Mateo 5: AUDIOBIBLIA El Libro del Pueblo de Dios

EL SERMÓN DE LA MONTAÑA

«El Reino de los Cielos está cerca» (4. 17). Dios se ha hecho presente en la persona de Jesús para renovar todas las cosas. ¿Cuál debe ser el comportamiento de los que quieren entrar en su Reino? A esta pregunta responde el primero de los discursos de Jesús –el célebre Sermón de la Montaña– que Mateo propone como la «carta fundamental» del Reino de los Cielos. Allí Jesús se manifiesta como el nuevo Moisés, que descubre el verdadero sentido y las exigencias más radicales de la Ley promulgada en el monte Sinaí. Él no destruye esa Ley, pero tampoco la considera intangible.

El Sermón de la Montaña resume toda la moral cristiana, entendida no a la manera de un código legal de prohibiciones y obligaciones, sino como una invitación a ser «perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo» (5. 48). Es un nuevo programa, más exigente y gozoso a la vez, que de ninguna manera inculca la «resignación» a los oprimidos o la pasividad frente al mal. Tampoco propone un «tipo» de organización social, pero sienta las bases y señala las pautas de toda verdadera fraternidad. Es un nuevo estilo de vida, que se funda en el amor llevado hasta sus últimas consecuencias y convierte a los discípulos de Jesús en «sal de la tierra» y «luz del mundo» (5. 13-16).

Las Bienaventuranzas [ 1 | 12 ]

|| Lc. 6. 20-23

1 [bj] ||Lc. 6. 20-23

1 Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.

2 [bj] Sab. 2. 16; Ecli. 14. 20; Ecli. 25. 7-12

2 Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
3 «Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

4 [bj] Sal. 37. 11; Gn. 13. 15; Lev. 25. 23

4 Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.

5-10 [bj] Tob. 13. 14; Ecli. 48. 24; Sal. 126. 5; Is. 61. 2-3; Is. 40. 1; Sal. 107. 5-8s; Is. 51. 1; Am. 8. 11-12; Lc. 1. 53; Sal. 37. 19; Prov. 9. 5; Ecli. 24. 21; Jn. 6. 35; Gn. 20. 5s; Sal. 24. 3-4; Sal. 11. 7; Prov. 22. 11; Éx. 33. 20+; Heb. 12. 14; Sal. 34. 14; Prov. 12. 20; Zac. 8. 16; Os. 11. 1

5 Felices los afligidos, porque serán consolados.
6 Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
7 Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
8 Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
9 Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
10 Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

11-12 [bj] 1 Ped. 3. 14; Is. 51. 7; Hech. 5. 41; Flp. 1. 29; Col. 1. 24; Heb. 10. 34; Sant. 1. 2; Gn. 15. 1; Ecli. 2. 8; Mt. 23. 34

11 Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
12 Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron.

La sal de la tierra y la luz del mundo [ 13 | 16 ]

|| Mc. 9. 50; Lc. 14. 34.35; Mc. 4. 21; Lc. 8. 16; 11. 33

13 [bj] ||Mc. 9. 50; ||Lc. 14. 34-35; Lev. 2. 13; Núm. 18. 19; Col. 4. 6

13 Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.

14 [bj] Jn. 8. 12+; Is. 2. 2; ||Mc. 4. 21; ||Lc. 8. 16; Lc. 11. 33 [bpe] Mc. 9. 50; Lc. 14. 34s

14 Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. 15 Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.

16 [bj] Jn. 3. 21; Jn. 15. 8; 1 Cor. 10. 31

16 Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.
17-20 [blpd3] Sant. 2. 10

Jesús y la Ley [ 17 | 20 ]

|| Lc. 16. 17

17 [bj] Rom. 3. 31; Rom. 10. 4; Rom. 13. 8-10

17 No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.

18 [bj] ||Lc. 16. 17; Lc. 24. 34s

18 Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.

