Ageo 2: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

La gloria del nuevo Templo [ 1 | 9 ]

1 [blpd] Lev. 23. 34-36; Deut. 16. 13-15

1 * El día veintiuno del séptimo mes, la palabra del Señor llegó, por medio del profeta Ageo, en estos términos: 2 Di a Zorobabel, hijo de Sealtiel, gobernador de Judá, a Josué, hijo de Iehosadac, el Sumo Sacerdote, y al resto del pueblo:

3 [blpd] Esd. 3. 12-13 [bj] Esd. 3. 10-13

3 * ¿Queda alguien entre ustedes que haya visto esta Casa en su antiguo esplendor? ¿Y qué es lo que ven ahora? ¿No es como nada ante sus ojos?

4 [blpd] Zac. 8. 9

4 * ¡Ánimo, Zorobabel! –oráculo del Señor–. ¡Ánimo, Josué, hijo de Iehosadac, Sumo Sacerdote! ¡Ánimo, todo el pueblo del país! –oráculo del Señor–. ¡Manos a la obra! Porque yo estoy con ustedes –oráculo del Señor de los ejércitos–

5 [blpd] Deut. 7. 7-8; Deut. 10. 14-15; Éx. 13. 21-22; Éx. 14. 19

5 * según el compromiso que contraje con ustedes cuando salieron de Egipto, y mi espíritu permanece en medio de ustedes. ¡No teman!

6 [blpd] Heb. 12. 26-27 [bj] 🡕Heb. 12. 26

6 * Porque así habla el Señor de los ejércitos: Dentro de poco tiempo, yo haré estremecer el cielo y la tierra, el mar y el suelo firme.

7 [bj] Is. 60. 7-11

7 Haré estremecer a todas las naciones: entonces afluirán los tesoros de todas las naciones y llenaré de gloria esta Casa, dice el Señor de los ejércitos.
8 ¡Son míos el oro y la plata! –oráculo del Señor de los ejércitos–.

9 [blpd] Ez. 47. 1-12; Is. 2. 2-5; Is. 60. 7-11; Miq. 4. 1-4; Is. 11. 6-9

9 * La gloria última de esta Casa será más grande que la primera, dice el Señor de los ejércitos, y en este lugar yo daré la paz –oráculo del Señor de los ejércitos–.

Consulta a los sacerdotes [ 10 | 14 ]

10 * El día veinticuatro del noveno mes, el segundo año de Darío, la palabra del Señor llegó al profeta Ageo, en estos términos:

11 [blpd] Lev. 10. 11; Deut. 17. 8-13; Deut. 33. 10; Zac. 7. 3; Mal. 2. 7

11 * Así habla el Señor de los ejércitos: Consulta a los sacerdotes sobre el caso siguiente: 12 * ** “Si alguien lleva en los pliegues de su ropa carne ofrecida en sacrificio y toca con ellos pan, caldo, vino, aceite o cualquier clase de alimentos, ¿todo esto quedará consagrado?”. Los sacerdotes respondieron: “¡No!”.

13 [bj] Lev. 22. 4-7

13 Ageo prosiguió: “Si alguien, contaminado por un cadáver, toca alguna de estas cosas, ¿quedarán impuras?”. Los sacerdotes respondieron: “¡Si, quedarán impuras!”. 14 Entonces Ageo tomó la palabra y dijo: “¡Así es este pueblo! ¡Así es esta nación delante de mí! –oráculo del Señor–. ¡Así es toda la obra de sus manos! ¡Y lo que ellos ofrecen aquí es impuro!”.

Promesa de prosperidad [ 15 | 19 ]

15 [bj] Os. 4. 3+

15 Y ahora, reflexionen desde hoy en adelante. Antes de poner piedra sobre piedra en el Templo del Señor, 16 ¿qué les pasaba a ustedes? Alguien iba a pesar un montón de grano estimado en veinte medidas, y no había más que diez; iba al lagar para sacar cincuenta medidas, y no había más que veinte. 17 Yo los castigué con la sequía, el pulgón y el granizo en toda la obra de sus manos, ¡pero ustedes no han vuelto a mi! –oráculo del Señor–.
18 Reflexionen desde hoy en adelante, desde el día veinticuatro del noveno mes, en que se pusieron los cimientos del Templo del Señor. Reflexionen: 19 ¿Queda aún semilla en el granero? ¿Todavía no han dado nada la vid, la higuera, el granado y el olivo? A partir de este día, yo daré mi bendición.

