Salmo 105 (104): El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

LAS MARAVILLAS DE DIOS EN FAVOR DE SU PUEBLO

Este Salmo “histórico” es la proclamación de las maravillas que realizó el Señor para la salvación de su Pueblo. Las acciones divinas se enumeran a partir de la Alianza de Dios con Abraham (vs.8-9), y el designio salvífico es presentado como una prueba constante de la fidelidad de Dios, que lleva a su cumplimiento las promesas hechas al Patriarca (vs.44-45 ). La alabanza, la acción de gracias y la obediencia a los preceptos divinos deben ser la respuesta de Israel a la obra de Dios.

Una parte de este Salmo se vuelve a encontrar en 1 Crón. 16. 8-22, en el contexto de una acción litúrgica.

Invitación a la alabanza [ 1 | 5 ]

1 [bj] ||1 Crón. 16. 8-22; Is. 12. 4-5; Sal. 18. 50; Sal. 96. 3; Sal. 145. 5

1 ¡Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
hagan conocer entre los pueblos sus proezas;
2 canten al Señor con instrumentos musicales,
pregonen todas sus maravillas!
3 ¡Gloríense en su santo Nombre,
alégrense los que buscan al Señor!

4 [bj] Sal. 27. 8

4 * ¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro;

5 [bj] Is. 51. 2; Is. 45. 4

5 recuerden las maravillas que él obró,
sus portentos y los juicios de su boca!

Las promesas del Señor a los Patriarcas [ 6 | 11 ]

6 [blpd] Is. 45. 4; Is. 51. 2 [bp] Is. 41. 8

6 * Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
7 el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos.

8 [bp] Lev. 26. 42

8 Él se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,

9 [blpd] Gn. 15. 7-21; Gn. 17 [bj] Gn. 15. 1+; Gn. 26. 3

9 * del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac:
10 él lo confirmó como norma para Jacob,
como alianza eterna para Israel,

11 [bj] Gn. 15. 18

11 cuando dijo: “Yo te daré la tierra de Canaán, como porción hereditaria de todos ustedes”.

La protección del Señor a sus elegidos [ 12 | 15 ]

12 [bp] Gn. 20. 1-18; Gn. 26. 1-11

12 Cuando formaban un grupo muy pequeño
y eran extranjeros en aquellas regiones;
13 cuando iban de nación en nación
y pasaban de un reino a otro pueblo,

14 [bj] Gn. 12. 10-20; Gn. 20; Gn. 26. 1-11

14 no toleró que nadie los oprimiera,
y castigó a reyes, por amor a ellos:

15 [blpd] Gn. 26. 1-11

15 * «No toquen a mis ungidos
ni maltraten a mis profetas».

La permanencia de Israel en Egipto [ 16 | 25 ]

16 [bp] Gn. 30; Gn. 46; Gn. 47 [bj] Gn. 41. 54; Lev. 26. 26

16 Él provocó una gran sequía en el país
y agotó todas las provisiones.

17 [blpd] Gn. 39; Gn. 41; Gn. 45 [bj] Gn. 37. 28; Gn. 45. 5

17 * Pero antes envió a un hombre,
a José, que fue vendido como esclavo:

18 [bj] Gn. 39. 20

18 le ataron los pies con grillos
y el hierro oprimió su garganta,

19 [bj] Gn. 40; Gn. 41. 9-13

19 hasta que se cumplió lo que él predijo,
y la palabra del Señor lo acreditó.

20 [bj] Gn. 41. 14

20 El rey ordenó que lo soltaran,
el soberano de pueblos lo puso en libertad;

21 [bj] Gn. 41. 39-44

21 lo nombró señor de su palacio
y administrador de todos sus bienes,
22 con pleno poder para instruir a los príncipes
y enseñar sabiduría a los ancianos.

23 [blpd] Gn. 46; Gn. 47; Gn. 48 [bj] Gn. 46. 1-47. 12

23 * Entonces Israel entró en Egipto,
Jacob residió en la tierra de Cam.

24 [blpd] Éx. 1; Éx. 12 [bj] Éx. 1. 7

24 * El Señor hizo a su pueblo muy fecundo,
más fuerte que sus mismos opresores;

25 [bj] Éx. 1. 8s

25 cambió el corazón de los egipcios,
para que sintieran odio por su pueblo
y trataran con perfidia a sus servidores.

La liberación de Israel [ 26 | 38 ]

26 [bj] Éx. 3. 10; Éx. 4. 27

26 Luego envió a Moisés, su servidor,
y a Aarón, que era su elegido;
27 por su intermedio realizó prodigios,
hizo portentos en la tierra de Cam:

28 [bj] Éx. 10. 21-29

28 atrajo las tinieblas, y hubo oscuridad,
pero ellos rechazaron sus palabras.

