Efesios 1: Biblia Latinoamericana (7ma. edición)

[1 al 14]

1 [bj] Rom. 1. 1+; Hech. 9. 13+ [bc] Rom. 1. 6-7

1 * Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los santos que están en Efeso. A todos ustedes que creen en Cristo: 2 reciban gracia y paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesús, el Señor.

3 [bj] Tob. 13. 1; 2 Cor. 1. 3; 1 Ped. 1. 3; Gál. 3. 14; Jn. 17. 24; 1 Ped. 1. 20; Hech. 1. 7+; Ef. 5. 27; Col. 1. 22 [bpe > 3-6] Deut. 32. 15; Is. 44. 2; Mt. 3. 17; Mt. 17. 5 par; Gn. 27; Gn. 49; Deut. 33; Jer. 1. 5; Rom. 8. 28s; Is. 43. 13; Éx. 19. 6; Dn. 7. 22. 27; Éx. 4. 23; Is. 1. 2; Os. 11. 1; Jn. 1. 12; 1 Jn. 3. 1-10

3 * ++ ¡Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús nuestro Señor, que nos bendijo desde el cielo, en Cristo, con toda clase de bendiciones espirituales!

4 [bj] 1 Jn. 3. 1; Rom. 8. 29; Jn. 1. 12 [bc] Ef. 5. 27; Col. 1. 22; Jds. 1. 24; 1 Ped. 1. 19; Éx. 12. 5; Lev. 1. 3. 10; Heb. 9. 14; Rom. 12. 1

4 * En Cristo Dios nos eligió antes de la creación del mundo, para estar en su presencia sin culpa ni mancha.

5 [bnp] Jn. 1. 12 [bc] Rom. 8. 15. 29-30; Col. 1. 16. 20; Rom. 9. 23; Gál. 4. 4-5

5 * Desde la eternidad determinó en el amor que fuéramos sus hijos adoptivos por medio de Cristo Jesús. Eso es lo que quiso y más le gustó

6 [bj] Mt. 3. 17+; Col. 1. 13-14|; Rom. 3. 24+ [bc] Mt. 17. 5

6 * para que se alabe su Gloria por esa gracia suya que nos manifiesta en el Bien Amado.

7-12 [bpe > 7-12] Col. 1. 14-20; Éx. 12; Lev. 4; Lev. 16; Heb. 9. 22; Prov. 3. 13; Ecli. 24; Sab. 9; Rom. 16. 25; Gál. 4. 4; Deut. 32. 1; Is. 1. 2; Sal. 135. 16; Is. 55. 9; Éx. 23. 30; Deut. 19. 3; Jos. 14. 1; Deut. 9. 29; Deut. 32. 9; Sal. 78. 71; Rom. 8. 17. 28-29 [bj] Col. 1. 14; Ef. 2. 7 [bc] Lev. 1. 3-17; Heb. 9. 11-14; Rom. 3. 24

7 * Pues en Cristo, la sangre que derramó paga nuestra libertad y nos merece el perdón de los pecados.

8 [bj] Rom. 16. 25+

8 * En esto se ve la inmensidad de su gracia. Mediante dones de sabiduría e inteligencia,

9 [bj] Mc. 1. 15; Gál. 4. 4+ [bnp] Rom. 16. 25 [bc] Col. 1. 26

9 * Dios nos da a conocer este proyecto misterioso, -fruto del amor que tiene a su Hijo-

10 [bj] Col. 1. 10. 20 [bnp] Col. 1. 16 [bc] Gál. 4. 4; Tit. 1. 3

10 que debía realizarse cuando llegara la plenitud de los tiempos. Todas las cosas han de reunirse en Cristo, tanto los seres celestiales como los terrenales.

11 [bj] Deut. 7. 6+; Is. 46. 10; Dn. 4. 32; Apoc. 4. 11 [bnp] Rom. 8. 19s [bc] Deut. 32. 9; Rom. 8. 17; Gál. 3. 29; Gál. 4. 7; Ef. 1. 14. 18

11 En Cristo, Dios nos apartó, a los que estábamos esperando al Mesías.
12 El, que dispone de todas las cosas como quiere, nos eligió para ser su pueblo, para alabanza de su Gloria.

