 Cuando se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?». 18 Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. 19 Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre». 20 El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud». 21 Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme». 22 El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.

23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!». 24 Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios!. 25 Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios». 26 Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?». 27 Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible».

28 Pedro le dijo: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». 29 Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, 30 desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.

Uso:
Domingo 28 - Durante el año