29 [bj] Éx. 7. 14-25

29 Transformó sus aguas en sangre
e hizo morir a sus peces;

30 [bj] Éx. 7. 26-8. 11

30 el país quedó cubierto de ranas,
hasta en los aposentos del rey;

31 [bj] Éx. 8. 12-15

31 dio una orden y vinieron los insectos,
los mosquitos invadieron el país.

32 [bj] Éx. 9. 13-35

32 Les mandó granizo en vez de lluvia,
y cayeron llamaradas en su tierra;
33 abatió sus higueras y viñedos,
y destrozó los árboles en sus campos;

34 [bj] Éx. 10. 1-20

34 dio una orden, y vinieron langostas
y pulgones en número incontable,
35 que comieron toda la hierba del campo
y devoraron los frutos de la tierra.

36 [bj] =Sal. 78. 51; Éx. 12. 29-36

36 Hirió de muerte a los primogénitos de aquel país,
a las primicias de todo ser viviente;
37 sacó a su pueblo cargado de oro y plata,
y nadie desfalleció entre sus tribus:

38 [bj] Éx. 12. 33

38 los egipcios se alegraron de su partida,
porque los había dominado el terror.

Las maravillas de Dios en el desierto [ 39 | 41 ]

39 [blpd] Éx. 13. 21-22 [bj] =Sal. 78. 14; Éx. 13. 21-22

39 * Tendió una nube para que los cubriera,
y envió un fuego para alumbrarlos de noche;

40 [blpd] Éx. 16. 2-36 [bp] Núm. 11. 31; Núm. 20. 1-13 [bj] =Sal. 78. 27; Éx. 16. 2-36+

40 * pidieron de comer y les mandó codornices,
los sació con pan del cielo;

41 [blpd] Éx. 17. 1-7 [bj] =Sal. 78. 15; Éx. 17. 1-7+

41 * abrió la roca, brotaron las aguas
y corrieron como un río por el desierto.

La posesión de la Tierra prometida [ 42 | 45 ]

42 [blpd] Éx. 14; Éx. 15

42 * Él se acordó de la palabra sagrada,
que había dado a Abraham, su servidor,

43 [bj] Éx. 15

43 e hizo salir a su pueblo con alegría,
a sus elegidos, entre cantos de triunfo;

44 [blpd] Deut. 7 [bj] Deut. 4. 37-40; Deut. 6. 20-25; Deut. 7. 8-11

44 * les dio las tierras de los paganos,
y ellos heredaron las riquezas de los pueblos,
45 a fin de observar sus mandamientos
y cumplir fielmente sus leyes.
¡Aleluya!
9-11

Ver Gn. 15. 7-21; 17.

1. Gn. 15. 7-21:

7 Entonces el Señor le dijo: “Yo soy el Señor que te hice salir de Ur de los caldeos para darte en posesión esta tierra”. 8 “Señor,” respondió Abrám, ¿cómo sabré que la voy a poseer?”. 9 El Señor le respondió: “Tráeme una ternera, una cabra y un carnero, todos ellos de tres años, y también una tórtola y un pichón de paloma”. 10 Él trajo todos estos animales, los cortó por la mitad y puso cada mitad una frente a otra, pero no dividió los pájaros. 11 Las aves de rapiña se abalanzaron sobre los animales muertos, pero Abrám las espantó.

12 Al ponerse el sol, Abrám cayó en un profundo sueño, y lo invadió un gran temor, una densa oscuridad. 13 El Señor le dijo: “Tienes que saber que tus descendientes emigrarán a una tierra extranjera. Allí serán esclavizados y maltratados durante cuatrocientos años. 14 Pero yo juzgaré a la nación que los esclavizará, y después saldrán cargados de riquezas. 15 Tú, en cambio, irás en paz a reunirte con tus padres, y serás sepultado después de una vejez feliz. 16 Sólo a la cuarta generación tus descendientes volverán aquí, porque hasta ahora no se ha colmado la iniquidad de los amorreos”.

17 Cuando se puso el sol y estuvo completamente oscuro, un horno humeante y una antorcha encendida pasaron en medio de los animales descuartizados. 18 Aquel día, el Señor hizo una alianza con Abrám diciendo: “Yo he dado esta tierra a tu descendencia, desde el Torrente de Egipto hasta el Gran Río, el río Éufrates: 19 los quenitas, los quenizitas, los cadmonitas, 20 los hititas, los perizitas, los refaím, 21 los amorreos, los cananeos, los guirgasitas y los jebuseos”.