Promesa a Zorobabel [ 20 | 23 ]

20-23 [blpd] 2 Sam. 7. 12-16; 1 Rey. 21. 8; Gn. 38. 18

20 * La palabra del Señor llegó por segunda vez a Ageo, el día veinticuatro del mismo mes, en estos términos: 21 Habla a Zorobabel, gobernador de Judá, y dile: Yo haré estremecer el cielo y la tierra, 22 * derribaré el trono de los reinos y destruiré el poder de los reinos de las naciones; derribaré los carros y sus conductores, los caballos y sus jinetes caerán abatidos, cada uno bajo la espada de su hermano.

23 [bj] Zac. 6. 12-13

23 Aquel día –oráculo del Señor de los ejércitos– yo te tomaré a ti, Zorobabel, hijo de Sealtiel, mi servidor –oráculo del Señor– y haré de ti un anillo para sellar, porque yo te he elegido –oráculo del Señor de los ejércitos–.
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El “día veintiuno del séptimo mes” concluía la celebración de la fiesta de las Chozas (. Lev. 23. 34-36; Deut. 16. 13-15). Esta fecha corresponde a mediados de octubre del 520 a.C.

1. Lev. 23. 34-36:

34 Habla en estos términos a los israelitas: Además, el día quince de este séptimo mes se celebrará la fiesta de las Chozas en honor del Señor, durante siete días. 35 El primer día habrá una asamblea litúrgica, y ustedes no harán ningún trabajo servil. 36 Durante siete días presentarán una ofrenda que se quema para el Señor. Al octavo día, celebrarán una asamblea litúrgica y presentarán una ofrenda que se quema para el Señor: es una asamblea solemne y ustedes no harán ningún trabajo.

2. Deut. 16. 13-15:

13 Celebra durante siete días la fiesta de las Chozas, apenas termines de recoger los frutos de tu era y de tu lagar. 14 Te alegrarás durante la fiesta, junto con tu hijo y tu hija, con tu esclavo y tu esclava, y con el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que vivan en tu ciudad. 15 Siete días estarás de fiesta en honor del Señor, tu Dios, en el lugar que él elija. Porque el Señor, tu Dios, te bendecirá en todas tus cosechas y en todas tus obras, para que seas plenamente feliz.
3

Ver Esd. 3. 12-13.

1. Esd. 3. 12-13:

12 Muchos sacerdotes, levitas y jefes de familia, ya ancianos, que habían visto el primer Templo, prorrumpieron en llanto, mientras veían poner los cimientos del nuevo; pero muchos otros proferían aclamaciones de júbilo. 13 No se podía distinguir entre las aclamaciones de júbilo y el llanto de la gente, porque las aclamaciones del pueblo eran tan grandes que se oían desde lejos.
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Ver Zac. 8. 9.

1. Zac. 8. 9:

9 Así habla el Señor de los ejércitos: Que se fortalezcan las manos de ustedes, los que escuchan en estos días, de la boca de los profetas, estas palabras pronunciadas desde el día en que se pusieron los cimientos de la Casa del Señor de los ejércitos, para la reconstrucción del Templo.
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Para hacer más apremiante su exhortación, el profeta apela al “compromiso” que el Señor contrajo con su Pueblo desde los tiempos del Éxodo y del Sinaí. El Señor no sólo liberó a Israel de la esclavitud, sino que se ligó a él personalmente, comprometiendo en ello su fidelidad (Deut. 7. 7-8; 10. 14-15). En virtud de ese “compromiso”, su “espíritu” está presente en la comunidad de los repatriados, como antes la presencia divina se había manifestado en la nube que guió a los israelitas por el desierto (Éx. 13. 21-22; 14. 19).

1. Deut. 7. 7-8:

7 El Señor se prendó de ustedes y los eligió, no porque sean el más numeroso de todos los pueblos. Al contrario, tú eres el más insignificante de todos. 8 Pero por el amor que les tiene, y para cumplir el juramento que hizo a tus padres, el Señor los hizo salir de Egipto con mano poderosa, y los libró de la esclavitud y del poder del Faraón, rey de Egipto.

2. 10. 14-15:

14 Al Señor, tu Dios, pertenecen el cielo y lo más alto del cielo, la tierra y todo lo que hay en ella. 15 Sin embargo, sólo con tus padres se unió con lazos de amor, y después de ellos los eligió a ustedes, que son su descendencia, prefiriéndolos a todos los demás pueblos.

3. Éx. 13. 21-22:

21 El Señor iba al frente de ellos, de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino; y de noche en una columna de fuego, para iluminarlos, de manera que pudieran avanzar de día y de noche. 22 La columna de nube no se apartaba del pueblo durante el día, ni la columna de fuego durante la noche.

