Mateo 8: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

LOS SIGNOS Y LA PREDICACIÓN DEL REINO DE LOS CIELOS

PARTE NARRATIVA

Los Profetas habían anunciado que el Reino de Dios traería paz y alegría a los afligidos, haría ver a los ciegos, devolvería la salud a los enfermos y acabaría para siempre con el sufrimiento y la opresión. Con la llegada de Jesús, todos aquellos anuncios proféticos comienzan a hacerse realidad. Mateo quiere ponerlo bien de manifiesto, y para ello reúne en los dos capítulos siguientes más de la mitad de los milagros relatados en su Evangelio. Ha llegado la era mesiánica, el Reino de Dios ya se ha hecho presente en el mundo, y los milagros de Jesús son las “señales” de esa presencia. Son las primicias de la nueva creación, el anticipo de la victoria definitiva de Dios sobre el pecado, sobre la muerte y todas las fuerzas del mal.

Curación de un leproso [ 1 | 4 ]

|| Mc. 1. 40-44; Lc. 5. 12-14

1 Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud. 2 Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes purificarme”. 3 Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Lo quiero, queda purificado”. Y al instante quedó purificado de su lepra. 4 * Jesús le dijo: “No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio”.

Curación del sirviente de un centurión [ 5 | 13 ]

|| Lc. 7. 1-10; 13. 28-29; Jn. 4. 46-53

5 * Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole: 6 “Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente”. 7 Jesús le dijo: “Yo mismo iré a curarlo”. 8 Pero el centurión respondió: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. 9 Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: “Ve”, él va, y a otro: “Ven”, él viene; y cuando digo a mi sirviente: “Tienes que hacer esto”, él lo hace”.
10 Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: “Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. 11 * Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos; 12 * en cambio, los herederos del Reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar de dientes”. 13 Y Jesús dijo al centurión: “Ve, y que suceda como has creído”. Y el sirviente se curó en ese mismo momento.

Curación de la suegra de Pedro [ 14 | 15 ]

|| Mc. 1. 29-31; Lc. 4. 38-39

14 Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre. 15 Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo.

Diversas curaciones [ 16 | 17 ]

|| Mc. 1. 32-34; Lc. 4. 40-41

16 Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a todos los que estaban enfermos, 17 * para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:
Él tomó nuestras debilidades
y cargó sobre sí nuestras enfermedades.

Exigencias de la vocación apostólica [ 18 | 22 ]

|| Lc. 9. 57-60

18 Al verse rodeado de tanta gente, Jesús mandó a sus discípulos que cruzaran a la otra orilla. 19 Entonces se aproximó un escriba y le dijo: “Maestro, te seguiré adonde vayas”. 20 * Jesús le respondió: “Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”.
21 Otro de sus discípulos le dijo: “Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre”. 22 * Pero Jesús le respondió: “Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos”.

La tempestad calmada [ 23 | 27 ]

|| Mc. 4. 35-41; Lc. 8. 22-25

23 Después Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. 24 De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía. 25 Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: “¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!”. 26 * Él les respondió: “¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”. Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma. 27 Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: “¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?”.

Curación de los dos endemoniados de Gadara [ 28 | 34 ]

|| Mc. 5. 1-20; Lc. 8. 26-39

28 * Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino. 29 * Y comenzaron a gritar: “¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?”. 30 * A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo. 31 Los demonios suplicaron a Jesús: “Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara”. 32 Él les dijo: “Vayan”. Ellos salieron y entraron en los cerdos: estos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado, y se ahogaron.
33 Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados. 34 Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.
8 4

Jesús no quería que su fama se extendiera, para no fomentar en el pueblo la idea de un Mesías lleno de gloria y de poder.
Los requisitos que debía cumplir el leproso curado están descritos en Lev. 14. 1-32. Los sacerdotes garantizaban legalmente la purificación, de modo que el enfermo ya restablecido podía reintegrarse a la sociedad, de la que había quedado separado por la enfermedad.

