Salmo 115 (113b): El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

La falta de unidad de este Salmo procede de su carácter litúrgico y coral. Cada una de sus partes responde a los diversos momentos de una acción litúrgica, celebrada por la comunidad postexílica. Aunque se ignoran los detalles de esa liturgia, es evidente que de ella participaban un coro y uno o varios solistas (vs.9-18). El rasgo más característico del Salmo es la profesión de fe en el único Dios, en manifiesta polémica contra el paganismo circundante (vs.4-8). De esta fe provienen la confianza en la omnipotencia divina (vs.3, 9-11) y la seguridad de contar con las bendiciones del Señor (vs.12-15).

HIMNO AL ÚNICO DIOS

El Dios verdadero y los falsos dioses [ 1 | 8 ]

1 No nos glorifiques a nosotros, Señor:
glorifica solamente a tu Nombre,
por tu amor y tu fidelidad.
2 * ¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»?
3 * Nuestro Dios está en el cielo y en la tierra,
él hace todo lo que quiere.
4 * Los ídolos, en cambio, son plata y oro,
obra de las manos de los hombres.
5 Tienen boca, pero no hablan,
tienen ojos, pero no ven;
6 tienen orejas, pero no oyen,
tienen nariz, pero no huelen.
7 Tienen manos, pero no palpan,
tienen pies, pero no caminan;
ni un solo sonido sale de su garganta.
8 Como ellos serán los que los fabrican,
los que ponen en ellos su confianza.

Exhortación a la confianza en el Señor [ 9 | 11 ]

9 Pueblo de Israel, confía en el Señor:
él es tu ayuda y tu escudo;
10 familia de Aarón, confía en el Señor:
él es tu ayuda y tu escudo;
11 confíen en el Señor todos los que lo temen:
él es su ayuda y su escudo.

Impetración de las bendiciones divinas [ 12 | 18 ]

12 * Que el Señor se acuerde de nosotros
y nos bendiga:
bendiga al pueblo de Israel,
bendiga a la familia de Aarón,
13 bendiga a los que temen al Señor,
a los pequeños y a los grandes.
14 Que el Señor los multiplique,
a ustedes y a sus hijos;
15 y sean bendecidos por el Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
16 * El cielo pertenece al Señor,
y la tierra la entregó a los hombres.
17 * Los muertos ya no alaban al Señor,
ni tampoco los que bajaron al sepulcro.
18 Nosotros, los vivientes, bendecimos al Señor,
desde ahora y para siempre.
¡Aleluya!