13 [blpd] 2 Cor. 1. 22 [bj] ||Col. 1. 5; 1 Tes. 2. 13+; Ef. 4. 30; Hech. 2. 33+; Rom. 5. 5 [bc] Lc. 24. 49; Jn. 14. 26; Hech. 1. 4; Hech. 2. 33

13 * Ustedes también, al escuchar la Palabra de la Verdad, el Evangelio que los salva; creyeron en él, quedando sellados con el Espíritu Santo prometido,

14 [bj] 2 Cor. 1. 22+; Rom. 3. 24+; Is. 43. 21; 1 Ped. 2. 9 [bc] Ef. 1. 11

14 el cual es el anticipo de nuestra herencia. Así va liberando al pueblo que hizo suyo, con el fin de que sea alabada su Gloria.

Colocó todo bajo los pies de Cristo [ 15 | 23 ]

15 [bj] Col. 1. 9|; |Col. 1. 3-4; Flmn. 1. 4-5; 1 Cor. 13. 13+; Hech. 9. 13+

15 * + He tenido conocimiento de la fe de ustedes y de su cariño con todos los creyentes,

16 [bj] Ef. 3. 14. 16; Éx. 24. 16+; 1 Jn. 5. 20

16 por lo que no dejo de dar gracias a Dios, y de recordarlos en mis oraciones.

17 [bc] Jn. 17. 3; Col. 1. 9

17 Que el Dios de Cristo Jesús nuestro Señor, el Padre de la Gloria, se manifieste a ustedes, dándoles un espíritu de sabiduría, para que lo puedan conocer.

18 [bj] 2 Cor. 4. 6; Hech. 9. 13 [bnp] Col. 1. 12 [bc] Hech. 20. 32; Col. 3. 24

18 Que les ilumine la mirada interior, para que vean lo que esperamos a raíz del llamado de Dios; y entiendan que grande y deslumbrante es la herencia que Dios reserva a sus santos;

19-20 [blpd] 1 Cor. 12. 4-11

19 y comprendan con qué extraordinaria fuerza actúa El en favor de los que hemos creído.

20 [bj] Col. 2. 12; Rom. 1. 4+; Hech. 2. 33+ [bc] Sal. 110. 1

20 Esta fuerza se ha manifestado en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su lado; en los cielos,

21 [bj] 1 Ped. 3. 22; Col. 1. 16; Col. 2. 15; Flp. 2. 9; Sal. 8. 7 [bc] Ef. 6. 12

21 * mucho más arriba que todo Poder, Autoridad, Dominio, o cualquier otra Fuerza Sobrenatural que se pueda mencionar: no sólo en este mundo, sino también en el mundo futuro.

22-23 [blpd] Sal. 8. 7; 1 Cor. 15. 26-27; Col. 1. 18-19 [bj] 1 Cor. 15. 24-28 [bc] Rom. 12. 5

22 * Dios, pues, colocó todo bajo los pies de Cristo para que, estando más arriba que todo, fuera cabeza de la Iglesia, la cual es su cuerpo.

23 [bj] Ef. 4. 10

23 El, que llena todo en todos, despliega en ella su plenitud.
1

Esta primera página de la carta a los Efesios es en la Biblia la que mejor expresa, en su totalidad el misterio cristiano. Y viene para equilibrar la gran exposición hecha por Pablo en la carta a los Romanos, la cual parecía centrar la obra de Dios en la salvación del hombre pecador.

3

¡Bendito sea Dios! Pablo habitualmente empieza sus cartas alabando y dando gracias. Pero aquí la oración se alarga más que de costumbre: Pablo da gracias y a la vez proclama el proyecto misterioso de Dios que le fue dado a entender mediante una revelación (3,3).

9

Este proyecto misterioso (9). Pablo dice en realidad: este misterio; pero esta palabra designa el proyecto de Dios respecto de su creación. Este proyecto se arraiga en Dios; más precisamente en el misterio de las tres Personas divinas. Sabemos que de Dios Padre proceden el Hijo y el Espíritu, y de El reciben su misma divinidad, siendo los tres un mismo Dios. Pero, además de esta comunicación y derrame de vida en Dios mismo, también desde la eternidad quiso Dios Padre, o mejor dicho, quiso el Consejo divino comunicar sus riquezas, fuera de sí, a seres creados: éste es el proyecto misterioso al que Pablo se refiere y que contempla toda la historia humana, tanto profana como sagrada. Conforme a este proyecto, en el universo han de nacer y multiplicarse hijos adoptivos de Dios (5), capaces de recibir su Espíritu y de devolvérselo, que, al fin, se reunirán en un solo cuerpo (10).