2. 17:

15

Ver Gn. 26. 1-11.

1. Gn. 26. 1-11:

1 Luego, aquella región volvió a padecer hambre -aparte de la que había padecido anteriormente, en tiempos de Abraham- e Isaac se fue a Guerar, donde estaba Abimélec, el rey de los filisteos. 2 El Señor se le apareció y le dijo: “No bajes a Egipto; quédate en el lugar que yo te indicaré. 3 Ahora residirás por un tiempo en este país extranjero, pero yo estaré contigo y te bendeciré. Porque te daré todas estas tierras, a ti y a tu descendencia, para cumplir el juramento que hice a tu padre Abraham. 4 Yo multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y le daré todos estos territorios, de manera que por ella se bendecirán todas las naciones de la tierra. 5 Haré esto en premio a la obediencia de Abraham, que observó mis órdenes y mis mandamientos, mis preceptos y mis instrucciones”.

6 Mientras Isaac estaba en Guerar, 7 la gente del lugar le hacía preguntas acerca de su mujer. Pero él respondía: “Es mi hermana”. Tenía miedo de confesar que era su esposa, porque pensaba: “Esta gente es capaz de matarme a causa de Rebeca, que es muy hermosa”. 8 Ya hacía bastante tiempo que se encontraba allí, cuando Abimélec, el rey de los filisteos, al mirar por la ventana, vio que Isaac estaba acariciando a su esposa Rebeca. 9 Abimélec lo mandó llamar y le dijo: “No cabe ninguna duda: ella es tu esposa. ¿Cómo dijiste entonces que era tu hermana?” . Isaac le respondió: “Porqué pensé que podían matarme a causa de ella”. 10 Pero Abimélec replicó: “¿Qué nos has hecho? Faltó poco para que uno de nuestros hombres se acostara con tu mujer, y entonces nos habrías hecho responsables de un delito”. 11 Y Abimélec dio esta orden a todo el pueblo: “El que toque a este hombre o a su mujer será condenado a muerte”.
17-22

Ver Gn. 39; 41; 45.

1. Gn. 39:

1 Cuando José fue llevado a Egipto, Putifar - un egipcio que era funcionario del Faraón, capitán de guardias - lo compró a los ismaelitas que lo habían llevado allí. 2 Pero como el Señor estaba con José, la suerte lo favoreció, y quedó en la casa de su patrón, el egipcio. 3 Al ver que el Señor estaba con él y hacía prosperar todas las obras que realizaba, 4 su patrón lo miró con buenos ojos y lo nombró su mayordomo, poniéndolo al frente de su casa y confiándole la administración de todos sus bienes. 5 A partir del momento en que le encomendó el cuidado de su casa y de todas sus posesiones, el Señor bendijo la casa del egipcio, en atención a José. La bendición del Señor se extendía a todas sus posesiones, dentro y fuera de la casa. 6 Por eso dejó a cargo de José todo lo que poseía, y ya no se preocupó más de nada, fuera del alimento que comía.

6b Como José era apuesto y de buena presencia, 7 después de un tiempo, la esposa de su patrón fijó sus ojos en él y le dijo: “Acuéstate conmigo”. 8 Pero él se negó y respondió a la mujer: “Teniéndome a mí, mi patrón ya no piensa en los asuntos de su casa, porque me ha confiado todo lo que posee. 9 Él mismo no ejerce más autoridad que yo en esta casa, y no me ha impuesto ninguna restricción, fuera del respeto que te es debido, ya que eres su esposa. ¿Cómo entonces voy a cometer un delito tan grave y a pecar contra Dios?”. 10 Y por más que ella lo instigaba día tras día, él no accedió a acostarse con ella y a ser su amante.

11 Pero un día, José entró en la casa para cumplir con sus obligaciones, en el preciso momento en que todo el personal de servicio se encontraba ausente. 12 Entonces ella lo tomó de la ropa y le insistió: “Acuéstate conmigo” . Pero él huyó, dejando su manto en las manos de la mujer, y se alejó de allí. 13 Cuando ella vio que José había dejado el manto entre sus manos y se había escapado, 14 llamó a sus servidores y les dijo: “¡Miren! Mi marido nos ha traído un hebreo, sólo para que se ría de nosotros. Él intentó acostarse conmigo, pero yo grité lo más fuerte que pude. 15 Y cuando me oyó gritar pidiendo auxilio, dejó su manto a mi lado y se escapó”.

