Liturgia ANGLICANA

ORACIÓN VESPERTINA [Día Vigésimo Tercero]

Salmo 114: In exitu Israel

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 114:

1 Cuando Israel salió de Egipto, la familia de Jacob, de un pueblo extranjero, 2 Judá se convirtió en su Santuario, la tierra de Israel fue su dominio.

3 El Mar, al verlos, huyó, el Jordán se volvió atrás; 4 los montes saltaron como carneros y las colinas, como corderitos*.

5 ¿Qué tienes, Mar? ¿Por qué huyes? Y tú, Jordán, ¿por qué te vuelves atrás? 6 Montes, ¿por qué saltan como carneros, y ustedes, colinas, como corderos?

7 Tiembla, tierra, delante del Señor, ante el rostro del Dios de Jacob, 8 el que convierte las rocas en estanques, y los peñascos en manantiales.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 115: Non nobis, Domine

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 115:

1 No nos glorifiques a nosotros, Señor: glorifica solamente a tu Nombre, por tu amor y tu fidelidad. 2 ¿Por qué han de decir las naciones: “Dónde está su Dios”?

3 Nuestro Dios está en el cielo y en la tierra, él hace todo lo que quiere. 4 Los ídolos, en cambio, son plata y oro, obra de las manos de los hombres.

5 Tienen boca, pero no hablan, tienen ojos, pero no ven; 6 tienen orejas, pero no oyen, tienen nariz, pero no huelen.

7 Tienen manos, pero no palpan, tienen pies, pero no caminan; ni un solo sonido sale de su garganta. 8 Como ellos serán los que los fabrican, los que ponen en ellos su confianza.

9 Pueblo de Israel, confía en el Señor: él es tu ayuda y tu escudo; 10 familia de Aarón, confía en el Señor: él es tu ayuda y tu escudo; 11 confíen en el Señor todos los que lo temen: él es su ayuda y su escudo.

12 Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga: bendiga al pueblo de Israel, bendiga a la familia de Aarón, 13 bendiga a los que temen al Señor, a los pequeños y a los grandes.

14 Que el Señor los multiplique, a ustedes y a sus hijos; 15 y sean bendecidos por el Señor, que hizo el cielo y la tierra.

16 El cielo pertenece al Señor, y la tierra la entregó a los hombres.

17 Los muertos ya no alaban al Señor, ni tampoco los que bajaron al sepulcro. 18 Nosotros, los vivientes, bendecimos al Señor, desde ahora y para siempre. ¡Aleluya!

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.