Salmo 12 (11): El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

Este Salmo es una súplica, en la que el autor, con una visión pesimista del mundo, pide al Señor que intervenga para poner fin a los males que lo afligen. El Señor responde a esta petición con un oráculo, que contiene una promesa de salvación para los oprimidos (v. 6). Como es habitual en los Salmos de súplica, los versículos finales (8-9) son una expresión de confianza en el Señor.

Súplica apremiante [ 2 | 5 ]

2-3 [blpd] Sal. 14. 1-3; Sal. 53. 2-4 [bj] Miq. 7. 2; Is. 59. 15; Jer. 9. 7; Is. 59. 3-4; Sal. 55. 22 [bpe] Prov. 20. 6; Jer. 7. 2; Jer. 9. 3s [bc] Os. 4. 1

2 * ¡Sálvanos, Señor, porque ya no hay gente buena,
ha desaparecido la lealtad entre los hombres!

3 [bpe] Prov. 26. 23. 28; Prov. 29. 3 [bc] Is. 29. 13; Mc. 7. 21; Is. 59. 4; Jer. 9. 7

3 No hacen más que mentirse unos a otros,
hablan con labios engañosos y doblez de corazón.

4 [bpe] Sal. 101. 8 [bti] Sal. 31. 19; Sal. 73. 8

4 Que el Señor elimine los labios engañosos
y las lenguas jactanciosas de los que dicen:

5 [bj] Sal. 31. 19 [bpe] Jer. 9. 2; Ecli. 5. 3 [bjs] 1 Cor. 1; 1 Cor. 2; 1 Cor. 3

5 «En la lengua está nuestra fuerza;
nuestros labios nos defienden, ¿quién nos dominará?».

Respuesta del Señor [ 6 | 9 ]

6 [bj] Is. 33. 10 [bpe] Sal. 33. 10; Sal. 76. 10; Sal. 102. 4; Am. 5. 7. 10 [bjs] Sal. 32. 22; Sal. 80. 11. 13; Lc. 1. 53; Mt. 9. 12; Mc. 2. 17; Lc. 5. 32; Lc. 18. 9; Jn. 2. 24 [bc] Sal. 55. 23 [bti] Sal. 7. 7; Sal. 68. 2; Sal. 82. 1

6 «Por los sollozos del humilde
y los gemidos del pobre,
ahora me levantaré –dice el Señor–
y daré mi ayuda al que suspira por ella».

7 [bj] Sal. 18. 31; Sal. 19. 8; Prov. 30. 5 [bpe] Sal. 18. 31; Sal. 119. 140; Prov. 30. 3 [bnp] Jn. 6. 68 [bc] Jb. 23. 10; Sal. 17. 3; Prov. 17. 3; Is. 48. 10; Zac. 13. 8-9; Gn. 4. 15. 24; Sal. 79. 12; Apoc. 1. 4; 2 Sam. 22. 31; Sal. 18. 31; 2 Ped. 3. 13 [bti] Sal. 66. 10

7 Las promesas del Señor son sinceras
como plata purificada en el crisol,
depurada siete veces.
8 Tú nos protegerás, Señor,
nos preservarás para siempre de esa gente;
9 por todas partes merodean los malvados
y se encumbran los hombres más indignos.
12 2-3

Ver 14. 1-3; 53. 2-4.

1. 14. 1-3:

1 Del maestro de coro. De David. El necio se dice a sí mismo: "No hay Dios". Todos están pervertidos, hacen cosas abominables, nadie practica el bien.

2 El Señor observa desde el cielo a los seres humanos, para ver si hay alguien que sea sensato, alguien que busque a Dios.

3 Todos están extraviados, igualmente corrompidos; nadie practica el bien, ni siquiera uno solo.

2. 53. 2-4:

2 El necio se dice a sí mismo: "No hay Dios". Todos están pervertidos, hacen cosas abominables, nadie practica el bien.

3 El Señor observa desde el cielo a los seres humanos, para ver si hay alguien que sea sensato, alguien que busque a Dios.

4 Todos están extraviados, igualmente corrompidos; nadie practica el bien, ni siquiera uno solo.