16 Ella guardó el manto de José hasta que regresó su marido, 17 y entonces le contó la misma historia: “El esclavo hebreo que nos trajiste se ha burlado de mí y pretendió violarme. 18 Pero cuando yo grité pidiendo auxilio, él dejó su manto a mi lado y se escapó”. 19 Al oír las palabras de su mujer: “Tu esclavo me hizo esto y esto” , su patrón se enfureció, 20 hizo detener a José, y lo puso en la cárcel donde estaban recluidos los prisioneros del rey. Así fue a parar a la cárcel.

21 Pero el Señor estaba con José y le mostró su bondad, haciendo que se ganara la simpatía del jefe de los carceleros. 22 Este confió a José todos los presos que había en la cárcel, y él dirigía todo lo que allí se hacía. 23 El jefe de los carceleros no vigilaba absolutamente nada de lo que había confiado a José, porque el Señor estaba con él y hacía prosperar todo lo que él realizaba.

2. 41:


3. 45:

23

Ver Gn. 46; 48.

1. Gn. 46:

1 Israel partió llevándose todos sus bienes. Cuando llegó a Berseba, ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac. 2 Dios dijo a Israel en una visión nocturna: “¡Jacob, Jacob!”. Él respondió: “Aquí estoy”. 3 Dios continuó: “Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No tengas miedo de bajar a Egipto, porque allí haré de ti una gran nación. 4 Yo bajaré contigo a Egipto, y después yo mismo te haré volver; y las manos de José cerrarán tus ojos”.

5 Cuando Jacob salió de Berseba, los hijos de Israel hicieron subir a su padre, junto con sus hijos y sus mujeres, en los carros que el Faraón había enviado para trasladarlos. 6 Ellos se llevaron también su ganado y las posesiones que habían adquirido en Canaán. Así llegaron a Egipto, Jacob y toda su familia 7 -sus hijos y sus nietos, sus hijas y sus nietas- porque él había llevado consigo a todos sus descendientes.

8 Los nombres de los hijos de Israel -o sea, Jacob y sus hijos- que emigraron a Egipto son los siguientes: Rubén el primogénito de Jacob, 9 y los hijos de Rubén: Henoc, Palú, Jesrón y Carmí. 10 Los hijos de Simeón: Iemuel, Iamín, Ohad, Iaquín, Sójar y Saúl, el hijo de la cananea. 11 Los hijos de Leví: Gersón, Quehat y Merarí. 12 Los hijos de Judá: Er, Onán, Selá, Peres y Zéraj. Er y Onán ya habían muerto en Canaán, y los hijos de Peres fueron Jesrón y Jamul. 13 Los hijos de Isacar: Tolá, Puvá, Iasub y Simrón. 14 Los hijos de Zabulón: Séred, Elón y Iajlel. 15 Estos son los hijos que Lía había dado a Jacob en Padán Arám, además de su hija Dina. Entre hombres y mujeres sumaban un total de treinta y tres personas.

16 Los hijos de Gad: Sifión, Jaguí, Suní, Esbón, Erí, Arodí y Arelí. 17 Los hijos de Aser: Imná, Isvá, Isví, Beriá, y también Séraj, hermana de aquellos. Los hijos de Beriá: Jéber y Malquiel. 18 Estos son los hijos de Zilpá, la esclava que Labán había dado a su hija Lía. De ella le nacieron a Jacob estas dieciséis personas.

19 Los hijos de Raquel, la esposa de Jacob: José y Benjamín. 20 En Egipto, José fue padre de Manasés y Efraím, los hijos que le dio Asnat, la hija de Potifera, sacerdote de la ciudad de On. 21 Los hijos de Benjamín: Belá, Béquer, Asbel, Guerá, Naamán, Ejí, Ros, Mupím, Jupím y Ard. 22 Estos son los hijos de Raquel, que le nacieron a Jacob. En total, catorce personas.

23 El hijo de Dan: Jusím. 24 Los hijos de Neftalí: Iajsel, Guní, Iéser y Silém. 25 Estos son los descendientes de Bilhá, la esclava que Labán había dado a su hija Raquel. De ella le nacieron a Jacob estas siete personas.

26 Toda la familia de Jacob que emigró a Egipto -sus propios descendientes, sin contar a las mujeres de sus hijos- sumaban un total de sesenta y seis personas. 27 Incluyendo a José y a los dos hijos que este tuvo en Egipto, toda la familia de Jacob, cuando emigró a Egipto, sumaba un total de setenta personas.