4

En Cristo Dios nos eligió (4). Nótese esta expresión: en Cristo, que comentamos en 1 Cor 1,4: Nuestra elección por Dios tiene como dos caras. Primero, entendamos que Dios nos crea como destellos o reflejos de su Hijo que es su auténtica Imagen y Resplandor (Heb 1,1). Toda creatura procede de Dios mediante este Hijo en el que Dios contempla su propia riqueza y al que va todo su amor. En él, Dios Padre nos ha conocido desde el principio.
Pero Dios nos crea libres y sabe que nuestra frágil libertad difícilmente encontrará los caminos de una respuesta filial, como le correspondería. Por eso pone en el centro de su Proyecto creador la cruz de Cristo. Toda la historia será conducida por la Sabiduría divina conforme a un misterio de muerte y resurrección que no tiene otro fin quede llevamos a la perfección a través de nuestros errores y debilidades. Y, al presentarse Cristo, que es la Sabiduría de Dios, nos manifiesta en su propia muerte y resurrección el amor del Padre que nos llamó (5).

7

Pues, en Cristo, conseguimos la libertad, sellada por su sangre (7). No se trata de que Cristo derrame su sangre para desagraviar a su Padre ofendido por el pecado, como si Dios tuviera rencores como tenemos nosotros y se sintiera herido en su dignidad. Pablo se refiere a una ley de la Biblia: la liberación de un esclavo se firmaba con sangre (Ex 21,6).

8

Asimismo, para liberar una persona que no vive en la verdad, hay que demostrarle un amor auténtico con medios a menudo costosos. Para rescatarnos, las tres Personas divinas manifestarán la inmensidad del amor divino (6 y 8), cada una según el orden que le corresponde. Primero el Hijo de Dios entregará su vida al Padre y la sacrificará por sus hermanos. Y, luego, se comunicará el Espíritu de santidad.

13

Sellados por el Espíritu (13). Los judíos estaban marcados, «sellados» en su carne por el rito de la circuncisión, que manifestaba que pertenecían a Dios. En cambio, los cristianos han recibido el Espíritu Santo. Este actúa en ellos: de él proceden la fe, la esperanza y el amor, las múltiples formas del servicio, los dones de conocimiento, los milagros y las sanaciones. Estos dones son la prueba más patente de que han pasado a ser hijos de Dios. Estas dones son un anticipo de todas, las maravillas que Dios nos reserva.
Pablo distingue como dos momentos: el del proyecto de Dios, en la eternidad (1-10) y el de su realización en el tiempo (11-14). Estas dos últimas estrofas corresponden a dos etapas de la Historia Sagrada:
- Dios nos apartó (1, 11). Pablo habla en su nombre y en nombre del pueblo judío; elegido para ser el pueblo de Dios.
- Ustedes también (13). Aquí se trata de los pueblos paganos, como eran estos efesios a los que se dirigía Pablo. Pues habla llegado la plenitud de los tiempos, es decir, el tiempo del Evangelio anunciado a toda la humanidad para que ésta reciba tos dones del Espíritu.
Esta página de Pablo nos aclara algunos puntos esenciales de la fe.

5

Determinó desde la eternidad (5). Aquí cabe la palabra predestinación. Muchos han entendido este término en forma muy diferente de como Pablo lo usa, en especial los protestantes. Mientras Pablo presenta un proyecto del Padre, deseoso de manifestar en todas sus criaturas el amor infinito que él ya comparte con el Hijo y el Espíritu, estas personas solamente piensan en un Dios justiciero y frío que decide en forma gratuita (o más bien caprichosa) que unos serán salvados y otros no. Para ellos, muchos han sido destinados al infierno y no pueden evitar esta suerte, los otros son elegidos para el cielo y se salvarán. .
Pero Pablo no se refiere a una tal arbitrariedad: muestra más bien cómo Dios entrega a los que llama a ser de Cristo un amor especial, diferente del que tiene a sus demás criaturas. Muy poco dice la Biblia sobre el amor de Dios a los otros hombres, pero debemos comprenderlo a la luz del que nos reserva a nosotros, elegidos para conocer a Cristo en su Iglesia. Mientras Lutero se siente aplastado por la justicia del Creador y se tortura dudando de su propia salvación, Pablo nos invita a reconocer en el sacrificio de Jesús no un amor que ampara a algunos de la justicia de Dios, sino la claca manifestación del amor paterno que nos creó Y. a la vez, nos llamó.
Si bien no podemos entender cómo la ciencia perfecta de Dios se concilia con nuestra propia libertad, no caben las dudas y la angustia de los que se creen sometidos a algún destino o voluntad de Dios de la que nadie sabría escapar. Estamos bajo el peso de un amor y unas bendiciones (3) que solamente esperan nuestra respuesta. La predestinación no es otra cosa que este proyecto misterioso de la gracia de Dios, la cual se derrama sobre toda la creación, a imagen y según las mismas normas de la vida común de las tres Personas divinas, que son un solo Dios y un único amor (ver comentario de Rom 9).