4. 14. 19:

19 El Ángel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de adelante hacia atrás,
6-7

A la muerte de Cambises, en el 522 a.C., violentos conflictos internos sacudieron al Imperio persa. Esta atmósfera de inestabilidad política renovó las esperanzas mesiánicas de la comunidad judía, que veía en esos acontecimientos el preludio de su próxima liberación. La conmoción del Imperio era el presagio que anunciaba la conmoción universal de la que debía surgir un mundo nuevo. Ver Heb. 12. 26-27.

1. Heb. 12. 26-27:

26 Aquel que en esa ocasión hizo temblar la tierra con su voz, ahora nos ha hecho esta promesa: Una vez más haré temblar no sólo la tierra, sino también el cielo. 27 Estas palabras una vez más quieren decir que las cosas que se conmueven van a cambiar - porque son creadas - para que permanezcan las que son inconmovibles.
9

El profeta Ezequiel ya había establecido una estrecha vinculación entre el nuevo Templo y la instauración de los tiempos mesiánicos (Ez. 47. 1-12). Ageo retoma esta idea y le añade una nota universalista. El nuevo Templo será el centro cultual y el polo de atracción de todos los pueblos (Is. 2. 2-5; 60. 7-11; Miq. 4. 1-4). El cúmulo de las bendiciones mesiánicas se resume en la palabra “paz” (Is. 11. 6-9).

1. Ez. 47. 1-12:

1 El hombre me hizo volver a la entrada de la Casa, y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa, en dirección al oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia el oriente. El agua descendía por debajo del costado derecho de la Casa, al sur del altar. 2 Luego me sacó por el camino de la puerta septentrional, y me hizo dar la vuelta por un camino exterior, hasta la puerta exterior que miraba hacia el oriente. Allí vi que el agua fluía por el costado derecho. 3 Cuando el hombre salió hacia el este, tenía una cuerda en la mano. Midió quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a los tobillos. 4 Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a las rodillas. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a la cintura. 5 Luego midió otros quinientos metros, y ya era un torrente que no pude atravesar, porque el agua había crecido: era un agua donde había que nadar, un torrente intransitable.

6 El hombre me dijo: “¿Has visto, hijo de hombre?”, y me hizo volver a la orilla del torrente. 7 Al volver, vi que a la orilla del torrente, de uno y otro lado, había una inmensa arboleda. 8 Entonces me dijo: “Estas aguas fluyen hacia el sector oriental, bajan hasta la estepa y van a desembocar en el Mar. Se las hace salir hasta el Mar, para que sus aguas sean saneadas. 9 Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas partes adonde llegue el torrente. 10 Los pescadores se apostarán a su orilla: desde Engadí hasta En Eglaim habrá lugares para tender las redes. Allí habrá tantas clases de peces como en el Mar Grande, y serán muy numerosos. 11 Pero sus charcos y sus lagunas no serán saneados, sino que quedarán como salinas. 12 Al borde del torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio”.

2. Is. 2. 2-5:

2 Sucederá al fin de los tiempos, que la montaña de la Casa del Señor será afianzada sobre la cumbre de las montañas y se elevará por encima de las colinas. Todas las naciones afluirán hacia ella 3 y acudirán pueblos numerosos, que dirán: “ ¡Vengan, subamos a la montaña del Señor, a la Casa del Dios de Jacob! Él nos instruirá en sus caminos y caminaremos por sus sendas”. Porque de Sión saldrá la Ley y de Jerusalén, la palabra del Señor.

4 Él será juez entre las naciones y árbitro de pueblos numerosos. Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra.

5 ¡Ven, casa de Jacob, y caminemos a la luz del Señor!

3. 60. 7-11:

7 En ti se congregarán todos los rebaños de Quedar, los carneros de Nebaiot estarán a tu servicio: subirán como ofrenda aceptable sobre mi altar y yo glorificaré mi Casa gloriosa.

8 ¿Quiénes son esos que vuelan como una nube, como palomas a su palomar? 9 Son barcos que se reúnen para mí, con naves de Tarsis al frente, para traer a tus hijos de lejos, y con ellos su oro y su plata, por el nombre del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que así te glorifica.

10 Gente extranjera reconstruirá tus murallas y sus reyes te servirán, porque yo te castigué en mi irritación, pero en mi benevolencia tengo piedad de ti. 11 Tus puertas estarán siempre abiertas, no se cerrarán ni de día ni de noche, para que te traigan las riquezas de las naciones, bajo la guía de sus reyes.

4. Miq. 4. 1-4:

1 Sucederá al fin de los tiempos que la montaña de la Casa del Señor será afianzada sobre la cumbre de las montañas y se elevará por encima de las colinas. Los pueblos afluirán hacia ella

2 y acudirán naciones numerosas, que dirán: “¡Vengan, subamos a la Montaña del Señor y a la Casa del Dios de Jacob! Él nos instruirá en sus caminos y caminaremos por sus sendas”. Porque de Sión saldrá la Ley y de Jerusalén, la palabra del Señor.