28 Israel hizo que Judá se le adelantara y fuera a ver a José, para anunciarle su llegada a Gosen. Cuando llegaron a la región de Gosen, 29 José hizo enganchar su carruaje y subió hasta allí para encontrarse con su padre Israel. Apenas este apareció ante él, José lo estrechó entre sus brazos, y lloró un largo rato, abrazado a su padre. 30 Entonces Israel dijo a José: “Ahora sí que puedo morir, porque he vuelto a ver tu rostro y que vives todavía”. 31 Después José dijo a sus hermanos y a la familia de su padre: “Yo iré a informar al Faraón y le diré: ‘Mis hermanos y la familia de mi padre, que antes estaban en Canaán, han venido a reunirse conmigo. 32 Ellos son pastores, y ya hace mucho tiempo que se dedican a cuidar el ganado. Ahora han traído sus ovejas, sus vacas y todo lo que poseen ’. 33 Por eso, cuando el Faraón los llame y les pregunte de qué se ocupan, 34 ustedes responderán: ‘Tus servidores, desde su juventud hasta ahora, se han dedicado a cuidar el ganado, lo mismo que sus antepasados ’. Así ustedes podrán establecerse en la región de Gosen, porque los egipcios sienten abominación por todos los pastores”.

2. 48:

24-38

Ver Éx. 1; 12.

1. Éx. 1:

1 Los nombres de los israelitas que llegaron con Jacob a Egipto, cada uno con su familia, son los siguientes: 2 Rubén, Simeón, Leví y Judá, 3 Isacar, Zabulón y Benjamín, 4 Dan y Neftalí, Gad y Aser. 5 Los descendientes de Jacob eran, en total, setenta personas. José ya estaba en Egipto.

6 Después murieron José y sus hermanos, y toda aquella generación. 7 Pero los israelitas fueron fecundos y se multiplicaron, hasta convertirse en una muchedumbre numerosa y muy fuerte, que llenaba el país.

8 Mientras tanto, asumió el poder en Egipto un nuevo rey, que no había conocido a José. 9 Él dijo a su pueblo: “El pueblo de los israelitas es más numeroso y fuerte que nosotros. 10 Es preciso tomar precauciones contra él, para impedir que siga multiplicándose. De lo contrario, en caso de guerra se pondrá de parte de nuestros enemigos, combatirá contra nosotros y se irá del país”. 11 Entonces los egipcios pusieron a Israel a las órdenes de capataces, para que lo oprimieran con trabajos forzados. Así Israel construyó para el Faraón las ciudades de almacenamiento de Pitóm y Ramsés. 12 Pero a medida que aumentaba la opresión, más se multiplicaba y más se expandía. Esto hizo que la presencia de los israelitas se convirtiera en un motivo de inquietud.

13 Por eso, los egipcios redujeron a los israelitas a la condición de esclavos, 14 y les hicieron insoportable la vida, forzándolos a realizar trabajos extenuantes: la preparación de la arcilla, la fabricación de ladrillos y toda clase de tareas agrícolas.

15 Además, el rey de Egipto se dirigió a las parteras de las mujeres hebreas -una de ellas se llamaba Sifrá y la otra Puá- 16 y les ordenó: “Cuando asistan durante el parto a las mujeres hebreas, observen bien el sexo del recién nacido: si es un varón, mátenlo, y si es una niña, déjenla vivir”. 17 Pero las parteras tuvieron temor de Dios, y en lugar de acatar la orden que les había dado el rey de Egipto, dejaban con vida a los varones. 18 El rey las mandó llamar y les preguntó: “¿Por qué han obrado así y han dejado con vida a los varones?”. 19 Ellas le respondieron: “Por que las mujeres hebreas no son como las egipcias: tienen mucha vitalidad, y antes que llegue la partera, ya han dado a luz”. 20 Por eso Dios fue bondadoso con las parteras. El pueblo creció cada vez más y se hizo muy poderoso, 21 y como ellas habían obrado con temor de Dios, él les concedió una familia numerosa. 22 Entonces el Faraón dio esta orden a su pueblo: “Arrojen al Nilo a todos los varones recién nacidos, pero dejen con vida a las niñas”.

2. 12:

39

Ver Éx. 13. 21-22.

1. Éx. 13. 21-22:

21 El Señor iba al frente de ellos, de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino; y de noche en una columna de fuego, para iluminarlos, de manera que pudieran avanzar de día y de noche. 22 La columna de nube no se apartaba del pueblo durante el día, ni la columna de fuego durante la noche.
40

Ver Éx. 16. 2-36.

1. Éx. 16. 2-36:

2 En el desierto, los israelitas comenzaron a protestar contra Moisés y Aarón. 3 “Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, les decían, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque ustedes nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea”.