1. Lev. 14. 1-32:

1 El Señor dijo a Moisés: 2 Cuando haya que declarar puro a un leproso, se aplicará el siguiente ritual: La persona será presentada al sacerdote. 3 Este saldrá fuera del campamento, y si ve que el leproso está realmente curado de su afección, 4 mandará traer, para la persona que va a ser purificada, dos pájaros vivos puros, un trozo de madera de cedro, una cinta de púrpura escarlata y un ramillete de hisopo. 5 Luego mandará que uno de los pájaros sea inmolado sobre una vasija de barro, que contenga agua proveniente de un manantial. 6 Entonces tomará el pájaro vivo, la madera de cedro, la púrpura escarlata y el hisopo, y los mojará en la sangre del pájaro inmolado sobre el agua del manantial. 7 Hará siete aspersiones sobre el que debe ser purificado de la lepra, y después de declararlo puro, dejará en libertad al pájaro vivo.

8 El que se purifica lavará su ropa, se afeitará todo el pelo, se bañará con agua, y quedará puro. Después de esto podrá entrar en el campamento, pero tendrá que permanecer siete días fuera de su carpa. 9 Al séptimo día se afeitará todo el pelo –el cabello, la barba, las cejas y todo el resto del pelo– volverá a lavar su ropa, bañará su cuerpo con agua, y quedará puro.

10 Al octavo día, tomará tres corderos –dos machos sin defecto y una hembra de un año sin defecto– traerá tres décimas partes de una medida de harina de la mejor calidad, amasada con aceite, y un poco más de medio litro de aceite. 11 El sacerdote que realiza la purificación ubicará a la persona que se purifica, junto con sus ofrendas, a la entrada de la Carpa del Encuentro, delante del Señor. 12 Luego tomará uno de los corderos para ofrecerlo junto con el aceite, en sacrificio de reparación, y hará con ellos el gesto de presentación delante del Señor. 13 Inmolará el cordero en el lugar sagrado donde se inmolan las víctimas del sacrificio por el pecado y del holocausto. Y esta víctima de reparación, como la del sacrificio por el pecado, será para el sacerdote: es una cosa santísima. 14 Luego el sacerdote tomará sangre de la víctima de reparación, y la pondrá sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y el pulgar de su pie derecho. 15 En seguida, tomará el medio litro de aceite y derramará una parte de él sobre la palma de su mano izquierda. 16 Luego mojará un dedo de su mano derecha en el aceite que está en la palma de su mano izquierda, y hará con el dedo siete aspersiones de aceite delante del Señor. 17 Después pondrá un poco del aceite que aún le queda en la mano sobre el lóbulo de la oreja derecha de la persona que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y el pulgar de su pie derecho, encima de la sangre del sacrificio de reparación. 18 Finalmente, el sacerdote derramará el resto del aceite sobre la cabeza del que se purifica. Así realizará el rito de expiación en favor de esa persona, delante del Señor. 19 Entonces, el sacerdote ofrecerá un sacrificio por el pecado y hará el rito de expiación en favor de la persona que se purifica de su impureza. Después de esto, inmolará la víctima para un holocausto, 20 y ofrecerá sobre el altar el holocausto y la oblación. Y cuando el sacerdote haya realizado el rito de expiación en favor de esa persona, esta quedará purificada.

21 Si la persona es pobre y carece de recursos suficientes, tomará un solo cordero como víctima de reparación, que será ofrecido con el gesto de presentación, a fin de realizar el rito de expiación en su favor. Al mismo tiempo, ofrecerá la décima parte de una medida de harina de la mejor calidad para una oblación, con un poco más de medio litro de aceite, 22 y dos torcazas o dos pichones de paloma, según sus posibilidades: uno para el sacrificio por el pecado y otro para el holocausto. 23 Al octavo día, presentará todo esto al sacerdote, para su purificación, a la entrada de la Carpa del Encuentro, delante del Señor. 24 Entonces el sacerdote tomará el cordero del sacrificio de reparación y el medio litro de aceite, y los ofrecerá al Señor con el gesto de presentación. 25 Después de haber inmolado el cordero del sacrificio de reparación, el sacerdote tomará sangre de la víctima de reparación y la pondrá sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, y sobre el pulgar de su mano derecha y el pulgar de su pie derecho. 26 En seguida, derramará un poco de aceite sobre la palma de su mano izquierda, 27 y con el dedo de su mano derecha hará siete aspersiones de aceite, 28 y pondrá un poco del aceite que tiene en su mano sobre el lóbulo de la oreja derecha de la persona que se purifica, y sobre el pulgar de su mano derecha y el pulgar de su pie derecho, en el mismo lugar donde puso la sangre de la víctima de reparación. 29 Luego pondrá el resto del aceite que aún le queda en la mano sobre la cabeza de la persona que se purifica, para realizar el rito de expiación en favor de él, delante del Señor. 30 Después ofrecerá las dos torcazas o los dos pichones de paloma –según hayan sido sus posibilidades– 31 uno como sacrificio por el pecado, y el otro como holocausto; este último irá acompañado de la oblación. De esta manera, el sacerdote practicará el rito de expiación delante del Señor, en favor de la persona que debe ser purificada. 32 Este será el ritual para la purificación del leproso que carece de recursos suficientes.
5

