Salmo 57 (56): El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

El estribillo de los vs. 6 y 12 sirve de conclusión a la dos partes que componen este Salmo. La primera (vs. 2-5) es la súplica de un hombre perseguido, que se refugia en el Señor para verse libre del peligro. La segunda (vs. 7-11) es un canto de acción de gracias: una vez pasada la adversidad, el salmista quiere anticiparse a la aurora (v. 9), para alabar el amor y la fidelidad del Señor (v. 11). La parte final de este Salmo (vs. 8-12) se vuelve a encontrar, casi sin ninguna variante, en el Salmo 108. 2-6.

ORACIÓN DE UN HOMBRE PERSEGUIDO

1 [blpd] 1 Sam. 22. 1-5; Sal. 24 [bc] Sal. 22. 1 [vc] Is. 4. 2. 9 [bjs] 1 Sam. 19; Sal. 102. 1; Ecli. 36. 1-17

1 * Del maestro de coro. «No destruyas». De David. Mictán. Cuando, huyendo de Saúl, se escondió en la cueva.

Súplica confiada [ 1 | 6 ]

2 [bj] Sal. 17. 8+ [bpe] Sal. 36. 8 [vc] Núm. 10. 35

2 * Ten piedad de mí, Dios mío, ten piedad,
porque mi alma se refugia en ti;
yo me refugio a la sombra de tus alas
hasta que pase la desgracia.

3 [bpe] Sal. 138. 8

3 Invocaré a Dios, el Altísimo,
al Dios que lo hace todo por mí:

4 [bj] Sal. 43. 3

4 él me enviará la salvación desde el cielo
y humillará a los que me atacan.
¡Que Dios envíe su amor y su fidelidad!
Pausa

5 [bj] Sal. 17. 12; Sal. 64. 4 [bpe] Jb. 41. 11 [bjs] Sal. 142. 2; Lc. 18. 19; 1 Jn. 1. 8ss

5 Yo estoy tendido en medio de leones
que devoran con avidez a los hombres;
sus dientes son lanzas y flechas,
su lengua, una espada afilada.

6 [bj] Sal. 72. 19; Sal. 102. 16; Núm. 14. 21+ [bc] =Sal. 57. 12; Sal. 8. 2; Sal. 108. 6

6 ¡Levántate, Dios, por encima del cielo,
y que tu gloria cubra toda la tierra!

Acción de gracias [ 7 | 12 ]

7 [bj] Sal. 7. 16+ [bpe] Sal. 35. 7s; Ecli. 27. 26

7 Ellos tendieron una red a mi paso,
para que yo sucumbiera;
cavaron una fosa ante mí,
pero cayeron en ella.
Pausa

8 [blpd] =Sal. 108. 2-6

8 Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar al son de instrumentos:

9 [bj] Sal. 6. 5+; Jb. 38. 12 [bpe] Gn. 49. 6; Sal. 7. 6; Sal. 3. 4 [bnp] Is. 51. 9. 17 [bc] Sal. 59. 17; Sal. 88. 14; Sal. 119. 147; Ecli. 39. 5; Sab. 16. 28 [bj] Sal. 9. 12; Sal. 18. 50

9 ¡despierta, alma mía!
¡Despierten, arpa y cítara,
para que yo despierte a la aurora!
10 Te alabaré en medio de los pueblos, Señor,
te cantaré entre las naciones,

11 [blpd] =Sal. 36. 6

11 * porque tu misericordia se eleva hasta el cielo
y tu fidelidad hasta las nubes.

12 [bpe] Éx. 16. 10; Is. 60. 1; Ez. 1. 28 [bc] =Sal. 57. 6; Sal. 8. 2; Sal. 108. 6

12 ¡Levántate, Dios, por encima del cielo,
y que tu gloria cubra toda la tierra!
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Ver 1 Sam. 22. 1-5; 24.

1. 1 Sam. 22. 1-5:

1 David partió de allí y se puso a salvo en la caverna de Adulám. Al enterarse, sus hermanos y toda la casa de su padre bajaron a unirse con él. 2 Además, se le juntaron todos los que estaban en algún aprieto, cargados de deudas o descontentos de la vida. Así llegó a ser jefe de unos cuatrocientos hombres.