4 Entonces el Señor dijo a Moisés: “Yo haré caer pan para ustedes desde lo alto del cielo, y el pueblo saldrá cada día a recoger su ración diaria. Así los pondré a prueba, para ver si caminan o no de acuerdo con mi ley. 5 El sexto día de la semana, cuando preparen lo que hayan juntado, tendrán el doble de lo que recojan cada día”.

6 Moisés y Aarón dijeron a todos los israelitas: “Esta tarde ustedes sabrán que ha sido el Señor el que los hizo salir de Egipto, 7 y por la mañana verán la gloria del Señor, ya que el Señor los oyó protestar contra él. Porque ¿qué somos nosotros para que nos hagan estos reproches?”. 8 Y Moisés añadió: “Esta tarde el Señor les dará carne para comer, y por la mañana hará que tengan pan hasta saciarse, ya que escuchó las protestas que ustedes dirigieron contra él. Porque ¿qué somos nosotros? En realidad, ustedes no han protestado contra nosotros, sino contra el Señor”.

9 Moisés dijo a Aarón: “Da esta orden a toda la comunidad de los israelitas: Preséntense ante el Señor, porque él ha escuchado sus protestas”. 10 Mientras Aarón les estaba hablando, ellos volvieron su mirada hacia el desierto, y la gloria del Señor se apareció en la nube. 11 Y el Señor dijo a Moisés: 12 “Yo escuché las protestas de los israelitas. Por eso, háblales en estos términos: ‘A la hora del crepúsculo ustedes comerán carne, y por la mañana se hartarán de pan. Así sabrán que yo, el Señor, soy su Dios’”. 13 Efectivamente, aquella misma tarde se levantó una bandada de codornices que cubrieron el campamento; y a la mañana siguiente había una capa de rocío alrededor de él. 14 Cuando esta se disipó, apareció sobre la superficie del desierto una cosa tenue y granulada, fina como la escarcha sobre la tierra. 15 Al verla, los israelitas se preguntaron unos a otros: “¿Qué es esto?”. Porque no sabían lo que era. Entonces Moisés les explicó: “Este es el pan que el Señor les ha dado como alimento. 16 El Señor les manda que cada uno recoja lo que necesita para comer, según la cantidad de miembros que tenga cada familia, a razón de unos cuatro litros por persona; y que cada uno junte para todos los que viven en su carpa”. 17 Así lo hicieron los israelitas, y mientras unos juntaron mucho, otros juntaron poco. 18 Pero cuando lo midieron, ni los que habían recogido mucho tenían más, ni los que habían recogido poco tenían menos. Cada uno tenía lo necesario para su sustento.

19 Además, Moisés les advirtió: “Que nadie reserve nada para el día siguiente”. 20 Algunos no le hicieron caso y reservaron una parte; pero esta se llenó de gusanos y produjo un olor nauseabundo. Moisés se irritó contra ellos, 21 y a partir de entonces, lo recogían todas las mañanas, cada uno de acuerdo con sus necesidades; y cuando el sol empezaba a calentar, se derretía.

22 Como la ración de alimento que recogieron el sexto día de la semana resultó ser el doble de la habitual –dos medidas de cuatro litros por persona– todos los jefes de la comunidad fueron a informar a Moisés. 23 Él les dijo: “El Señor dice lo siguiente: Mañana es sábado, día de descanso consagrado al Señor. Cocinen al horno o hagan hervir la cantidad que ustedes quieran, y el resto guárdenlo para mañana”. 24 Ellos lo guardaron para el día siguiente, como Moisés les había ordenado; pero esta vez no dio mal olor ni se llenó de gusanos. 25 Entonces Moisés les dijo: “Hoy tendrán esto para comer, porque este es un día de descanso en honor del Señor, y en el campo no encontrarán nada. 26 Ustedes lo recogerán durante seis días, pero el séptimo día, el sábado, no habrá nada”. 27 A pesar de esta advertencia, algunos salieron a recogerlo el séptimo día, pero no lo encontraron. 28 El Señor dijo a Moisés: “¿Hasta cuando se resistirán a observar mis mandamientos y mis leyes? 29 El Señor les ha impuesto el sábado, y por eso el sexto día les duplica la ración. Que el séptimo día todos permanezcan en su sitio y nadie se mueva del lugar donde está”. 30 Y el séptimo día, el pueblo descansó.

31 La casa de Israel llamó “maná” a ese alimento. Era blanco como la semilla de cilantro y tenía un gusto semejante al de las tortas amasadas con miel.