1, 4

En Cristo Dios nos eligió (4). Esta afirmación se opone a un error muy común que consiste en pensar que Dios, al comienzo, creó al hombre sin pensar mayormente en su posible caída, y solamente a consecuencia del pecado, habría sido necesario enviar a Cristo para salvar al pecador perdido. Pero no: desde el principio Cristo estaba en el plan de Dios. Desde el principio se contempló a la vez la creación, la venida de Cristo y él don del Espíritu. Por eso el orden de la creación, las leyes de la vida y el curso de la historia se relacionan misteriosamente con el orden que existe en Dios mismo.

6

Cristo... el Bien amado (6). No debemos ordenar nuestra fe a partir de la preocupación por «salvamos». Esta actitud podría ser egoísta cómo la de esas personas que practican su religión para tener buena salud. En realidad, Cristo no es el instrumento, sin más, de nuestra redención, como si viniera solamente para pagar nuestros pecados. El hijo no vino solamente para salvarnos del pecado, sino, primero de todo, para manifestar la Gloria del Padre. Y para eso precisamente fue a la muerte. El, que en Dios devuelve al Padre todo lo que de él recibe, ¿a qué vendría en su encarnación sino fuera para reducirse a la nada y entregarse en manos del Padre hasta que el Padre le devuelva todo?

15

He tenido conocimiento de su fe y de su amor. Pablo se alegra de la fe de sus fieles, pero más que todo, pide para ellos la esperanza, la cual debe ser la fuente de su dinamismo. Así describe los pasos de la esperanza: conocer a Dios; apreciar la herencia que reserva a sus santos comprender con que fuerza actúa Dios para llevarnos a la realización de estas esperanzas.
Ahora, veinte siglos después que escribió, descubrimos cuán fecunda es esta esperanza, que no nos hace olvidar el mundo presente, sino que nos empuja a transformarlo. Pablo vivía en un mundo que consideraba la esperanza como una enfermedad: Todo proyecto de transformar a los hombres era tenido por ilusorio. Lo que entonces paralizaba los esfuerzos era el miedo a la muerte y la creencia de un destino ciego. Los creyentes, por el contrario, experimentaban que Cristo resucitado actuaba en sus vidas. Así despertaron. En los países cristianos nació la convicción de que al luchar por la justicia, al vencer los sectarismos, al desarrollar la cultura, llevamos ya al mundo hacia .la plenitud de Cristo.

21

Más arriba que todo Poder (v. 21). En el tiempo de Pablo, judíos y cristianos no dudaban que los ángeles y demonios fueran poderes sobrenaturales, encargadas de dirigir ,el mundo. Los llamaban: Poderes, Autoridades, Dominios, Gobiernos... Y Pablo les decía: todos esos Poderes son inferiores a Cristo: Ahora hablamos de otra manera. Sin embargo, vemos el universo sometido a las leyes de la naturaleza, a las fuerzas de la materia y de la vida. También está sometido á fuerzas oscuras: prejuicios, vicios y fanatismos colectivos. Hasta la llegada de Cristo, éstos dirigían el mundo, impidiendo que surgiera el hombre: ver en Gál 3,23.

22

Dios, pues colocó todo bajo los pies de Cristo (v.22). Esas palabras dicen lo mismo que otras de nuestro Credo: «Jesús está sentado a la derecha de Dios». Significan que al resucitar Cristo, el Hombre Dios llegó a ser el Primero en el universo. Todo bajo sus pies, menos la humanidad; pues Pablo añade: Y lo dio como Cabeza a la Iglesia. Hay dos campos donde Cristo actúa en forma diversa: en el mundo, donde es el centro invisible que dirige todo; en la Iglesia, de la cual es Cabeza y donde puede mostrar todas las riquezas de su Espíritu.