3 De allí David se fue a Mispé de Moab y dijo al rey de Moab: “Deja que mi padre y mi madre vivan entre ustedes, hasta que yo sepa lo que Dios va a hacer conmigo”. 4 Luego los llevó a la presencia del rey de Moab, y ellos se quedaron con él todo el tiempo que David estuvo en el refugio.

5 El profeta Gad dijo a David: “¡No te quedes en el refugio! Entra en el país de Judá”. Entonces David partió y entró en el bosque de Járet.

2. 24:

1 David subió de allí y se estableció en los sitios bien protegidos de Engadí. 2 Cuando Saúl volvió de perseguir a los filisteos, le dieron esta noticia: “David está en el desierto de Engadí”. 3 Entonces reunió a tres mil hombres seleccionados entre todo Israel y partió en busca de David y sus hombres, hacia las Peñas de las Cabras salvajes. 4 Al llegar a los corrales de ovejas que están junto al camino, donde había una cueva, Saúl entró a hacer sus necesidades. En el fondo de la cueva, estaban sentados David y sus hombres. 5 Ellos le dijeron: “Este es el día en que el Señor te dice: ‘Yo pongo a tu enemigo en tus manos; tú lo tratarás como mejor te parezca’”. Entonces David se levantó y cortó sigilosamente el borde del manto de Saúl. 6 Pero después le remordió la conciencia, por haber cortado el borde del manto de Saúl, 7 y dijo a sus hombres: “¡Dios me libre de hacer semejante cosa a mi señor, el ungido del Señor! ¡No extenderé mi mano contra él, porque es el ungido del Señor!”. 8 Con estas palabras, David retuvo a sus hombres y no dejó que se abalanzaran sobre Saúl. Así Saúl abandonó la cueva y siguió su camino.

9 Después de esto, David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Saúl: “¡Mi señor, el rey!”. Saúl miró hacia atrás, y David, inclinándose con el rostro en tierra, se postró 10 y le dijo: “¿Por qué haces caso a los rumores de la gente, cuando dicen que David busca tu ruina? 11 Hoy has visto con tus propios ojos que el Señor te puso en mis manos dentro de la cueva. Aquí se habló de matarte, pero yo tuve compasión de ti y dije: ‘No extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido del Señor’. 12 ¡Mira, padre mío, sí, mira en mi mano el borde de tu manto! Si yo corté el borde de tu manto y no te maté, tienes que comprender que no hay en mí ni perfidia ni rebeldía, y que no he pecado contra ti. ¡Eres tú el que me acechas para quitarme la vida! 13 Que el Señor juzgue entre tú y yo, y que él me vengue de ti. Pero mi mano no se alzará contra ti. 14 ‘La maldad engendra maldad’, dice el viejo refrán. Pero yo no alzaré mi mano contra ti. 15 ¿Detrás de quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién estás persiguiendo? ¡A un perro muerto! ¡A una pulga! 16 ¡Que el Señor sea el árbitro y juzgue entre tú y yo; que él examine y defienda mi causa, y me haga justicia, librándome de tu mano!”.

17 Cuando David terminó de dirigir estas palabras a Saúl, este exclamó: “¿No es esa tu voz, hijo mío, David?”, y prorrumpió en sollozos. 18 Luego dijo a David: “La justicia está de tu parte, no de la mía. Porque tú me has tratado bien y yo te he tratado mal. 19 Hoy sí que has demostrado tu bondad para conmigo, porque el Señor me puso en tus manos y tú no me mataste. 20 Cuando alguien encuentra a su enemigo, ¿lo deja seguir su camino tranquilamente? ¡Que el Señor te recompense por el bien que me has hecho hoy! 21 Ahora sé muy bien que tú serás rey y que la realeza sobre Israel se mantendrá firme en tus manos. 22 Júrame, entonces, por el Señor, que no extirparás mi descendencia después de mí, ni borrarás el nombre de mi familia”. 23 Así se lo juró David a Saúl, y este se fue a su casa, mientras David y sus hombres subían a su refugio.