32 Después Moisés dijo: “El Señor ordena lo siguiente: Llenen de maná un recipiente de unos cuatro litros, y consérvenlo para que sus descendientes vean el alimento que les di de comer cuando los hice salir de Egipto”. 33 Y Moisés dijo a Aarón: “Toma un recipiente, coloca en él unos cuatro litros de maná y deposítalo delante del Señor, a fin de conservarlo para las generaciones futuras”. 34 Aarón puso en el recipiente la cantidad de maná que el Señor había ordenado a Moisés, y lo depositó delante del Arca del Testimonio, a fin de que se conservara.

35 Los israelitas comieron el maná durante cuarenta años, hasta que llegaron a una región habitada. Así se alimentaron hasta su llegada a los límites de Canaán. 36 .
41

Ver Éx. 17. 1-7.

1. Éx. 17. 1-7:

1 Toda la comunidad de los israelitas partió del desierto de Sin y siguió avanzando por etapas, conforme a la orden del Señor. Cuando acamparon en Refidím, el pueblo no tenía agua para beber. 2 Entonces acusaron a Moisés y le dijeron: “Danos agua para que podamos beber”. Moisés les respondió: “¿Por qué me acusan? ¿Por qué provocan al Señor?”. 3 Pero el pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo: “¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?”.

4 Moisés pidió auxilio al Señor, diciendo: “¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me maten a pedradas?”. 5 El Señor respondió a Moisés: “Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve, 6 porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo”. Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel.

7 Aquel lugar recibió el nombre de Masá –que significa “Provocación”– y de Meribá –que significa “Querella”– a causa de la acusación de los israelitas, y porque ellos provocaron al Señor, diciendo: “¿El Señor está realmente entre nosotros, o no?”.
42-43

Ver Éx. 14; 15.

1. Éx. 14:

1 El Señor habló a Moisés en estos términos: 2 “Ordena a los israelitas que vuelvan atrás y acampen delante de Pihajirot, entre Migdol y el mar, frente a Baal Sefón. Acampen a orillas del mar, frente al lugar indicado. 3 Así el Faraón creerá que ustedes vagan sin rumbo por el país y que el desierto les cierra el paso. 4 Yo, por mi parte, endureceré su corazón para que salga a perseguirlos, y me cubriré de gloria a expensas de él y de todo su ejército. Así los egipcios sabrán que yo soy el Señor”. Los israelitas cumplieron esta orden.

5 Cuando informaron al rey de Egipto que el pueblo había huido, el Faraón y sus servidores cambiaron de idea con respecto al pueblo, y exclamaron: “¿Qué hemos hecho? Dejando partir a Israel, nos veremos privados de sus servicios”.

6 Entonces el Faraón hizo enganchar su carro de guerra y alistó sus tropas. 7 Tomó seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, con tres hombres en cada uno. 8 El Señor endureció el corazón del Faraón, el rey de Egipto, y este se lanzó en persecución de los israelitas, mientras ellos salían triunfalmente. 9 Los egipcios los persiguieron con los caballos y los carros de guerra del Faraón, los conductores de los carros y todo su ejército; y los alcanzaron cuando estaban acampados junto al mar, cerca de Pihajirot, frente a Baal Sefón.

10 Cuando el Faraón ya estaba cerca, los israelitas levantaron los ojos y, al ver que los egipcios avanzaban detrás de ellos, se llenaron de pánico e invocaron a gritos al Señor. 11 Y dijeron a Moisés: “¿No había tumbas en Egipto para que nos trajeras a morir en el desierto? ¿Qué favor nos has hecho sacándonos de allí? 12 Ya te lo decíamos cuando estábamos en Egipto: ‘¡Déjanos tranquilos! Queremos servir a los egipcios, porque más vale estar al servicio de ellos que morir en el desierto’”. 13 Moisés respondió al pueblo: “¡No teman! Manténganse firmes, porque hoy mismo ustedes van a ver lo que hará el Señor para salvarlos. A esos egipcios que están viendo hoy, nunca más los volverán a ver. 14 El Señor combatirá por ustedes, sin que ustedes tengan que preocuparse por nada”.

15 Después el Señor dijo a Moisés: “¿Por qué me invocas con esos gritos? Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. 16 Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. 17 Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. 18 Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros”.

19 El Ángel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de adelante hacia atrás, 20 interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros.

21 Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, 22 y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla a derecha e izquierda. 23 Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar. 24 Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos. 25 Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: “Huyamos de Israel, porque el Señor combate en favor de ellos contra Egipto”.

26 El Señor dijo a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros”. 27 Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar. 28 Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. 29 Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.

30 Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar, 31 y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor.

2. 15:

44-45

Ver Deut. 7.