19 [bj] Sant. 2. 10; Mt. 5. 20+; Gál. 6. 2; Sant. 1. 25

19 El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

20 [bj] Lev. 19. 15s; Rom. 10. 3; Flp. 3. 9

20 Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

El homicidio [ 21 | 26 ]

|| Lc. 12. 58-59

21 [bj] Gn. 9. 6; Éx. 20. 13; Deut. 5. 17

21 * Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal.

22 [bj] Ecli. 10. 6; Ef. 4. 26; Sant. 1. 19-20; Deut. 17. 8-13; 1 Jn. 3. 15; Sant. 3. 6; Mt. 3. 12+; Mc. 11. 25

22 * Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego. 23 Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti,

24 [bj] Ecli. 28. 2; ||Lc. 12. 58-59

24 deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. 25 Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso.

26 [bj] Éx. 20. 14; Deut. 5. 18

26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

El adulterio [ 27 | 30 ]

|| 18. 8-9; Mc. 9. 43-47

27 [bj] Ecli. 9. 5

27 * Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio.

28 [bj] =Mt. 18. 8-9

28 Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. 29 Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. 30 Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.

El divorcio [ 31 | 32 ]

|| 19. 9; Mc. 10. 11-12; Lc. 16. 18

31 [bj] Deut. 24. 1-4; Mal. 2. 14-16

31 También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio.

32 [bj] =Mt. 19. 9s; ||Mc. 10. 11-12; ||Lc. 16. 18; 1 Cor. 7. 10-11; Os. 1. 2+

32 * Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.

El juramento [ 33 | 37 ]

33 [bj] Éx. 20. 7; Núm. 30. 3; Deut. 23. 22; Ecli. 23. 9; Sant. 5. 12; Sal. 11. 4; Is. 66. 1

33 Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor. 34 * Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios,

35 [bj] Sal. 48. 3; Mt. 5. 36; 2 Cor. 1. 17-19; Sant. 5. 12

35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies ; ni por Jerusalén , porque es la Ciudad del gran Rey. 36 No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.

37 [bj] Éx. 21. 24; Lev. 24. 20; Deut. 19. 21

37 Cuando ustedes digan 'sí', que sea sí, y cuando digan 'no', que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.

La ley del talión [ 38 | 42 ]

|| Lc. 6. 29-30

38 Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.

39 [bj] ||Lc. 6. 29; Is. 50. 6; Hech. 23. 2; Rom. 12. 19. 21; Lc. 6. 30; Deut. 15. 7s

39 Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. 40 Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; 41 y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él.

42 [bj] Lev. 19. 18; Mt. 5. 43; Deut. 23. 4. 7; ||Lc. 6. 27-36; Lc. 23. 34; Hech. 7. 60; Rom. 12. 20; Ecli. 4. 10; Gál. 4. 7

42 Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

El amor a los enemigos [ 43 | 48 ]

|| Lc. 6. 27-28. 32-36

43 Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. 44 Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; 45 así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.

46 [bj] Lc. 3. 12

46 * Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos?

47 [bj] Lev. 11. 44; Lev. 19. 2+; Tob. 12. 8; 1 Ped. 1. 16; Sant. 1. 4

47 Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? 48 Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.
5

El lenguaje de las Bienaventuranzas contiene numerosas reminiscencias del Antiguo Testamento, especialmente de los Salmos y los Profetas. Ver Sal. 11. 7; 12. 6; 24. 3-4; 37. 11; 41. 2; 126. 5; Is. 61. 1-3; Zac. 7. 9-10.

«Pobre» en el Antiguo Testamento es el hombre de condición social inferior, sin fortuna, frecuentemente humillado y que, por eso mismo, lo espera todo del auxilio de Dios. Su pobreza es más bien interior y espiritual que exterior y material, aunque generalmente incluye esta última. Ver nota Lc. 6. 20.

1. Sal. 11. 7:

7 Porque el Señor es justo y ama la justicia, y los que son rectos verán su rostro.

2. 12. 6:

6 "Por los sollozos del humilde y los gemidos del pobre, ahora me levantaré -dice el Señor- y daré mi ayuda al que suspira por ella".

3. 24. 3-4:

3 ¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor y permanecer en su recinto sagrado?

