Marcos 5: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

Curación del endemoniado de Gerasa [ 1 | 20 ]

|| Mt. 8. 28-34; Lc. 8. 26-39

1 * Llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. 2 Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu impuro.

3 [bpe] Is. 28. 15; Is. 65. 4; Is. 45. 14

3 Él habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. 4 Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo. 5 Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras.
6 Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él,

7 [bpe] Is. 13. 21; Is. 34. 14; Bar. 4. 35; Tob. 8. 3 [gr] 1 Rey. 17. 18; Lc. 4. 34; Mc. 1. 24

7 gritando con fuerza: “¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!”. 8 Porque Jesús le había dicho: “¡Sal de este hombre, espíritu impuro!”.

9 [bj] Lc. 8. 2; Lc. 11. 26

9 Después le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?”. Él respondió: “Mi nombre es Legión, porque somos muchos” 10 Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región.
11 * Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña. 12 Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: “Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos”. 13 Él se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara - unos dos mil animales - se precipitó al mar y se ahogó.
14 Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido. 15 Cuando llegaron a donde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor. 16 Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos. 17 Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio.
18 En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él.

19 [bj] Mc. 1. 34

19 Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: “Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti”.

20 [bj] Mt. 4. 25

20 El hombre se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos quedaban admirados.

Curación de una mujer y resurrección de la hija de Jairo [ 21 | 43 ]

|| Mt. 9. 18-26; Lc. 8. 40-56

21 [bj] Mc. 2. 3

21 Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. 22 Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies,

23 [gr] Mt. 8. 3; Mc. 6. 5; Mc. 7. 32; Mc. 8. 23. 25; Lc. 4. 40; Lc. 13. 13; Hech. 9. 12. 17; Hech. 28. 8

23 rogándole con insistencia: “Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva”. 24 Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.

25 [bpe] Lev. 12. 7; Lev. 20. 18; Lev. 15. 25-31

25 Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias.

26 [bj] Tob. 2. 10

26 Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.

27 [gr] Mt. 14. 36; Mc. 6. 56

27 Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, 28 porque pensaba: “Con sólo tocar su manto quedaré curada”. 29 Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.

30 [gr] Lc. 6. 19

30 Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: “¿Quién tocó mi manto?”. 31 Sus discípulos le dijeron: “¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?”. 32 Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.

33 [bj] Mt. 8. 10

33 * Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. 34 Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad”.
35 Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: “Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?”.

36 [bj] Mt. 8. 10

36 Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que creas”.

37 [blpd] Mc. 9. 2; Mc. 14. 33; Lc. 8. 51; Lc. 9. 28; Mt. 17. 1

37 Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago,

38 [bp] Jer. 9. 16

38 * fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.

39 [bp] 1 Rey. 17. 19-24; 2 Rey. 4. 32-37; Jer. 51. 39. 57; Sal. 13. 4; Jb. 14. 12

39 Al entrar, les dijo: “¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme”.

40 [bj] Hech. 9- 40; Mc. 9. 27

40 Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. 41 La tomó de la mano y le dijo: “Talitá kum” , que significa: “¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!”.

42 [bj] Mc. 1. 34

42 En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, 43 y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que dieran de comer a la niña.
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«La región de los gerasenos» recibía este nombre por la ciudad de Gerasa, que se encontraba a unos cincuenta kilómetros al sudeste del lago de Genesaret. Mateo sitúa este mismo relato en la región de Gadara. Ver nota Mt. 8. 28

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«Muy asustada y temblando»: esta reacción de la mujer se debía a su situación legal de impureza, como consecuencia de su humillante enfermedad (Lev. 15. 25-27), que le impedía todo contacto social.

1. Lev. 15. 25-27:

25 Cuando una mujer tenga un flujo de sangre durante varios días, fuera del período menstrual, o cuando la menstruación se prolongue más de lo debido, será impura mientras dure el flujo, como lo es durante la menstruación. 26 Todo lecho en el que se acueste y todo mueble sobre el que se siente será impuro, lo mismo que durante el período menstrual. 27 El que los toque será impuro: deberá lavar su ropa y bañarse con agua, y será impuro hasta la tarde.