1. Deut. 7:

1 Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra de la que vas a tomar posesión, él expulsará a siete naciones más numerosas y fuertes que tú: a los hititas, los guirgasitas, los amorreos, los cananeos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos. 2 El Señor, tu Dios, los pondrá en tus manos, y tú los derrotarás. Entonces los consagrarás al exterminio total: no hagas con ellos ningún pacto, ni les tengas compasión. 3 No establezcas vínculos de parentesco con ellos, permitiendo que tu hija se case con uno de sus hijos, o tomando una hija suya por esposa de tu hijo. 4 De lo contrario, ella apartará de mí a tu hijo y lo hará servir a otros dioses. Entonces el Señor se irritará contra ustedes y en seguida los exterminará. 5 Por eso, trátenlos de este modo: derriben sus altares, destruyan sus piedras conmemorativas, talen sus postes sagrados y prendan fuego a sus ídolos. 6 Porque tú eres un pueblo consagrado al Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras su pueblo y su propiedad exclusiva entre todos los pueblos de la tierra.

7 El Señor se prendó de ustedes y los eligió, no porque sean el más numeroso de todos los pueblos. Al contrario, tú eres el más insignificante de todos. 8 Pero por el amor que les tiene, y para cumplir el juramento que hizo a tus padres, el Señor los hizo salir de Egipto con mano poderosa, y los libró de la esclavitud y del poder del Faraón, rey de Egipto. 9 Reconoce, entonces, que el Señor, tu Dios, es el verdadero Dios, el Dios fiel, que a lo largo de mil generaciones, mantiene su alianza y su fidelidad con aquellos que lo aman y observan sus mandamientos; 10 pero que no tarda en dar su merecido a aquel que lo aborrece, a él mismo en persona, haciéndolo desaparecer.

11 Por eso, observa los mandamientos, los preceptos y las leyes que hoy te ordeno poner en práctica. 12 Porque si escuchas estas leyes, las observas y las practicas, el Señor, tu Dios, mantendrá en tu favor la alianza y la fidelidad que juró a tus padres. 13 Él te amará, te bendecirá y te multiplicará. Bendecirá el fruto de tu seno, el fruto de tu suelo –tu trigo, tu vino y tu aceite– y las crías de tus ganados y rebaños, en la tierra que él te dará, porque así lo juró a tus padres. 14 Serás más bendecido que todos los demás pueblos. Nadie será estéril entre ustedes, ni los hombres, ni las mujeres, ni los animales. 15 El Señor apartará de ti toda enfermedad, y no te infligirá ninguna de esas plagas malignas que envió sobre Egipto, y que tú ya conoces. Las tendrá reservadas, en cambio, para aquellos que te odian. 16 Destruye entonces a todos esos pueblos que el Señor, tu Dios, pone en tus manos. No les tengas compasión ni sirvas a sus dioses, porque eso sería para ti una trampa.

17 Y si alguna vez te preguntas: “¿Cómo voy a desposeer a esas naciones, si son más numerosas que yo?”, 18 no les tengas miedo. Recuerda cómo trató el Señor, tu Dios, al Faraón y a todo Egipto: 19 los grandes portentos que has visto con tus propios ojos y los signos que él realizó, cuando con mano poderosa y brazo fuerte te hizo salir de Egipto. Así tratará el Señor, tu Dios, a todos los pueblos que temes enfrentar. 20 Más aún, él hará cundir el pánico en medio de ellos, hasta que todos queden exterminados, incluso los sobrevivientes y los que intenten permanecer ocultos.

21 No tiembles delante de ellos, porque en medio de ti está el Señor, tu Dios, el Dios grande y temible, 22 que irá eliminando poco a poco a las naciones que encuentres a tu paso. No podrás exterminarlas de un solo golpe, porque de lo contrario, los animales salvajes se multiplicarían en perjuicio tuyo. 23 Pero el Señor, tu Dios, te las entregará, y sembrará entre ellas una gran confusión, hasta destruirlas. 24 Él pondrá a sus reyes en tus manos, y tu harás desaparecer sus nombres de la tierra. Ninguno te podrá resistir, hasta que los extermines por completo.

25 Ustedes, por su parte, prendan fuego a las estatuas de sus dioses. Y no codicies la plata y el oro de que están recubiertas, ni te quedes con ellos, para no caer en una trampa. Porque eso es una abominación para el Señor, tu Dios. 26 No introduzcas en tu casa nada abominable, porque también tú te harías digno de ser consagrado al exterminio. Detesta todo eso y considéralo abominable, porque está consagrado al exterminio.