Isaías 9: El Libro del Pueblo de Dios - La Biblia

[1 al 6]

1 El pueblo que caminaba en las tinieblas
ha visto una gran luz;
sobre los que habitaban en el país de la oscuridad
ha brillado una luz.
2 Tú has multiplicado la alegría,
has acrecentado el gozo;
ellos se regocijan en tu presencia,
como se goza en la cosecha,
como cuando reina la alegría
por el reparto del botín.
3 Porque el yugo que pesaba sobre él,
la barra sobre su espalda
y el palo de su carcelero,
todo eso lo has destrozado como en el día de Madián.
4 Porque todas las botas usadas en la refriega
y las túnicas manchadas de sangre,
serán presa de las llamas,
pasto del fuego.
5 Porque un niño nos ha nacido,
un hijo nos ha sido dado.
La soberanía reposa sobre sus hombros
y se le da por nombre:
«Consejero maravilloso, Dios fuerte,
Padre para siempre, Príncipe de la paz».
6 Su soberanía será grande,
y habrá una paz sin fin
para el trono de David
y para su reino;
él lo establecerá y lo sostendrá
por el derecho y la justicia,
desde ahora y para siempre.
El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.

ORÁCULOS DIVERSOS

El castigo de Samaría [ 7 | 20 ]

7 El Señor ha enviado una palabra a Jacob,
ella caerá sobre Israel;
8 la conocerá el pueblo entero,
Efraím y los habitantes de Samaría,
esos que andan diciendo
con arrogancia y presunción:
9 «¡Cayeron los ladrillos,
pero construiremos con piedras talladas;
fueron cortados los sicómoros,
pero los suplantaremos con cedros!».
10 El Señor suscitó contra él a sus adversarios
e incitó a sus enemigos,
11 Arám al este, los filisteos por detrás,
y ellos devoraron a Israel a boca llena.
A pesar de todo esto, no se aplacó su ira
y su mano está aún extendida.
12 Pero el pueblo no ha vuelto al que lo golpeaba,
no ha buscado al Señor de los ejércitos.
13 Y el Señor arrancó a Israel, en un sólo día,
cabeza y cola, palmera y junco.
14 –El anciano y el noble son la cabeza,
el profeta, maestro de mentiras, es la cola–.
15 Los guías de este pueblo lo extraviaron
y los que se dejaron guiar, han sido devorados.
16 Por eso el Señor no perdona a sus jóvenes
ni se compadece de sus huérfanos y de sus viudas,
porque todo este pueblo es impío y malvado
y toda boca profiere insensateces.
A pesar de todo esto, no se aplacó su ira
y su mano está aún extendida.
17 Porque la maldad quema como el fuego,
devora cardos y espinas,
arde en las espesuras del bosque,
y el humo se alza en torbellinos.
18 Por el furor del Señor de los ejércitos
se incendia el país,
y el pueblo es como pasto del fuego.
Nadie se compadece de su hermano,
19 cada uno devora la carne de su prójimo:
corta a la derecha, y queda con hambre;
devora a la izquierda, y no se sacia.
20 Manasés devora a Efraím, Efraím a Manasés,
y los dos juntos acometen contra Judá.
A pesar de todo esto, no se aplacó su ira
y su mano está aún extendida.