El «centurión» era un oficial de las tropas romanas que estaba al frente de cien hombres. Este centurión era simpatizante de la religión judía.

11

En la Biblia se compara frecuentemente la alegría del Reino de Dios con un banquete. Ver Lc. 22. 14-18; Apoc. 3. 20

1. Lc. 22. 14-18:

14 Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo: 15 «He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, 16 porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios».

17 Y tomando una copa, dio gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes. 18 Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios».

2. Apoc. 3. 20:

20 Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos.
12

«Rechinar de dientes» es una imagen bíblica que expresa el remordimiento y la desesperación de los impíos frente a la felicidad de los que están con Dios en el cielo.

17

Is. 53. 4

1. Is. 53. 4:

4 Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado.
20

«Hijo del hombre» es un semitismo que, literalmente, significa «hombre». Jesús, para referirse a sí mismo, emplea frecuentemente este título, que era el menos comprometido con la idea de un mesianismo terrestre. Con esta expresión un tanto misteriosa, él se refiere a su condición humana. Pero a la vez, la emplea para anunciar su Venida gloriosa como Juez universal (24. 30; 26. 64), aludiendo al «Hijo de hombre» que viene sobre las nubes, del que se habla en Dn. 7. 13. Ver Apoc. 1. 13; 14. 14

1. 24. 30:

30 Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre. Todas las razas de la tierra se golpearán el pecho y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo, lleno de poder y de gloria.

2. 26. 64:

64 Jesús le respondió: "Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo".

3. Dn. 7. 13:

13 Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas, y vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre; él avanzó hacia el Anciano y lo hicieron acercar hasta él.

4. Apoc. 1. 13:

13 y en medio de ellos, a alguien semejante a un Hijo de hombre, revestido de una larga túnica que estaba ceñida a su pecho con una faja de oro.

5. 14. 14:

14 Y vi una nube blanca, sobre la cual estaba sentado alguien que parecía Hijo de hombre, con una corona de oro en la cabeza y una hoz afilada en la mano.
22

«Deja que los muertos entierren a sus muertos»: esta es una expresión paradójica, con la que Jesús quiere decir que para ser su discípulo hay que preferirlo a él antes que a nadie.

26

El dominio de Jesús sobre el «mar» simboliza su triunfo sobre el mal, porque el mar era considerado antiguamente como la sede del caos y de las fuerzas demoníacas.

28

«La región de los gadarenos», era la región situada en las cercanías de Gadara, una ciudad helenística de la Transjordania, a diez kilómetros al sudeste del lago de Genesaret.

Este extraño relato presenta a Jesús en dramática lucha contra el poder del mal. La narración contiene numerosos detalles pintorescos, y está cargada de elementos simbólicos. Así, por ejemplo, los demonios están asociados a la muerte, simbolizada en los «sepulcros». La idea central del relato es clara: en la persona de Jesús, el Reino de Dios irrumpe poderosamente, para destruir todas las fuerzas del mal, que oprimen y afligen a los hombres.

29

«Para atormentarnos antes de tiempo»: esta expresión nos introduce en las ideas corrientes de la época acerca de los demonios y su actividad, según las cuales, estos tenían el poder de afligir a la humanidad hasta el día del Juicio, y sólo entonces serían castigados.

30

El hecho de que hubiera allí una «piara de cerdos» indica que esa región estaba poblada en su mayor parte por paganos. La Ley de Moisés, en efecto, declaraba impuros a los «cerdos» y prohibía comer su carne. Ver Lev. 11. 7

1. Lev. 11. 7:

7 y también el cerdo, porque tiene las pezuñas partidas, pero no es rumiante: a este deberán considerarlo impuro.