4 El que tiene las manos limpias y puro el corazón; el que no rinde culto a los ídolos ni jura falsamente:

4. 37. 11:

11 pero los humildes poseerán la tierra y gozarán de una gran felicidad.

5. 41. 2:

2 Feliz el que se ocupa del débil y del pobre: el Señor lo librará en el momento del peligro.

6. 126. 5:

5 Los que siembran entre lágrimas cosecharán entre canciones.

7. Is. 61. 1-3:

1 El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, 2 a proclamar un año de gracia del Señor, un día de venganza para nuestro Dios; a consolar a todos los que están de duelo, 3 a cambiar su ceniza por una corona, su ropa de luto por el óleo de la alegría, y su abatimiento por un canto de alabanza. Ellos serán llamados "Encinas de justicia", "Plantación del Señor, para su gloria".

8. Zac. 7. 9-10:

9 Así habla el Señor de los ejércitos: Hagan justicia de verdad, practiquen mutuamente la fidelidad y la misericordia. 10 No opriman a la viuda ni al huérfano, al extranjero ni al pobre, y no piensen en hacerse mal unos a otros.
22

Las penas aquí señaladas guardan relación con la gravedad de la ofensa. El «Sanedrín» era el Tribunal Supremo de los judíos. Ver nota 16. 21. La «Gehena» era un valle situado al sur de Jerusalén, en el cual los israelitas habían sacrificado antiguamente víctimas humanas al dios Moloc (Lev. 18. 21; 2 Rey. 23. 10) y por este motivo, simbolizaba el lugar del castigo más grave.

1. Lev. 18. 21:

21 No entregarás a ninguno de tus descendientes para inmolarlo a Moloc, y no profanarás el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.

2. 2 Rey. 23. 10:

10 Además, profanó el Tófet del valle de Ben Hinnóm, para que nadie inmolara en el fuego a su hijo o a su hija, en honor de Moloc.
31

. Deut. 24. 1

1. Deut. 24. 1:

1 Si un hombre se casa con una mujer, pero después le toma aversión porque descubre en ella algo que le desagrada, y por eso escribe un acta de divorcio, se la entregará y la despedirá de su casa.
32

«Unión ilegal»: probablemente, se trata de ciertos matrimonios entre parientes, declarados ilegales en Lev. 18, y que eran frecuentes entre los paganos. Fuera de estos casos queda excluido el divorcio. Ver Hech. 15. 20, 29.

1. Lev. 18:

1 El Señor dijo a Moisés: 2 Habla a los israelitas en estos términos: Yo soy el Señor, su Dios. 3 Ustedes no imitarán las costumbres de Egipto –ese país donde ustedes habitaron– ni tampoco las de Canaán –esa tierra adonde yo los haré entrar– . No seguirán sus preceptos, 4 sino que cumplirán mis leyes y observarán mis preceptos, obrando en conformidad con ellos. Yo soy el Señor, su Dios.

5 Ustedes cumplirán mis preceptos y mis leyes, porque el hombre que los cumple vivirá gracias a ellos. Yo soy el Señor.

6 Ninguno de ustedes se acercará a una mujer de su propia sangre para tener relaciones con ella. Yo soy el Señor.

7 No tendrás relaciones con tu madre, la esposa de tu padre: ella es tu madre, y tú no debes tener relaciones con ella.

8 No tendrás relaciones con la mujer de tu padre: ella es la misma carne de tu padre.

9 No tendrás relaciones con tu hermana, sea hija de tu padre o de tu madre, sea que haya nacido en la casa o fuera de ella.

10 No tendrás relaciones con tu nieta, sea por parte de tu hijo o de tu hija, porque es tu misma carne.

11 No tendrás relaciones con la hija de una mujer de tu padre: ella es descendiente de tu padre, hermana tuya, y tú no debes tener relaciones con ella.