3 Él será juez entre pueblos numerosos y árbitro de naciones poderosas, hasta las más lejanas. Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra.

4 Cada uno se sentará bajo su parra y bajo su higuera, sin que nadie lo perturbe, porque ha hablado la boca del Señor de los ejércitos.

5. Is. 11. 6-9:

6 El lobo habitará con el cordero y el leopardo se recostará junto al cabrito; el ternero y el cachorro de león pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá; 7 la vaca y la osa vivirán en compañía, sus crías se recostarán juntas, y el león comerá paja lo mismo que el buey.

8 El niño de pecho jugará sobre el agujero de la cobra, y en la cueva de la víbora meterá la mano el niño apenas destetado.

9 No se hará daño ni estragos en toda mi Montaña santa, porque el conocimiento del Señor llenará la tierra como las aguas cubren el mar.
11

“Consulta a los sacerdotes”: cuando surgía una duda relativa a la aplicación de la Ley, los sacerdotes eran los encargados de resolver el caso propuesto (Lev. 10. 11; Deut. 17. 8-13; 33. 10; Zac. 7. 3; Mal. 2. 7).

1. Lev. 10. 11:

11 y enseñar a los israelitas todos los preceptos que el Señor les ha dado por intermedio de Moisés.

2. Deut. 17. 8-13:

8 Si te resulta demasiado difícil juzgar un pleito por homicidio, por reclamación de derechos, por lesiones, o cualquier otra causa que se haya suscitado en tu ciudad, subirás hasta el lugar que el Señor, tu Dios, elija, 9 y te presentarás a los sacerdotes levitas y al juez en ejercicio. Tú les expondrás el caso, y ellos te harán conocer la sentencia. 10 Deberás ajustarte a lo que ellos te digan en el lugar que elija el Señor, tu Dios, procediendo en todo conforme a sus instrucciones. 11 Procederás de acuerdo con la decisión que ellos tomen y con la sentencia que pronuncien, sin apartarse de lo que ellos te indiquen ni a la derecha ni a la izquierda. 12 El que obre presuntuosamente, desoyendo al sacerdote que está allí para servir al Señor, tu Dios, o al juez, ese hombre morirá. Así harás desaparecer el mal de Israel. 13 Y cuando el pueblo se entere, sentirá temor y dejará de obrar con presunción.

3. 33. 10:

10 Ellos enseñan tus normas a Jacob y tu Ley a Israel; hacen subir hasta ti el incienso y ofrecen el holocausto en tu altar.

4. Zac. 7. 3:

3 y preguntar a los sacerdotes de la Casa del Señor de los ejércitos y a los profetas: “¿Debo seguir llorando e imponiéndome privaciones en el quinto mes, como lo he hecho durante tantos años?”.

5. Mal. 2. 7:

7 Porque los labios del sacerdote guardan la ciencia y de su boca se busca la instrucción, porque es el mensajero del Señor de los ejércitos.
12-14

Para Ageo, el Templo en ruinas era una especia de “cadáver” que contaminaba toda la vida del pueblo, inlcuidos sus sacrificios.

20-23

Este pasaje final tine un contenido eminenetemente mesiánico. Ageo saluda a Zorobabel como el elegido del Señor. Las promesas hechas a la dinastía davídica se concentran ahora en él (2 Sam. 7. 12-16). La comparación con el “anillo” grabado con un sello que servía para autenticar los documentos escritos (1 Rey. 21. 8) y era custodiado celosamente por su propietario (Gn. 38. 18, describe a Zorobabel como el representante del Señor, investido de una autoridad divina.

1. 2 Sam. 7. 12-16:

12 Sí, cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. 13 Él edificará una casa para mi Nombre, y yo afianzaré para siempre su trono real. 14 Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Si comete una falta, lo corregiré con varas y golpes, como lo hacen los hombres. 15 Pero mi fidelidad no se retirará de él, como se la retiré a Saúl, al que aparté de tu presencia. 16 Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre".

2. 1 Rey. 21. 8:

8 En seguida escribió una carta en nombre de Ajab, la selló con el sello del rey y la envió a los ancianos y a los notables de la ciudad, conciudadanos de Nabot.

3. Gn. 38. 18:

18 Él le preguntó: “¿Qué debo dejarte? ”. “Tu sello con su cordón y el bastón que llevas en la mano ”, le respondió. Él se los entregó y se acostó con ella, dejándola embarazada.