12 No tendrás relaciones con la hermana de tu padre: ella es la misma carne que tu padre.

13 No tendrás relaciones con la hermana de tu madre, porque ella es la misma carne que tu madre.

14 No tendrás relaciones con la mujer del hermano de tu padre: no te acercarás a ella, que es tu tía.

15 No tendrás relaciones con tu nuera: ella es la esposa de tu hijo, y por eso, no debes tener relaciones con ella.

16 No tendrás relaciones con la esposa de tu hermano: es la misma carne que tu hermano.

17 No tendrás relaciones a un mismo tiempo con una mujer y con su hija, ni te casarás con su nieta, sea por parte de su hijo o de su hija: son de la misma carne que esa mujer, y tener relaciones con ellas es una depravación.

18 No te casarás con la hermana de tu esposa ni tendrás relaciones con ella mientras viva tu esposa, provocando su rivalidad.

19 No te acercarás a una mujer, para tener relaciones con ella, durante el período de su impureza menstrual.

20 No tendrás relaciones con la mujer de tu prójimo, haciéndote impuro con ella.

21 No entregarás a ninguno de tus descendientes para inmolarlo a Moloc, y no profanarás el nombre de tu Dios. Yo soy el Señor.

22 No te acostarás con un varón como si fuera una mujer: es una abominación.

23 No tendrás trato sexual con una bestia, haciéndote impuro con ella; y ninguna mujer se ofrecerá a un animal para unirse con él: es una perversión.

24 No se harán impuros de ninguna de esas maneras, porque así lo hicieron las naciones que yo voy a expulsar delante de ustedes, 25 y por eso el país quedó profanado. Yo les he pedido cuenta de su iniquidad, y el país ha vomitado a sus habitantes. 26 Pero ustedes observarán mis preceptos y mis leyes, y no cometerán ninguna de esas abominaciones, tanto el nativo como el extranjero que resida en medio de ustedes. 27 Porque todas esas abominaciones fueron cometidas por los hombres que habitaron el país antes que ustedes, y por eso el país ha sido profanado. 28 Que la tierra no los tenga que vomitar también a ustedes, a causa de sus impurezas, como vomitó a la nación que estaba antes que ustedes. 29 Porque todo el que cometa una de esas abominaciones será excluido de su pueblo. 30 Cumplan, entonces, mis prescripciones, y no hagan ninguna de esas cosas abominables que se hicieron antes, y así no se harán impuros a causa de ellas. Yo soy el Señor, su Dios.

2. Hech. 15. 20, 29:

33

Núm. 30. 3. Jesús afirma la inutilidad del juramento, supuesto el ideal evangélico de la sinceridad del corazón.

1. Núm. 30. 3:

3 Cuando un hombre hace un voto al Señor o se impone una obligación bajo juramento, no deberá faltar a su palabra: es preciso que haga exactamente lo que ha prometido.
34-35

. Is. 66. 1; Sal. 48. 3

1. Is. 66. 1:

1 Así habla el Señor: El cielo es mi trono y la tierra, el estrado de mis pies. ¿Qué casa podrán edificarme ustedes y dónde estará el lugar de mi reposo?

2. Sal. 48. 3:

3 Su santa Montaña, la altura más hermosa, es la alegría de toda la tierra. La Montaña de Sión, la Morada de Dios, es la Ciudad del gran Rey:
38

. Ex. 21. 24 . Esta es la ley del talión, escrita en la legislación de Moisés. Entre los judíos, sólo los jueces la aplicaban y con frecuencia se contentaban con satisfacciones pecuniarias.

1. Ex. 21. 24:

43

Sólo la primera parte del precepto: «Amarás a tu prójimo» se halla en Lev. 19. 18. La segunda parte: «Odiarás a tu enemigo» no se encuentra textualmente en el Antiguo Testamento.

1. Lev. 19. 18:

18 No serás vengativo con tus compatriotas ni les guardarás rencor. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.
46

Los «publicanos» eran los judíos que recaudaban los impuestos destinados al gobierno de Roma. Por este motivo y por la avaricia con que generalmente ejercían su profesión, eran despreciados por el pueblo. Ver 9. 10-13.

1. 9. 10-13:

10 Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos. 11 Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?”. 12 Jesús, que había oído, respondió: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. 13 Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.